miércoles, 23 de marzo de 2016

SANTOS OFICIOS

PUBLICADO EL MARTES 22 DE MARZO DE 2016 EN LA VERDAD

Voy a meterme en obras. Yo no, aunque falta me hace pasar por chapa, pintura y cirugía mayor; mi casa, digo, que vamos a reformarla. Valiente que es una. O masoquista, que ya ha empezado el Vía Crucis: es entrar los santos oficios por la puerta, léase albañiles, pintores, fontaneros y electricistas, y empezar a soltar “¡PFFF, cómo está esto!”, “PFFF vaya una chapuza que le hicieron aquí, señora”, “PFFF, buena pinta no tiene”. Igualico que el anuncio de la Lotería Primitiva: no sabemos qué es ese PFFF, pero no tiene pinta de ser barato. Y para rematar: “Le puedo dar un presupuesto aproximado, que hasta que no piquemos no sabemos qué nos vamos a encontrar”. Como si fueran los arqueólogos que andan buscando la tumba de Nefertiti. Acabáramos.


Lo peor de todo es que nos metemos en faena con nosotros viviendo en casa, que servidora está canina y no tiene parné para irse al hotel Santo Mauro como hacía Ana Obregón cuando cambiaba el suelo de la cocina (y, de paso, se trajinaba a David Beckham). Nos espera una temporada de olor a pintura, ruidos de radial, polvo de cemento, escombros por doquier y albañiles resoplando que me río yo de la obra del Escorial, de las pirámides de Egipto y de las reformas de Villa Meona. Sólo me consuela pensar que es el país entero el que está en obras: en menos de quince días Susana Díaz se mete en Ferraz a darle un lavado de cara al partido, o a dinamitarlo, que la maestra albañila va armada de pico, pala y barrena; a Mariano Rajoy es sacarle a relucir la reforma de la sede central del PP que se pagó con dinero negro y echarse a temblar, y los albañiles que ayudaron a construir Podemos se han rebelado todos a la vez presentando dimisiones a saco. Más le valdría al líder carismático dejarse de tanta soberbia y arrogancia y acordarse del poema de Bertolt Brecht, “Preguntas de un obrero que lee”: “¿Quién construyó Tebas, la de las siete Puertas? / En los libros aparecen los nombres de los reyes. / ¿Arrastraron los reyes los bloques de piedra?”. A Iglesias se le ha olvidado que los obreros podemitas leen, y mucho, pero sólo ven escrito el nombre de su rey. Yo, en cambio, sólo veo escrito el presupuesto del contratista. ¡PFFF!

miércoles, 16 de marzo de 2016

CENICEROS

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES 15 DE MARZO DE 2016

Me pasé la infancia haciendo ceniceros en clase por el Día del Padre; el regalo ideal para un hombre que no fumaba. Ahora, si hacen eso denuncian al colegio. Hemos cambiado tanto que vemos a Antonio Alcántara fumando junto a la cuna de su hija María y nos dan ganas de llamar a servicios sociales. O nos entra alferecía cuando, en el primer episodio de “Mad Men”, un ginecólogo le hace una revisión a Peggy Olson con un cigarrillo colgándole de la boca. “Las chicas fáciles no encuentran marido”, le dice mientras le receta la píldora “No se trata de que ahora te conviertas en la puta de la ciudad”. Amárrame esos pavos. Para cogerlo y apagarle el Marlboro en la calva por prescripción facultativa del Doctor Rosado. Pero mi pobre padre, que no había fumado en la vida, aceptaba de buen grado aquellos ceniceros toscos, falsamente envejecidos con betún de Judea (hubo una época que el betún de Judea, el pan de oro y las esculturas de escayolas eran el nuevo negro) y tan feos que no los pondría ni Jesulín en “Ambiciones”.

Mi santo también ha llevado con una sonrisa la colección de llaveros, colgajos para el coche, corbatas de papel y separadores de libros que nuestro hijo ha hecho en el cole por el Día del Padre. Se los echaba en la mochila envueltos en celofán de colores y se los daba en cuanto entraba por la puerta, sin esperar a que llegara el diecinueve de marzo, que los Palo somos de natural impaciente. Su padre montaba tal número jolgórico festivo que parecía que le había tocado el Euromillón, y el heredero levantaba la barbilla y decía con orgullo “Lo he hecho yo solito”. Ahora lo que nos dice es que ha quedado con sus amigos para ir a comerse una pizza. “Que yo tengo mis planes”, me suelta. “Que hemos quedado para hablar de nuestras cosas”. Y lo dice con el mismo orgullo con el que nos mostraba su regalo, con una pizca de altanería en la nariz y con la confianza del que se sabe, cada día, un poco más mayor. El próximo sábado me temo que ya no habrá llavero por el Día del Padre, ni separador de libros, ni un cenicero siquiera. Me acercaré a comprarle un taladro, que llevo con los cuadros sin colgar desde 1999. Que no se quede sin regalo, el pobre.

miércoles, 9 de marzo de 2016

TOMATE

PUBLICADO EN LA VERDAD EL 8 DE MARZO DE 2016

La española, cuando besa, es que besa de verdad. Y el español. El guiri no sé, que yo he sido siempre de consumir producto nacional; kilómetro cero, para ser exactos: lo más exótico que han catado estos labios que se han de comer una barrita de Biomanán fue un madrileño allá por el Pleistoceno, bajo el reinado de Tierno Galván. Y pare usted de contar.

Pablo Iglesias, en cambio, ha probado un beso catalán. Un “petó”. Y vaya si lo petó, que a Iglesias y a Domènech sólo les ha faltado ser portada del “Nuevo Vale”. Normal: dicen que en Podemos se folla mucho. Tanto como en Bolivia: a Evo Morales, que ya tiene dos hijos reconocidos de otras dos mujeres, le ha salido un tercero. “El presidente también ama”, justificaba en forma de bolero un alto funcionario del gobierno de Morales. Julio Iglesias, Luis Miguel, Pepe Navarro o Alberto de Mónaco también son hombres que amaban a las mujeres, hasta el punto de ir haciendo niños por ahí. Pero más le valdría quererlas menos y quererlas mejor, a ellas y a sus hijos: Manuel Díaz está hasta la taleguilla y ha anunciado que presentará una demanda de paternidad contra El Cordobés, aportando como prueba la saliva presente en una servilleta con la que Manuel Benítez se limpió la boca tras beber un vaso de agua y que un investigador privado recogió en el suelo de un bar. Leo la noticia y no sé si me parece más extraordinario que un tipo busque una servilleta entre huesos de aceitunas chuperreteaos o que El Cordobés beba agua: por su nivel habitual de exabruptos tiene que ser agua, sí, pero con misterio.


Con tantos hombres y mujeres amándose, tanto beso y tanta intervención de Iglesias bromeando sobre amoríos politiqueros, en el Parlamento hay más hormonas flotando que en el gimnasio de un instituto. Le dice Ana Rosa a Iglesias que en la transición también había mucho tomate, sobre todo entre políticos y periodistas. “Cuéntame esto, Ana Rosa”, le dice Pablo. “Eso, cuenta, cuenta”, le digo yo, que ya he empezado a hablarle a la tele. Ana Rosa, discreta, calla. Lo que no sabemos es si a esos periodistas se les aplicaba la regla enunciada por A. M. Rosenthal, mítico director del “New York Times”: “No me molesta que mis periodistas se acuesten con los elefantes, siempre que no cubran el circo”. Y circo vamos a tener esta legislatura. De tres pistas.

miércoles, 2 de marzo de 2016

INVESTIDURA

PUBLICADO EN LA VERDAD EL 1 DE MARZO DE 2016

Estoy mucho mejor vestida que desnuda: si hay que poner las cosas en su sitio, una bragafaja y un sostén constituyen un andamiaje oculto más sofisticado que la estructura de un edificio de Norman Foster; si no, un coso por encima y chimpún, que una buena capa todo lo tapa. Pero es que investida estoy aún mejor que vestida, que es conferirte un cargo importante y sentarte la ropa estupendamente. La ropa y lo que no es la ropa: Soraya Sáenz de Santamaría se arregló la paleta rota en cuanto saltó al terreno de juego, a Bono le salió un tupé de la noche a la mañana que ni con el crecepelo del Doctor Rosado, y Zaplana se operó la nariz por aquello del desvío del tabique nasal, un defecto que sólo tienen los que pueden pagarse una rinoplastia. A todos les favorece el poder menos a Pablo Iglesias que, a decir de Josie el estilista, se puso el smoking en los Goya y parecía un camarero del Costa Concordia.

Por eso Pedro Sánchez tiene ganas de ser investido Presidente, para deshacerse de su pinta de dependiente de planta de caballeros del Corte Inglés y convertirse en un hombre de estado, bien planchao y bien digno. Él se ve al lado de Felipe VI como un reflejo de Adolfo Suárez junto a Juan Carlos I: jóvenes, altos, buenos mozos, con esa guapura clasicona que les gusta a las abuelas, con hechuras para echarse un país a las espaldas. “¿Por qué la elección de Suárez?”, le preguntó José Luis de Vilallonga al Rey. “Porque era joven, moderno y suficientemente ambicioso como para desear ser el hombre capaz de afrontar los momentos que vivíamos”. Pedro se arroga esa descripción. Y se mola. Mogollón. Casi tanto como Albert Rivera. “El pacto de los guapos”, dicen de estos dos. “El Renacido” llama David Jiménez a Pedro Sánchez, dado por muerto antes de tiempo como el personaje de DiCaprio en la última película de González Iñárritu, “The Revenant”. Lo de “El Revenío” se ha quedado ya para Mariano Rajoy, que se le ha puesto una cara del Fary comiendo limones que pa qué. Si Bukowski afirmaba que “Es increíble lo que un hombre tiene que llegar a hacer sólo para poder comer, dormir y vestirse”, para investirse ni les cuento. Lo que sea. Total, para luego quedarte en pelotas en el Congreso. Invísteme despacio que tengo prisa.

miércoles, 24 de febrero de 2016

GORDAS

PUBLICADO EN LA VERDAD EL 23 DE FEBRERO DE 2016

Si la alegría dura poco en la casa del pobre, en la casa de la gorda ya ni les cuento: leo en la portada de una revista que se llevan las curvas, y yo, con ese grande gozo en el alma que da encontrar un rayo de esperanza entre tanto pollo piña y tanto brócoli hervido, me lanzo a por ella para comprobar si es verdad que ya no me tengo que preocupar por estar hecha un truño, que este año el vacaburrismo es el nuevo negro, que voy a poder desparramarme por las playas del Mar Menor sin que me de un ataque de ansiedad y que al fin podré comerme un trozo de pizza sin que me sienta más culpable que el toro que mató a Manolete. Acabáramos: ponen como ejemplo de gordas a Salma Hayek, Jennifer López, Kate Winslet, Christina Hendricks y Beyoncé. Y miro mi culo de geometría variable y lo comparo con el de la Beyon, que dicen en “Los Gipsy Kings” (ese programa que hay que ver con las gafas de sol puestas para que los brillos y los doraos no te quemen la retina) y me dan ganas de extraerme mi propia grasa, pero para ahogarme con ella. Y me enfundo una falda lápiz para imitar el estilo de la López cuando va disfrazada de señora, y la falda lápiz se convierte en una falda rotulador, pero de los de escribir pancartas. Y me coloco un escote de vértigo a lo Salma Hayek y estoy más ordinaria que Carmen de Mairena comiendo un kebab.

No me jodas, hermana: si esas tías están gordas, yo estoy para que me proteja Greenpeace. Por lo de ballena, digo. Agárrate que vienen curvas, sí, pero lo de ellas es autopista hacia el cielo y lo mío carretera al infierno. Que vas a comparar esas marmóreas venus de Praxíteles con mis últimos días de Pompeya. Que me vas a decir tú a mí que esas tipas exuberantes, explosivas, jamonas y buenorras son unas ceporras comedoritos. Que me haces salivar contándome milongas sobre el poder de las mujeres reales para luego mostrarme un Olimpo de semidiosas. Amos, anda y que te ondulen, que yo ya vengo ondulada de casa. Y mucho. Porque, según ese criterio, si ellas son curvy, yo soy lorzy. Y hasta hipopótami.



Aquí, la gordi. Si me pongo yo eso, parezco un botillo del Bierzo 

miércoles, 17 de febrero de 2016

INFOXICADA

PUBLICADO EN LA VERDAD EL 16 DE FEBRERO DE 2016

No sé cómo lo hacen ustedes. Lo de ser tan listos, digo. Lo de leer ensayo, novela, poesía y cosas varias, digo. Lo de ver tantas pelis y tantas series, digo. Lo de no perderse ni una inauguración, ni una exposición, ni una conferencia, digo. Porque yo no llego a todo: cuanta más información recibo, más me agobio y menos comprendo. Y no he desfasado tanto de joven como para tener el cerebro más agujereado que las medias de Madonna, que viví los ochenta y todavía me acuerdo, pero ahora tengo la misma capacidad de atención y de discernimiento que Belén Esteban en una reunión de la RAE: cero.

Vivo en un estado permanente de bulimia mental: ingiero información y la vomito. No retengo nada; líquidos, lo único (y sólidos, que me estoy poniendo hecha un manatí). Leo que esta sobrecarga informativa se llama “infoxicación”: incapacidad de análisis eficiente de un flujo de información elevado. Así estoy yo, infoxicada, como Marta Sánchez, que le preguntaron “Un resultado para el partido de esta noche” y ella contestó con un “Yo de política no hablo”. Te entiendo, Marta, como Mariano Rajoy entiende a Esperanza Aguirre: yo he acabado creyendo que las ondas gravitacionales eran los pelos de Beyoncé en la Super Bowl, que se lían las informaciones en mi cabeza como los hilos en una caja de costura. Y salto de una noticia a otra sin red, que a ver quién se resiste a los titulares de algunos periódicos, tan increíbles que parecen de “El Mundo Today”, tan escandalosos que han convertido las viejas portadas del “Pronto” y sus “Le salen los dientes a los 107 años” en periodigno. Y me lío otra vez porque no hay forma de desinfoxicarse: la complejidad de información se ha convertido en una nueva forma de ignorancia; la inmediatez de la comunicación nos impide reflexionar, pararnos, pensar, y nuestra capacidad crítica se limita a escribir un tuit poniendo a parir a alguien (con un hashtag ingenioso, eso sí, que el hecho de que una sea una burra hay que llevarlo en secreto, como las hemorroides). Lo dijo Ramón y Cajal: “Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro”. Me temo que estoy esculpiendo un cerebro tan horripilante que será digno de ponerse en una rotonda. Por si no hubiera ya bastantes.



Gracias, @covanechi, por la portada de PRONTO



miércoles, 10 de febrero de 2016

LA ESCRIBIDORA

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES 9 DE FEBRERO DE 2016

“Eres una gran narradora”. Ése es el piropo que más le ha gustado a Isabel Preysler de todos los que le ha dicho Vargas Llosa. Ni estás más buena que el pan, ni tanta carne y yo en cuaresma, ni pisa fuerte morena que paga el ayuntamiento, no: eres una gran narradora. Y es verdad que lo es. Tan grande que lleva cuarenta años contándonos su vida en las revistas y aún no nos hemos cansado de leerla.

Pero Preysler no se levanta a las cuatro de la mañana para escribir como hace Murakami, ni mete los pies en un barreño de agua helada a la manera de Schiller, ni fuma para encontrar adjetivos como hacía Pla, que su lista de calificativos se limita fenomenal, ideal y estupendo. Tampoco cultiva el realismo visceral de Ulises Lima y su pandilla de detectives salvajes y ficticios, ni el realismo sucio de Raymond Carver, ni siquiera el realismo mágico de García Márquez. Isabel practica el “realismo ideal”, un movimiento literario basado en la retórica de la exclusiva donde todo es monísimo y finísimo, donde le das la vuelta a tu vida hasta que se convierte en lo que has soñado. En el realismo ideal (también llamado “realismo photoshop” por algunos críticos) no existen las arrugas, ni los michelines, ni la flacidez; no se compra en los chinos, no se secan las plantas, no te quedas sin batería en el móvil, no te quemas la lengua con el café, no se acaba tu serie favorita y no se termina el papel higiénico en el peor momento. En el realismo ideal cenas con el Príncipe de Gales, te pagan por lucir diamantes, meas colonia, eclipsas a las estrellas de cine en los Goya y das una lección de photocall a todas las actrices que se descoyuntan enseñando pierna y poniendo morritos.


El talento literario de Preysler no ha de sorprendernos: la filipina siempre se ha escrito a sí misma, viviendo del cuento mucho antes que el escritor peruano. Pero ahora que Isabel y Mario están juntos, convertidos en una pareja de literatos como Mary y Percy Shelley, Dashiell Hammett y Lillian Hellman o Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre, las influencias de uno en el otro comienzan a notarse: Mario ha declarado a la revista literaria ¡HOLA! que está fenomenal, en una etapa estupenda, muy bonita. Definitivamente, Vargas Llosa se ha adherido al idealrrealismo. Amárrame esos pavos.