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miércoles, 5 de octubre de 2016

GOOGLEAR

PUBLICADO EL MARTES 4 DE OCTUBRE DE 2016 EN LA VERDAD

Google cumple dieciocho años. Miguel Ángel Rodríguez lo celebraría diciendo que si fuera mujer, se pondría de largo, y si fuera ciudadano, iría a votar. Sí, es lo que dijo de la Constitución Española cuando alcanzó la mayoría de edad. Y sí, he tenido que buscarlo en Google para recordar la gilipollez exacta, porque hay palabras (y portavoces del gobierno) que una prefiere olvidar. Pero Google ni olvida ni perdona. Para eso es la nueva memoria colectiva, el nuevo listo que todo lo sabe, la nueva enciclopedia universal. Y por eso nos ha cambiado la vida: ya no tenemos las cosas en la punta de la lengua, sino en la punta de los dedos; ya no nos metemos en el sacrosanto comedor a consultar algo en la Larousse ilustrada; ya no preparamos los viajes desplegando un mapa sobre la mesa de la cocina como si estuviéramos planeando la invasión de Polonia (aunque a Susana Díaz no le haya hecho falta ni siquiera Google Maps para llegar de Sevilla a Madrid e invadir el PSOE, que ha tirado por el camino de en medio). Ni siquiera tenemos que aprender idiomas: Google Translate te traduce cualquier cosa. Como Aznar hablando inglés puesto de Ribera del Duero, vale, pero te lo traduce. Antes todo estaba en la cabeza y, lo que no, en los papeles. Hoy ya hay casas en las que el único papel que existe es el del váter.

“No sé si Google nos hace más tontos, pero es un hecho que nosotros lo hacemos más listos con cada búsqueda”. Lo dice Siva Vaidhyanathan, autor de “La Googlización de todo (y por qué deberíamos preocuparnos)”. A mí, como soy una inconsciente y una ignoranta, no me preocupa, que información con información se paga, pero es cierto que, desde la aparición del buscador, el “Qué sabe nadie” de Raphael ha quedado desfasado: de mis secretos deseos, de mi manera de ser, de mis ansias y mis sueños lo sabe todo Google (lo que prefiero o no prefiero en el amor lo sabe mi santo).
Lo que sí me inquieta son los términos más buscados: cómo ser feliz, cómo ser modelo y cómo ser guapa. Amárrame a esas pavas. No sé si las búsquedas las hacen solo aspirantes a tronista, a amante de Kiko Rivera o a modelo de Carrefour, pero lo leo y me entran ganas de encerrarme en la biblioteca del hermano Berengario. Sin conexión a internet, claro.

miércoles, 23 de marzo de 2016

SANTOS OFICIOS

PUBLICADO EL MARTES 22 DE MARZO DE 2016 EN LA VERDAD

Voy a meterme en obras. Yo no, aunque falta me hace pasar por chapa, pintura y cirugía mayor; mi casa, digo, que vamos a reformarla. Valiente que es una. O masoquista, que ya ha empezado el Vía Crucis: es entrar los santos oficios por la puerta, léase albañiles, pintores, fontaneros y electricistas, y empezar a soltar “¡PFFF, cómo está esto!”, “PFFF vaya una chapuza que le hicieron aquí, señora”, “PFFF, buena pinta no tiene”. Igualico que el anuncio de la Lotería Primitiva: no sabemos qué es ese PFFF, pero no tiene pinta de ser barato. Y para rematar: “Le puedo dar un presupuesto aproximado, que hasta que no piquemos no sabemos qué nos vamos a encontrar”. Como si fueran los arqueólogos que andan buscando la tumba de Nefertiti. Acabáramos.


Lo peor de todo es que nos metemos en faena con nosotros viviendo en casa, que servidora está canina y no tiene parné para irse al hotel Santo Mauro como hacía Ana Obregón cuando cambiaba el suelo de la cocina (y, de paso, se trajinaba a David Beckham). Nos espera una temporada de olor a pintura, ruidos de radial, polvo de cemento, escombros por doquier y albañiles resoplando que me río yo de la obra del Escorial, de las pirámides de Egipto y de las reformas de Villa Meona. Sólo me consuela pensar que es el país entero el que está en obras: en menos de quince días Susana Díaz se mete en Ferraz a darle un lavado de cara al partido, o a dinamitarlo, que la maestra albañila va armada de pico, pala y barrena; a Mariano Rajoy es sacarle a relucir la reforma de la sede central del PP que se pagó con dinero negro y echarse a temblar, y los albañiles que ayudaron a construir Podemos se han rebelado todos a la vez presentando dimisiones a saco. Más le valdría al líder carismático dejarse de tanta soberbia y arrogancia y acordarse del poema de Bertolt Brecht, “Preguntas de un obrero que lee”: “¿Quién construyó Tebas, la de las siete Puertas? / En los libros aparecen los nombres de los reyes. / ¿Arrastraron los reyes los bloques de piedra?”. A Iglesias se le ha olvidado que los obreros podemitas leen, y mucho, pero sólo ven escrito el nombre de su rey. Yo, en cambio, sólo veo escrito el presupuesto del contratista. ¡PFFF!

miércoles, 25 de marzo de 2015

La casta y la Susana


PUBLICADO EL MARTES 24 DE MARZO DE 2015 EN LA VERDAD

Acabáramos. Ahora, a la vejez, resulta que soy casta por partida doble: por parte de Pablo Iglesias, que no me perdona que ya no me ponga jerseys con pelotillas, y por parte de mis amigas. Que soy una estrecha, me dicen. Que se han liberado, me sueltan. Que pruebe el Conejito Rampante, me proponen. ¿Conejito Rampante? Miedo me da preguntar por el Ratoncito Pérez.

Ahí están las tías, apropiándose del erotismo con desparpajo y desinhibición. Y mola: aunque sea como resultado del puritito marketing, las mismas que antes se intercambiaban la receta del caldero ahora se intercambian nombres de adminículos extraños, que han pasado de discutir acerca de cuántas ñoras hay que sofreír para hacer un buen fondo a disertar sobre las posibilidades amatorias de los Peta Zetas o del jugo que se le puede sacar a un masajeador de cervicales. Y yo, bizca. Y muda. Y traspuesta. Y las muy sicalípticas, pasándose de mano en mano “50 sombras de Grey” en la puerta del colegio. Y haciendo un análisis morfológico-sintáctico que me río yo de la edición anotada del Quijote de Francisco Rico. Y yéndose en pandi a ver la película, que servidora no ha ido porque es una intelectuala, y las intelectualas sólo vemos “Nymphomaniac” para meternos en harina. Pero da igual: por mucho que me llene los ojos con una lucha de sables entre dos negros en primer plano, como no hablo de cintura para abajo porque una es de natural pudoroso, al lado de ellas soy más recatada que Sor Citroën y estoy más desactualizada que el Windows 95. “La Casta”, me llaman las cachondas. Pues ya está; asumiendo, que es gerundio.

Así que, si yo soy la Casta, sólo me queda hacer pareja con la Susana: me pongo el mantón de Manila y el vestido chiné y me largo a la verbena de la Paloma. O a la fiesta de la democracia, que todavía estará la lideresa con resacón de besos y abrazos después de lo del domingo. Y mientras la chulapa andaluza sigue paseando su felicidad dándose baños de masas, Tania y Pablo se lamen las heridas de la separación vía Facebook. Pero no se preocupen por la vida amatoria de nuestros candidatos, que a ellos les pone más un buen resultado electoral que el catálogo completo del Tuppersex. Y, de castos, nada: la política siempre hace extraños compañeros de cama. Al tiempo.