PUBLICADO EL 12 DE MARZO DE 2013 EN LA VERDAD

Me cuentan que a mi amigo A. le han robado la
mochila y lo han dejado sin dinero, sin tarjetas, sin llaves. “Menos mal que el
móvil lo llevaba en el bolsillo”, añaden aliviados. Menos mal. Porque te quedas
sin móvil y te quedas sin contactos, sin fotos, sin correos, sin números de
teléfono (¿recuerdan cuando nos los sabíamos de memoria?). Te quedas en cueros.
O peor, porque incluso si vas en cueros pero tienes móvil te lo puedes colgar
del cuello, como hacen los guiris que pasean en porretas por El Portús (los
guiris de El Portús también hacen cosas tan raras como llevar un plumas en
invierno con el botafumeiro colgando, pero en fin, son eso, guiris).
“¿Cómo podías vivir antes sin móvil?”, me
pregunta mi hijo mientras juega a los “Angry Birds”. Y me siento más vieja que
Sofía Petrillo. Porque vivir, vivía, no sé si mejor o peor, pero vivía. Vivía
esperando a que el chiquillo que me gustaba me llamara el sábado por la tarde
para salir, y me quedaba sentadica al lado del teléfono, con la raya del ojo
por dentro y el corazón saliéndome por la boca cada vez que sonaba. Vivía sin
temor a que un pavo me grabara cuando me emborrachaba indignamente en una boda
y acababa cantando por Camilo Sesto con los tacones en la mano. Vivía pegada a
una agenda donde anotaba los números de teléfono fijo con una letra diminuta.
Vivía haciendo cadenas de llamadas para quedar con los amigos, “Tú le das un
toque a Fulano y yo a Mengano”. Ahora no, ahora no hay ni esperas, ni
intimidad, ni borracheras discretas, ni conversaciones a la hora de la comida:
antes de que lleguen los aperitivos, nosotros ya hemos desenfundado nuestros
móviles y los críos sus Nintendos. Las armas están sobre la mesa. Y sólo se oye
“te cambio tu Pokémon Legendario por el mío”. Por cierto, que nunca sé si el
teléfono se pone a la izquierda o a la derecha de plato, a ver si Carmen Lomana
publica un libro de buenas maneras y me saca de dudas.
Mi hijo escucha la perorata, levanta la cabeza
del móvil y me mira con cara de asombro. “Hija, mamá, qué rollo. ¿Es que
tampoco existía la electricidad cuando eras joven?”. Ahora si que me ha matao.
Voy a ponerle un WhatsApp a su padre y se lo cuento.
P.D. Gracias a Paco Hernández por mandarme la imagen que ilustra la columna (y sacarme de dudas, de paso).
P.D. Gracias a Paco Hernández por mandarme la imagen que ilustra la columna (y sacarme de dudas, de paso).
3 comentarios:
Ay, sí :-/
Yo me siento no sólo antediluviano, sino atado a costumbres arcaicas (más que nada porque sigo sin querer whatsapp y estoy condenado al ostracismo).
La adoro
Sí, sí, pero se pasa el día pegado al Facebook, que lo sé yo.
Besos virtuales.
Me dirijo al comentario que encabeza esta lista, a Hong Kong Blues, en concepto de fantasma de abril 2.013, ¡no creerá lo que está por venir! Ni el bicharraco de Blade Runner presenciará semejante derrumbe del imperio romano en lo que a 3G se refiere...
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