viernes, 12 de enero de 2018

CANCIÓN DE NAVIDAD

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES 26 DE DICIEMBRE DE 2017

El Señor Mostaza cantaba "Cuando sonríes / Me suena a música celestial / el hilo musical de Mercadona". A Isabel Preysler le pasa lo mismo: está tan enamorada de Vargas Llosa que, cuando va a comprar una bolsa de brócoli envasado para microondas, el hilo musical de Mercadona le suena a bolero de Los Panchos. Y a mí también, oigan, que a ver si se va a creer Preysler que ella es la única vieja enamorada por estos lares, que mi santo no tendrá un Nobel (ni casas en Lima, Madrid, República Dominicana, París y Nueva York, que tampoco), pero corta el lomo de caña que es un primor. En cambio, por estas fechas, la cosa cambia: la música de Mercadona se transmuta en una suerte de megamix de canciones navideñas, y entonces todo me suena a lamento colectivo y a chirriar de dientes, que una está hasta el polvorón de los villancicos. Y de los turrones, y de los niños pidiendo el aguinaldo, y de Bertín Osborne y su sacacorchos eléctrico, y de los wasaps cursis, y de las latas de melocotón en almíbar, y de los amigos invisibles que te regalan colonias de Deliplus (otra vez Mercadona).

Pero podría ser peor: podría suceder que María Teresa Campos y Bigote unieran sus voces (una impostada a lo cantante de la OTI, y otra de chichinabo) y rescataran un villancico de Luis Aguilé. Pues ha sucedido. Y, sorprendentemente, el mundo sigue girando. Será porque se atisba la Nochevieja en el horizonte, y sabemos que las canciones empalagosas llenas de buenos deseos, paz y felicidad van a ser sustituidas en breve por un desparrame discotequeril de purpurina y lentejuela, que va mucho más con nuestro espíritu festivalero, dónde va a parar. Lo único malo que te puede pasar en la fiesta de fin de año es que pinche uno de esos cuarentones que trabajan en una sucursal bancaria de día pero que, de noche, se ponen una camisa de cuello imposible, a lo Javier Cárdenas, y machacan al respetable con Enrique Iglesias, David Bisbal y Juan Magán, que cuánto daño has hecho, David Guetta, haciéndole creer a los padres de familia que subirse a una cabina y poner lo que les gusta a ellos es un derecho constitucional. Colgad al Dj, que cantaban los Smiths. Y al del hilo musical, también. Menos mal que nos queda el concierto de Año Nuevo.



LES IBA A DEJAR EL VIDEO DE TERESA Y BIGOTE, PERO UNA ES MAGNÁNIMA Y BUENA PERSONA, ASÍ QUE LES DEJO EL "HANG THE DJ" DE "PANIC". MUCHO MEJOR.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

CRIADAS Y SEÑORAS

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES, 19 DE DICIEMBRE DE 2017

Ando loca perdida. Como vaca sin cencerro, como pollo sin cabeza y como Terelu sin lentejuelas. Por las Navidades, digo. Por la cena de Nochebuena, especifico, que este año toca en mi casa. Que voy de cola en cola o, mejor dicho, de fila en fila, no vayan ustedes a pensar mal, comprando provisiones como si vinieran a cenar Atila, los hunos y los otros. Total, para que luego haya restos de asado dando vueltas por el frigorífico hasta julio.

Este estrés prenavideño lo llevaban nuestras madres y, ahora, lo llevamos nosotras. Acabáramos. Mucha liberación de la mujer, mucho luchar contra el heteropatriarcado y mucho protestar en Twitter, pero lo cierto es que, hasta que no nos ha tocado llevar las riendas de las comilonas de Navidad y nos hemos dado cuenta del esfuerzo que supone, todos hemos hecho lo mismo: llegar a la cena de Nochebuena y sentarnos a la mesa como si nos pegaran el culo a la silla con Loctite. Y las madres venga a echar viajes a la cocina, y a levantarse a calentar la salsa del asado, y a ponerle la sopa a los críos, y a fregar platos porque ya no queda vajilla para los segundos, y a prepararle una menestra de verduras a la novia del pequeño, que nos ha salido vegetariana y no prueba el cordero, la muy moderna. Y nosotros, desagradecidos, quejándonos de que estamos hartos de comer mientras nos desabrochamos el botón del pantalón y nos echamos otro trozo de carne a la boca.

Esa idea loca de que las madres, las tías y las abuelas de España se lo pasan pipa cocinando para toda la familia es exactamente eso, una idea loca. Que una cosa es que les haga felices juntarnos a todos, y compartir, y disfrutar, y prepararnos los platos que nos gustan, y otra muy distinta es que las convirtamos en unas criadas que no llegan ni a probar los langostinos porque, cuando al fin se van a sentar, ya nos los hemos zampado todos. Así que mañana, mientras los catalanes reflexionan sobre a quién van a votar, yo voy a reflexionar acerca de si me lío el delantal a la cintura y me pongo a preparar un solomillo Wellington, o tiro de latas buenas, de fiambres ibéricos y de comida precocinada. Y, como se me pongan tontos, llamo a Tele Pizza y me quedo tan ancha.  


miércoles, 13 de diciembre de 2017

UN LUGAR EN EL MUNDO

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES 12 DE DICIEMBRE DE 2017

Mi heredero está hecho un lío. El pobre, que ha empezado a sacar la cabeza al mundo exterior y se está quedando picueto. Que si nos estamos cargando el planeta, que si la injusticia social, que si yo me haría vegano pero es que me gusta mucho el jamón, que si las chicas, que si el heteropatriarcado nos oprime a todos y que si esto no hay quien se lo estudie, que vaya un coñazo, mamá. En fin, lo que viene siendo un adolescente de manual, sólo que en el siglo XXI y con un móvil en la mano.

El heredero tiene un pulgar híper desarrollado de tanto wasapear, una mochila llena de bolis sin capucha, una cabeza en ebullición constante y un corazón lleno de emociones que no sabe cómo gestionar: lo mismo te da un beso que te pega un estufido. Y como a nosotros, a su padre y a mí, no nos han enseñado a manejar materiales altamente inflamables (y tan altamente, que le dices cualquier cosa y se enciende, el tío), nos quedamos los dos mirándolo, unas veces con un cabreo monumental en el que le amenazo con sentir toda la opresión del heteromatriarcado en forma de guantazo, y otras con un orgullo que me revienta las costuras (aunque no sé si es por eso o por los tres kilos que no consigo quitarme de encima desde el verano). Él, inquieto, busca su lugar en el mundo, y empieza a darse cuenta de que no es fácil encontrarlo. Que hay codazos y zancadillas, decepciones y fracasos. Que el orgullo, el propio y el ajeno, se hiere con facilidad. Que no siempre se consigue lo que se quiere, y que los problemas de matemáticas, que ahora le parecen difíciles, no son los más grandes que va a tener en la vida. Y que por mucho que él me pregunte, y me cuestione (y se cuestione), y se rebele, y me vuelva a preguntar, yo sigo sin tener todas las respuestas porque, a mis cuarenta y ocho años, todavía no sé muy bien de qué va esto de la vida. Así que, cuando no sé qué contestarle, le doy un beso mientras me río de su bigote, y lo abrazo, y le digo que todo va a salir bien. Y él hace como que me cree. Y coge el móvil y se pone wasapear con los colegas, que tampoco tienen las respuestas, pero molan más.  

jueves, 2 de noviembre de 2017

JARRONES Y JAMONES

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES 31 DE OCTUBRE DE 2017

Se me ha roto el ordenador, por lo que estoy de vacaciones involuntarias. No puedo trabajar sin él, no sé trabajar sin él; tengo una dependencia de mi Mac mayor que Anna Gabriel de las camisetas con mensaje ("Miss Camiseta Seca", la bautizó Rosa Belmonte). Intento escribir a mano, pero no resulta: el callo que tenía en el dedo corazón, hecho a fuerza de apoyar el bolígrafo, desapareció hace años, y ahora, en cambio, de tanto darle al ratón tengo en la muñeca un túnel carpiano más grande que el de Despeñaderos.

Busco por toda la casa hasta que encuentro un portátil arrinconado junto a un recordatorio de comunión y una bolsa de peladillas. Es un PC del año 20 a. W. (antes de Windows). Es lento, se atasca. Las teclas van más lentas que mi cabeza, así que pienso las palabras mucho más. Ya lo decía Nietzsche: los instrumentos de escritura contribuyen a nuestras ideas. De hecho, cuando él cambió la pluma por la máquina de escribir, su amigo Heinrich Köselitz manifestó que su prosa se había vuelto más telegráfica, más estricta. Si Nietzsche hubiera tenido un ordenador a mano, "Así habló Zaratustra" habría sido un hilo de Twitter.

En el ordenador puedes borrar, cortar, copiar, deshacer, empezar una frase por el final o un artículo por la mitad, como si hicieras una colcha de retales; puedes escribir sin miedo a emborronar folios, a hacer tachones o a cometer faltas; puedes vomitar palabras sin necesidad de calibrarlas cuidadosamente, y puedes hasta hacer la compra de Mercadona por internet y ver videos de gaticos mientras mandas la columna, que yo no sé si seré pronadora o supinadora, pero procrastinadora soy un rato. El ordenador, además, ha democratizado la escritura, que no la literatura: Alba Carrillo (ex de Fonsi, ex de Feliciano, ex de "Supervivientes", ex de casi todo) tiene una columna en SEMANA. En la portada de la revista, declara: "Soy una persona preparada, y no un jarrón". Yo leo "jamón". Ya no es que no sepa escribir, es que no sé ni leer. Y no soy la única: el otro día, una participante de "First Dates" flipaba porque su cita le había preguntado que si leía. "¿Libros, te refieres?". No, los prospectos del Alka-Seltzer. Otro comentaba que él, mas que de leer, era de ver dibujitos. Así estamos. Eso sí que da miedo, y no Halloween.