House contrata a un detective para espiar a sus empleados, y el gobierno de Esperanza Aguirre contrata a otro para espiar a los suyos, lo cual reconfirma mi teoría de las premoniciones televisivas. Pero mientras que el detective de House parece medianamente competente, el de Esperanza es Anacleto, Agente Secreto, porque lo han pillado los de "El País". Y es que no se puede tener en nómina a un espía disfrazado de chulapo.
Pero no se fíen, ¿eh?, que Esperanza es mucha Esperanza: con sus respuestas a Pablo Carbonell en CQC y aquello de "Sara Mago es una excelente pintora" se creó una falsa identidad de pavisosa, y pasó de ser Doña Esperanza a Espe, cuando en realidad era Mata-Hari. Inquietante.
Siempre, siempre me han fascinado las historias de espías. Ya me contarán ¿hay algún conflicto moral más importante que decir que se es otro? ¿Se es otro todo el tiempo o sólo cuando trabajas? ¿Dónde empiezo yo y termina la mentira? Cuando leí "La chica de tambor" quise hacerme del Mossad (¡tenía 13 años, por Dios, no me juzguen!). Después quise ingresar en el MI6. Pero ahora ya es demasiado tarde, no me veo aprendiendo a hablar farsi (antes dominaban el ruso y tres o cuatro dialectos de las antiguas repúblicas de la URSS, ahora con lo de Irán a todos les ha dado por el persa) ni dejando a alguien inconsciente apretándole la carótida, qué quieren que les diga.
No, ahora sólo quiero que me espíen, porque está claro que si no te espían no eres nadie. Siendo objeto de un seguimiento pasas de ser el tipo más anodino del planeta a un elemento misterioso y peligroso. Servidora se construiría una identidad bien chula para darle un poco de emoción al asunto, porque no me digan que no son un coñazo los informes sobre Cobo, el vicealcalde de Madrid: "Llegada de "C" a su lugar de trabajo. Permanecemos en la misma hasta media mañana con el fin de ver si sale. Transcurrido un tiempo prudencial, comprobamos que no hay movimientos." Y todo por el estilo. Un horror. Ni los chicos de "The wire" se aburren tanto controlando a los traficantes de Baltimore.
Yo, en cambio, crearía la imagen de una mujer cosmopolita, interesante y con más secretos que las vecinas de Wisteria Lane: tiraría los números de ¡HOLA! y SEMANA que abarrotan la mesa del salón y los sustituiría por ejemplares de "The Times" y las revistas de fotografía que publica Elena Ochoa en Ivory Press; viajaría un fin de semana sí y otro también al extranjero (¿dónde irá esta vez? ¿me echo una muda o dos? ¿ropa de verano o de invierno?, se preguntaría el pobre espía cada vez que me viera salir de casa con la maleta); cambiaría mis camisetas viejas de kukutxumutxu que utilizo para dormir por los exclusivo pijamas que diseña Olatz, la mujer de Julian Schnabel (por si me pillan durmiendo y me hacen fotos con cámaras infrarrojas, que una tiene que estar mona en todo momento), me maquillaría siempre antes de salir a la calle, guardaría en la memoria de mi móvil los teléfonos (falsos, tan falsos como yo) de Clint Eastwood, Martin Scorsese, Nani Moretti y Ewan Mcgregor (¿un toque de infidelidad para animar el cotarro?), de Morrissey y Paul Weller, de Ian McEwan, Paul Auster y de ¡oh, milagro! (ya me imagino la cara del espía cuando lo viera), de J.D. Salinger. Ah, y de la Pantoja, que aparecería como Isa P. (un toque cañí, que también me imagino la cara del espía al descubrirlo y buscando conexiones como un loco con la trama marbellí). Y la guinda del pastel: un Uzi israelí desmontado bajo mi cama.
Si uno es lo que se refleja en los ojos del otro, imaginen verse reflejados en fotos con teleobjetivo, en informes detallados, analizados como un insecto por un entomólogo. Y si es así ¿por qué no ser descritos como lo que quieren ser y no como lo que son en realidad? Inventen otra identidad. Como dice Antonia San Juan en el monólogo de "Todo sobre mi madre": "Una es más auténtica cuanto más se parece a lo que soñó de sí misma". Pues eso. Regalen su sueño al espía.
jueves, 22 de enero de 2009
martes, 13 de enero de 2009
Allen, Nochevieja, Roldán
Allen, Nochevieja, Roldán: ¿pueden estas tres palabras estar en una misma frase? Por lo visto sí: Woody Allen tocó con su banda en Roldán en Nochevieja, en la inauguración del Hotel Intercontinental La Torre Golf. Ma non ci credo. Pero menos me creo que venga el mismísimo y en dos semanas que llevo buscando por la red artículos sobre el tema no encuentro ninguno firmado por alguien que estuviera en la fiesta, por lo que hay varias posibilidades:
- los asistentes no saben escribir
- los asistentes saben escribir pero no tienen internet
- los asistentes saben escribir, tienen internet pero no están poseídos por el espíritu de Luis Miguel Dominguín, ya saben, aquel que 5 minutos después de liarse con Ava Gadner salió a contárselo a sus amigos.
Servidora, que cumple los dos primeros requisitos y que está poseída por el espíritu de El Fary (no se tiró a Ava Gadner pero contó que sí lo había hecho ¡¡¿¿??!!) se imagina lo que pudo ser la fiesta, porque información no hay mucha. Así que con la poca que tenemos, podemos hacer una serie de deducciones:
- Mr. Allen se tomó un glorioso caldero en el Venezuela pero después sólo cenó un panecillo con mermelada y una macedonia de frutas, por lo que claramente fueron los regüeldos de ajo postcaldero los que contribuyeron a desdibujar el si bemol;
- la prensa habla del selecto y escogido grupo de asistentes: con entradas a 500 € por persona, "selecto" y "escogido" son sinónimos de "reducido";
- tras el concierto, un Allen un tanto taciturno se hizo fotos con los asistentes . ¿Ustedes se imaginan a Woody Allen haciéndose fotos con alguien? ¿Y no estando taciturno?
- asistentes: Pepín Liria, Mª José Suárez presentando la gala y el tipo que tiene el supermercado de la playa donde veraneo, el auténtico doble de Chris Moltisanti, el sobrino de Tony Soprano (y no hablo sólo del físico). Al principio pensé que era un camarero, pero después mi esposo (que tiene un ojo para esto que ni les cuento) me confirmó la identidad del individuo sin necesidad de recurrir a comprobar sus huellas en el AFIS. Es lo que tiene el smoking blanco: como no seas Bryan Ferry, las posibilidades de que te confundan con un camarero son infinitas.
- no asistentes: según conversación oída en la sección de libros de El Corte Inglés entre un tipo y uno de los dependientes (yo hago como que busco un libro de Roberto Bolaño, pero en realidad tengo la oreja puesta), parece que ante la poca cantidad de entradas vendidas comenzaron a sortearlas por internet. "Y si vino el Budi Alen entonces iría la tía esa que está to buena, ¿no?" (vendedor) . "¿Quién, la rubia?" (tipo). "Sí, esa" (vendedor) "No, esa no fue" (tipo). Para los que no hablan cartagenero, traduzco: la tía ésa que está to buena es Scarlett Johansson. Ante la enjundia de la conversación me pregunto por qué criterio se rige El Corte Inglés para determinar a qué departamento de ventas adscriben a cada uno de sus trabajadores. Tiene que ser más o menos el mismo que el del estilista de la Obregón.
La presencia de Woody Allen en Murcia plantea muchos interrogantes: ¿va a rodar en Roldán? ¿Va a hacer una fábula sobre constructores deconstruidos y sobre pícaros inversores? ¿Estará preparando una segunda parte de "Toma el dinero y corre"? ¿Cambiará Central Park por un campo de golf? ¿Abandonará Nueva York para darse baños de lodo en el Mar Menor? ¿Es el caldero una comida kosher? Seguro que si Rosa Belmonte hubiera ido a la fiesta podría responder todas esas preguntas (y más), como cuando "La Verdad" la enviaba a cubrir las corridas de toros de la feria de Murcia y en lugar de hablar del toro bragao y astifino se recreaba en Ilu Vera Meseguer y en Paqui Chelo. Rosa, te echamos de menos.
- los asistentes no saben escribir
- los asistentes saben escribir pero no tienen internet
- los asistentes saben escribir, tienen internet pero no están poseídos por el espíritu de Luis Miguel Dominguín, ya saben, aquel que 5 minutos después de liarse con Ava Gadner salió a contárselo a sus amigos.
Servidora, que cumple los dos primeros requisitos y que está poseída por el espíritu de El Fary (no se tiró a Ava Gadner pero contó que sí lo había hecho ¡¡¿¿??!!) se imagina lo que pudo ser la fiesta, porque información no hay mucha. Así que con la poca que tenemos, podemos hacer una serie de deducciones:
- Mr. Allen se tomó un glorioso caldero en el Venezuela pero después sólo cenó un panecillo con mermelada y una macedonia de frutas, por lo que claramente fueron los regüeldos de ajo postcaldero los que contribuyeron a desdibujar el si bemol;
- la prensa habla del selecto y escogido grupo de asistentes: con entradas a 500 € por persona, "selecto" y "escogido" son sinónimos de "reducido";
- tras el concierto, un Allen un tanto taciturno se hizo fotos con los asistentes . ¿Ustedes se imaginan a Woody Allen haciéndose fotos con alguien? ¿Y no estando taciturno?
- asistentes: Pepín Liria, Mª José Suárez presentando la gala y el tipo que tiene el supermercado de la playa donde veraneo, el auténtico doble de Chris Moltisanti, el sobrino de Tony Soprano (y no hablo sólo del físico). Al principio pensé que era un camarero, pero después mi esposo (que tiene un ojo para esto que ni les cuento) me confirmó la identidad del individuo sin necesidad de recurrir a comprobar sus huellas en el AFIS. Es lo que tiene el smoking blanco: como no seas Bryan Ferry, las posibilidades de que te confundan con un camarero son infinitas.
- no asistentes: según conversación oída en la sección de libros de El Corte Inglés entre un tipo y uno de los dependientes (yo hago como que busco un libro de Roberto Bolaño, pero en realidad tengo la oreja puesta), parece que ante la poca cantidad de entradas vendidas comenzaron a sortearlas por internet. "Y si vino el Budi Alen entonces iría la tía esa que está to buena, ¿no?" (vendedor) . "¿Quién, la rubia?" (tipo). "Sí, esa" (vendedor) "No, esa no fue" (tipo). Para los que no hablan cartagenero, traduzco: la tía ésa que está to buena es Scarlett Johansson. Ante la enjundia de la conversación me pregunto por qué criterio se rige El Corte Inglés para determinar a qué departamento de ventas adscriben a cada uno de sus trabajadores. Tiene que ser más o menos el mismo que el del estilista de la Obregón.
La presencia de Woody Allen en Murcia plantea muchos interrogantes: ¿va a rodar en Roldán? ¿Va a hacer una fábula sobre constructores deconstruidos y sobre pícaros inversores? ¿Estará preparando una segunda parte de "Toma el dinero y corre"? ¿Cambiará Central Park por un campo de golf? ¿Abandonará Nueva York para darse baños de lodo en el Mar Menor? ¿Es el caldero una comida kosher? Seguro que si Rosa Belmonte hubiera ido a la fiesta podría responder todas esas preguntas (y más), como cuando "La Verdad" la enviaba a cubrir las corridas de toros de la feria de Murcia y en lugar de hablar del toro bragao y astifino se recreaba en Ilu Vera Meseguer y en Paqui Chelo. Rosa, te echamos de menos.
lunes, 29 de diciembre de 2008
Cuento de Navidad
Desde hace unos días entiendo perfectamente esa pulsión, esa excitación que impulsa a los escritores a volcar sus pensamientos en palabras, esa necesidad de escribir para sentirse vivo: he visto la portada de ¡HOLA! y estoy que me escribo encima. Isabel Preysler, Nicole Kidman y Cayetano Rivera me miran unidos por el Photoshop (ya saben, esa herramienta que acaba con la desigualdad mundial unificando razas y edades) bajo el titular "El Príncipe de Gales celebra en su casa de Londres la cena más espectacular del año, organizada por Porcelanosa". Y allá que voy, porque servidora es de las que entran al trapo, como Concha Velasco, que le preguntas cómo está y va la tía y lo cuenta. Y me entrego, rendida de antemano, incapaz de resistir la llamada del príncipe, las baldosas y el desenfoque gaussiano. Y leo (y lean): "Isabel y sus dos hijas protagonizaron un instante mágico cuando, al atravesar el salón del Ritz para dirigirse a la cena con el príncipe Carlos, todas las miradas se centraron en ellas; parecía incluso que la música había cesado". Así. Tal cual. Sin anestesia. Una frase tan cursi que convierte a Corín Tellado en Bukowski. Y claro, pues eso, que me escribo encima.
Y entonces caigo en la cuenta: no es un reportaje, es un cuento, un cuento de Navidad. El comienzo del artículo, "La fría noche cae sobre Londres" podría firmarlo Dickens. Y hay un príncipe (feo, sí, pero príncipe -a lo mejor es que sigue convertido en rana-), dos hermanastras (Ana y Tamara) y una Nicole Kidman tan pálida y fría que parece la Reina de las Nieves. Y un instante mágico, porque ese momento Ritz es igualito a cuando Cenicienta entra en el baile y todos giran su cabeza para mirarla, aunque en este caso Cenicienta lleva a sus espaldas tres matrimonios, 5 hijos, un nieto y joyas de Suárez. Y además, es un cuento maravillosamente ilustrado, porque el retoque de las fotos es de tal calibre que parecen dibujos de Rebecca Dautremer.
Pero ¿y la madrastra? En cualquier cuento que se precie hay una madrastra mala, malísima. No se preocupen, que aquí también: justo en las páginas anteriores aparece la baronesa Thyssen. Ya me dirán si pedir públicamente una tercera prueba de paternidad de su nieto no es como que llevar a Blancanieves al bosque y ordenar que la maten (las Blancas siempre han tenido mala suerte con la familia). A lo mejor Tita está tan acostumbrada a exigir los certificados de autenticidad de sus cuadros que ha pedido también el de su nieto, para ver si es un auténtico Thyssen, algo extraordinario si tenemos en cuenta que Borja es una falsificación. ¿Pretende Tita que los genes del barón hayan saltado una generación y hayan llegado a Sacha sin pasar por Borja?. Los caminos de la genética son inescrutables.
También lo son los de Dios; el último "Callejeros" (Cuatro) va dedicado a las mojas de clausura, algo fuera de lo común porque generalmente en "Callejeros" sólo salen yonquis (¿por qué corren tanto los reporteros en la cabecera del programa, si los yonquis no se mueven?), así que estaba esperando que en cualquier momento apareciera una monja enganchada al caballo, tipo "Entre tinieblas". Pero no, las monjas son la pera limonera, son felicísimas haciendo dulces y cosiendo ropa interior para Teleno (no quiero ni pensar el día que les toque hacer tangas, ¿se negarán argumentando objeción de conciencia?). El programa parece un publirreportaje para aumentar vocaciones. Las veo tan contentas que hasta me lo pienso: si encuentro una orden cuyo carisma sea la entrega al ciberespacio, tomo los hábitos. Y sí, una de las órdenes tiene una página web, con lo que problema resuelto; la linkamos a rosapalo y a funcionar con la bendición de Dios. Pero lo más grande es que una de las monjas tiene móvil y cuando la llaman contesta con un "Ave María Purísima". Grandioso. Aunque si hubiera dicho "Pronto, Raffaella" ya hubiera sido divino.
Y entonces caigo en la cuenta: no es un reportaje, es un cuento, un cuento de Navidad. El comienzo del artículo, "La fría noche cae sobre Londres" podría firmarlo Dickens. Y hay un príncipe (feo, sí, pero príncipe -a lo mejor es que sigue convertido en rana-), dos hermanastras (Ana y Tamara) y una Nicole Kidman tan pálida y fría que parece la Reina de las Nieves. Y un instante mágico, porque ese momento Ritz es igualito a cuando Cenicienta entra en el baile y todos giran su cabeza para mirarla, aunque en este caso Cenicienta lleva a sus espaldas tres matrimonios, 5 hijos, un nieto y joyas de Suárez. Y además, es un cuento maravillosamente ilustrado, porque el retoque de las fotos es de tal calibre que parecen dibujos de Rebecca Dautremer.
Pero ¿y la madrastra? En cualquier cuento que se precie hay una madrastra mala, malísima. No se preocupen, que aquí también: justo en las páginas anteriores aparece la baronesa Thyssen. Ya me dirán si pedir públicamente una tercera prueba de paternidad de su nieto no es como que llevar a Blancanieves al bosque y ordenar que la maten (las Blancas siempre han tenido mala suerte con la familia). A lo mejor Tita está tan acostumbrada a exigir los certificados de autenticidad de sus cuadros que ha pedido también el de su nieto, para ver si es un auténtico Thyssen, algo extraordinario si tenemos en cuenta que Borja es una falsificación. ¿Pretende Tita que los genes del barón hayan saltado una generación y hayan llegado a Sacha sin pasar por Borja?. Los caminos de la genética son inescrutables.
También lo son los de Dios; el último "Callejeros" (Cuatro) va dedicado a las mojas de clausura, algo fuera de lo común porque generalmente en "Callejeros" sólo salen yonquis (¿por qué corren tanto los reporteros en la cabecera del programa, si los yonquis no se mueven?), así que estaba esperando que en cualquier momento apareciera una monja enganchada al caballo, tipo "Entre tinieblas". Pero no, las monjas son la pera limonera, son felicísimas haciendo dulces y cosiendo ropa interior para Teleno (no quiero ni pensar el día que les toque hacer tangas, ¿se negarán argumentando objeción de conciencia?). El programa parece un publirreportaje para aumentar vocaciones. Las veo tan contentas que hasta me lo pienso: si encuentro una orden cuyo carisma sea la entrega al ciberespacio, tomo los hábitos. Y sí, una de las órdenes tiene una página web, con lo que problema resuelto; la linkamos a rosapalo y a funcionar con la bendición de Dios. Pero lo más grande es que una de las monjas tiene móvil y cuando la llaman contesta con un "Ave María Purísima". Grandioso. Aunque si hubiera dicho "Pronto, Raffaella" ya hubiera sido divino.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
El regreso
Vuelvo a mi casa el viernes por la noche con dos películas, medio bocadillo de tortilla en el cuerpo y una clausura para el sábado sin terminar de planificar. Por el camino decido que mi primer corto autobiográfico ya tiene título: "Atacá". Y desintoxicada a la fuerza por el mejor cine internacional, me digo que un meterme un poquito de DEC antes de acostarme no puede hacerme daño. Y me encuentro a la Cantudo.
Ver la segunda parte del "lapogate" (como lo llaman los de SLQH) sin avisar es superior a cualquier película que hayamos podido programar esta semana. Ni pelis brasileñas, ni argentinas, ni israelíes ni ná de ná: esto es puro esperpento patrio, tan alucinante que no sé si estoy viendo a la Cantudo o a Josema Yuste. Impagable Mª José (porque, según ella, no cobró por la segunda entrevista) intentando escupir ("yo no sé escupir, María, no sé", le dice a la Patiño), imitando los lapos que sueltan los futbolistas. Estoy por regalarle las tres primeras temporadas de "The wire" y sacarla de su ignorancia lapal: los lapos que sueltan los negros de las esquinas son de campeonato mundial. Y aunque ustedes sepan echar escupitajos como soles, también deberían verla ("The wire", digo, no a la Cantudo, que para eso ya estoy yo, que me sacrifico por mí y por todos mis compañeros). No es una serie fácil, porque hay aquí no hay resúmenes para refrescar la memoria al espectador olvidadizo, ni profusión de desnudos y escotes al estilo "LEX", que ya no saben qué hacer para levantar la audiencia y todo lo demás (pobre Kira Miró, no hay capítulo donde no tenga que enseñar cacho), ni tensión sexual no resuelta (es la vida real, y en la vida real la única tensión no resuelta es cómo llegar a fin de mes), ni niños traviesos de buen corazón (en esta serie los niños traviesos se convierten en camellos con 12 años). Ni siquiera sale una familia desayunando con productos Pascual, lo que ya es el colmo del atrevimiento. "The wire" es un trozo de Lo Campano trasladado al lado oeste de Baltimore, con tal realismo que "Callejeros" a su lado parece un cuento de Navidad. Y eso sí que da miedo.
Y hablando de series de polis, me comentan que han ido a Chicago a entrevistar a Grissom (William Petersen) porque nuestro CSI favorito estuvo viviendo una temporada en Oñate, provincia de Guipúzcoa, donde se casó y tuvo a su hija, a la que llamó Maite, y donde descubrió el gusto por el teatro. No me imagino a Grissom con txapela, pero por lo visto el hombre estaba tan encantado que hace unos años volvió por allí con su hija para enseñarle dónde había nacido. Y como fin de entrevista Petersen acabó cantando un villancico en euskera. Pero al que me imagino menos todavía bailando el aurresku es a Horatio Caine, con esa cara de intenso que tiene todo el rato. ¿Qué les pasa a los pelirrojos? ¿Por qué padecen tanto estos chiquillos? Sale Kevin MccKidd (Lucio Voreno en "Roma", también de la HBO) en "Anatomía de Grey" con las cejas de un fruncido ya que me mata. A estos tíos todo el sufrimiento interior (la muerte de sus seres queridos, Irak, la soledad) se les concentra en el entrecejo, por lo que deduzco que cuando empiecen a pincharse bótox su carrera se va a ir al garete.
En cambio Alfredo Landa saca a flote todos sus recursos gestuales para escenificar la cólera cada vez que le preguntan por su biografía, donde por lo visto pone a caldo a la profesión, y que servidora le ha pedido a los Reyes Magos. Y con los años que lleva este hombre bregando con la prensa ¿no se imaginaba que haciendo este tipo de afirmaciones los periodistas se lo iban a merendar? Yo, por si acaso, cuando me preguntan por el Festival pongo en práctica el sistema Preysler: todo maravilloso, estupendo, monííísimo, graciassss. Que miren qué bien le ha ido.
Ver la segunda parte del "lapogate" (como lo llaman los de SLQH) sin avisar es superior a cualquier película que hayamos podido programar esta semana. Ni pelis brasileñas, ni argentinas, ni israelíes ni ná de ná: esto es puro esperpento patrio, tan alucinante que no sé si estoy viendo a la Cantudo o a Josema Yuste. Impagable Mª José (porque, según ella, no cobró por la segunda entrevista) intentando escupir ("yo no sé escupir, María, no sé", le dice a la Patiño), imitando los lapos que sueltan los futbolistas. Estoy por regalarle las tres primeras temporadas de "The wire" y sacarla de su ignorancia lapal: los lapos que sueltan los negros de las esquinas son de campeonato mundial. Y aunque ustedes sepan echar escupitajos como soles, también deberían verla ("The wire", digo, no a la Cantudo, que para eso ya estoy yo, que me sacrifico por mí y por todos mis compañeros). No es una serie fácil, porque hay aquí no hay resúmenes para refrescar la memoria al espectador olvidadizo, ni profusión de desnudos y escotes al estilo "LEX", que ya no saben qué hacer para levantar la audiencia y todo lo demás (pobre Kira Miró, no hay capítulo donde no tenga que enseñar cacho), ni tensión sexual no resuelta (es la vida real, y en la vida real la única tensión no resuelta es cómo llegar a fin de mes), ni niños traviesos de buen corazón (en esta serie los niños traviesos se convierten en camellos con 12 años). Ni siquiera sale una familia desayunando con productos Pascual, lo que ya es el colmo del atrevimiento. "The wire" es un trozo de Lo Campano trasladado al lado oeste de Baltimore, con tal realismo que "Callejeros" a su lado parece un cuento de Navidad. Y eso sí que da miedo.
Y hablando de series de polis, me comentan que han ido a Chicago a entrevistar a Grissom (William Petersen) porque nuestro CSI favorito estuvo viviendo una temporada en Oñate, provincia de Guipúzcoa, donde se casó y tuvo a su hija, a la que llamó Maite, y donde descubrió el gusto por el teatro. No me imagino a Grissom con txapela, pero por lo visto el hombre estaba tan encantado que hace unos años volvió por allí con su hija para enseñarle dónde había nacido. Y como fin de entrevista Petersen acabó cantando un villancico en euskera. Pero al que me imagino menos todavía bailando el aurresku es a Horatio Caine, con esa cara de intenso que tiene todo el rato. ¿Qué les pasa a los pelirrojos? ¿Por qué padecen tanto estos chiquillos? Sale Kevin MccKidd (Lucio Voreno en "Roma", también de la HBO) en "Anatomía de Grey" con las cejas de un fruncido ya que me mata. A estos tíos todo el sufrimiento interior (la muerte de sus seres queridos, Irak, la soledad) se les concentra en el entrecejo, por lo que deduzco que cuando empiecen a pincharse bótox su carrera se va a ir al garete.
En cambio Alfredo Landa saca a flote todos sus recursos gestuales para escenificar la cólera cada vez que le preguntan por su biografía, donde por lo visto pone a caldo a la profesión, y que servidora le ha pedido a los Reyes Magos. Y con los años que lleva este hombre bregando con la prensa ¿no se imaginaba que haciendo este tipo de afirmaciones los periodistas se lo iban a merendar? Yo, por si acaso, cuando me preguntan por el Festival pongo en práctica el sistema Preysler: todo maravilloso, estupendo, monííísimo, graciassss. Que miren qué bien le ha ido.
viernes, 14 de noviembre de 2008
Púgiles
¡Ay, mare, cómo está el pare! Crisis total en el corazón y yo en Festivaland, viendo peliculiquis en lugar de ojear las revistas. Así estoy, que les echo un vistazo rápido y asocio cada tema con una peli: el intento de suicidio de la Mosquera con "Inocencia interrumpida", el periplo siciliano de Alfonso y la Duquesa con "Viajes con mi tía", el duelo de AR y Mª Teresa Campos con "Reinas" (o con "Alien vs Predator", que ya no sé), el lío de Campanario con "El patio de mi cárcel"... en fin, un desastre.
Veo entre afiche y afiche parte de la entrevista de Mª Teresa Campos a Roldán. Mª Teresa es muy lista: utilizó a AR como sparring para entrenarse antes de ir a atizarle a Roldán. Pero en un solo día Mª Teresa ha perdido fondo y no consigue que el entrevistado baile a su son: más que "Toro salvaje" aquello parecía "Yo hice a Roque III". Mª Teresa intentaba sacarlo de las cuerdas, pero Roldán nada, tranquilito y sin moverse. Y la otra dale que te pego, apostillando cada intento de pregunta astuta con una interjección de desprecio.
No me gusta esta Mª Teresa inquisitorial en plan vecina del 4º C, no me gusta nada que intente demostrar todo el tiempo que le hace la entrevista porque es una profesional, pero que está muy, muy lejos de simpatizar con el indivíduo (ya lo sabemos, querida, a nosotros tampoco nos gusta). Un aburrimiento, un horror y un sopor. Me duermo. Me despierto: Mª Antonia Iglesias le está diciendo "cínico" a Roldán. Más de lo mismo. Un zapping: la hermana de Raquel Mosquera habla en ¿DEC?. Me espabilo: ¿qué le pasa a esa cría en los ojos? El interés acerca de si la pequeña Mosquera lleva lentillas de colores me mantiene despierta unos minutos. Me rindo: tanto si son suyos como si no parece una niña de la película "El pueblo de los malditos"; sólo le falta la peluca albina. Pero llega Cantizano con sus mensajes de texto y me vuelvo a dormir. Tengo una pesadilla: Cantizano se empeña en presentar la gala de clausura del Festival con Jesús Mariñas como azafata. Me despierto sobresaltada y culpable: eso me pasa por mezclar ¿DEC? con bocadillos de chorizo. Definitivamente es el momento de pasarme a la cena Special K.
Veo entre afiche y afiche parte de la entrevista de Mª Teresa Campos a Roldán. Mª Teresa es muy lista: utilizó a AR como sparring para entrenarse antes de ir a atizarle a Roldán. Pero en un solo día Mª Teresa ha perdido fondo y no consigue que el entrevistado baile a su son: más que "Toro salvaje" aquello parecía "Yo hice a Roque III". Mª Teresa intentaba sacarlo de las cuerdas, pero Roldán nada, tranquilito y sin moverse. Y la otra dale que te pego, apostillando cada intento de pregunta astuta con una interjección de desprecio.
No me gusta esta Mª Teresa inquisitorial en plan vecina del 4º C, no me gusta nada que intente demostrar todo el tiempo que le hace la entrevista porque es una profesional, pero que está muy, muy lejos de simpatizar con el indivíduo (ya lo sabemos, querida, a nosotros tampoco nos gusta). Un aburrimiento, un horror y un sopor. Me duermo. Me despierto: Mª Antonia Iglesias le está diciendo "cínico" a Roldán. Más de lo mismo. Un zapping: la hermana de Raquel Mosquera habla en ¿DEC?. Me espabilo: ¿qué le pasa a esa cría en los ojos? El interés acerca de si la pequeña Mosquera lleva lentillas de colores me mantiene despierta unos minutos. Me rindo: tanto si son suyos como si no parece una niña de la película "El pueblo de los malditos"; sólo le falta la peluca albina. Pero llega Cantizano con sus mensajes de texto y me vuelvo a dormir. Tengo una pesadilla: Cantizano se empeña en presentar la gala de clausura del Festival con Jesús Mariñas como azafata. Me despierto sobresaltada y culpable: eso me pasa por mezclar ¿DEC? con bocadillos de chorizo. Definitivamente es el momento de pasarme a la cena Special K.
miércoles, 29 de octubre de 2008
Festival
Mira que me matan los bloggers que comienzan un post disculpándose por no poder atender el blog en las próximas semanas debido a que:
- tienen que asistir a un congreso de escritores en Estocolmo,
- tienen que impartir un curso de guión en La Habana,
- el periódico los envía a Washington a seguir las elecciones (a esta última excusa ya le queda poco tiempo de vida).
Yo no voy a congresos (mientras no se celebre el ¡HOLA! WORLD FESTIVAL, ya me dirán ustedes), ni tengo periódico que me mande ni perrito que me ladre, ni puedo dar clases sobre guiones televisivos a pesar de mi capacidad innata para averiguar el desenlace de cada capítulo de CSI (qué quieren, es un don como otro cualquiera). Pero posiblemente no me vean mucho el pelo por aquí durante el mes de noviembre porque últimamente mi vida es un festival, en concreto el Festival de Cine de Cartagena. Así que, amigos, tendrán que sufrir sin anestesia la salida del talego de Julián Muñoz, la no boda de la Duquesa de Alba, las fotos de Paquirrín con su novia o la operación de amígdalas de Mª Teresa Campos, puesto que servidora no se va a poner a escribir a las 2 de la mañana, quitándole horas a un sueño reparador necesario para mantener intacta su legendaria belleza. Eso sí, como me decía mi madre cuando me soltaba una torta, "me duele a mí más que a ti". Pero tengo confianza ciega en ustedes y sé que podrán soportarlo. Seguro.
Durante este mes cambiaré el "Semana" por el "Cahiers du Cinéma", las matinés de AR por el cine iraní, los comentarios sobre la fauna rosa por la crítica cinematográfica, Chelo García Cortés por Carlos Boyero, "¿Dónde estás, corazón?" por "Versión española"... ya, que salgo ganando, ¿no? Pues lo mismo sí, ahora que lo pienso.
Les dejo por aquí la web del Festival (http://www.ficc.es). Está aún sin actualizar porque acabamos de cerrar la programación; la semana que viene se pasan y le echan un vistazo.
Sólo una reflexión antes de desaparecer abducida por alguna película en VOS: ¿pondrá Vasile en una urna las amígdalas de la Campos como si fueran el brazo incorrupto de Santa Teresa o, debido a los últimos índices de audiencia, las tirará al triturador de basuras? ¿Habrá aprovechado la Campos la operación para hacerse algún retoquito? ¿Por qué las leyes de la genética se ceban inexorablemente con Terelu? Dios mío, tantas preguntas y tan poco tiempo...
- tienen que asistir a un congreso de escritores en Estocolmo,
- tienen que impartir un curso de guión en La Habana,
- el periódico los envía a Washington a seguir las elecciones (a esta última excusa ya le queda poco tiempo de vida).
Yo no voy a congresos (mientras no se celebre el ¡HOLA! WORLD FESTIVAL, ya me dirán ustedes), ni tengo periódico que me mande ni perrito que me ladre, ni puedo dar clases sobre guiones televisivos a pesar de mi capacidad innata para averiguar el desenlace de cada capítulo de CSI (qué quieren, es un don como otro cualquiera). Pero posiblemente no me vean mucho el pelo por aquí durante el mes de noviembre porque últimamente mi vida es un festival, en concreto el Festival de Cine de Cartagena. Así que, amigos, tendrán que sufrir sin anestesia la salida del talego de Julián Muñoz, la no boda de la Duquesa de Alba, las fotos de Paquirrín con su novia o la operación de amígdalas de Mª Teresa Campos, puesto que servidora no se va a poner a escribir a las 2 de la mañana, quitándole horas a un sueño reparador necesario para mantener intacta su legendaria belleza. Eso sí, como me decía mi madre cuando me soltaba una torta, "me duele a mí más que a ti". Pero tengo confianza ciega en ustedes y sé que podrán soportarlo. Seguro.
Durante este mes cambiaré el "Semana" por el "Cahiers du Cinéma", las matinés de AR por el cine iraní, los comentarios sobre la fauna rosa por la crítica cinematográfica, Chelo García Cortés por Carlos Boyero, "¿Dónde estás, corazón?" por "Versión española"... ya, que salgo ganando, ¿no? Pues lo mismo sí, ahora que lo pienso.
Les dejo por aquí la web del Festival (http://www.ficc.es). Está aún sin actualizar porque acabamos de cerrar la programación; la semana que viene se pasan y le echan un vistazo.
Sólo una reflexión antes de desaparecer abducida por alguna película en VOS: ¿pondrá Vasile en una urna las amígdalas de la Campos como si fueran el brazo incorrupto de Santa Teresa o, debido a los últimos índices de audiencia, las tirará al triturador de basuras? ¿Habrá aprovechado la Campos la operación para hacerse algún retoquito? ¿Por qué las leyes de la genética se ceban inexorablemente con Terelu? Dios mío, tantas preguntas y tan poco tiempo...
miércoles, 22 de octubre de 2008
Creer
Ya saben que perdí la fe por culpa de un agujero en el bolsillo de mis vaqueros y ya nunca la recuperé. Otros no la perdieron, sino que la cambiaron: Mercedes Milá sustituyó a Dios por el Gran Hermano (¿no será lo mismo?), ya que me cuentan que sigue el desarrollo del programa con tal intensidad que llama a la central de Guadalix a las 4 de la mañana diciendo que se ha perdido la conexión con la casa y poniendo al personal como chupa de dómine. Mercedes es una creyente tan convencida como molesta, y los padres de su Iglesia le han dicho que se limite a presentar, que no se crea una iluminada y que no revolucione la Orden de los Grandes Hermanos. Y ella, stigmata perdía (¿creían que lo del codo era una lesión por caerse de la bici?). Así que parece que la Milá cree de verdad en lo que hace, y averiguarlo me ha dejado más perpleja que sus tuneados autonómicos.
En "The Wire" contratan a una lectora de labios para saber qué dicen unos traficantes a los que graban con cámara oculta; creen que así sabrán dónde será la próxima entrega. En el Tomate llaman a otra experta para que averigüe lo que balbucea Raquel Mosquera en plena crisis desde la ventana de la clínica López Ibor; no sé lo que creían que iban a conseguir con eso. En "Dónde estás, corazón?", Gustavo González analiza con una experta en lenguaje corporal los gestos de Mamá Jesulín durante su aparición en el programa de la semana pasada. A Gonzalo se le escapa una sonrisa por debajo del bigote mientras mira a cámara y comenta qué significa que Doña Carmen ponga los ojos en blanco o tuerza el morro mientras la Patiño hincha la vena. Y el gesto de Gustavo demuestra que, a diferencia de la Milá, no cree en lo que hace. Pero es curioso comprobar cómo algo que aparentemente no tiene mucho futuro como ser lector de labios y analista de lenguaje corporal, ha encontrado un hueco en la televisión y, en contra de lo que pueda parecer, es una carrera durísima en la que el examen final consiste en leer los labios de Aznar y de la Duquesa de Alba. Si lo superas, Cuarzo te contrata rápidamente.
Y cuando uno de los invitados a estos programas tiene problemas con otro y le interpone una querella, siempre acaba su speech con un "está en manos de mis abogados" (¡joder, ¿cuántos abogados tienen?!; yo no tengo ni uno, me voy a tener que apuntar a Legálitas) y con un "creo en la justicia". Servidora estuvo el viernes pasado en una reunión con jueces, fiscales y guardias civiles y ni les cuento lo que allí se dijo; dejaban la "Antología del disparate" por los suelos. Así que desde aquel día ya no creo en la justicia, creo en las 6 personas que estaban presentes (estupendas todas, una de ellas distinguida con la Cruz de San Raimundo de Peñafort -¡uy, parezco Josemi Rodríguez Sieiro!-), en su trabajo y en la remota posibilidad de que exista más gente como ellos dentro del sistema judicial. Y si no es así, cuando me demande el ¡HOLA! me fugaré.
Por cierto, para aquellos que dicen esta cosa de "yo no creo en los psicólogos", como si la psicología fuera una rama del vudú y no una ciencia, un aviso: el lunes empezó en Fox "In treatment", donde Gabriel Byrne trata cada día a un paciente distinto. Estoy segura de que sean cuales sean sus opiniones sobre los psicólogos desearán con toda el alma encontrar uno como Byrne. Y que Freud se meta la transferencia por donde le quepa. A mí, que me transfiera Gabriel todo lo que quiera.
En "The Wire" contratan a una lectora de labios para saber qué dicen unos traficantes a los que graban con cámara oculta; creen que así sabrán dónde será la próxima entrega. En el Tomate llaman a otra experta para que averigüe lo que balbucea Raquel Mosquera en plena crisis desde la ventana de la clínica López Ibor; no sé lo que creían que iban a conseguir con eso. En "Dónde estás, corazón?", Gustavo González analiza con una experta en lenguaje corporal los gestos de Mamá Jesulín durante su aparición en el programa de la semana pasada. A Gonzalo se le escapa una sonrisa por debajo del bigote mientras mira a cámara y comenta qué significa que Doña Carmen ponga los ojos en blanco o tuerza el morro mientras la Patiño hincha la vena. Y el gesto de Gustavo demuestra que, a diferencia de la Milá, no cree en lo que hace. Pero es curioso comprobar cómo algo que aparentemente no tiene mucho futuro como ser lector de labios y analista de lenguaje corporal, ha encontrado un hueco en la televisión y, en contra de lo que pueda parecer, es una carrera durísima en la que el examen final consiste en leer los labios de Aznar y de la Duquesa de Alba. Si lo superas, Cuarzo te contrata rápidamente.
Y cuando uno de los invitados a estos programas tiene problemas con otro y le interpone una querella, siempre acaba su speech con un "está en manos de mis abogados" (¡joder, ¿cuántos abogados tienen?!; yo no tengo ni uno, me voy a tener que apuntar a Legálitas) y con un "creo en la justicia". Servidora estuvo el viernes pasado en una reunión con jueces, fiscales y guardias civiles y ni les cuento lo que allí se dijo; dejaban la "Antología del disparate" por los suelos. Así que desde aquel día ya no creo en la justicia, creo en las 6 personas que estaban presentes (estupendas todas, una de ellas distinguida con la Cruz de San Raimundo de Peñafort -¡uy, parezco Josemi Rodríguez Sieiro!-), en su trabajo y en la remota posibilidad de que exista más gente como ellos dentro del sistema judicial. Y si no es así, cuando me demande el ¡HOLA! me fugaré.
Por cierto, para aquellos que dicen esta cosa de "yo no creo en los psicólogos", como si la psicología fuera una rama del vudú y no una ciencia, un aviso: el lunes empezó en Fox "In treatment", donde Gabriel Byrne trata cada día a un paciente distinto. Estoy segura de que sean cuales sean sus opiniones sobre los psicólogos desearán con toda el alma encontrar uno como Byrne. Y que Freud se meta la transferencia por donde le quepa. A mí, que me transfiera Gabriel todo lo que quiera.
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