viernes, 28 de marzo de 2008

Errores

Cuando a mi padre le salía la huerta que llevaba dentro lo solucionaba todo matando gente. Y yo, estudiante de derecho enamorada del Penal le daba la charla desde la altivez que me proporcionaba mi atalaya universitaria (el principio de legalidad, la seguridad jurídica, el derecho del reo a rehabilitarse y toda la mandanga). La justicia frente a la venganza, el conocimiento frente a la barbarie, la superioridad intelectual del que puede estudiar frente al analfabetismo de la derecha sociológica. Pero no, a mi padre no le salía la huerta que llevaba dentro, lo que le salía era el resultado de haber vivido bajo 40 años de dictadura de un régimen que desconocía la democracia y los principios que la sustentan, que nos sustentan a todos.

En cambio ahora a la bárbara soy yo: yo, que vivo en libertad y que estoy orgullosa de pertenecer a una sociedad donde sé que si soy sospechosa de cometer un delito voy a ser juzgada con todas las garantías que marca la ley; yo, que disfruto de un sistema legal donde nadie puede sacarse un delito de la manga y enviarme a la cárcel; yo, que he aprendido que las jaurías humanas y la venganza no conducen a ninguna parte; yo, que confío en la justicia y en los hombres y mujeres que la aplican y la hacen posible todos los días. Yo soy una bárbara porque tengo que hacer un ejercicio espiritual de democracia para no desear que el asesino de Mari Luz sufra todo lo que él ha hecho sufrir a sus víctimas, para no querer que lo suelten entre las personas que se manifestaron ante la Audiencia Provincial de Huelva, para no dejar que desatemos toda nuestra furia sobre él.

El asesino está en la cárcel. Y éste ya no debe preocuparnos (en teoría) porque lo han apartado de la circulación, y espero que por muchos años, por todos los años. Pero ¿por qué no lo han apartado antes? ¿Por qué un tipo así, después de ser condenado por abusar de su hija, se pasea tranquilamente y, en su paseo, sigue descubriendo niñas a las que acosar, de las que abusar y a las que matar? Eso es lo que me preocupa ahora. ¿Son tan grandes los agujeros del sistema que permiten que se cuelen estos desgraciados? ¿Es tan grande la dejadez, la desidia y la incompetencia de todo un sistema penal que posibilita que abusadores de ese calibre estén en la calle? Todos cometemos errores, sí, y a veces la circunstancias se confabulan de manera extraña hasta llevar a trágicos desenlaces, vale, también. Pero cuando yo cometo un error en mi trabajo no paro hasta saber qué ha pasado, e intento tomar las medidas oportunas para que no vuelva a suceder. Y en mi trabajo cuando yo me equivoco los fallos se miden en dinero, no en vidas. Lo que quema, lo que jode, lo que duele y lo que da miedo es comprobar que hay errores evitables, y la muerte de Mari Luz era uno de ellos.

Repetiré como un mantra los principios del Derecho Penal hasta que vuelvan a ocupar su sitio en mi cabeza, porque ahora lo que me pide el cuerpo es que este tipo vaya a la cárcel, sí, y allí le hagan todas las cosas que él le hacía a sus víctimas, y que malviva en prisión sustentado por la esperanza de recobrar la libertad algún día, y que cuando esté a punto de salir aparezca oportunamente muerto en su celda. Por si acaso. Porque sí que sigue preocupándome. Por si el sistema vuelve a fallar y dentro de unos pocos años el asesino queda libre y nuestros hijos quedan de nuevo a su merced. O a lo peor recupera su libertad sin que el sistema falle. Entonces sí que habrá que revisarlo. ¿Y si lo revisamos ya?

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Que razon tienes, y si te conociera estarias escribiendo con la vena del cuello Hinchada. Muy bueno

Rosa Palo dijo...

Ni la Patiño, oiga.

Anónimo dijo...

Efectivamente así son de grandes los agujeros del sistema, existe esa dejadez, desidia, e incompetencia del sistema judicial español. Quizás se deberían de reeducar a "los jueces y magistrados integrantes del poder judicial" para que no sean tan independientes a la hora de administrarla, como así se recoge en la constitución. Quizás seamos nosotros, los humanos que cada vez estamos menos cuerdos y debemos plantearnos nuestra educación, ética y moral. Si no tenemos estos principios para aplicarnoslos (digamos, los normales)cómo se los vamos a exigir a tipejos de este calibre.

Amanda Pinkleton dijo...

Yo soy abogado (o algo parecido) y también me indigna. Mi padre, que es abogado de verdad, sobre este tema comentó algo como "si llega a ser una hija mía lo mato". Como ves, no es cuestión de no creer en el Derecho Penal o en la democracia...es que a veces parece que la justicia está de rebajas.

robertoDuque dijo...

Ya lo decía ese psicópata que nos enseñaba Penal:"No se trata de mejorar el derecho penal sino de inventar "algo distinto" al derecho Penal"
Ya lo ha hecho.

Anónimo dijo...

Se trata de la naturaleza humana y de la doble bara de medir.

Alguien se plantea que pasa con toda esa gente que es capaz de vender a su madre con tal que conseguir dinero y estatus social, no por que es el 95% de la poblacion, eso son valores..., bueno si lo son por que todos lo harian.