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miércoles, 18 de junio de 2014

Secretos de belleza


PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES 17 DE JUNIO DE 2014

La que avisa no es traidora: si vuelvo a oír declaraciones de una guapa oficial diciendo que su secreto de belleza está en beber mucha agua, dormir 8 horas y llevar una alimentación sana, entro en la próxima Pasarela Cibeles con un look guerrillero-chic y un Kalashnikov, y me lío a tiros. Con todas menos con Caritina Goyanes, claro, que es la única que reconoce que lo ha intentado todo para adelgazar, y nada, que si quieres arroz, Caritina. Que ya está bien de intentar convencernos de lo imposible, monas. Que por mucha agua que beba, no reduzco molla ni aunque sea agüita milagrosa del manantial de Lourdes. Que, aunque duerma del tirón porque me he echado dos Orfidales al coleto, me levanto con peor cara que el feo de los Calatrava después de una noche de juerga en el Florida Park. Y que, por mucho que me alimente tan equilibradamente como Nadia Comaneci, no puedo volver a tener un cuerpo que nunca tuve.

Las mujeres de verdad no sólo tienen curvas, también tienen ojeras porque los críos dan malas noches, y barriga porque no consiguen sacar un hueco para ir al gimnasio, y pelos en las pantorrillas porque no les da tiempo a pasarse la Epilady, y un sentimiento eterno de culpabilidad cada vez que se comen un trozo de tarta de cumpleaños. Y, por eso, además de acumular más líquidos que la presa de Asuán, también vamos acumulando rencor. Y no me vengan con chuminás de que tengo que quererme a mí misma y aceptarme como soy. ¿Cómo me voy a querer cuando llevan toda la vida metiéndome por los ojos que tengo que ser más joven, más guapa, más delgada? Si con trece años sabía más de dietas que del descubrimiento de América y era capaz de distinguir la celulitis edematosa de la compacta de un vistazo, ahora no pretendan desprogramarme colgando frases para subir mi autoestima en el muro del Facebook ni haciendo anuncios sobre la supuesta belleza real.

Así que será por el rencor almacenado, por la programación mental o porque soy más mala que el baladre, pero cuando detecto un atisbo de flacidez en los muslos de alguna guapa fotografiada a traición en una playa de Ibiza, siento alegría. Mezquina, muy mezquina, pero alegría al fin y al cabo. “La belleza, como el dolor, hace sufrir”, decía Thomas Mann. Pues no les digo no tenerla. 

viernes, 23 de mayo de 2008

Plan B

Tírenlas. Tírenlas ya. ¿O creen que sus santos están leyendo sus revistas de autoflagelación favoritas para ver la colección Crucero 09 de Óscar de la Renta? No, amigas, ellos no leen con fruición "Cómo mantener una relación satisfactoria" o "Esas pequeñas cosas que tanto nos molestan" ni nada por el estilo, no sea que vayan a aprender algo y la liemos. De hecho, ellos no leen, sólo miran las estampas: sí, sus santos se están poniendo cardiacos viendo el "Especial Culos" que traen, o traerán o han traído por estas fechas las revistas del ramo. Que ya lo dice uno de mis linkados: hay revistas porno buenas y menos buenas, pero no malas. Y los últimos números de las revistas femeninas son del mejor porno-soft que se haya imaginado solitario alguno. Ni el añorado LIB que unió a padres y a hijos ni leches en vinagre: reportajes sobre anticelulíticos.


Abarcan todo tipo de gustos eróticos, desde el voyeurismo hasta el bondage (no me dirán que los aparatos para aplicar las cremas no son de una refinada parafilia. ¿Y el guante de crin? Ay, el guante de crin. ¡Si creo que lo llevaba el Carnicero de la Bahía al lado del cuchillo de doble filo!). Y a ellos les encanta, deduzco, porque hay un señor en mi sofá que hasta llegar a la mitad de la revista era un tío normal, pero que de repente se ha convertido en un trasunto de Luis García Berlanga y está venga a pasar una y otra vez las páginas de "¡Guerra a la celulitis! La solución final" con una cara de ido tremebunda. Le suelto un "pero si eso es todo photoshop!!!". Y el trasunto me mira con pena, con una pena infinita, pero no por mí, sino por él, por no estar casado con una de las tipas de las fotos, una de esas tipas que pueden seguir consejos tales como "¿Tus jeans favoritos se han roto? ¡Córtalos!" y ellas, obedientes, van y los cortan a la altura del mismísimo y les quedan estupendos. Yo, como mucho, los dejo piratas.

Menos mal que para compensar tanto dolor las revistas vienen llenas de muestras de productos adelgazantes (que digo yo que pa qué, porque con la cantidad de crema que contiene el sobre no me da ni para el dedo gordo). Como ya sabrán en cuestión cosmética yo tengo mucha querencia por la fusión hispano- japonesa (eso sí, no tanta como Rafael Amargo que les ha puesto a sus hijos León Bidanchi y Dante Horoshi, ni pensar quiero en la adolescencia que van a tener los pobres; lo de Amargo me recuerda a Ross con lo de "unagi"), así que cada mañana me echo mi Shiseido Body Creator mientras visualizo mi culo como el de Elsa Pataky, que también le tengo mucha querencia a las visualizaciones, pero pienso en el culo de la Pataky, se me cruza Adrian Brody, a la Pataky la mando a hacer cien sentadillas (que por eso no le hace falta crema a la chiquilla) y yo me acabo liando con el Brody, por lo que las visualizaciones cambian (a mejor, eso sí) y ya no me sirven. Y acabo como el tío Faba, que igual que estic estaba.

Así que este año no. Me niego. No entra ni una revista más en mi casa. No pienso sucumbir a la esquizofrenia de leer en una página que tengo que ser yo misma y aceptar mi cuerpo (aunque creo que puedo ser más yo misma en el cuerpo de Beyoncé que en el de Falete, pero bueno) y en la de al lado ver toda una gama de productos y sistemas para dejar de serlo (yo misma) y de aceptarlo (mi cuerpo). Así que se acabó. Cada vez tengo el culo más rugoso y el cerebro más plano, vale, pero me da igual, porque este año tengo un Plan B. Es una apuesta, extrema, sí, pero segura: el burkini. Ahora sólo tengo que elegir el color. A ver... hum... pues va a ser que sí, que es demasiado radical ¿no? Porque puestas a vivir bajo una dictadura, más vale que sea estética. Pues nada, que paso del burkini. Voy a la basura a coger las revistas, que quizás encuentre al fin la forma de acabar con la celulitis... pero ¿dónde están? Han desaparecido, no queda ni una. Esto ha sido cosa del trasunto. ¡¡¡Trasuntoooooo!!!