miércoles, 22 de mayo de 2013

LAPO


PUBLICADO EN LA VERDAD EL 21 DE MAYO DE 2013

Como vivo en un condensador de fluzo siempre leo los periódicos con retraso, así que me acabo de enterar de lo del follón de los aragoneses, el catalán y el sursum corda, ya saben, ese invento por el cual a partir de ahora el catalán que se habla en la región se llamará LAPAO (Lengua Aragonesa Propia del Área Oriental) y el aragonés recibirá la denominación de LAPAPYP (Lengua Aragonesa Propia de las áreas Pirenaica y Prepirenaica). Tal cual. No había oído un naming más cachondo desde Chilly, la marca de productos para la higiene íntima femenina que, encima, se acompaña con el slogan “En lo más íntimo, quiero Chilly”, y claro, pasa lo que pasa, que luego dice mi amiga F. que ella en lo más íntimo quiere a Hugh Jackman y ya tiene un pollo con su santo.

Aquí, en cambio, hablamos el LAPO (Lengua Autóctona Propia Ordinaria), que no acabamos una palabra con todas sus letras ni pronunciamos una “s” así se nos aparezca Lázaro Carreter con el dardo mojado en curare. Pero mira, nosotros nos entendemos. Y cuando nos queremos poner finústicos, pues nos ponemos, que yo soy mucho de hacerme la ciudadana del mundo cuando estoy puesta en cumplir; eso sí, en cuanto me despisto me sale toda la región que llevo dentro y se me va el cosmopolitismo a hacer puñetas. Para evitarlo me he puesto a estudiar LACOSTE, la Lengua Autóctona de Ciudadanas Ostentosas, Socialités y Tipas Estupendas, esa mezcla transoceánica entre el acento de Miami y el de Majadahonda. Pero no le termino de pillar el punto, porque lo malo del LACOSTE es que, o es tu lengua materna porque has nacido en la familia Alba, Abascal, Iglesias Preysler, Falcó Preysler o Boyer Preysler, o no lo chanelas. De hecho, ayer saqué un 2,5 en 1º de Tamara, que mi profe me puso unas declaraciones de la Falcó hablando del Papa Francisco y lo único que entendí es que el Papa es la pera. Y para mañana tengo un listening de Naty Abascal saliendo de una fiesta. Suspendo fijo.

Pero realmente no sé ni para qué me molesto en aprender otras lenguas, total, si aquí lo que hablamos todos es alemán, que la letra con sangre entra y nosotros lo estamos aprendiendo a base de palos. De todas formas, yo este verano me voy de intercambio cultural a Marbella, a ver si perfecciono mi LACOSTE, o sea, ¿sabes?

miércoles, 15 de mayo de 2013

Pollita


Las primeras horas de una fiesta con gente que no conoces demasiado son siempre un poco extrañas, que al principio del sarao me siento más perdida que Belén Esteban en una biblioteca. Pero es echarme dos vodkas con tónica al coleto y salirme la Naty Abascal que llevo dentro, oiga, y ya no me duelen los pies, y la noche es joven, y qué alegría me da verte, y vamos a tomarnos la penúltima.

Desafortunadamente, cuando era pequeña sólo contaba con una Fanta de naranja para sobrellevar las reuniones sociales, que a menos que pertenezcas a una saga de actores de Hollywood está mal visto que los niños beban. Era llegar y encontrarme con un “Dale un besito a esta señora, que es muy amiga de la mamá”. Y la señora, que se había echado Maderas de Oriente como si no hubiera un mañana, decía “Mírala, si está hecha una pollita”. Pollita. ¿Hay una palabra más fea que esa? Si viviera en Wisconsin le hubiera descerrajado un tiro con mi rifle rosa a cada uno de los que me decían “pollita”.

Por si eso no era suficiente, la señora me daba un beso mientras me pinchaba con el bigote, y yo me limpiaba el beso con la manga del vestido (que picaba, porque los vestidos de arreglarse siempre picaban) ante la mirada reprobatoria de mi madre. Y después de tan gloriosa presentación, me decían “Anda, vete a jugar con la hija de Fulanita”. Y yo, que no conocía de nada a la hija de Fulanita pero que sospechaba que era tan tonta como su madre, protestaba por lo bajini y acababa obedeciendo, que para eso era una niña de colegio de monjas.

Ahora, la que manda a su hijo a jugar con niños que no conoce soy yo. Y la que le dice a los hijos de los demás “¡Ay, cómo habéis crecido!” mientras les pellizca los mofletes. Y también la que les pincha con el bigote, que con esto de la presbicia soy incapaz de depilarme debidamente, así que luzco mostacho a lo Íñigo y cejas de político ruso antes de la Perestroika. Pobres críos. Un día se rebelarán, se pondrán todos de acuerdo conectando en red sus Nintendo, contratarán al abogado de Urdangarín y nos demandarán por haber cometido con ellos todos los errores que cometieron con nosotros. Bueno, todos, todos, no. Al menos yo no digo “pollita". 

miércoles, 8 de mayo de 2013

Arroz con pulpo


PUBLICADO EL 7 DE MAYO DE 2013 EN LA VERDAD

¿Ha probado usted a hacer una paella con los amigos? Entonces ya sabe lo que pasa, que se juntan todos alrededor del arroz con un quinto en la mano y empiezan a dar su opinión: pues a esto le falta caldo, pues está duro todavía, pues se está quemando por el centro. Y siempre hay uno que quiere echarle un botellín de cerveza, claro. Así sale la paella.

Y es que cada español lleva dentro un maestro arrocero, un entrenador y un tertuliano. Todos menos yo, que se me pasa el arroz, que no tengo ni flores de fútbol y que mi docta opinión se reduce a criticar al roserío: me sacas de la Pantoja y me quedo en ná. En cambio, tertulianos hay a punta pala: pongo la radio a primera hora y ellos ya están ahí, con ese ímpetu, con esa ganas de bronca, con esa seguridad, tan súper vitaminados y mineralizados como si hubieran desayunado los cereales de Súper Ratón. Pero luego sigue la cosa hasta la noche, que cuando haces pop ya no hay stop, y pongas el canal que pongas aparecen de nuevo, bendecidos con el don de la ubicuidad, con el de llevar la camisa recién planchada y con el de la sapiencia, que de todo saben estos Tertulianos Sin Fronteras. Envidia es lo que tengo: yo ando todavía debatiéndome entre si Letizia iba mal o sólo regular a la fiestuqui holandesa mientras que ellos lo tienen todo clarísimo, desde la receta económica para salir de la crisis hasta cuánto caldo hay que echarle a la paella. Y si hay alguno que duda o que muestra el más mínimo atisbo de sentido común, le largan un ¡zas! en toda la boca.

Dirán ustedes lo que quieran, pero “Sálvame” al lado de esto es el Círculo de Viena, que al menos ellos ponen en práctica lo de "No sabemos: solo podemos conjeturar”. Y así pasan la tarde, conjeturando acerca de si Olvido Hormigos se ha enrollado con tres o con cuatro. En cambio, los tertulianos políticos se enquistan en su monólogo y no hay quien los saque de ahí. Al final, el éxito de los programas de debate será el mismo que el del arroz, que hay que servirlo a las 4 de la tarde cuando el personal ya está pedo y muerto de hambre. Y como estamos ya más pallá que pacá, nos tragamos cualquier cosa. Si no, no se explica. 

miércoles, 1 de mayo de 2013

La maldita primavera


PUBLICADO EN LA VERDAD EL 30 DE ABRIL DE 2013

La primavera, la sangre altera. O la hierve, por lo menos la mía, que me tiene loca este tiempo tonto: ahora llueve, ahora también. Con tanta lluvia no sé si me está saliendo musgo o es que me hace falta depilarme. Tengo la gabardina ya más arrugá que la de Colombo, y hartica estoy de que llueva siempre a la entrada y a la salida del colegio, que no hay nada más bonito que quinientos niños metiéndote el paraguas de Pocoyó en el ojo. Aunque peor lo tienen los pobres guiris, que llegan con sus camisetas de manga corta y sus chanclas, y luego acaban buscando un chino como locos para comprase un chubasquero. ¿315 días de sol al año? Una demanda nos van a poner los alemanes por publicidad engañosa, que ya es lo que le queda a la Merkel.

¿Y las comuniones? Ahí están las pobres madres, poniéndole velas a Nuestra Señora de las Isobaras para que no llueva el fin de semana, que están los chiquillos haciendo la Comunión vestidos de marinero, pero de marinero Pescanova. Que si Dios no está de acuerdo con el folclore que estamos montando con las comuniones, que lo diga vía Twitter o que se le aparezca a Tamara Falcó, pero que no nos mande una plaga bíblica, que ya tenemos bastante con Rajoy. Pero es que Dios es muy suyo pa sus cosas.

Y a estas lluvias de Ranchipur súmenle las alergias y la astenia primaveral: si en invierno te pones mala de acostarte y el médico lo soluciona todo diciendo que es un virus, ahora la culpa es de la astenia. ¿Que te caes de un primero limpiando los cristales y te rompes tres costillas? Astenia, que no necesita ni medicación ni leches, y eso que se ahorra la Seguridad Social. Pero yo más que asténica estoy abstémica, que me he quitado las cervezas para la Operación Deslorce y lo llevo muy malamente; total pa ná, porque como siga así la cosa este verano me veo haciéndome un trikini con el plumas.

Y aquí estoy, escribiendo sobre el tiempo porque, si escribo sobre otra cosa, entonces sí que me hierve la sangre de verdad, que prefiero hablar de las previsiones meteoreológicas de Roberto Brasero que de las previsiones económicas de Guindos y sus colegas. Qué ganas tengo de que salga el sol. Y de que salga para todos.

NOTA: Efectivamente, "La maldita primavera" es de Yuri, pero como es una canción un poco ñoña, les dejo "Este amor no se toca", que no tiene desperdicio alguno y que demuestra cómo una enana con calentadores puede llegar a lo más alto a base de fuerza de voluntad y un peinado a lo Farrah Fawcett. De los 10 tíos vestidos de blanco brillante que vinieron del futuro, ni les cuento. Venga, todos: "Eeeeeste amor, nooooo se toca, no insistas porque yo te negareeeeeé mi boca..."


miércoles, 24 de abril de 2013

Novela por entregas


PUBLICADO EL 23 DE ABRIL DE 2013 EN LA VERDAD

Ay, Pantoja, qué mala suerte tienes. El único pecado que cometiste fue enamorarte, que lo otro, lo de llenarte los bolsillos de la bata de cola con dineros ajenos, no es pecado sino delito, y tú ya solo crees en la justicia divina. Sales del juzgado condenada y empashminada y casi te comen, como a Montgomery Clift en De repente, el último verano. Y, para colmo de males, tu hijo anuncia vía Twitter que se separa de la Jessi mientras tú estás desmayada en el coche, con la ropa interior color carne al aire; menos mal que sigues al pie de la letra la máxima almodovariana de “Hagas lo que hagas, ponte bragas”, que imagínate que ese día hubieras ido de comando y se te hubiera visto el pantojo.

Tu Kiko le ha cogido más gusto al Twitter que a las hamburguesas con doble de queso. No sé cuántas veces ya ha tuiteado que se separa, que vuelve y que se vuelve a separar, y hasta le sobran caracteres al tío. Resuelve en dos líneas y se ahorra el comunicado, que así está el gremio periodístico ahora que todos han optado por el “Do it yourself”; eso sí, hay un baile de acentos en los tuits que ni Leonardo Dantés con un ataque de epilepsia. Pero esta vez Kiko ha sido elegante y se ha limitado a un “Jessica y yo no estamos juntos”, que no hay nada peor que un amante despechado con un móvil en la mano: mira a los dos exconsejeros del gobierno balear, que se divorcian por Twitter y se acusan de fraude. Cuánto me hubiera gustado leeros a ti y a Cachuli tirándoos los tuits a la cabeza, en una versión 2.0 de La guerra de los Rose: “@Cachuli Tú al talego y yo a Cantora. Que te den”. O que Cachuli hubiera publicado una imagen tuya en porretas, como ha hecho Andrés Calamaro con su novia: ella lo manda más allá de la Pampa y él se venga subiendo una foto de la susodicha en cueros. Pero ustedes vosotros sois más de las vías oficiales, que ¡HOLA! paga y Twitter no. Y es una pena, porque Twitter es una novela por entregas, que en un tuit caben todo el dolor y el amor de mundo. Cabe hasta un cuento, y aún sobran 90 caracteres: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Feliz Día del Twitter. O del libro. 

miércoles, 17 de abril de 2013

Mercados

PUBLICADO EL 16 DE ABRIL DE 2013 EN LA VERDAD
Bar. Interior noche. Salida de madres (no de madre, que aquí el plural es importante). S. echa una visual y sentencia “¡Cómo está el mercao!”. Y sí, entre los perullos con aspiraciones y los perullos a secas, una confirma que, efectivamente, hace falta que Europa nos intervenga, porque la cosa está muy malita, ¿te das cuen? Nosotras tampoco es que estemos para tirar cohetes, que yo tengo los huesos desencajados, el fémur tengo muy dislocado y tengo el cuerpo muy mal, pero no porque lleve una gran vida social, sino porque ya estoy viejuna. Entre los perullos y las desencajadas, el nuestro es un mercado en crisis. 

Pero los malos tiempos han llegado incluso a los mercados de los países desarrollados: en Holalandia, ese lugar donde los diamantes de Suárez brillan más que el sol, Adriana Abascal, viuda in pectore del dueño de Televisa y ex de Juan Villalonga (sí, el de Telefónica) anuncia su boda con un tal Emmanuel diciendo que no es multimillonario. Cuando se da un titular así, por algo será, que “Excusatio non petita, accusatio manifesta”, reina. Pero es que somos muy mal pensados, que a ella lo que le enamoró de Emmanuel fue su alma, que ellos son felices con unas palomitas en el cine. En eso lleva razón: yo sería feliz yendo al cine en París aunque fuera a ver Los Bingueros (por cierto, Fernando Esteso quiere volver a los escenarios y busca fondos a través del crowfunding; ahí lo dejo, por si quieren convertirse en mecenas de la cultura). 

No sé si me molesta más que Adriana Abascal tenga ese tipazo o que intente convencerme de que se casa con un tornero fresador. Pero a mí no me la pegas, mona, que lo que no queréis es cumplir los Objetivos del Milenio y que los países ricos aumenten el acceso al mercado para que haya un comercio abierto y no discriminatorio. O lo que es lo mismo, que cualquiera de nosotras pueda tener la oportunidad de ligarse a un pibonazo forrado como Emmanuel, que ya le cambiaré yo el nombre y le diré Manolo, que es más de macho. Y en pleno intercambio comercial tú, Adriana querida, te vienes para acá y te paseas entre los perullos, a ver si alguno te encadila por su alma. Y si te enamoras, ya me llamas y quedamos para ir al Carrefour cuando haya ofertas. Bienvenida a la economía de subsistencia. 

miércoles, 10 de abril de 2013

Daguerrotipos


PUBLICADO EN LA VERDAD EL 9 DE ABRIL DE 2013

Tarde de fotos antiguas. Repaso, miro y remiro, pero no encuentro fotos comprometedoras, porque ni me he fotografiado con narcos (que yo sepa) ni he salido en el Interviú, que hasta que no nazca un diseñador gráfico capaz de photoshopearme las lorzas sin que le de un calambre en la muñeca, servidora no se despelota.

Lo único comprometedor de las fotos viejas es la pinta que llevábamos. Nosotras, con hombreras a lo Super Bowl y las cejas más salvajes que el Mato Grosso; ellos, con cara de hombres a medio hacer. Y sí, todos lucían un pelucón que pa qué, pero ahora el pelo se les ha caído de la cabeza y se les ha quedado pegado en la espalda, en una suerte de autotransplante capilar en la zona equivocada. Sigo mirando y veo sonrisas en algunas imágenes, poses de interesante en otras, caras jóvenes en todas; veo lo que éramos y veo lo que somos y me da cosica. Lo mismo me pasa cuando echo un ojo a las antiguas fotos de Iñaki y Cristina en estos días urdangarines. Porque ahora no se hagan las listas, hermanas, que todas pensábamos lo buen mozo que era el muchacho y la suerte que había tenido Cristina, mucha más que Elena, dónde va a parar, que a Marichalar lo veíamos más como “personal shopper” que como marido: Marichalar era ideal para acompañarnos de compras a Loewe (sobre todo porque a mí las dependientas de las tiendas caras me miran con cara de estreñidas, en cambio a Jaime le hacen un chuminero cuando entra), pero Iñaki era perfecto para todo lo demás. Y mira tú por dónde ya no están ninguno de los dos en las fotos, ni tampoco Cristina, ni los niños, que si años atrás se necesitaba un gran angular para que cupieran todos los miembros de la familia real, hoy entran en una foto de carnet. Y esta vez la Reina no lo arregla ni con el Photoshop.

Pero la vida da muchas vueltas, no crean: fíjense lo malísimamente que lo pasó Isabel II en su famoso “annus horribilis”, y ahora baja de los cielos convertida en chica Bond. A este paso, al Rey lo hacen chico Almodóvar, que a surrealistas no nos gana nadie. Iñaki ya lo es; en su laberinto de pasiones particular va cantando “Urdanga, Urdanga, soy de Teherán”. O de Qatar, que lo mismo da. Y tan fresco.