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viernes, 12 de enero de 2018

AGENDA

PUBLICADA EN LA VERDAD EL MARTES 9 DE ENERO DE 2018

Los Reyes Magos me han regalado una agenda. A mí, que se me olvida apuntar las cosas. A mí, que, si las apunto, se me olvida mirarlas. A mí, que cuando al fin me acuerdo de apuntarlas y de mirarlas, me encuentro con anotaciones tan apasionantes como "Cita dentista", "Llamar fontanero" y "Comprar brócoli" (sí, estoy a plan, qué quieren, que después de estas Navidades pantagruélicas sólo me falta rociarme con un poco de sala de soja para convertirme en cerda agridulce). Ya lo ven: mi vida es un frenesí. Pero estoy por seguir con Calderón y convertirla en una ilusión, una sombra, una ficción: nada me impide empezar la semana escribiendo "Prueba en Dior", continuarla con "Baño en Ibiza" y terminarla con "Cena con Michael en Nobu". Que si hay que inventarse una vida, mejor recrear la de Alicia Vikander. Y que si me pillan la agenda para meterla en la instrucción de un sumario, como le ha pasado a Josep María Jové (el segundo de a bordo de Junqueras que la lio al planear el "procés" en su Moleskine como si fuera un adolescente que maquina asistir a un concierto de pop coreano sin que se enteren sus padres), hay que intentar que el juez pase un buen rato. No hay más preguntas, señoría.

Simone de Beauvoir escribió sus "Cuadernos de juventud", Camus sus "Carnets", Josep Pla "El cuaderno gris". Kubrick, que era muy poco maniático, mandaba fabricar sus propias libretas, que tenían que medir exactamente 10 x 15 centímetros. Y John Locke, Linneo, Milton o Jefferson llenaban sus agendas de citas inspiradoras, argumentos para futuras obras, ideas, reflexiones y reuniones. Rajoy también lo ha intentado: el problema es que apunta en su cuaderno sus cosas de presidente, pero luego no entiende ni su propia letra. O que las escribe en la agenda de 2016, y no en la de 2018, y así lleva el lío que lleva. En cambio, no sabemos si Puigdemont ha anotado ya en la suya "Regresar a España", que se ha pasado el anuncio del turrón por el forro y no ha vuelto a casa por Navidad. Lo que tampoco sabemos es si, en algún momento, llegarán a cruzarse las agendas de ambos. Mientras, nos entretendremos con las de las hermanas Campos, que han puesto en las suyas "Operarnos enteras de cintura para abajo". Y retransmitido por Tele 5. Este año promete. 

miércoles, 27 de septiembre de 2017

AL FINAL DE LA ESCAPADA

PUBLICADO EL MARTES 26 DE SEPTIEMBRE EN LA VERDAD

Viajar a Sicilia con mi amigo C. es más peligroso que irte con Jon Sistiaga a Afganistán. C, comunicativo, curioso e inconsciente, es capaz de preguntarle por la mafia a un taxista que parece Corrado Soprano. "La mafia? La mafia è il governo centrale di Roma!", dice el taxista. Seguidamente, baja la ventanilla y pega un lapo donde se podrían haber ahogado todos los gobiernos italianos desde Rómulo y Remo. Y se queda tan pancho. 

Para los independentistas, la mafia es el gobierno central de Madrid. Y, a partir de ahí, lapo va, lapo viene, que las posturas se defienden sin ninguna voluntad de acercamiento, desde el estómago y los cojones, y no desde la cabeza y la ley. Una no espera que pongan en práctica "El arte de la conversación" de Oscar Wilde, pero sí menos cháchara y más diálogo, o menos samba e mais trabalhar. Pero hay gente a la que le gusta vivir en el conflicto permanente y, si no lo encuentra, lo busca. Que se lo digan a los de "Sálvame", expertos en convertir un plató en un ring de boxeo. A Puigdemont lo podían contratar allí para sustituir a Karmele Marchante, desaparecida del programa desde hace más de un año y reaparecida la semana pasada en el titular de un digital andaluz: "Miles de personas y Karmele Marchante protestan en la puerta del Sol por el derecho a decidir". Como si Marchante no fuera una persona. Puigdemont en "Sálvame" podría salir divorciándose de España mientras quema alguna cosa (seguro que se le ocurre el qué) igual que Rosa Benito se divorció de Amador quemando los anillos de boda en una performance que ni La Fura dels Baus. También podían aprovechar un día que fuera Raquel Mosquera para que le cortara el pelo en directo, que yo no sé cómo se puede pasar a la posteridad con ese melenón: dentro de veinte años, y cuando se vea en las fotos que recogen la quincuagésima quinta jornada histórica vivida por Cataluña (o la quincuagésimo sexta, o la quincuagésimo séptima) le va a dar un parraque, que al menos Karmele es una independentista bien peinada. Pero así va a seguir Puigdemont, con esos pelos y con esas prisas, corriendo hasta el 1 de octubre, sin parar. Veremos a ver qué se encuentra (con qué nos encontramos) al final de la escapada.