domingo, 21 de marzo de 2010

Pititismo

Me encantan las reuniones excepcionales, llenas de elegancia y solidaridad, y que además son noches inolvidables. Entenderán que esto no lo digo yo, lo dice ¡HOLA!, entre otras cosas porque mis reuniones sólo son solidarias con las empresas vitivinícolas de la región y, en consecuencia, son absolutamente olvidables (pruebe a tomarse varias botella de Jumilla y a recordar algo al día siguiente). Esta vez la reunión excepcional es en el Museo Thyssen y su objetivo es recaudar fondos para Haití. Paradoja: lo que para unos es un desastre, para otras es la oportunidad de estrenar lifting.

Me miran las pititas de las fotos con su ácido hialurónico recién infiltrado. Yo veo sus caras deconstruidas como la tortilla de Adriá y ellas ven la mía, también de tortilla pero del bar Paco. Y me pregunto si no va siendo hora de que me apunte a la nueva cocina.

¿Ven? El pititismo lo invade todo. En mi propia pandi, que a este paso dentro de poco va a ser cuchipandi, ya hemos comenzado a hablar del tema: que si los surcos nasogenianos, que si una rinoplastia, que si una blefaroplastia... (como verán, manejamos un vocabulario que ni el doctor Planas). Estamos siendo contagiadas por el pititismo, una pandemia que se propaga a través de las portadas del ¡HOLA! a una velocidad de vértigo, que afecta mayoritariamente a las mujeres a partir de los 40 y que tendrá su punto álgido de contagio cuando comience la operación bikini. Y la OMS sin enterarse. Nadie está a salvo, ni siquiera usted, que se compró 30 botes de gel desinfectante para la casa y 20 tamaño bolso para que no se le pegara la gripe A, que piensa que no le va a afectar esa enfermedad, que va a cumplir los sesenta sin contagiarse porque se siente muy a gusto consigo misma y defiende la naturalidad a ultranza. Pero ¿usted no se depila, no se tiñe, no se ha arreglado los dientes? Pues tenga cuidado, mi querida amiga. No, no le estoy recomendando que se deje bigote para disimular el código de barras del labio superior, simplemente le alerto ante la facilidad de propagación de esta enfermedad. Puede estar incubando un pititismo si, además de pensar en hacerse un retoquito:

- comienza a decir frases de tipo "estoy enamorada de la vida", "una de mis aspiraciones es seguir aprendiendo como madre", "soy femenina, no feminista"

- quiere convertirse en diseñadora de joyas de la noche a la mañana

- tiene en su mesilla de noche "100 personajes que hunden España" de Curri Valenzuela, a saber: Zapatero, Almodóvar, Jorge Javier Vázquez, Pilar Bardem... (pero ¡sorpresa! también aparecen Horatio Caine ¡y House en la reedición! - lo de la reedición es otra sorpresa-)

- considera que tener una mucama inmigrante es involucrarse en labores humanitarias

- le pone José María Aznar y le ve un puntito a Jiménez Losantos

- baila sevillanas

- le ha encargado un traje a Vicky Martín Berrocal para bailar sevillanas

- cree que Enrique Ponce y Paloma Cuevas son la pareja más elegante de España

¿Presenta ya alguno de estos síntomas? Pues tenga cuidad, la enfermedad acecha; empiece con los antibióticos de amplio espectro. Aunque a lo mejor siempre ha querido usted ser pitita. Si es ese su caso, ya saben: "Una es más auténtica cuanto más se parece a lo que soñó de sí misma". Y, por favor, si se convierte en pitita hágase de la variedad "me lo paso todo por la peineta porque tengo pasta y edad para hacerlo", como Lomana, la duquesa de Alba, Naty Abascal o Carmen Martínez Bordiú, que han superado la barrera del ridículo. Lo único que les pido es que no intenten convencerme de que están así de estupendas porque duermen ocho horas y beben mucha agua. Y no olviden que entre el pititismo y el patetismo sólo hay una línea. De expresión.

miércoles, 10 de marzo de 2010

... Y 100.

100 posts, 100. Si como dice Juan Cueto, los escritores desayunan egos revueltos, los bloggers desayunamos visitas y comentarios. Por eso el post número 100 no va dedicado ni a los Oscar ni al divorcio de la Esteban ni a la última portada del ¡HOLA!: va dedicado a vosotros, los que me habéis leído, seguido, comentado y alimentado un ego que con tantos mimos se ha puesto más ancho que el culo de Falete. A Roberto Duque, que me animó a escribir el primer post (el pobre, se creía que iba a hacer sesudas reflexiones políticas y se encontró con que hablaba de los pelos de Paul Weller) y al que leo a pesar de no estar de acuerdo con él en nada. A aquellos a los que no conozco personalmente pero con los que comparto muchísimas cosas: Sandra, antes conocida como LaCuca, que me envió un libro maravilloso (¡mi primer y único sueldo como blogger!) y me hizo toda la publicidad del mundo; Carmona, que me alegra los lunes (y los martes, y los miércoles...) desde su blog y hace que me coma la cabeza para estar a la altura de sus comentarios; Hong Kong Blues, it boy, icono fashion, el único escritor del mundo que se ha atrevido a llevar bombachos después de Oscar Wilde, que lleva una vida que para sí la quisiera Carrie Bradshaw, que me hace reír lo indecible y que me siguió a pesar del Holagate; González Pellicer, desaparecido del mapa (¿dónde estás?), que me hizo sentir como una reina; Lajarín y sus maravillosos dibujos; RM Daebi, la más cariñosa a pesar de la crisis... A mis amigos de siempre y a los nuevos, tanto a los que me hacen guiños a través de sus comentarios como a los que no me dejan ninguno ("¡Hija, si es que no sé qué ponerte!") pero me cuando me ven me dicen que han leído el último post. A mi santo, asustado al principio porque no sabía bien qué era esto de los blogs y pensaba que me iba a volver loca por algún desconocido internáutico cuyo nick fuera Charles Ryder (ni les cuento cuando le dije lo del Facebook: "¡Brujería!, ¡brujería!"). A los que he torturado creyéndome la hija secreta de Elvira Lindo y pidiéndoles una oportunidad para publicar en un periódico (qué quieren, crecí con "Lou Grant" y eso imprime carácter). Y, por supuesto, a las familias Pantoja, Rivera, Jurado, Pajares y Sánchez-Junco (a ésta última no le guardo rencor), a Belén Esteban, Naty Abascal, Carmen Lomana, Jorge Javier Vázquez, Ana Obregón, Tita Cervera y al resto de miembros de la cuchipandi que me han dado material para los posts. Sí, ya sé, también podría escribir sobre mí ("¡Hable de usted y deje tranquilos a los demás!", me comentó una vez un señor al que no le gustaba nada mi columna). ¿Cómo que hable de mí? ¿Gratis? ¿Queréis que hable de mí gratis? ¿Es que pensáis que no he aprendido nada en todos estos años? Hombre, por Dios...

Me está quedando el post como el anuncio de la Coca-Cola. ¿Veis? Si es que no me puedo poner seria: intento dar las gracias en plan Maruja Torres y me pongo tan intensa como Isabel Gemio. No os preocupéis, que voy a echarle un vistazo al SEMANA a ver si desengraso.

viernes, 5 de marzo de 2010

Palominos

Los trapos sucios se lavan en casa. Pero si no se los lava uno mismo es posible que su mucama salga en un programa de televisión contando si usted deja palominos en los calzoncillos. O si ingresaba en su nombre fajos de 3.000 euros una vez por semana, que viene a ser la correspondencia del palomino con el mundo folklórico. Y si además de mucama tiene usted chófer, niñera, jardinero, tata y satélites similares, ni les cuento: la posibilidad de que relaten con pelos y señales su tendencia natural a hacerse el moco mientras ve el telediario se multiplica hasta el infinito y más allá.

Que se lo digan a Lina Morgan, a Tita Cervera o a Isa P.: la cantidad de gente que ha salido en los últimos tiempos poniéndolas a parir ("contando mi verdad", que dicen ellos) es tremenda. Aunque podría ser peor: imaginen que ven La ceremonia y cogen ideas (y aquí viene un spoiler, aviso: en la peli de Chabrol Isabelle Huppert y Sandrine Bonnaire, la criada, le dan matarile a Jacquelinne Bisset y a su familia). Pero cuando te están poniendo a caldo en televisión no creo que eso te consuele mucho. Y es que desde la desaparición de Gracita Morales y Rafaela Aparicio el servicio se ha quedado sin referente moral, lo que ha posibilitado la llegada al poder de nuevos líderes mediáticos en el mundo mucamil como el chófer de la Pantoja. Así nos va.

Ni siquiera servidora, que está libre de toda sospecha, resistiría que alguien con quien trabajo hablara de mí: dependiendo de la mala leche y de lo que te paguen, mi hijo podría pasar de ser un niño vivo y con carácter a un pequeño cabrón que no para quieto un momento, yo, de vivir en un caos creativo y encantador a ser la tía más desastre y desordenada del mundo, y mis compañeros podrían dejar de pensar que soy una persona responsable y preocupada por su trabajo (porque pensáis eso, ¿verdad?) a ser una ciclotímica absurda que se tuerce con los cambios meteorológicos. ¿Ven? Es como si tu vida fuera examinada por el equipo del CSI después de tres guardias seguidas. Y si Grissom te echa el ojo seguro que descubre un cadáver en el armario. En mi caso sería por homicidio involuntario, porque una nunca lo hace a mala leche, pero sólo por la edad que tengo -de cuarenta para veinticinco, que estoy cada día más más joven- debo de tener algún que otro muerto por ahí.

Ya lo dice mi madrina: "el servicio te tiene que tratar de usted". Como verán mi madrina siempre me da sabios consejos, como el de que a partir de cierta edad "hay que ponerse una manguita", adelantándose a la teoría de que los brazos son las nuevas piernas. Pues eso, a partir de ahora se acabó el buenrrollismo: que me llamen "Señora Palo". Por si acaso.

Y más palominos:

- "I love Escassi"
: no tiene mérito ninguno. Ni encontrar a las participantas (se pone uno en la puerta de Corporación Dermoestética, Sección Reclamaciones, y ya está) ni ligarse a Escassi (que tiene un corazón tan grande que no le cabe en la porteñuela) ni seducirlo. Yo haría un "I love Enrique del Pozo", que eso sí que tiene mérito: a ver quién es la ¿guapa? que puede tirarle los tejos sin poner cara de angustia. Aunque yo apostaría a que dentro de poco podremos ver un "I love José María Aznar": este hombre se está convirtiendo a pasos agigantados en uno de los nuevos rostros de Tele 5. Lo tiene todo: abdominales, melenica, pulseritas, una capacidad de meter cizaña sin límite (a sus últimas declaraciones me remito) y, además, es amigo de Berlusconi. Al tiempo.

- "MQB" (o como leches se llame): por petición popular vía facebook. Y qué quieren que les diga: Pilar Rubio está estupenda (¿somos ella y yo de la misma especie?, pregunto), lo de Belén me recuerda a un rock&roll que bailé hace años con mi prima en las fiestas de la playa y me metí un leñazo que pa qué, y entiendo que Lomana se niegue a ponerse determinados estilismos, porque esa tendencia natural de vestir a las chicas como vedettes de La Maña y a los chicos como patinadores ucranianos es tremenda. Propongo a Hong Kong Blues como jefe de estilistas del programa, que algo aprenderemos.

domingo, 21 de febrero de 2010

Mi abuela y los hombres.

O los jambos. O los payos. O los saragustines, o los satélites, o los nenicos. Mi abuela, cual Linneo, elaboró toda una tipología de hombres, aunque sus favoritos eran los jambos, los tíos altos y grandes, por los que mi abuela tenía pasión: una tarde llegó a casa mi amigo J. P. para probarme una copia de un modelo de Jesús del Pozo (acabo de darme cuenta de la coincidencia de las iniciales: no, evidentemente no fue Jesús del Pozo el que vino a casa). Mi abuela, que también había sido modista, asistió al espectáculo de un J. P. que se dejaba llevar por los espíritus de Balenciaga y Manolita Chen mientras me clavaba alfileres en una suerte de bondage adolescente. Ella observaba desde su mecedora y, cuando se fue, soltó: “¡Qué alto es el tío que llega hasta la lámpara! Pero tó lo que tiene de alto lo tiene de maricón”. Y se quedó tan pancha. Por cierto, el vestido quedó ideal pero a J.P. se le olvidó hacerle una raja a la falda: cuando empecé a caminar parecía la mezcla perfecta entre una geisha y Belén Esteban con tacones. Ideal.

Lo de mi Tata con mis amigos jambos era impresionante. Si venía P. M. con sus rocky (que ya estaban demodé en aquella época y P. M. los lucía sin ser consciente de su estilismo vintage), ella no paraba de darle golpecicos en los muslos y mientras me decía “¡Mira qué muslos tiene! ¡Muchacho, si parecen dos columnas!” Por lo visto estaba interesada en cruzarme con alguien de una raza genética superior para así mejorar nuestro árbol genealógico futuro. Le faltó abrirle la boca para verle la dentadura, aunque llevaba razón: si el culo de Lady Chatterley podía sostener el mundo, los muslos de P. M. podían aguantar dos sistemas solares. Y fue su afición por los jambos lo que marcó profundamente su ideología: evidentemente era monárquica porque los hombres de la Familia Real española medían casi dos metros; si en España hubiera reinado el emperador Akihito se hubiera hecho republicana.

En casa los gustos por los hombres estaban divididos: mi madre era fan de Rock Hudson mientras que a mí me gustaban James Dean y Montgomery Clift. Mi madre se mosqueba conmigo cada vez que los veía (“Hija, si son medio maricones” –como ven éramos políticamente muy incorrectas-). Ni les cuento el cachondeo que tuvimos cuando años después el pobre Rock Hudson confesó su homosexualidad. En cambio a mi Tata le gustaba Mel Gibson: recuerdo una portada de un dominical con un primer plano del actor. Ella lo cogió y empezó a repasarlo como si fuera una cirujana plástica: “¡Qué cejas tan bien perfilaicas! ¡Y qué nariz tan recta! ¡Y qué boca! Sí que está bien el jambo”. Supongo que hoy en día el único que nos hubiera puesto de acuerdo a las tres sería Hugh Jackman, el hombre conciliador: digan su nombre en un grupo de mujeres y jamás verán una disidencia.

Lo de Pedro Almodóvar ya lo saben; admiraba profundamente su pelazo y se quedó traspuesta cuando comprobó que sacaba en sus películas a su madre (“¡mira la tía vieja saliendo en el cine” decía). Mi madre también alucinó con Almodóvar. Durante años oyó por mi boca que era un director maravilloso, estupendo, modernísimo y tal, hasta que vio una peli suya (no recuerdo si fue Pepi, Lucy, Boom… o Laberinto de pasiones). En ese momento comenzó a pensar que su hija estaba realmente enferma, pensamiento que se agudizó cuando descubrió mi dibujo alegórico sobre la canción de Siniestro Total Todos los ahorcados mueren empalmados. A un paso estuve del electroshock.

Mi Tata era una mezcla de Herminia, la abuela de los Alcántara, y Ángela Channing. A ella y sólo a ella le contaba mis primeras y nefandas andanzas con los chiquillos. Y la muy cuca, para saber hasta dónde llegaban mis relaciones con ellos me decía “la vecina te ha visto dándote un beso con un nenico”, y hasta que yo no lloraba sangre jurándole y perjurándole que era mentira, no paraba. Cuando conoció a mi abuelo le mintió sobre su edad, ya que era mayor que él, y sostuvo la mentira durante toda su vida: ni les cuento lo que hubiera pensado sobre el romance de la Duquesa de Alba con Alfonso Díez (¿cuántos años tendría que quitarse la duquesa para ser menor que Alfonso?). Ella sí que hubiera escrito un buen blog.

lunes, 15 de febrero de 2010

Y entonces llegó él

Y entonces llegó él, y la ahora ministra y entonces presidenta se quedó loca, y todos en pie (yo no me levanté porque estaba calentica con la manta, si no me levanto también. No, otro año más no fui a la gala, ni me pregunten). De la Iglesia había prometido sorpresas, y vaya si las dio. Y el caso es que Buenafuente dejó caer una pista al comienzo de la gala, diciendo que si había venido Pedro... Pedro García, pero todos lo interpretaron como un chiste.

"Yo tenía mis peros", cuenta Almodóvar. Oculto para no destapar la sorpresa (tras la gala los miembros de la organización juraban y perjuraban que no sabían nada de lo de Pedro) estaba preocupado por si le daban el premio al mejor guión original y tenía que salir a recogerlo fastidiando la traca final. "Pedro, no te preocupes por eso porque no te lo van a dar", le decía Alex. "No me gustan las ceremonias", seguía argumentando Pedro. "Pero si dentro de tres semanas te vas a Hollywood a entregar un Óscar, que me estás contando". Pues eso, una alegría inmensa porque nadie se explicaba cómo el director que más ha hecho por internacionalizar el cine español estuviera fuera de la Academia. Llegó con su cuello alto (Candice Bergen se tapa las arrugas, él la papada) y su pelo blanco cardadísimo ("¡qué pelazo tiene el tío maricón!" decía mi abuela siempre que lo veía en televisión) y todos tan contentos. Ole.

Empieza la gala y los realizadores de TVE enfocan 4 veces seguidas, ¡4! a Javier Bardem y a Penélope Cruz uno al lado del otro en la primera fila (por lo visto el resto de los asistentes son figurantes). Pe ha entrado sola con su Versace vintage porque Javier lo ha hecho por otra puerta para no llegar juntos a la ceremonia ¿¿¡¡!!?? Ni les cuento cómo los van a poner, sobre todo después de que Bardem no hablara con los periodistas y Penélope sólo lo hiciera con TVE. Afilando los cuchillos que están. Y la gala bien, gracias. Mucho discurso en inglés, lo cual demuestra que nos estamos internacionalizando, mucho modelazo (con el toque alternativo de Óscar Jaenada con su smoking rosa de Dsquared2, que no se diga que no somos modelnos) y ninguna sorpresa en cuanto a las estatuillas: 8 Goyas Celda 211 y 7 Ágora, sobre todos los técnicos.

Y Alex de la Iglesia, por el que servidora siente debilidad (como cineasta, eh, aunque a mi abuela seguro que le encontraba algo; los comentarios de mi abuela sobre los tíos merecen un post aparte), con un magnífico discurso: por primera vez alguien pone el acento en la realidad del cine español y habla de humildad, de trabajo y de dejar de mirarse el ombligo. Terminó De La Iglesia con un "¡Fuerza y honor!". A ver si es verdad. De momento, lo que va prometiendo lo cumple, como lo de abrir la Academia a la gente: aunque no creo que sea suficiente el concurso telefónico que posibilitó que alguien ajeno al mundo del cine pudiera entregar un Goya, no es una mala política, sobre todo si puedes dar el premio al lado de Santi Millán (¡ay, Santi!). Si llego a saberlo fundo el teléfono.

Y en esta línea meses antes hizo un llamamiento a los internautas para que votaran sobre su presentador favorito para la gala, y entre los nombres manejados estaba el de Belén Esteban. Ganó Pocoyó (estupenda elección), por lo que ahora Belén podrá montar un pollo acerca de por qué no ha podido presentar los Goya. Pili y Mili, Karmelita y Belén juntas contra TVE. El ninguneo de Belén no tiene explicación, porque Belén no sólo presenta, sino que también baila; es lo que se llama una artista integral, como Concha Velasco: ¿o acaso no la vieron en MQB? ("¿el traje te lo ha diseñado la Campanario?" le dijo Jorge Javier ante lo feísimo del vestido). Seguro que la pobre se ha metido ahí para poder hacer el dúo con Secun de la Rosa, que se ha quedado delgadísimo, por cierto, y no le ha servido de nada. Pobretica. A lo mejor por tamaño desprecio los de "Sálvame" no hicieron un "Prémiame De Luxe" como el que se marcaron tras la primera edición de MQB. ¿Se imaginan? Marujita Díaz y Sonia Monroy como representantas del cine patrio y Mari Cielo Pajares, que estuvo en la gala (y yo en mi casa, madre mía qué injusticia tan grande) como enviada especial. Mila podía haber contado su rollo con Pepe Sacristán, Kiko haber comentado las películas nominadas y Benenito hablar, como madre y como pueblo, de las sagas familiares del cine español.

Momentos emocionantes: la entrega del Goya de Honor a Mercero, recogido por sus hijos, fue como una mini peli del galardonado, con humor y ternura a partes iguales. Contaba uno de ellos que tras acabar Verano Azul, un avispado productor le ofreció a Mercero rodar una película sobre la resurrección de Chanquete; Chanquete bajaría del cielo vestido de blanco y con unas alas. Mercero se negó, claro. Para que luego digan que no hay ideas en el cine español.

Cosas curiosas, como la entrega de Goya a la Actriz Revelación a Soledad Villamil, que lleva casi 20 años trabajando. O el peinado decimonónico de Vicky Peña (a ver si sale de cuerpo entero en alguna foto, porque el traje parecía ir a juego). O el tsunami que empapó a Buenafuente. Y el año que viene parece que no habrá más de lo mismo porque De la Iglesia promete un cambio en los Goya muy ambicioso que repercutirá a nivel social, afirmando que ésta es la última de la antigua versión de los Goya. Estaremos para verlo. Y mientras tanto lo dicho, Alex: fuerza y honor y buen cine.

lunes, 25 de enero de 2010

Viejas damas indignas

Hablamos J. y yo como las dos grandes damas de la cultura en las que nos hemos convertido (él como prestigioso productor teatral, servidora como impostora aún no descubierta) y comentamos las últimas actividades culturales a las que hemos asistido para dar brillo y lustre con nuestra presencia. Después de repasar instalaciones y exposiciones varias (muy, muy chulo el taller de cine en 16 mm. con el que han comenzado las actividades del Imagina de este año) convenimos que nuestra próxima performance consistirá en grabar la cara que pone la gente que asiste a estas cosas cuando, en medio de una sesuda conversación sobre el land art, yo me desmarco con un: "¿Habéis votado a Karmele en Eurovisión?". Eso sí que es provocador. Y punki.

Por edad y por actitud Karmele es una suerte de Vivienne Westwood (aunque a mí me gustan más los modelazos de Karmele que los de la inglesa). Karmele revive el punk más salvaje, que reivindicaba que cualquiera podía subirse a un escenario sin que le hiciera falta saber cantar ni tocar instrumento alguno. "Yo tengo mucho arte", dice Karmelita en su defensa, apoyada en aquella vieja frase promocional de Lola Flores: "Ni canta, ni baila, ni falta que le hace". Pero a Karmele sí que le hace falta. Y si al final sale en Interviú (eso sí que es una amenaza que tendría que ponernos los pelos de punta), le va a dar a la revista un aire de fanzine alternativo que pa qué.

Porque ¿hay algo más rompedor que el programa que le dedicaron a Pop Star Queen tras ser rechazada su candidatura por Televisión Española? Una luz blanca alumbrando su silla vacía, música de réquiem de fondo, imágenes de la ¿finada? llorando, sobreimpresionados del tipo "el doctor ha recomendado a Karmele que haga reposo". "¡Si me creía que se había muerto Madonna!", dice Toñi Salazar mientras reivindica que sólo los artistas "de verdad" pueden ir a Eurovisión (hombre, si La caña de España es una canción de verdad que venga Dios y lo vea). Hasta Jorge Javier Vázquez tuvo que salir un momento del plató porque le estaba entrando la risa; aguantándosela (la risa) pronuncia la frase de la temporada: "Ha muerto Karmele. Nace el mito". Y, por la noche (pasándose por la peineta las recomendaciones del médico y poniendo en juego su salud) Karmele, con la voz rota por el dolor, empezó su manifiesto con un "Yo acuso". Ni Animalario, ni Calixto Bieito ni ná de ná. Auténtico teatro alternativo a la hora de la siesta.

Pero no hace falta que haya una buena excusa para que "Sálvame" sea cualquier día de la semana mucho más trasgresor que una actividad del PAC (el Proyecto de arte Contemporáneo de Murcia). "Sálvame" sí es un "Dominó caníbal" real por motivos obvios. Y el día que aparece Marujita con sus coca-colas aliñadas y su nariz de payaso ya es el colmo del moderneo. Por ello no sólo apoyo la candidatura de Karmele a Eurovisión, sino que propongo a Belén Esteban como comisaria del PAC del año que viene. No me digan que no habría:
-a) lleno absoluto
-b) provocación sin límites cuando dijera "Pues esta mierda la hace mejor mi Andreíta, asín de claro. ¿Vale o no vale?". Y si trae como ponente a Kiko Hernández contando su visita al Louvre ("he visto la Venus de NILO" comenta), a Cuauhtémoc Medina le da un parraque.

Como siempre, todo lo que a mí me gustaría escribir sobre Karmele y Eurovisión lo ha hecho antes y mejor Rosa Belmonte, así que léanlo. No sé si Rosa aspirará con los años a convertirse en una vieja dama indigna, como titula Esther Tusquets la segunda parte de su biografía (las viejas damas indignas son aquellas que hacen lo que quieren y dicen lo que piensan, según Tusquets), pero yo sí. Karmele es una vieja dama pero, aunque parezca lo contrario, no es indigna, ya con todo este mogollón que ha montado tras su descalificación demuestra que se toma demasiado en serio. Y las maduras damas que aspiramos a ser viejas indignas tenemos que reírnos mucho de nosotras mismas. En eso estoy yo. A ver si lo consigo.

martes, 5 de enero de 2010

Sobreviviendo a los ricos

¡Qué buenos son los de Cuatro! Para empezar el año con buen pie van y nos cascan 3 reportajes seguidicos de ricos, riquísimos, a saber: primero, La Moraleja, después Samantha Villar viviendo 21 días como una millonaria y, para terminar, más lujo. Decididamente es mejor comenzar el 2010 viendo mansiones que con un reportaje sobre los protagonistas habituales de "Callejeros": indigentes celebrando la Nochevieja con Don Simón en tetra brik y chabolos donde las luces de Navidad las encienden robando la luz de los postes de electricidad sólo conducen a pensar que este año va a ser tan cutre como el anterior. Y hay que animarse. 

Pero por primera vez en mi vida no he sentido envidia de los ricos, porque gracias a "Callejeros" hemos descubierto que los de La Moraleja (¿cuál será el gentilicio de los habitantes de La Moraleja? ¿moralejeros? ¿pijolienses?) también se aburren -tan ricamente, claro-. Sus días son una vorágine de desayunos, gimnasio, compras, aperitivos y más compras. Lo que se llama una vida al límite, vamos, repleta de actividades tan electrizantes como preparar El Rastrillo. 

La que sí se lo pasó bomba fue Samantha Villar. Lo único que le sobra a los reportajes de Samantha son sus reflexiones ante la cámara comentando obviedades del tipo que lo más alucinante de ser rico es que pueden tener lo que quieran y en el momento que quieran (eso ya lo sabíamos, chata), pero al colocarse encima 2.000.000 de euros en joyas le brillaron más los ojos que cuando se pasó 21 días fumando canutos. O cuando se puso el Dior para ir al desfile de John Galliano ("¡Voy a conocer a Galliano! ¡Voy a conocer a Galliano!", repetía como un mantra). Estoy segura de que no se enganchó a los porros pero sí a la buena vida: el dinero es la más rápida de las drogas. Aunque ya puestos, y para ver hasta qué punto el brillo de los diamantes puede doblegar el alma humana, el reportaje tendrían que habérselo encargado a Cristina Almeida: imagínensela vestida de Versace recitándole pasajes de El capital a la Lomana mientras pasean por la Rue Royale. Eso sí sería una nueva forma de reporterismo: María Antonia Iglesias cubriendo los viajes del Papa o Federico Jiménez Losantos retransmitiendo los Goya. Lo petan en Cuatro. 

Preparan a Samantha antes de iniciar su aventura millonaria eligiendo vestuario ad hoc para la ocasión, y el estilista le comenta que lo primero que harán los ricos es mirarla de arriba abajo, buscando algo que les indique que pertenece a su tribu (un relojín de Chopard, un bolsito de Gucci, unos Manolos, nada, tonterías). Cierto: recuerdo que hace muchos años fui a casa de un compañero de facultad perteneciente a una de esas familias murcianas que Rosa Belmonte retrataba tan bien en sus crónicas de la Feria de Murcia (con Ilu Vera Meseguer y Paqui Chelo Cano a la cabeza, representantas del glamour huertano). Me abrió la puerta la madre del susodicho y me hizo un escáner que ríanse ustedes del que quieren implantar en los aeropuertos. Tras asegurarse de que a pesar de mi aspecto no llevaba una bomba bajo la suela de mis Kickers y que lo único que quería eran unos apuntes de Derecho Civil, llamó a su primogénito y heredero para que me atendiera pero, excuso decirlo, no me dejó pasar de la puerta. Es lo que tienen los moralejienses (para ser moralejiense no hace falta vivir en Madrid, es una cuestión de pasta y de carácter), que protegen su territorio de cualquier intruso.

Moraleja de La Moraleja: si les toca la lotería del Niño, no se vayan a vivir allí. Salgan, entren, viajen, disfruten, vivan. No se entierren en vida con sus riquezas en ese nuevo Valle de los Reyes y se convierten en momias. Y si no saben qué hacer con su pasta, llámenme, que aunque servidora no pueda irse con ustedes a Formentera por motivos que ya conocen, tengo algunas ideas en la recámara. 

P.D. 1: ¿Saben quién hace que se caguen por la pata abajo todos los diseñadores que hacen que se cague por la pata abajo Samantha Villar? Anna Wintour. No tiene desperdicio el documental VOGUE: el número de septiembre, donde la Wintour real, sin tantos aspavientos como Meryl Streep en El diablo viste de Prada, da mucho, pero que mucho más miedo. "¿Aún no está todo preparado?", y Gaultier se convierte en un niño tartamudeante pillado en falta. "¿Estas son todas las fotos que hay?", dice, y Mario Testino se queda blanco. A la Wintour no le hace falta gritar, sólo con mirar de reojo por debajo de su flequillo hace que tiemblen los cimientos del imperio de la moda. Parece que haga un esfuerzo inconmensurable para no sacar una sierra mecánica y decapitar a asistentes, fotógrafos y diseñadores. Es esa calma monosilábica y gutural ("no", "no", "no", "hum") con la que manda a hacer puñetas el 90% de los trabajos que le presentan la que hace que Hannibal Lecter a su lado parezca un boy scout. 

P.D. 2: Sí, vi las campanadas con Belén Esteban. La duda ofende.