martes 14 de febrero de 2012

Cuentos de Hadas

PUBLICADO EN LA VERDAD EL 07-01-2012

Confusión: la semana pasada me llegaron a tutiplén retuits de la Mercedes Benz Fashion Week, y en lugar de encontrarme con comentarios 2.0 de Paco Costas sobre nuevos modelos de coches, me encuentro con “Entra en acción el azul celeste en pantalones de terciopelo para hombre”. ¡Josú mil veces! ¿Paco Costas se ha dado una segunda oportunidad? No, son los desfiles de la Pasarela Cibeles, que ha cambiado este año su nombre por el de su principal patrocinador. Esta historia de ponerle a todo el nombre de los que sueltan la pasta me desconcierta; acabaré pidiendo un chambi de mantecao en el Teatro Häagen-Dazs. Aunque ahora que lo pienso: ¿si me cambio el apellido por Porcelanosa me alicatarán el cuarto de baño por la patilla? Derechica al Registro Civil que voy.

Pague quien pague la fiesta, la moda sigue siendo un cuento de hadas donde hay brujas malvadas (¿o es que la Wintour tiene cara de otra cosa?), príncipes (¡ay, Kortajarena!) y Blancanieves. Dice la modeli Frida Gustavsson que cuando te pones un vestido de alta costura, te sientes bella. Como si ella necesitara sentirse bella cuando ya lo es; eso tenemos que hacerlo las que no lo somos: ponerse un vestido de alta costura al menos una vez en la vida debería ser un derecho constitucional, como subir a un escenario a cantar con los Rolling, marcar un gol con tu equipo o besar a Hugh Jackman. Sentirse cisne por un momento.

Finalmente me trago los desfiles de la Mercedes Benz Fashion Week de este año, pero a los cinco minutos el cuento de hadas y el rollo aspiracional se me van a hacer puñetas viendo todo lo que A) No me puedo poner, B) No puedo pagar, C) Ambas cosas (táchese lo que proceda). Y encima tengo que echar mano de mi diccionario modeli-español porque no sé lo que es un outfit, ni un fitting, ni unos jeggins, ni unos jogger: servidora se quedó en el jogging. Ignorante e ignorada, mientras todo el famoseo español asistía a los desfiles en primera fila (perdón, front-row, que eso sí que lo he aprendido), yo me he pasado este fin de semana siberiano cocinando tanto como si Arguiñano se hubiera metido media docena de Katovit, soñando junto al horno con modelos imposibles para momentos que nunca sucederán. Y engordando. Si sigue el frío acabaré desfilando en la Cocido con Pelotas Fashion Week.

P.D.: Siguiendo esta nueva tontuna de "Columnas Dedicadas", ésta va para el gran Hong Kong Blues, que sí que va a los desfiles el puñetero (y se cuela en las fiestas privadas), y la no menos grande Mery Bloodymary, que no va pero que se merece estar en primera fila.

lunes 6 de febrero de 2012

Los muslos de Beyoncé

PUBLICADO EN LA VERDAD EL 31- 01- 2012

Leo: “Beyoncé se convierte en una asignatura de la universidad”. Ni me sorprendo: tras las tesis sobre Belén Esteban y Carmen Lomana ya me espero cualquier cosa, que la estulticia no conoce fronteras. Sigo leyendo y descubro que el Departamento de Estudios sobre la Mujer y Género de la Universidad de New Jersey va a impartir próximamente la asignatura "Politizando a Beyoncé". ¿Cuál será el plan de estudios?: “Beyoncé: ¿Son sus muslos de este mundo? Análisis morfológico”. O “Invertir a corto plazo: Beyoncé y la cuna de su hija de 20.000 dólares”. Pues no, la van a estudiar como “agente social de cambio”, comparándola con grandes figuras del feminismo afroamericano como Alice Walker. Eso sí me sorprende: si ahora resulta que la liberación de la mujer pasa por los videos de Beyoncé, la última del AS tiene que ser el colmo del feminismo posmoderno. Y yo sin enterarme. Definitivamente, estoy viejuna y demodé.

Levanto la mirada del periódico y contemplo a mis amigas: han ido a la universidad, se han enamorado de petardos, se han enamorado de buenos tipos, se han casado, han parido, han adoptado, algunas se han divorciado (porque el buen tipo al final era un petardo), han mandado a sus hijos a la guardería con cuatro meses para poder incorporarse a su trabajo, han acabado renunciando a él porque tras ser madres las han ninguneando laboralmente, se han quedado en paro o, las que siguen trabajando, han comprobado que se tienen que dejar todos los días la piel en el pellejo, que diría Sofía Mazagatos (otra gran figura del feminismo a estudiar en New Jersey). Mis amigas han sido y son el sostén de sus pequeñas o grandes familias y, a veces, también el mío. Comen (y beben como cosacos cuando no están en plena operación bikini), rezan (poco, la mayoría) y aman (muchísimo). Y alguna que otra noche se ponen los tacones, salen a bailar y acaban cantando “All the single ladies” muertas de la risa. Y miran los muslos de Beyoncé con admiración (yo, que soy un bicho, los miro con envidia y una lupa buscando una sombra de celulitis que me confirme que las dos pertenecemos a la misma especie). Ellas son los verdaderos agentes sociales del cambio, pero ninguna ha sido objeto de estudio por parte de una universidad. Posiblemente porque no tienen los muslos de Beyoncé. Ni falta que les hace.

martes 31 de enero de 2012

Letizia va de compras

PUBLICADO EL 24 DE ENERO DE 2012 EN LA VERDAD

Ayer fui a por el pan móvil en mano. Sí, hay que ir preparada porque en cualquier momento te puedes encontrar a la princesa Letizia comprado una barra y dos pitos, que lo he visto en el ¡HOLA!: “Doña Letizia, una princesa ama de casa”. Y claro, te pilla sin cámara y lo lamentas toda tu vida, aunque parece que este invierno ha habido tantas oportunidades de cruzarse con ella que sus compras se han convertido en un coleccionable, como los libros de Teo: si el primer número fue "Letizia en las rebajas", un conmovedor relato que narraba las vicisitudes de nuestra protagonista intentando encontrar un vestido en Mango (curiosamente las no princesas vamos de rebajas a las tiendas caras a ver si cae algo, pero ella se va a las low cost), el segundo ha sido "Letizia en la frutería", la apasionante historia de una princesa que compra mandarinas y dátiles “como un ama de casa más”, dice la revista. Discrepo: servidora no suele llevar guardaespaldas para ir a la frutería, aunque me vendría estupendo que me acompañara un machaca para defenderme de los sablazos que me mete mi frutero (“¡¿6,90 por un kilo de tomates?! ¡Atízale, Bruno!”). En esta última entrega vemos cómo Letizia mira los precios por encima de sus Ray-Ban (lo mismo hasta son de imitación y se las ha comprado a un mantero, que con este plan de ahorro que lleva nunca se sabe), paga y se va a Zara Home, algo que me inquieta y me llena de dudas: ¿Duermen los príncipes con el mismo nórdico que yo? ¿Dónde están las sábanas bordadas con las iniciales en el embozo? ¿Han empeñado la cubertería de plata igual que Lolita empeñó el cordón de oro que le había regalado Paquirri? Tanta rebaja me escama, pero posiblemente todo se reduce a que Letizia está harta de jugar a los palacios y prefiere jugar a las casitas porque, cuando una es princesa, lo ordinario se convierte en excepcional, y acercarte a la carnicería a por medio kilo de ternera para guisar es más emocionante que asistir a la entrega del Toisón de Oro. Hasta ahí, bien. Pero si acompañan las fotos diciendo que “en tiempos de crisis, encontrarse a la princesa en la frutería o en la tienda de la esquina, llega”, entonces me mosqueo. ¿Comprar mandarinas es solidarizarse con los problemas de los españoles? ¡Amos, anda!

martes 24 de enero de 2012

Yo, Rosa Palo

PUBLICADO EN LA VERDAD EL 17 DE ENERO DE 2012

Jefe, he oído que Planeta le va a soltar a Zapatero 700.000 euros por escribir sus memorias. Yo por la mitad escribo las mías, las publicamos en esta columna y nos forramos. En un alarde de originalidad se tienen que titular Yo, Rosa Palo, siguiendo el ejemplo de la baronesa Thyssen en ¡HOLA! (Yo, Tita Cervera) o de la Duquesa de Alba (Yo, Cayetana), que siempre hay que aprender de las grandes y que de esto de inventarse una vida saben mucho.

Puedo contarle las fiestas que me pegaba cuando era un alto cargo autonómico, que me iba de chulazos con mi choferesa y nos poníamos de farlopa hasta las trancas pagándolo todo con dinero público; eso sí, se lo cuento en versión británica, en plan John Hurt atormentado viviendo un infierno de whisky, coca y culpabilidad, no como los cutres que tenemos aquí, que quieren ser un remedo de Tony Soprano en el Bada Bing! y no llegan ni a Fernando Esteso en gayumbos persiguiendo a África Pratt. O le puedo contar cómo pasé de ser una niña trianera que cantaba “pan tostaíto migaíto con café” a casarme con un torero, enviudar, liarme con un alcalde corrupto (sí, jefe, a esto hay que darle un poco de vidilla, y si no metemos alguna anécdota de fraude, malversación de fondos o prevaricación, no triunfamos, que hay que estar al día), desliarme y recuperar mi imagen pública con la ayuda de mi peor enemigo. O cómo me casé con un deportista altísimo que le dio la vuelta al cuento y pasó de príncipe a rana. Usted elija, jefe, que vamos a nadar en billetes como el tío Gilito. Ah, ¿que le suena todo esto? Vale, pero es que si contamos mi vida real no nos comemos una rosca, y al final la biografía se va a llamar Memorias de una a quien no sucedió nada, como la de Enrique Menéndez Pelayo, porque la única droga que tomo es Orfidal, y no sé si deberle un euro a mi panadera se puede considerar robo con violencia… a ver, espere, que una vez falsifiqué la firma de mi padre en las notas: eso puede ser falsedad en documento público, ¿no? ¿Que no tiene interés? Pues no se preocupe, jefe, que ya le he dicho que yo por dinero le cuento lo que quiera. O me lo invento, que en estos tiempos inciertos lo mismo tiene.

martes 17 de enero de 2012

Sol de invierno

PUBLICADO EN LA VERDAD EL 10 DE ENERO DE 2012

Me gusta el sol de invierno, ese solecico que sale después de varios días oscuros y fríos, que te calienta la cara y el corazón y que te permite quitarte la bufanda a la hora del mediodía. Pero estas Navidades no ha habido bufanda que quitarse porque directamente no había quien se la pusiera sin arriesgarse a que te diera un tabardillo (aunque seguro que hoy, con mi habitual tino, ha empezado la segunda glaciación, estamos a dos grados y esta columna vuelve a convertirse en un despropósito), así que Tita y yo no hemos podido ponernos nuestras pieles sintéticas, que ya saben que nosotras no usamos pieles auténticas: la baronesa porque es de P.E.T.A. (no del PETA, auque a veces lo parezca por sus declaraciones) y yo porque la única piel de verdad que podría pagarme es la de media docena de boquerones alrededor del cuello, y no quiero darle ideas a Lady Gaga.

A esta crisis le pega un tiempo dickensiano, con sus lluvias, sus brumas y sus niños con la nariz congelada, pero lo único que se congela aquí son los sueldos. Y con este sol, la calle es una paradoja de bolsillos vacíos y terrazas repletas, lo que hace que mi suegra, cada vez que pasamos por una, suelte “La gente no tuviera dinero, pero los bares estuvieran siempre llenos” (por favor, léanlo con acento gallego). Y sí, parece que las penas, con sol, son menos. Por cierto, me ha dicho mi suegra que me va a poner una demanda por derecho al honor y a la intimidad, que por qué voy contando cosas de ella en la columna, que si al menos servidora fuera Pilar Eyre que escribe esos libros tan bonitos sobre las reinas de España, pues todavía, pero que yo soy una columnista de provincias que me doy ínfulas, y que eso es lo peor. Para que luego digan que con Tele 5 no se va a ninguna parte: de tanto ver “Sálvame” y “De buena ley” mi suegra está preparada para ser pasante en el bufete de Javier Saavedra. No se lo tengo en cuenta, porque si Ana María Matute se describe como “un limonero enamorado de un abeto”, mi suegra aquí se siente como una hortensia transplantada en el desierto de Atacama, y estos calores tienen que trastornarla a la fuerza. Lástima de abrigo que le he comprado en las rebajas.

martes 10 de enero de 2012

Magia

PUBLICADO EL 3 DE ENERO DE 2012 EN LA VERDAD

Querido Mago Riversson:

He pensado escribirte a ti mi carta porque creo que eres el único que me vas a poder traer el regalo que quiero. A Papá Noel ya se lo pedí, pero es un gordo rencoroso que no le trae nada a los niños que se portan mal y, por lo visto, sus criterio acerca del buen comportamiento difiere del mío (el tío lo mide bajo estándares americanos y, claro, no coincide). Total, que no me ha dejado ni una triste bufanda. Y de los Reyes Magos, que te voy a decir, porque si las monarquías europeas están regular, las orientales ni te cuento: Melchor tiene un lío con un yerno que se creía muy listo y al que han imputado por evasión de impuestos, fraude fiscal, prevaricación y no sé cuántas cosas más, Gaspar está intentando acabar con las revueltas en Gasparilandia y Baltasar sigue mosqueado porque 2.000 años después aún no sabe lo que es la mirra. Así que paso de pedirles nada, que bastante tienen ya.

Y no te preocupes, que no quiero que me traigas ni pasta ni trabajo porque soy de las pocas afortunadas que todavía tienen un jefe a quien maldecir. Ni siquiera un Mac nuevo, ése me lo va a regalar mi santo esposo (espero). Pero asistí a tu actuación el otro día y me quedé embobada cuando vi cómo hacías aparecer y desaparecer a una chica en un plis. Y por eso te pido que, en la noche de Reyes, hagas aparecer por un instante, sólo por un instante, a toda la gente que se nos ha ido y a la que seguimos echando de menos un año tras otro, tan sólo el tiempo necesario para darles un beso y preguntarles cómo están allí arriba, y decirles que no se preocupen por nosotros, que estamos bien, un poco fastidiados, sí, pero con ánimos para seguir luchando en el 2012. Será un momento, de verdad. Un abrazo, una caricia, y los haces desaparecer otra vez. Ya sé que es muy difícil lo que te pido, porque si hubiera alguna posibilidad Steve Jobs habría dejado preparada una aplicación para el iPhone, pero estoy convencida de que puedes hacerlo. Te dejaré junto al árbol un plato de jamón y una botellica de vino de Jumilla, que sé que te gusta. Y no te olvides de traerlos a todos.

sábado 31 de diciembre de 2011

Campanadas a medianoche

PUBLICADO EL 27 DE DICIEMBRE EN LA VERDAD

Tengo el gafe con la Nochevieja. En la última noche del año siempre me han ocurrido toda una serie de catastróficas desdichas: desde los calamares rellenos que me sientan como un tiro hasta las uvas malignas que se me atragantan (una vez mi madre estuvo a punto de hacerme una traqueotomía con el cuchillo jamonero y un boli BIC), han sido varios los desastres que me han hecho empezar el año maltrecha en el sofá haciendo zapping por todos los especiales de Nochevieja, justo castigo por no haber seguido los consejos de Rappel, porque nunca he llevado ropa interior roja ni, por supuesto, tampoco le he echado un anillo de oro al cava; con mi historial hubiera acabado tragándomelo.

Pero como todo es susceptible de empeorar, ha empeorado: este año Isabel Pantoja, gafe reconocida mundialmente, dará las campanadas, por lo cual su mala calafá y la mía juntas pueden hacer que, efectivamente, 2012 sea el año del fin del mundo y no nos salve ni John Cusack. La única esperanza que me queda es que Vasile haya deshecho el maleficio con el poder sanador del millón de euros que le ha pagado a Pantoja tras fichar por Tele 5 (yo en eso sí que creo, que le tengo mucha fe a los cuartos: te dan un buen puñao y se te quita el mal de ojo). Y aquí estoy, debatiéndome entre las uvas de la ira de la Pantoja y las uvas en almíbar de Igartiburu. Mi suegra, que siempre ha sido una mujer valiente pero que ahora ya es una temeraria, dice que no me preocupe, que desafiando a todas las fuerzas negativas del universo nos vamos a tomar las uvas con Isabel, que contrarrestaremos la maldición trianera con un conxuro galego y que nosotras vemos a la Pantoja pase lo que pase (mi suegra sabe que Isabel se llevó a su hermano Agustín de personal shopper, por lo que espera ansiosa el desparrame estilístico). Pero, a pesar de todo, yo no lo tengo tan claro: seguro que, en cuanto den las doce campanadas, me van a pasar más desgracias que al Coyote. Así que si ven que empieza el año y no hay columna, vayan a visitarme al Hospital de Santa Lucía. Y llévenme una caja de Godiva y el ¡HOLA!, pero si sale Pantoja arranquen la página, que esta tía me remata en el hospital. Gracias anticipadas.