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miércoles, 18 de octubre de 2017

VEROÑO

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARETES 17 DE OCTUBRE DE 2017

Estoy del veroño hasta la rima. No sólo de la palabra (es la expresión más fea que he oído en español, después de "follamigos" y "fofisano"), sino también de la estación: a este paso, y con este calor, los villancicos serán la nueva canción del verano, y ambientaremos el belén en una playa de Benidorm. De la comida de Navidad, ni hablamos: va a convertirse en un drama sureño y sudoroso a lo Tennessee Williams donde un cuñado atormentado destapará secretos de familia mientras nos ponemos ciegos a gazpacho fresquito y a mojitos, que a ver quién es el guapo que se mete un cocido de pava con pelotas entre pecho y espalda con estas temperaturas.

Esto ya no es el caloret, esto es la cocina del infierno. España está seca y deshidratada, arrugaíca perdida, devastada y yerma, que si la lluvia en Sevilla es una pura maravilla, la lluvia en Almagro es un milagro. Y en el norte. Y en el sur. Que no llueve. Ni aquí, ni allí. Así están las cabezas, que no descarto yo que el calentamiento global sea el responsable del recalentamiento mental que estamos sufriendo últimamente, y que ya ha llegado hasta la comarca del Altiplano: leo en este periódico que, en unas agendas infantiles repartidas por varios colegios catalanes, se incluye a Yecla y a Jumilla ("Iecla" y "Jumela") en los Països Catalans. Acabáramos. A ver si la solución no va a ser política, sino climatológica.

Mientras tanto, Trump (otro con las meninges recalentadas) ha convertido a aquel primo de Rajoy que negaba el cambio climático en un activista de Greenpeace: el tío ha sacado a EE.UU. del Acuerdo de París, ha derogado el Plan de Energía Limpia de Barack Obama para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y sigue negando la evidencia tras los huracanes que han arrasado Norteamérica en los últimos meses. Y así vamos, apostando al desastre seguro. Al primo de Rajoy y al primo de Trump les mandaba yo al primo de Zumosol, y asunto resuelto. Pero no desesperen: si a mi proverbial mala suerte le añadimos el hecho de que tengo el mismo talento para acertar con los temas de las columnas que Mariah Carey para atinar con sus estilismos, escribo este texto convencida de que, cuando se publique hoy martes, habrá acabado el veroño y estará lloviendo a mares. Y, sobre todo, en Galicia. Ojalá.

miércoles, 8 de junio de 2016

VENTANAS ABIERTAS

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES 7 DE JUNIO DE 2016

Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana. Y cuando entra el calor, también. Literalmente: en una ardiente noche de junio, y mientras preparábamos los exámenes finales enjaulados en un piso de estudiantes sin aire acondicionado, asfixiados y sudando más que si viviéramos dentro de una obra de Tennessee Williams, el amor saltó por la ventana a través de los gemidos de la vecina. Que si ay, que si Dios mío, que si dale. La gata bajo el tejado de uralita caliente o cómo se puede colar una película porno entre parágrafo y parágrafo de Derecho Romano, que estabas tú con el interdictum de arboribus caedendis y, de repente, aquello se convertía en una orgía de Calígula. Extasiados, salimos todos a los balcones, a oír sin ver. Cuando terminó, el vecindario todavía estaba allí. Y aplaudiendo.


En verano, nuestras ciudades (la mía, la suya) se convierten en una olla exprés donde el calor sofocante reactiva la locura y la ansiedad, y las ventanas son las únicas murallas que separan sus instintos de los nuestros. Por eso, cuando se abren de par en par, entra el aire fresco y sale lo mejor de cada casa. Uno de mis vecinos se asoma al balcón cada tarde y grita “¡Viva Cartagena!” (me consta que no es Federico Trillo porque no grita “Viva Honduras”, ya esté aquí, en El Salvador o en Lo Poyo). Otro saca la tele al jardín para ver a Bertín Osborne con la fresca. La de al lado sube el volumen de la música ratonera a nivel Bershka, que siempre que entro en la tienda nunca sé si pedirle a la dependienta tres tallas más de camiseta o un vodka con tónica. La de más allá saca al Moranco que lleva dentro llamando a su hijo a gritos. Y la de más acá (servidora) invita a comer a ocho púberes que se pasan la siesta del domingo chillando y dando pelotazos. Es lo que tiene abrir las ventanas con la casa llena de adolescentes puestos de pizza barbacoa: que saltan los pequeños salvajes que llevan dentro. Y es lo que tiene abrir las ventanas en política: que salta un caso de corrupción cada vez que dejan una rendija abierta. Que Dios, Tennessee Williams y los tribunales los pillen confesados. Y, a mí, el presidente de la asociación de vecinos. Estoy a una fiesta de que me declaren persona non grata en el barrio.

miércoles, 8 de julio de 2015

ELEGANTES


PUBLICADO EL 7 DE JULIO DE 2015 EN LA VERDAD

Afirman los entendidos en moda, ese extraño y heterogéneo grupo donde caben desde la nieta de una duquesa hasta tu cuñada la bloguera, que la elegancia es vestir adecuadamente en cada momento. O, lo que es lo mismo: no ir en chanclas por el ayuntamiento como si llegaras de bañarte en la Barceloneta, no asistir a una audiencia con el Rey llevando la bolsa de la piscina colgada al hombro o no dar los resultados del referéndum griego en camiseta, que a un plis estuvo Varoufakis de presentarse en elástica sport.

“ Si no puedes ser elegante, sé al menos extravagante”, decía Moschino. Carmen Alborch, excesiva, fallera y colorista, hizo suya esa máxima. Alborch decidió ser extravagante porque los brillos de su cara le impedían ser elegante, igual que a Tita Cervera, otra estrafalaria que parece siempre recién barnizada. Es lo que tenemos las señoras mediterráneas, que con estos calores no hay crema astringente que valga. “En el norte siempre fuéramos más elegantes”, dice mi suegra mientras resopla y se abanica. Normal: un veranos con rebequita por los hombros es mucho más fino que cuatro meses de enseñar los brazos como muslos. Pero, con los sofocos en los que vivimos por estas tierras menopaúsicas y con una humedad relativa más alta que la del trópico, a ver quién se enfunda una manga larga para tapar las mollas colganderas.

Carla Royo-Villanova, celebrity que veranea en Cabo de Palos y que sabe el drama que supone que se te rice el pelo nada más salir a dar una vuelta por el Paseo de la Barra, debería de escribir un manual acerca de “Cómo estar ideala cuando te suda el ala”, que hay que ser elegante en todas las situaciones. Incluso en las más duras: hace un par de años Isabel Preysler prologó un libro llamado “Un divorcio elegante o cómo desenamorarse con estilo». Por lo visto, levantarle el marido a las conocidas también es distinguido si se hace sin sudar, que Isabel es fina filipina. Pero el que tiene que estar sudando tinta ante el divorcio que se avecina es Vargas Llosa. Y, encima, sin nada que ponerse: los trajes del escritor, que ahora vive en los Apartamentos Eurobuilding (como Antonio Alcántara cuando se separó de Merche), se amontonan en la tintorería de su antiguo barrio porque no saben a quién llamar para que vayan a recogerlos. Otro drama veraniego.



Tita Cervera siempre brilla vaya donde vaya