Mostrando entradas con la etiqueta Isabel Preysler. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Isabel Preysler. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de febrero de 2017

LOS ALMENDROS ESQUIZOFRÉNICOS

PUBLICADO EL 7 DE FEBRERO DE 2017 EN LA VERDAD

Los almendros están esquizofrénicos. Ahora nieva, ahora llueve, ahora sale un sol que que para qué. Y los almendros florecen al tuntún engañados por una falsa primavera, sin saber que aún puede llegarles una helada traicionera y dejarlos desnudos. Así están los pobres, perturbados, trastornados, locos perdidos. Tan locos como el traje de Cristina Rodríguez en los Goya, por un lado Joan Collins desparramada y por otro choni puesta en cumplir. Tan idos como Mario Vaquerizo, que afirma que no hay que matar animales, pero que lleva abrigos de piel por estética (y porque tiene perras para comprárselos). Tan delirantes como las revistas de moda, que te piden que te aceptes a ti misma en la página par y te dan cinco direcciones para hacerte una liposucción en la página impar. Tan absurdos como Mariano Rajoy cuando afirma que "todo lo publicado es falso salvo alguna cosa" (aunque Rajoy es más de tautologías, tipo "España está llena de españoles" o "Un vaso es un vaso y un plato es un plato"). Tan excéntricos como Albert Rivera, que antes definía Ciudadanos como un partido socialdemócrata y ahora quiere ser liberal progresista. Tan desequi­librados como Podemos y sus líos. Tan despistados como el PSOE y los suyos. Tan contradictorios como nosotros mismos, que estamos a dieta de lunes a viernes y nos pegamos unos homenaje los fines de semana que ni Terelu desencadenada, que nos quejamos de la invasión de nuestra intimidad y compartimos en las redes sociales hasta la última tontuna que se nos ocurre, que defendemos el comercio de barrio y nos hinchamos a comprar en Amazon, que presumimos de ser naturales y auténticos y subimos a Instagram unos selfies más retocados que una portada de la Preysler.

Lo decía Gore Vidal: "En verdad, la vida misma es una contradicción, aunque sólo sea porque en todos los casos el nacimiento es la causa directa de la muerte". Y Vidal sabía mucho de contradicciones: el escritor, que se definía como "perra caballero", se tiró a todo lo tirable mientras permanecía cincuenta y tres años junto a un hombre con el que nunca tuvo sexo. Si Gore Vidal pudiera ver los almendros en flor se le pondría cuerpo de primavera, y se le reventarían las costuras, y le estallaría el corazón. A mí me pasa cuando los veo. Aunque luego lleguen las heladas y los dejen desnudos. Aunque acaben esquizofrénicos, los pobres.


miércoles, 10 de febrero de 2016

LA ESCRIBIDORA

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES 9 DE FEBRERO DE 2016

“Eres una gran narradora”. Ése es el piropo que más le ha gustado a Isabel Preysler de todos los que le ha dicho Vargas Llosa. Ni estás más buena que el pan, ni tanta carne y yo en cuaresma, ni pisa fuerte morena que paga el ayuntamiento, no: eres una gran narradora. Y es verdad que lo es. Tan grande que lleva cuarenta años contándonos su vida en las revistas y aún no nos hemos cansado de leerla.

Pero Preysler no se levanta a las cuatro de la mañana para escribir como hace Murakami, ni mete los pies en un barreño de agua helada a la manera de Schiller, ni fuma para encontrar adjetivos como hacía Pla, que su lista de calificativos se limita fenomenal, ideal y estupendo. Tampoco cultiva el realismo visceral de Ulises Lima y su pandilla de detectives salvajes y ficticios, ni el realismo sucio de Raymond Carver, ni siquiera el realismo mágico de García Márquez. Isabel practica el “realismo ideal”, un movimiento literario basado en la retórica de la exclusiva donde todo es monísimo y finísimo, donde le das la vuelta a tu vida hasta que se convierte en lo que has soñado. En el realismo ideal (también llamado “realismo photoshop” por algunos críticos) no existen las arrugas, ni los michelines, ni la flacidez; no se compra en los chinos, no se secan las plantas, no te quedas sin batería en el móvil, no te quemas la lengua con el café, no se acaba tu serie favorita y no se termina el papel higiénico en el peor momento. En el realismo ideal cenas con el Príncipe de Gales, te pagan por lucir diamantes, meas colonia, eclipsas a las estrellas de cine en los Goya y das una lección de photocall a todas las actrices que se descoyuntan enseñando pierna y poniendo morritos.


El talento literario de Preysler no ha de sorprendernos: la filipina siempre se ha escrito a sí misma, viviendo del cuento mucho antes que el escritor peruano. Pero ahora que Isabel y Mario están juntos, convertidos en una pareja de literatos como Mary y Percy Shelley, Dashiell Hammett y Lillian Hellman o Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre, las influencias de uno en el otro comienzan a notarse: Mario ha declarado a la revista literaria ¡HOLA! que está fenomenal, en una etapa estupenda, muy bonita. Definitivamente, Vargas Llosa se ha adherido al idealrrealismo. Amárrame esos pavos.  



miércoles, 8 de julio de 2015

ELEGANTES


PUBLICADO EL 7 DE JULIO DE 2015 EN LA VERDAD

Afirman los entendidos en moda, ese extraño y heterogéneo grupo donde caben desde la nieta de una duquesa hasta tu cuñada la bloguera, que la elegancia es vestir adecuadamente en cada momento. O, lo que es lo mismo: no ir en chanclas por el ayuntamiento como si llegaras de bañarte en la Barceloneta, no asistir a una audiencia con el Rey llevando la bolsa de la piscina colgada al hombro o no dar los resultados del referéndum griego en camiseta, que a un plis estuvo Varoufakis de presentarse en elástica sport.

“ Si no puedes ser elegante, sé al menos extravagante”, decía Moschino. Carmen Alborch, excesiva, fallera y colorista, hizo suya esa máxima. Alborch decidió ser extravagante porque los brillos de su cara le impedían ser elegante, igual que a Tita Cervera, otra estrafalaria que parece siempre recién barnizada. Es lo que tenemos las señoras mediterráneas, que con estos calores no hay crema astringente que valga. “En el norte siempre fuéramos más elegantes”, dice mi suegra mientras resopla y se abanica. Normal: un veranos con rebequita por los hombros es mucho más fino que cuatro meses de enseñar los brazos como muslos. Pero, con los sofocos en los que vivimos por estas tierras menopaúsicas y con una humedad relativa más alta que la del trópico, a ver quién se enfunda una manga larga para tapar las mollas colganderas.

Carla Royo-Villanova, celebrity que veranea en Cabo de Palos y que sabe el drama que supone que se te rice el pelo nada más salir a dar una vuelta por el Paseo de la Barra, debería de escribir un manual acerca de “Cómo estar ideala cuando te suda el ala”, que hay que ser elegante en todas las situaciones. Incluso en las más duras: hace un par de años Isabel Preysler prologó un libro llamado “Un divorcio elegante o cómo desenamorarse con estilo». Por lo visto, levantarle el marido a las conocidas también es distinguido si se hace sin sudar, que Isabel es fina filipina. Pero el que tiene que estar sudando tinta ante el divorcio que se avecina es Vargas Llosa. Y, encima, sin nada que ponerse: los trajes del escritor, que ahora vive en los Apartamentos Eurobuilding (como Antonio Alcántara cuando se separó de Merche), se amontonan en la tintorería de su antiguo barrio porque no saben a quién llamar para que vayan a recogerlos. Otro drama veraniego.



Tita Cervera siempre brilla vaya donde vaya

miércoles, 17 de junio de 2015

ISABEL Y EL ESCRIBIDOR


PUBLICADO EN LA VERDAD EL 16 DE JUNIO DE 2015

Los columnistas invocamos últimamente el espíritu de Julio Camba y el de Francisco Umbral tanto como los madridistas el de Juanito. Y, en semanas como ésta, más aún, porque nadie retrató a Preysler mejor que Umbral. Cuando se casó con Boyer y se retiró del faranduleo, Umbral escribió: “Por lo que tiene de heroína de Balzac, de Stendhal, nunca de Flaubert, un poco de Marcel Proust -¿Odette?-, nos decepciona literariamente su actual felicidad de gente bien, de señora formal, de dama estable”. Pero, después de que su felicidad de señora formal acabara abruptamente tras la muerte de Miguel Boyer, Preysler ha vuelto a ser la heroína de una revista por entregas, demostrando una vez más que tiene rostro de cariátide pero alma (y cuerpo, ¡maldita sea!) de adolescente, que el bótox le ha helado el gesto pero no el sentimiento, y que su corazón palpita como una patata frita. Tras la grisura de las elecciones y los pactos, al fin un rayo de luz.

Isabel, dispuesta a recuperar su sitio mediático entre Adas, Manuelas y Susanas, ha plantado sus reales y se ha liado con Vargas Llosa. Y como Mario no estaba encima del armario sino dentro, separado sin separar, Preysler lo ha sacado a patadas del clóset, que dicen los finos: si la tía Julia, la primera mujer del peruano, escribió “Lo que Varguitas no dijo”, Patricia, la esposa que no sabía que era ex, podría escribir la segunda parte. De momento, se ha estrenado en el relato breve enviando un comunicado en el que afirma que ella y sus hijos están sorprendidos y muy apenados por las fotos aparecidas en una revista del corazón, ya que hace apenas una semana estuvieron celebrando su 50 aniversario de bodas. Las bodas han sido de oro, sí, pero del que cagó el moro.

Desgrasada en carnes, descumplida en años y enamorada de nuevo, Isabel ha subido otro escalón en la cadena alimentaria (los mismos que su amiga Carmen Martínez-Bordiú va descendiendo): primero un cantante, después un marqués, a continuación un ministro y, para rematar, un Premio Nobel. Sólo le falta alguien de la curia romana para haber pasado por todos los estamentos superiores. Y me da que, como se encuentre con monseñor Gänswein, el guapísimo, divino y humano secretario de Benedicto XVI y prefecto de la Casa Pontificia, tarda dos segundos el arzobispo en colgar su hábito de Prada. Que Dios te bendiga, Isabel.




Los Vargas Preysler ya han bendecido su unión por el rito holístico


miércoles, 5 de junio de 2013

Photoshop


PUBLICADO EL 4 DE JUNIO DE 2013 EN LA VERDAD

Ya no veo tres en un burro: cotilleando en el kiosco, no reconozco a las dos señoras que aparecen en la portada de ¡HOLA! Me pongo las gafas y sigo sin reconocerlas: ya está, tengo cataratas. “¿Qué miras, a la Prisly y a la Bordiú?”, me suelta la kiosquera. ¡Acabáramos, si son las ínclitas! Llevan las tías tal desenfoque gaussiano que el de retoque digital se tiene que haber hecho una lesión en el túnel carpiano: cuántas horas se habrá pasado la criatura borrando las patas de gallo, los surcos nasogenianos, las huellas de años de tomar el sol en yates y las arrugas que se te forman en el entrecejo cuando no te decides entre el Saint Laurent o el Dior. Total, para que luego llegue el redactor y les ponga de titular “Isabel y Carmen, las dos mujeres del momento”. Del momento de la formación de los Pirineos, supongo.

Y es que, aunque hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad, para servidora no han avanzado lo suficiente: tendrían que inventar un Photoshop real para quitarme la molla del brazo, que parezco un murciélago volador cuando le echo sal a la ensalada. O para deshacerme de la celulitis, que dice mi santo que tengo un culo como la luna, pero por los cráteres. O para darle a este país un retocazo y dejarlo nuevo, que ya lo apuntó Alfonso Guerra: “A España no la va a conocer ni la madre que la parió”. Guerra se equivocó en el sentido, pero no en la profecía, porque esta España nuestra ya no sé ni quién es de lo arrugá, lo vieja y lo triste que está. Le metía yo un tampón de clonar y dos filtros y la dejaba al pistón. Por cierto, Guerra está en plan folklórica haciendo bolos para presentar su libro de memorias, que después de verlo con Pablo Motos y las hormigas sólo le falta salir en “Qué tiempo tan feliz”, con la Campos y con los ex triunfitos cantando una versión regaettona de La Internacional, “Arriba los pobres del mundo, que tienen mucho flow”. Todo sea por vender, que las memorias de Bono ya han salido y las de Zapatero están en el horno. Pero Guerra tiene que refrescar el repertorio de chistes, porque lo de comparar a Aznar con Drácula se lo he oído ya tres veces. Y el pobre Drácula no tiene la culpa.

> Aquí, la prueba del delito, de que no hay que beber antes de retocar una foto, de que Benjamin Button existe y le gustan las lentejuelas o de que, en algún momento, estas señoras serán más jóvenes que sus hijas y habrá una fractura espacio-temporal que traerá el fin del mundo.


miércoles, 7 de noviembre de 2012

Mediana edad


PUBLICADO EL 6 DE NOVIEMBRE DE 2012 EN LA VERDAD

He cumplido 43 años. Cuarenta y tres. Cosecha del 69, toma castaña. “No te preocupes, que la vida empieza a los 40”, me dicen. “Sí, a ir cuesta abajo”, les digo, que ya me tengo que poner las gafas de cerca para escribir esta columna: más que Rosa Palo soy Rosa Marchita. Encima, en vez de cumplir los años el 2 de noviembre, como la Reina Sofía, y nacer marcada por la realeza, los cumplo al día siguiente, el mismo que Raquel Bollo, y claro, nazco marcada por el chonismo. Predestinación astral.

Por aquello de la coincidencia numérica (y porque estoy canina, que también) se me ocurrió hablar con Licor 43 para que patrocinara mi fiesta de cumpleaños, pero me dijeron que si no iba Tamara Falcó, ná de ná, que un photocall con mis cuñados no vende. Y Tamara no podía venir porque el mismo día se casaba su hermano Julio José (E.M., Exclusiva Mediante) en la finca de Carlos Falcó, así que al final el cumple lo solventé con una olla de michirones, que no son tan finos como los macarons pero que nunca fallan. ¡Ay, lo que hubiera dado yo por estar en esa boda! Total, camuflada entre el equipo de traductores licenciados en Comiuniqueisons que necesitaron los invitados para poder hablar entre ellos, ni se hubieran percatado. Pero al final el enlace quedó algo descafeinado, porque no hubo reencuentro entre Julio Iglesias y su hijo Enrique, ni tampoco asistió Carlos Falcó, por lo que no hubo fotón de Isabel Preysler con sus tres maridos (Iglesias, Falcó, Boyer) cogiéndola en volandas, a lo Norma Duval con sus bailarines. Y como también fallaron Miranda y sus niños, se deduce que mucho “Nos llevamos todos fenomenaaaal” y mucho enseñar la piñata a la cámara, pero a la hora de la verdad a Julio José le caben los invitados en una mesa plegable del Carrefour.

Lo cierto es que el árbol genealógico de la familia Iglesias-Preysler-Falcó-Boyer es más complejo que el de los Buendía de García Márquez, pero el hecho de que recuerde perfectamente los nacimientos, matrimonios y divorcios del clan pone de manifiesto una verdad incómoda: que soy una señora de mediana edad. Así que aquí estoy, a mis cuarenta y tres cumplidos, apuntalándome la papada con un boli BIC y esperando a que salga el ¡HOLA! para ver cómo gente que me lleva veinte años parece que tiene la mitad que yo. Maravillas de la técnica.