viernes, 23 de mayo de 2008

Plan B

Tírenlas. Tírenlas ya. ¿O creen que sus santos están leyendo sus revistas de autoflagelación favoritas para ver la colección Crucero 09 de Óscar de la Renta? No, amigas, ellos no leen con fruición "Cómo mantener una relación satisfactoria" o "Esas pequeñas cosas que tanto nos molestan" ni nada por el estilo, no sea que vayan a aprender algo y la liemos. De hecho, ellos no leen, sólo miran las estampas: sí, sus santos se están poniendo cardiacos viendo el "Especial Culos" que traen, o traerán o han traído por estas fechas las revistas del ramo. Que ya lo dice uno de mis linkados: hay revistas porno buenas y menos buenas, pero no malas. Y los últimos números de las revistas femeninas son del mejor porno-soft que se haya imaginado solitario alguno. Ni el añorado LIB que unió a padres y a hijos ni leches en vinagre: reportajes sobre anticelulíticos.


Abarcan todo tipo de gustos eróticos, desde el voyeurismo hasta el bondage (no me dirán que los aparatos para aplicar las cremas no son de una refinada parafilia. ¿Y el guante de crin? Ay, el guante de crin. ¡Si creo que lo llevaba el Carnicero de la Bahía al lado del cuchillo de doble filo!). Y a ellos les encanta, deduzco, porque hay un señor en mi sofá que hasta llegar a la mitad de la revista era un tío normal, pero que de repente se ha convertido en un trasunto de Luis García Berlanga y está venga a pasar una y otra vez las páginas de "¡Guerra a la celulitis! La solución final" con una cara de ido tremebunda. Le suelto un "pero si eso es todo photoshop!!!". Y el trasunto me mira con pena, con una pena infinita, pero no por mí, sino por él, por no estar casado con una de las tipas de las fotos, una de esas tipas que pueden seguir consejos tales como "¿Tus jeans favoritos se han roto? ¡Córtalos!" y ellas, obedientes, van y los cortan a la altura del mismísimo y les quedan estupendos. Yo, como mucho, los dejo piratas.

Menos mal que para compensar tanto dolor las revistas vienen llenas de muestras de productos adelgazantes (que digo yo que pa qué, porque con la cantidad de crema que contiene el sobre no me da ni para el dedo gordo). Como ya sabrán en cuestión cosmética yo tengo mucha querencia por la fusión hispano- japonesa (eso sí, no tanta como Rafael Amargo que les ha puesto a sus hijos León Bidanchi y Dante Horoshi, ni pensar quiero en la adolescencia que van a tener los pobres; lo de Amargo me recuerda a Ross con lo de "unagi"), así que cada mañana me echo mi Shiseido Body Creator mientras visualizo mi culo como el de Elsa Pataky, que también le tengo mucha querencia a las visualizaciones, pero pienso en el culo de la Pataky, se me cruza Adrian Brody, a la Pataky la mando a hacer cien sentadillas (que por eso no le hace falta crema a la chiquilla) y yo me acabo liando con el Brody, por lo que las visualizaciones cambian (a mejor, eso sí) y ya no me sirven. Y acabo como el tío Faba, que igual que estic estaba.

Así que este año no. Me niego. No entra ni una revista más en mi casa. No pienso sucumbir a la esquizofrenia de leer en una página que tengo que ser yo misma y aceptar mi cuerpo (aunque creo que puedo ser más yo misma en el cuerpo de Beyoncé que en el de Falete, pero bueno) y en la de al lado ver toda una gama de productos y sistemas para dejar de serlo (yo misma) y de aceptarlo (mi cuerpo). Así que se acabó. Cada vez tengo el culo más rugoso y el cerebro más plano, vale, pero me da igual, porque este año tengo un Plan B. Es una apuesta, extrema, sí, pero segura: el burkini. Ahora sólo tengo que elegir el color. A ver... hum... pues va a ser que sí, que es demasiado radical ¿no? Porque puestas a vivir bajo una dictadura, más vale que sea estética. Pues nada, que paso del burkini. Voy a la basura a coger las revistas, que quizás encuentre al fin la forma de acabar con la celulitis... pero ¿dónde están? Han desaparecido, no queda ni una. Esto ha sido cosa del trasunto. ¡¡¡Trasuntoooooo!!!

viernes, 16 de mayo de 2008

Telmalgín

Pues no, Telma, que mire usted, que con esa mochilica a la espalda que me viene, con la bolsa de El Corte Inglés para llevar los papeles y con ese corte de pelo pues no le doy la razón. ¿Es que no he visto usted cómo acude Anita Obregón a los juicios, disfrazada de Ally McBeal? Aprenda de una experta en demandas y querellas contra la prensa del corazón, hija, que ella sí que sabe. Y si no llame a Josie que le aconseje un estilismo judicial. Pero así no, Telma, así tengo que fallar en contra suya sin más remedio. Por eso y porque no se puede condenar a nadie a priori, que no sé qué milonga le habrán contado sus abogados, pero que parece que han sido compañeros de pupitre de El Lute.

Y la jueza se ha quedado tan ancha. Se ve que ella salió hace tiempo del armario, como servidora: "Me llamo Rosa Palo y soy tomatera" "Hola, Rosa" me contestaron miles de personas que veían el Tomate todos los días. O a lo mejor es que su señoría tiene un poco de sentido común, que todo puede ser. En cualquier caso, Telma casca.

No entiendo a Telma. A lo mejor es que tantos años fuera de España viviendo en el Tercer Mundo han hecho que crea (como algunos pueblos indígenas) que las fotos te roban el alma. Y puede que lleve parte de razón; les roban el alma sobre todo a los de raza cobriza, como a Carmina Ordóñez, pero al resto de los mortales no. Su madre es el claro ejemplo de ello: no suelta prenda pero siempre esboza una sonrisa cuando le preguntan algo. Y, sinceramente, no creo que la pobre tenga muchos motivos para hacerlo, pero lo hace. Lo hace y la dejan tranquila. Pero Telma con su actitud ha conseguido justo lo que no quería: una sobredosis de su propia medicina. Se ha hinchado a TELMALGÍN, y en supositorios. Hala, ahora a demandar a la compañía farmacéutica, que es lo que le queda.

lunes, 12 de mayo de 2008

Pink House

Mis disculpas. He estado ingresada unos días en el Princeton-Plainsboro Teaching Hospital y no he podido escribir; han tardado demasiado en diagnosticarme. De hecho, el Dr. House estaba como un loco: al principio pensó que me había comido un ácido porque mi primer síntoma era que lo veía todo rosa, después que había desarrollado un extraño daltonismo post-traumático, a continuación que era algo auto inmune. Resonancias, biopsias, antibióticos de amplio espectro y un House con una mala leche que ni les cuento, venga a preguntarme cosas como si soy promiscua, lo que como, lo que bebo, si en mi familia hay algún antecedente de alteraciones cromáticas y cosas por el estilo. Incluso me preguntó qué leía. "Lo normal", contesté. "Stendhal, Stevenson, Cortázar, McEwan...". "¿Nada más? ¿Seguro?". "Bueno... el jueves pasado me compré el ¡HOLA!". "Imbécil" me respondió. "Tenía que habérmelo dicho antes". Y se bebió una tónica.

Diagnóstico
: Algodonitis Sacarosa Grado 1, o lo que es lo mismo, un subidón de azúcar provocado tras ver el reportaje de ¡HOLA! donde Tita presenta a sus niñas (megaexclusivón). House me mandó a hacer puñetas, me recetó un Espidifén 600 sabor albaricoque y me prohibió terminantemente volver a ojear la revista. Así que este post está escrito desde el recuerdo de lo que leí (y vi, sobre todo vi) la semana pasada, porque por prescripción facultativa no puedo volver a leerlo. Definitivamente el último número del ¡HOLA! debería llevar una leyenda del tipo "NO APTO PARA DIABÉTICOS".

Abrí la revista con mi alegría e inconsciencia habituales y me encontré con que Tita había convertido una parte de "Más Mañanas", su vivienda de Sant Feliu de Guíxols, en la casa de sus niñas y, en un alarde de naming sin límites (van a acabar fichándola en Bassat & Ogilvy como copy) la había llamado "Pink House". Parece que Tita ensaya para participar en el famoso concurso "¿Cuántos tonos de rosa es usted capaz de nombrar? Un, dos, tres responda otra vez". "A ver... fucsia, salmón, pastel, fresa, ácido, palo (uy, palo!), shocking..." Así me quedé yo, shocking del todo. Me vi envuelta en una nebulosa rosa de ositos, cuentos, lazos, una colección de Hello Kittys que haría las delicias de Alaska y una Tita que pasea con sus niñas por el jardín con un modelito transparentoso de Cavalli que se había comprado días antes y que estrenaba para la ocasión. La niebla rosa con jirones blancos se extiende a lo largo de las 28 páginas del reportaje y va difuminando las imágenes de Tita: Tita acuna a las niñas, Tita les da de comer, Tita las arropa, Tita juega con ellas, Tita con las niñas y la niñera (¿de qué color viste la niñera? ¿se lo imaginan?)... yo ya casi no distingo nada entre tanto algodón de azúcar, entre tanto helado de nata y fresa, pero alcanzo a ver un piano rosa que ni Elton John en su momento más gay. Antes de caer en mi pink delirious me da tiempo a leer que hay tres personas que hacen turnos ayudando a Tita, además de LA JEFA DE NIÑERAS, repito, LA JEFA DE NIÑERAS. ¿Quién es? ¿Mary Poppins pasada por la Escuela de Marines? Ay... las letras se confunden ante mis ojos, el rosa lo invade todo, es como si King Kong hubiera hecho una pompa gigante con un BOOMER de fresa y hubiera estallado sobre la casa de las niñas... estoy al borde al colapso cromático y mental. Si la pobre Belén Esteban ve la revista se le acelera la diabetes... tengo que avisar a AR... tengo que avisar a AR...

Y así me encontraron: tendida en el suelo, agitando la cabeza, con los ojos abiertos como platos, diciendo frases inconexas ("¿cuándo hemos pintado el techo de ese color?..." "...avisad a AR... avisad a AR..." "no te favorece el pelo rosa, cariño... ¿por qué te lo has teñido?"). Llamaron al 112 y me llevaron al Central, pero como Vilches ya no está y yo no paraba de repetir "Pink House... Pink House..." y "que no me atienda la Obregón... que no me atienda la Obregón..." ("tranquila, que todavía no se ha incorporado a la serie" oía entre sueños) me derivaron directamente al Princeton-Plainsboro para que me atendiera el tío de la tónica. Resultado: 3 días internada y una factura que ni les cuento. No sé si pasársela a Tita o a Sánchez Junco.

Por cierto, me estoy tomando una taza de algo que sabe a café pero que es rosa. No sé si es que todavía me dura el delirio o es que Ferrán Adriá ha estado de experimentos en mi cocina y yo no me he enterado. Voy a llamar a House. ¿Greg?

lunes, 5 de mayo de 2008

Pajarismos

Nunca llegaré a ser una columnista de éxito. No, no estoy preparada para ello. Tengo el talento y la ambición, pero cuando me pregunte Juan Cruz "¿dónde encuentra usted la inspiración para sus artículos?" no podré contestarle "mientras me tomo un Bellini en el Harry's Bar" o "cuando contemplo el mar desde mi casa de Menorca". Tendré que decirle la verdad (ya saben, soy testiga de Jehová como Chus Lampreave y no puedo mentir) y confesar que la mayoría de los posts se me ocurren cuando me depilo las cejas, y claro, eso echará por tierra mi carrera literaria en ciernes.

A Andresito Burguera le pasa lo mismo: él intriga contra su padre mientras tira con ahínco de los pelicos de sus cejas. Así se le han quedado; dos programas más y se las va a poder pintar como una heroína del cine mudo. Pondrá de moda otra vez las cejas patas de mosca (Andresito es un pope de la moda) y desbancará la vuelta de los pelámenes ochenteros tipo Brooke Shields. Al loro los cool hunters.

Ese afán depilatorio que le consume, unido al botox y al ligero tono rosa en los labios, le está dejando la misma cara que a las esculturas que hace la reconstructora facial del CSI cuando encuentra un cráneo sin identificar y tiene que modelar el rostro con arcilla. "Varón caucásico, moreno, entre 30 y 40 años, ojos azules..." ¡STOP! ¡ALTO! ¡ACHTUNG! Aquí se ha equivocado tu amiga, Grissom. Los ojos no son azules, son marrones, que el otro día llevaba lentillas de colores. Ay, madre! ¿Qué credibilidad tiene un tipo que cambia de color de ojos como de lápiz de labios?

Eso fue el sábado en "La Noria". Su hermana Mar y Cielo estuvo el viernes en "¿Dónde estás, corazón?" con su bustier blanco postoperatorio (desde la lipo y las siliconas no se lo quita de encima la chiquilla; es un extraño fondo de armario). Llegaba la pobre muertecica desde L.A. en avión pagado por D.E.C. Ayuda En Acción. Si no es porque Cantizano le saca el billete por internet todavía está allí la cría, paseando por Rodeo Drive y viendo los escaparates como un niño de Dickens mira por las ventanas de las casas de los ricos en Navidad. Ahora por lo menos ya tiene un pellizquito para comprarse otro bustier, que ya saben que el blanco es poco sufrido. En este caso, poquísimo.

No escuché a ninguno de los dos; hay cosas que hasta a mí me producen vergüenza ajena (eso y que yo tenía montada una tertulia paralela, que si llego a estar sola me lo trago casi seguro). Sí oí alto y claro a Chelo García Cortés decir que Pajares había dado negativo en los análisis de tóxicos, y que lo que tenía era una enfermedad mental. Normal. Pajares tiene una enfermedad mental derivada de muchos, muchos años de consumo de esas mismas sustancias tóxicas que no aparecen en los análisis, porque si hubieran aparecido este fin de semana querría decir que los ha hecho el forense, y no el médico. La pobre Chelo está tan ocupada con su obra literaria (ha publicado un libro llamado "YO ACUSO"; no sé para qué hay que tener más tomates, si para parafrasear a Zola en el título, para salir en la portada con una foto de Isabel Pantoja detrás, para poner tu nombre como autora cuando lo ha escrito Jesús Locampos o para afirmar que es un ejercicio de autocrítica que pretende derribar el todo vale por la audiencia, no sé) que no ha podido consultar a un especialista para que le explique lo que le ocurre de verdad a Pajares.

"...Queeeeeeé pena de mushasho le diiiiice la geeeeente en los bares" que canta Kiko Veneno. Y qué pena, de verdad. Alfredo Landa, que es más listo que el hambre, hizo un juego malabar y dignificó la etapa más cutre de su carrera, consiguiendo llamar "landismo" a un trozo de la historia del cine español. Andrés Pajares ha inventado el "pajarismo", caerte de un árbol y quedarte tirao en el suelo con las paticas pa'rriba. Y que los polluelos que criaste, que tú creías de gorrión y resultaron ser de cuervo, te miren desde el nido mientras los alimenta un cámara del DEC National Geographic. Pero qué pena.

martes, 29 de abril de 2008

Termostatos

Se me ha roto el termostato de las lágrimas. Yo, la hija pequeña de Clint Eastwood (cuando era Harry el Sucio, que ahora parece que se le ha roto a él también), la que sólo veía películas de arte y ensayo y que se reía de su madre cuando ésta gimoteaba viendo Estrenos TV ("Pero cómo puedes llorar viendo esa mierda, mamá, por Dios, si esto es más malo que un dolor!"), la que criticaba con desprecio y atrevimiento a los que se emocionaban con telefilmes de segunda regional donde bebés desaparecidos, enfermedades terminales y familias rotas se daban la mano los sábados después de comer, se he dado cuenta de que la maternidad es la mayor de las autocensuras posibles.

Hasta que nació el interfecto sólo me prohibía las pelis de miedo, por lo que servidora no ha visto ni "El resplandor" (aunque ahí lo terrorífico no sé si es Nicholson o el doblaje, no sé, no sé) ni "Henry. Retrato de un asesino" ni, por supuesto, las sagas de "Scream", "Viernes 13", "Pesadilla en Elm Street" o "Sé lo que hicisteis". Vale. Me dan miedo las pelis de miedo. Hasta ahí normal. Lo que no es normal ¿o sí? es que desde el AÑO I d.P. (después de Pedro) me emocione con cualquier cosa. Y cuando digo "con cualquier cosa" quiero decir "con cualquier cosa", lo cual comprende desde el anuncio de El Almendro hasta lo que ustedes quieran imaginar, y en especial con cualquier filme, telefilme, serie, teleserie, diario o telediario donde un niño sufra. No voy a hacer una lista y humillarme públicamente enumerando todo lo que me hace hipar como una cría pequeña después de un berrinche, que una todavía tiene un público y a él se debe, pero piensen en una peli que les haya hecho llorar a ustedes últimamente y seguro que yo he gastado el doble de kleenex. Así que ahora me prohíbo a priori cualquier cosa susceptible de provocarme una llantera sin fin: "4ª Planta" de Antonio Mercero y "Cobardes" de Corbacho encabezan la lista. Y "La vida es bella" también, que por eso la recomendó el Papa, porque no tiene hijos. Y menos mal que "El Bola" la estrenaron a.P. (antes de Pedro), que si no también me la pierdo. Me temo que la rotura del termostato me va a impedir ver un buen número de buenas pelis.

Y el caso es que las señales de que yo era una llorona potencial estaban ahí, claras y precisas, pero no supe interpretarlas en su momento: cuando era pequeña me negaba a ver Heidi y Marco y me autocastigaba en mi habitación para que mis padres (sobre todo mi madre, que esperaba ansiosa su venganza por lo de Estrenos TV) no vieran que sufría como una condenada con las ¿aventuras? ¿no eran desgracias de manual? de los chiquillos. Lo mismo me pasaba con Calimero, la primera serie sobre bullying infantil, también autocensurada ("Y a mí ¿por qué nadie me quiere?", hombre, por Dios, y ahora dicen que Shin Chan es malo pa los críos). Toda una infancia televisiva mutilada por el miedo a reconocer que unos simples dibujos animados podían hacerme llorar a mares.

Y esta vez las señales también me avisaron, sólo que en forma de resumen de contraportada: "... la novela transcurre en un paisaje literalmente quemado por lo que parece haber sido un reciente holocausto nuclear. Un padre trata de salvar a su hijo emprendiendo un viaje con él. .. amenazados por bandas de caníbales... recorren los lugares donde el padre pasó una infancia recordada a veces en forma de breves bocetos del paraíso perdido, y avanzan hacia el sur, hacia el mar, huyendo de un frío capaz de romper las rocas". Ya ven. Libro holocaústico de padre con niño. La vida es una juerga.

Es la reseña de "La carretera", de Cormac McCarthy, el mismo de "No es país para viejos" y "Todos los caballos bellos" (Ja y Pe unidos por McCarthy, curioso). Y me dirán ustedes ¿por qué después de leer eso y sabiendo que tienes el termostato roto para siempre te atreves a meterte en una novela que es probable que te haga sufrir más que una depilación brasileña? Pues porque lleva 4 meses sobre mi mesilla de noche, al ladito de mi cama, esperando pacientemente a que yo reúna la fuerza suficiente para hincarle el diente. Y pensé que ayer era el día (o la noche). Pero me equivoqué. Como una pava, como una lela, como una tonta del culo. Me entregué al mayor hijo de puta de la novela americana después de Faulkner. McCarthy tiene que ser de la Asociación Nacional del Rifle, porque McCarthy no escribe, McCarthy te pega dos tiros en la cabeza y se queda tan ancho. Y la que te quedas tirada en la carretera, o en medio de la noche, eres tú. Así que cuando no pude más, cuando la angustia me subía por la garganta, cuando ya no pude soportar los diálogos aparentemente intrascendentes entre el padre y el hijo, cuando tenía las heridas abiertas otra vez y empezaban a sangrar y a manchar las sábanas, cerré el libro. Pero no lloré. Estaba tan ocupada intentando volver a meter las tripas dentro del agujero de mi estómago que ni siquiera lloré. Y entonces el termostato señaló "lavado en seco".

¿Y saben que era lo único que tenía para leer al lado de "La carretera" y salir de ese desastre? No había nada de verdadera enjundia literaria que me hiciera respirar y reconciliarme con la vida, algo tipo "Los Grimaldi" de Mª Eugenia Yagüe, no. Tenía "Rayuela", otra que me ha esperado sin rechistar durante medio año. La compré porque está en mi lista mental de libros que tengo que leerme antes o después (¿antes o después de qué?) y, sobre todo, por el entusiasmo mostrado por mi compañero bloguero de "La Cajita". Sin comerlo ni beberlo me vi envuelta en Cortázar y en La Maga y, durante algunas páginas, la angustia se disipó. Espero que Cortázar me de un respiro. Todavía no tengo fuerzas para volver a la carretera.

jueves, 24 de abril de 2008

El padre pelos

¿Saben aquel que diu que va Risto y le suelta a Ester: "te nominamos porque no podemos expulsarte directamente"? Magistral. Pero es que llega la segunda gala de OT, conocemos al padre de la individua (bueno, lo conozco yo, porque acabo de ver que ya había salido en los castings) y todas las piezas comienzan a encajar como un puzzle sideral. Los pelos. Los pelos del padre, un cruce exacto entre los rizos fritos de Maruja Torres a finales de los 80 y Cayetana Martínez de Irujo en un día de viento, llenan la pantalla, me atrapan, me envuelven, me embelesan. Me entra un llonguerismo. Veo esos pelos y lo comprendo todo, porque si uno piensa que va favorecido con esa pinta es normal que también piense que su hija canta maravillosamente: cuando se tiene el gusto atrofiao se tiene para todo, para la estética capilar y para la música. Y claro, así se entiende.

Tras salir el padre con una tarta de gominolas para celebrar el cumpleaños de su hija, Risto le dice a la ínclita que ha faltado al respeto a la audiencia por haber cantado tan mal. No, amigo, no. El respeto a la audiencia se lo habéis faltado vosotros por seleccionar a una chiquilla cuya máxima relación con la música es tener una foto de Britney Spears en la mesilla de noche para un concurso donde, se supone, la gente canta bien. Es igual que la selección de Marcos como bailarín en FAMA: que me lo explique Paula, por favor. O Lola, esa profesora a la que parece que le han transplantado la cabeza en un cuerpo que no es el suyo.

Así que cuando a uno le eligen para participar en un programa de este estilo, en lugar de salir corriendo a abrazar a su padre (maravilloso encuentro peluquil entre el rubio natural de Ester y la fritanga del progenitor, como dos ríos de distintas densidades que se encuentran pero no se mezclan) y llorar como una Magdalena, debería preguntarse si no lo han escogido para que medio país se ría de él/ella, para cubrir la cuota de tontico que todo concurso (por lo visto) precisa. Si no hay tontico, borderline o inadaptado sobre el que cebarse, la cosa no mola. Y eso que Risto es capaz de humillar al mismísimo Mick Jagger si se lo ponen delante, por lo que a los de OT no les hacía falta escoger a la moza para dar espectáculo. Al final lo único importante es tener material para los promos y para youtube.

Pero yo de Ester no me preocupaba por la nominación, porque pienso que su verdadero lugar está en el mundo de la publicidad, concretamente en el anuncio de la tele de Euskaltel, cantando entre Carmen de Mairena y Loli Álvarez. Tiene más o menos la misma tesitura de voz que las susodichas. Compruébenlo.

Nota: como ayer fue San Jordi estuve firmando blogs en la puerta de Jesús Abandonado. Fue entrañable; la gente cargada durante horas con sus PC (algún Mac también) para que se los firmara. Tuve unas colas que más quisiera Ruiz Zafón.

viernes, 18 de abril de 2008

Proyecto ¡HOLA!

En ¡HOLA! buscan bloggers. Yo siempre he sido de SEMANA, la llevaban a casa los jueves por la mañana junto con LA VERDAD; de hecho creo que la primera palabra que leí en mi vida fue EXCLUSIVA (lo cual tiene bastante mérito para una niña, con esa X tan difícil ahí en medio), pero hace unos días vi el número de ¡HOLA! (o numerazo, en portada la exclusiva del bautizo de Sacha Thyssen, la boda de la ex de Sarkozy y el Baile de la Rosa con Almodóvar y su trouppe contado por Boris Izaguirre ¡total ná!) y caí en las garras rosas de la competencia, ya saben, la resistencia ante el algodón de azúcar no es mi principal virtud. Y vi que buscaban bloggers. Así que pensé en travestirme en una niña bien a la que ¡HOLA! envía a París para convertirse en cronista de moda, lo que viene siendo un trasunto de Tamara Falcó, a ver hasta dónde llegaba el sentido del humor de los holeros. Y titulé una página de mi Moleskine como "PROYECTO ¡HOLA!". Y ahí sigue el título, solo, solito, y la página blanca, blanquita. Porque no, no lo he conseguido. Mi cabeza no es capaz de superar la entrevista que le realizan a Tamara mientras abre las puertas de su apartamento parisino ni, muchísimo menos, la primera crónica que envía la ínclita sobre el desfile de Lagerfeld. Y es que, como decían el otro día en una crítica sobre el nuevo programa de Latre ("Réplica") hay personajes que no pueden parodiarse porque ya son una parodia en sí mismos. Pero cómo! ¿No me creen? Algunos ejemplos para empezar:

- el apartamentín de Tamara había sido alquilado previamente por la Ministra francesa de Vivienda (claro, siendo Ministra de Vivienda digo yo que una puede pasarse por el Arco del Triunfo a Corporation Inmobiliarie)

- el cuarto de baño se lo ha instalado... (aquí va un redoble)... ¡PORCELANOSA!

- ella ha intentado darle su toque personal. Yo, cuando intento darle a algo el toque personal (a alguien ya no, que estoy quitada) compro la lámpara Jansjö y las sillas Ingolf; ella se coloca la lámpara de Ingo Maurer (la de las noticas colgando ¿qué habrá puesto en las noticas?) y las sillas transparentes de Philippe Starck

- las fotos que decoran el piso se las ha regalado Pepe Botella.

Vamos, el apartamentín que tiene cualquier periodista recién estrenada. Y desde allí manda su crónica, que contiene párrafos impagables: desde un comienzo humilde pero prometedor "Esta es mi primera crónica y sé que aún tengo mucho que aprender" hasta un profundo autoanálisis estilístico "Mi estilo no es nada vanguardista", pasando por el auténtico objetivo que la ha llevado hasta París "Espero que a las lectoras les sean útiles (sus selecciones de modelos) y que con ellas consigan crear un armario que les haga sentirse seguras y con el que destaquen por su simplicidad y elegancia". Aurg!

¿Y cómo la imaginación de una escritora novata va a superar las respuestas que dio en la entrevista que le hizo AR? "Título del libro que estás leyendo actualmente". "Hum... aaahhh... hummm... ehhh... bueno, es un libro que me regaló el tío Miguel, pero no me acuerdo del nombre... es sobre América Latina (qué moral tiene Miguel Boyer, es el hombre más optimista que conozco, pensar que la zagala se va a tragar tamaño tocho) pero aún no lo he abierto" "¿Sabes cocinar". "Hum... aaahhh... hummm... ehhh... ssss....no". "Personaje histórico favorito". "Hum... aaahhh... hummm... ehhh... Robin Hood". Maravillosa. Cualquier otra petarda hubiera contestado que está leyendo "El ser y la nada", que se había preparado para cenar un foie sobre lecho de manzanas verdes caramelizadas y coulis de arándonos con reducción de Pedro Ximénez y que su personaje histórico favorito es Teresa de Calcuta (o Juana de Arco, también muy citada en estas lides). Pues no. Ella contesta la verdad y la trufa de "osseass", golpetazos de melena al más puro estilo Carmina (que en paz descanse), sonrisas tatuadas y estudios de "comuniqueissonsss". Y es que sólo los billetes y la posición social son capaces de dar esa seguridad en sí misma, esa ingenuidad arrasadora, esa tranquilidad que te permite alargar las eses hasta el infinito, porque sabes que aunque seas medio lela no va a pasarte nada, porque aunque no pegues un palo al agua en tu vida no vas a acabar sobando en un cajero automático, porque duermes todas las noches sobre un colchón de glamour, euros y clase que no se compra en Lo Mónaco, porque todo a tu alrededor es perfecto y rosa, porque no te hace falta ser alguien que no eres para que te rindan pleitesía. Estoy completamente de acuerdo con Tamara: ella, con un Lagerfeld, destaca por su simplicidad.

P.D. Por supuesto que después de este post ya he perdido cualquier esperanza de convertirme en blogger de ¡HOLA! Ellos se lo pierden, porque ya les he dicho que servidora lee el SEMANA desde pequeña y nadie me supera en la sintaxis de titulares y entradilla tipo "Fulanita afronta su nueva vida", "La fiesta se celebró en un marco incomparable", "Fulanita y Menganito: 20 años de felicidad", "Zutanita de compras por París", "Menganita, feliz ante su próxima maternidad", "Zutanita nos abre las puertas de su nuevo hogar". ¿Lo ven? Echada a perder que está una.