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miércoles, 1 de mayo de 2019

PUESTA EN ESCENA

PUBLICADO EL 30 DE ABRIL EN LOS DIARIOS DEL GRUPO VOCENTO

Un día curioso el de las generales. Uno iba a votar y se podía encontrar a Loquillo de presidente de una mesa electoral, a Paco León como vocal, a Leticia Dolera llorando o a Penélope Cruz votando con las gafas puestas. También fue curiosa la noche, que ver a un político admitir la derrota de su partido no es habitual. "El resultado ha sido muy malo", dijo Pablo Casado. Y fue un buen comienzo hasta que, de repente, empezó a echar la culpa a la fragmentación del voto y a no sé qué cosas de la Semana Santa; a todo menos al viraje de su partido hacia posiciones extremas. "El neoaznarismo ha hecho retroceder al PP al preaznarismo", sentenciaba Maruja Torres en Twitter. Mientras,Teodoro García Egea parecía que se había tragado el hueso de la aceituna. De fondo, el silencio atronador en la calle Génova. Qué solos se quedan los perdedores. 
Pablo Iglesias, por su parte, tampoco aceptó del todo el enorme descalabro de Podemos, e intentó salvar los muebles subrayando que el objetivo propuesto era entrar a formar gobierno con el PSOEDefinitivamente, el único que admitió anoche una derrota sin paliativos fue Zidane"Pido perdón por jugar así", dijo tras el desastre del Madrid. Pues eso.
En el lado contrario, Ortega Smith calentaba al personal abriendo boca con un  "Compatriotas, la resistencia ya está dentro del Congreso". Y me vino a la cabeza David Broncano paseándose por los escaños y preguntándole a los diputados aquello de cuánto dinero tienes y cuánto has follado en el último mes. Más que entrar la resistencia, con Vox ha entrado en el Congreso la imagen de "La escopeta nacional", igual que con Podemos entraron en su momento las camisetas con mensajes y las rastas, ante el horror de Celia Villalobos y su miedo a los piojos. Las grescas estéticas y verbales entre Rufián y Abascal van a ser legendarias en esta legislatura.
¿Y Albert Rivera? Pues autoerigiéndose como líder de la oposición. Qué diferencia de puesta en escena: si Casado, Suárez Illana y García Egea, con sus trajes oscurísimos, parecían enterradores, Rivera y los suyos eran todo energía, alegría, color y vamos, ciudadanos. Sí, pero ¿adónde? ¿A ocupar el lugar del PP o a pactar con el PSOE? Porque si hay alguien que tenga la sartén por el mango ahora mismo es Pedro Sánchez, el tronista cuarentón que puede decidirse entre varios pretendientes. "¡Con Rivera no!", le gritaban los suyos, como cuando tu madre tuerce el morro porque no le gusta tu novio. Pero a Sánchez le da igual, que hará lo que le salga de la peineta. A lo mejor sí tiene razón Casado y el "quid" de la cuestión ha estado en la Semana Santa, porque Sánchez ha vuelto a resucitar. Una vez más.

miércoles, 24 de abril de 2019

DEBATE, QUE ALGO QUEDA

PUBLICADO EL 18 DE ABRIL EN LOS DIARIOS DEL GRUPO VOCENTO
Debates a mí. A mí, madre de un hijo adolescente. A mí, que vivo en una discusión permanente: que si a qué hora llegas a casa, que si dónde vas con esos pelos, que si te metas en la ducha que hueles a perro muerto, que si no puedes cenar pizza todas las noches. Y así todo el día, que no hay orden que no sea contraargumentada hasta la saciedad, que no hay cuestión que no se convierta en una lucha entre la minoría oprimida y el heteromatriarcado. Pero el debate más bronco, el de trazo más grueso, el que saca lo peor de cada una de las partes contendientes es el que surge cuando se trata de limpiar la habitación del heredero, lugar que está a punto de ser declarado espacio natural protegido por la UNESCO porque los calcetines sucios tirados por el suelo han creado un microclima donde han comenzado a desarrollarse especies aún no conocidas por el hombre: yo, abogando por la necesidad de una intervención armada de escoba y fregona; él, alegando que su cuarto es un estado independiente, que lo tiene como le da la gana y que para qué va a hacer la cama si la va a deshacer al acostarse. Acabáramos. Después de esto, que te convalida por un curso de Debate y Retórica, me siento preparada para bregar con los partidos mayoritarios, con los minoritarios y hasta con los independentistas.  
Lo cierto es que, visto lo visto, a los españoles nos encanta debatir. A todos menos a Vox: según confiesan en privado a través del envío de un mensaje de WhatsApp al grupo equivocado, les ha venido estupendamente que la Junta Electoral Central haya impedido su participación en el debate a cinco. En público, eso sí, se mesan los cabellos y se parten la camisa de pecho lobo, que no hay que perder oportunidad para victimizarse; mira tú por dónde, otra minoría oprimida, como mi heredero. Mientras tanto, Sánchez ha aprovechado para negarse a acudir al debate de Atresmedia y decir sí al organizado por TVE. O, lo que es lo mismo, que no me gusta ese bar, que prefiero el mío de toda la vida, que el camarero ya me conoce y me pone la media tostada con tomate nada más verme entrar por la puerta. Total, tanto lío para, al final, reafirmar a los que ya vienen votados de casa y no sacarnos de dudas a los demás, que lo único que nos sacan es de quicio. Puestos a debatir sin fuste sobre cosas serias, deberíamos discutir acerca de si es mejor "Rocky" o "Yo hice a Roque III", si la interpretación de Burgess Meredith supera a la de Fernando Esteso, si mola más ver a Sylvester Stallone subiendo las escaleras del Museo de Arte de Filadelfia que a Andrés Pajares saltando a la comba mientras canta "El cocherito leré". Eso sí que es un debate. De altura. 


miércoles, 17 de abril de 2019

ÁBRETE DE OREJAS

PUBLICADO EL 15 DE ABRIL EN LOS DIARIOS DEL GRUPO VOCENTO
En Madrid, change.org instaló hace unos días una oreja gigante en la calle para que los ciudadanos pudieran trasladar sus peticiones a los candidatos de las elecciones generales. En Madrid, como no hay playa, vaya, vaya, son mucho de hacer performances, que vas paseando tan ricamente por el centro, decidiendo entre el Prado o el Reina Sofía, entre un hindú o un asturiano, entre "El Rey León" o "Billy Elliot", y te encuentras de sopetón con una oreja de dos metros de alto a la que le van cambiando el cartel, convirtiéndola en la oreja de Pablo Casado, en la de Pedro Sánchez, en la de Albert Rivera o en la de Pablo Iglesias. Y una se pregunta si está en la capital de España o en Orejilla del Sordete.
En la instalación de change.org, los mensajes de los ciudadanos a los políticos quedaron grabados para hacérselos llegar. La performance demuestra el optimismo de este país: aún pensamos que los políticos nos van a escuchar. Que se van a abrir de orejas. Que van a aguantar nuestra turra lo mismo que aguantamos nosotros la suya. Y la de ellos, en esta campaña, está siendo antológica: Rosa Belmonte recopiló ayer unas cuantas perlas en esta sección, demostrando el esfuerzo denodado de los políticos "en quedar como zopencos". Añado una más: Casado diciendo que "los populares somos los que mejor defendemos el medio rural porque venimos de allí". Mira tú por dónde: otro que se ha creído que Génova 13 no está en Madrid, sino en el pueblo de Doña Rogelia.  
Mientras tanto, y según el CIS, hay más de un 40% de indecisos: cuatro de cada diez votantes permanecen con las orejas abiertas para ver si escuchan algo que los pueda convencer, conformando un electorado común por el que luchar a muerte, a espada láser o a cuchillo jamonero. Con estos números, el desparrame de final de campaña va a ser de aúpa: comida de oreja mortal y mensajes epidérmicos directos al corazón, al hígado o al bolsillo. Así están los candidatos, más sobreactuados que Aurora Bautista: contaba Diego Galán que, cuando Luis Escobar la dirigió en "Yerma", la vio comenzar la obra de una forma tan exagerada que le soltó "Aurorita, guapa, cálmate, que aún no ha pasado nada“. Pues eso: que se calmen, que aún no ha pasado nada. Pero no nos caerá la breva, porque todavía tienen que convencer a los no convencidos, reafirmar a los suyos y movilizar al electorado. "Nos motivan las encuestas, pero las urnas se llenan con votos", dijo Pedro Sánchez en Tenerife. A mí me motivan más los torreznos, como a Paquitas Salas: un torrezno, un voto. Y los colegios electorales, llenos. Hasta que llegue ese día, no sé yo si voy a aguantar sin cortarme la oreja. A lo Van Gogh


HOY NO EMPIEZA TODO

PUBLICADO EL 12 DE ABRIL EN LOS DIARIOS DEL GRUPO VOCENTO
Hoy empieza la campaña electoral. Y escribir eso, tan solo pensarlo, es más tonto que creer que la primavera comenzó el 20 de marzo, porque empezó mucho antes, exactamente en el preciso momento en el que entramos en una tienda con el gorro y la bufanda y nos topamos con las camisetas de tirantes y los bikinis: ahí fue cuando se originó un agujero espacio temporal entre la estepa siberiana y el chiringuito playero. Y ahí fue cuando comenzó nuestro Vía Crucis de dieta y elecciones. 
Si hace semanas que la primavera se coló en las tiendas, hace aún más tiempo que la política entró en tromba en la televisión, en el sofá y hasta en la cama: miren que llevo años haciendo tríos con las mismas personas, a saber, mi santo y José Ramón de la Morena, pero hete aquí que, la otra noche, José Ramón se trajo a Pablo Iglesias. Y tanta novedad, pues como que no, que una es muy señora de provincias y muy conservadora para sus cosas de cintura para abajo y de oreja para arriba. Lo mismo me pasó a la hora de la siesta, al encontrarme con un debate entre Toni Cantó, Javier Maroto, María Jesús Montero y Noelia Vera. Mientras, Gabriel Rufián, Aitor Esteban y Jaume Alonso-Cuevillas estaban desterrados en la sala VIP esperando a intervenir, igual que cuando aparcan a Chelo en un cuartucho para que vea, vía monitor, cómo la despedazan sus compañeros. Y, animando el cotarro, Belén Esteban convertida en representante de los pensionistas. Aquello fue un crossover tan gordo entre "Sálvame" y "Todo es mentira" que pensé que Rufián iba a "Supervivientes" con la Pantoja. Para rematar, esta mañana he abierto una caja de cereales y me ha salido Santiago Abascal diciéndome que lo que tenía que tomar era café con leche y media de porras, que eso es lo que desayuna un buen español. Acabáramos. 
Antes de que comenzara la campaña electoral, nosotros estábamos ya hasta la urna. Pero ellos, los políticos, también. De tener que hacerse los colegas, los enrollados. De exhibir la mejor de sus sonrisas. De tocar el bajo con Pablo Motos y de llevar empanada de bonito a casa de Bertín. De abrazar a niños inocentes y a señoras cardadas, de las que todavía se echan plis, de las que te cogen los carrillos entre las manos para estamparte un beso y te dejan los morros en la cara y Maderas de Oriente en el traje. Mimadre alucinaba cuando alguien le decía que yo era una tía simpática: "Con la mala follá que tienes con tu familia, se ve que toda la gracia te la dejas para los de fuera", me decía. Llevaba razón. A estos habrá que verlos en su casa. Mientras tanto, los vemos en la nuestra. A todas horas. Hoy no empieza todo, sino que sigue. Agotaítos nos tienen. 

lunes, 25 de marzo de 2019

EL LIBRO GORDO DE PEDRETE

PUBLICADO EL MARTES 26 DE FEBRERO DE 2019 EN LA VERDAD

Miren que me cuesta a mí escribir estas columnas: sangre, sudor, lágrimas, cinco cigarrillos y dos cafés, para ser exactos. Miren que yo escribo, y repaso, y borro, y vuelvo a borrar; total, para juntar 400 palabras de nada que mañana acabarán envolviendo media docena de huevos. Y para que, encima, me llegue un tío, con ese tumbao que tienen los guapos al caminar, y se plante un libro de más de 300 páginas. El libro gordo de Pedrete. En fin. 

Dice Stefan Zweig en sus memorias (y eso sí que son unas memorias) que “Toda forma de publicidad significa un estorbo en el equilibrio natural del hombre”. Acabáramos: a Sánchez no sólo no le estorba la publicidad, sino que la busca. Desesperadamente. Y sólo desde esa búsqueda, y desde la altura himaláyica de su autoestima, se puede entender que haya perpetrado este libro, más hagiográfico, más vacío y más cursi aún que las memorias que publicó Tita Cervera en "¡Hola!". Las interesantes eran las de su ex Espartaco Santoni: cuenta que, después de una noche de sexo salvaje con Tita, ella se levantó con las hemorroides tan inflamadas que “parecían un ramo de uvas”. O las memorias de Alfredo Landa, que le costaron enemistarse con media profesión y que fueron escritas maravillosamente por Marcos Ordóñez: en ellas describe con todo lujo de detalles cómo Amparo Soler Leal y Alfredo Matas le invitaron a una cama redonda con Maurice Ronet. Eso sí que son líos de cama, y no contar que has cambiado el colchón de la Moncloa.

Tampoco lo es el asunto de Albert Rivera con Malú: una generación que se levantó una mañana desayunándose con el idilio entre Boyer y Preysler, ya no se sorprende de nada. Ni siquiera de que Jesús Calleja y Mercedes Milá presenten las memorias de un presidente del gobierno. Ni de que Sánchez justifique su llamada a "Sálvame" afirmando en el libro que él tiene"amigos varones, profesionales de reconocido prestigio en sus ámbitos, que ven ese programa". El "Yo tengo amigos que ven Sálvame" de Pedro Sánchez es tan tonto como el "Yo tengo amigos de izquierdas" de Carmen Lomana. A estas alturas, lo único que nos dejaría picuetos sería ver a Sánchezsentado un sábado en el "Deluxe". Pero no lo hará. Le da miedo Conchita la poligrafista. Toma, y a mí. 

miércoles, 20 de junio de 2018

MUNDIAL

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES 19 DE JUNIO DE 2018
Esto ya no es lo que era. El Mundial, digo. Nada que ver, ni por asomo. Ya no hay discusiones en casa porque el heteropatriarcado futbolero quiera ver un Perú-Dinamarca un sábado por la mañana, que la minoría oprimida se prepara unas tostadas con tomate, se coge la tablet para ver una serie y aquí paz y después gloria. Tampoco hay alegrías compartidas con el barrio, ni decepciones vividas en comunidad: desde que cerramos las ventanas y ponemos el aire acondicionado, junio ha dejado de ser un patio de vecinos donde se mezclaban los goles con los olores para convertirse en un mes de módulos estancos. Y, este año, ni siquiera nos asombran los peinados de los jugadores: lo de Neymar al lado del sobaco que se hizo Ronaldo en la cabeza en el 2002 es una cosa de primero de Marco Aldany. Lo hemos visto casi todo, ya.
Lo único bueno de este mundial son los insultos de los argentinos hacia su selección. A partir del "cementerio de canelones" que le soltaron a Higuaín y que inauguró un nuevo movimiento literario, los argentinos han hecho unas filigranas lingüísticas que ni Borges puesto de anís: a Messi lo llaman "tatuaje de cromos de Bollycao"; la calva de Sampaoli es un "tobogán de piojos", una "cabeza de rodilla" o un "flequillo de carne", y el fiasco frente a la selección islandesa se ha resumido en "nos han empatado once tíos que sólo comen Licor del Polo". Los argentinos ofenden con el mismo fervor con el que viven el fútbol,demostrando que siguen siendo políticamente incorrectos, verborreicos, exagerados, superlativos y faltones. Para los argentinos, más es poco. Benditos sean. Ellos y los coreanos: el entrenador de la selección de Corea del Sur cambió deliberadamente los números en las camisetas de sus jugadores en los partidos amistosos para confundir a sus rivales porque los occidentales no distinguen a los asiáticos. Cierto: para la mayoría de nosotros, es lo mismo un chino que un coreano que un japonés que un vietnamita. O Albert Rivera que Pablo Casado. Mientras, Rajoy se ha largado justo a tiempo para comprarse un plasma y ver el mundial tranquilo en su casa. "El tipo puede cambiar de cara, de casa, de familia, de novia, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar: no puede cambiar de pasión”, decía uno de los personajes de "El secreto de sus ojos".  Pues eso. 

miércoles, 15 de junio de 2016

OLA K ASE

PUBLICADO EL MARTES 14 DE JUNIO DE 2016 EN LA VERDAD

Wasapeamos por encima de nuestras posibilidades, que pertenecemos a más grupos de WhatsApp que un expolítico a consejos de administración. Estamos en el del cole, en el de la pandilla, en el de antiguos alumnos, en el de la familia, en el del curro, en el del curro sin el jefe, en el del regalo conjunto de boda y en el que nos meten sin que nosotros queramos. A punto estoy de contratar a un becario para que me lleve la comunicación.

Ana Blanco creó un grupo de WhatsApp para estar en contacto permanente con Vicente Vallés y Pedro Piqueras, los moderadores del debate de anoche. Sonsoles Ónega montó ayer uno con los jefes de equipo de los candidatos, donde todos afirmaban que su aspirante se encontraba fenomenal, igual que Naty Abascal saliendo de una fiesta: Rajoy estaba genial, Iglesias tranquilo y con fuerza y Sánchez y Rivera con muchas ganas. Parecían entrenadores de boxeo hablando de sus pupilos. Aunque si hubiera sido Mickey Goldmill, el entrenador de Rocky, les hubiera soltado “Tienes corazón, pero peleas como un maldito mono”. Pero los jefes de gabinete son más de manual de autoayuda: “Que sea él mismo”, le recomendó Irene Montero a Pablo Iglesias. “Sal y disfruta”, le aconsejó Fernando de Páramo a Albert Rivera, lo mismo que les soltó Cruyff a los jugadores del Barça en la final de Wembley; lo mismo que le digo yo a mi hijo cuando sale en la función de fin de curso: la psicología de bolsillo es lo que tiene. “Naturalidad”, le indicaron sus jefes de gabinete a Rajoy y a Sánchez. Luego hicieron lo que les dio la gana, claro: Rajoy tan natural como una gaviota disecada, Sánchez tan natural como una rosa de plástico. Por eso hace falta tener tanta discreción para dar consejos como docilidad para recibirlos, que decía La Rochefoucauld. También decía que el amor propio es el mayor de los aduladores. Claro, que eso lo escribió sin conocer los wasaps que los jefes de equipo debieron de mandar a sus candidatos después del debate: qué bien lo has hecho, te has salido, vamos a arrasar. Y muchos iconos de aplausos, pulgares levantados, caritas sonrientes y flamencas (las flamencas van bien para todo). Aunque yo hubiera dado mi móvil por leer los mensajes del otro grupo: el de compañeros de trabajo donde no está incluido el jefe. Ése es el bueno.