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miércoles, 8 de junio de 2016

VENTANAS ABIERTAS

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES 7 DE JUNIO DE 2016

Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana. Y cuando entra el calor, también. Literalmente: en una ardiente noche de junio, y mientras preparábamos los exámenes finales enjaulados en un piso de estudiantes sin aire acondicionado, asfixiados y sudando más que si viviéramos dentro de una obra de Tennessee Williams, el amor saltó por la ventana a través de los gemidos de la vecina. Que si ay, que si Dios mío, que si dale. La gata bajo el tejado de uralita caliente o cómo se puede colar una película porno entre parágrafo y parágrafo de Derecho Romano, que estabas tú con el interdictum de arboribus caedendis y, de repente, aquello se convertía en una orgía de Calígula. Extasiados, salimos todos a los balcones, a oír sin ver. Cuando terminó, el vecindario todavía estaba allí. Y aplaudiendo.


En verano, nuestras ciudades (la mía, la suya) se convierten en una olla exprés donde el calor sofocante reactiva la locura y la ansiedad, y las ventanas son las únicas murallas que separan sus instintos de los nuestros. Por eso, cuando se abren de par en par, entra el aire fresco y sale lo mejor de cada casa. Uno de mis vecinos se asoma al balcón cada tarde y grita “¡Viva Cartagena!” (me consta que no es Federico Trillo porque no grita “Viva Honduras”, ya esté aquí, en El Salvador o en Lo Poyo). Otro saca la tele al jardín para ver a Bertín Osborne con la fresca. La de al lado sube el volumen de la música ratonera a nivel Bershka, que siempre que entro en la tienda nunca sé si pedirle a la dependienta tres tallas más de camiseta o un vodka con tónica. La de más allá saca al Moranco que lleva dentro llamando a su hijo a gritos. Y la de más acá (servidora) invita a comer a ocho púberes que se pasan la siesta del domingo chillando y dando pelotazos. Es lo que tiene abrir las ventanas con la casa llena de adolescentes puestos de pizza barbacoa: que saltan los pequeños salvajes que llevan dentro. Y es lo que tiene abrir las ventanas en política: que salta un caso de corrupción cada vez que dejan una rendija abierta. Que Dios, Tennessee Williams y los tribunales los pillen confesados. Y, a mí, el presidente de la asociación de vecinos. Estoy a una fiesta de que me declaren persona non grata en el barrio.

miércoles, 1 de junio de 2016

OrgullOSA

PUBLICADO EL MARTES 31 DE MAYO DE 2016 EN LA VERDAD

En 1966, Truman Capote celebró la fiesta del siglo: un baile de máscaras en blanco y negro que tuvo lugar en el Hotel Plaza y al que acudieron aristócratas, políticos, millonarios, artistas y estrellas de cine. Era tal el nivel de los asistentes que el coreógrafo Jerome Robbins comentó: “Parecía que Truman había hecho una selección de los primeros que iban a ser abatidos por los Guardias Rojos en la próxima revolución”.

Doce años después, llegó Freddie Mercury y le arrebató el título a Capote de haber organizado el mejor sarao de todos los tiempos: con motivo de la salida de su disco “Jazz”, los Queen montaron una fiesta donde lo más suave era ver a enanos hermafroditas con bandejas de coca en la cabeza recibiendo a los invitados. “Empieza con un terremoto, y desde ahí hacia arriba”, decía Cecil B. De Mille. Empieza con un enano hermafrodita y desde ahí hacia un tío que le arranca la cabeza a mordiscos a pollos vivos, camareros desnudos, samoanas obesas que fuman por todos sus agujeros y servicios sexuales en los baños. El exceso macarra de Mercury vencía a la elegancia en blanco y negro de Capote, igual que la “Interviú” de Belén Esteban ganó en ventas a la de Marisol. Es el signo de los tiempos.


Pero a Mercury y a Capote se les hubieran bajado los humos como organizadores de las mejores jaranas del mundo si hubieran estado alguna vez en el Rocío con Carmina Ordóñez, capaz de reventar al Chuli, al Pai, al Cabra y hasta al mismísimo Pocholo. O si hubieran podido asistir a la traca final del Rendibú, el certamen artístico organizado por La Verdad. En la fiesta del Rendibú no hay enanos hermafroditas, pero ni falta que hace. Porque lo importante aquí no es el sarao (que también; qué despliegue y qué moderneo, que parecía que el oso del Rendibú había hecho una selección de los primeros que iban a ser abatidos por Bertín Osborne en la próxima involución), sino la apuesta arriesgada y decidida que hace un medio de comunicación por el arte: gracias a este periódico podemos disfrutar de lo mejor que se está haciendo ahora mismo en ilustración, literatura, música o cine. Tal cual. Por eso estoy orgullosa de ser una osa. Del Rendibú, claro. De serlo por mis patillas pantojiles, ya hablamos otro día. Y de la resaca que arrastro desde el viernes, también. Ahora, a hibernar.




LAS INVITACIONES AL BAILE DE TRUMAN CAPOTE Y AL RENDIBÚ. 
Y SÍ, LA DEL RENDIBÚ ES UNA MASCARILLA DE GEL, QUE HAY QUE MIMAR AL ARTISTA  ;)

miércoles, 28 de octubre de 2015

LOS MUERTOS


PUBLICADO EL MARTES 27 DE OCTUBRE DE 2015 EN LA VERDAD

Contaba Lola Flores que quería que embalsamaran su cuerpo y lo pusieran en el Teatro Calderón para que los mariquitas, que la querían mucho, pasaran a verla mientras decían "Ay, mira Lola, qué lástima, con lo graciosa que era". Yo, como Lola, también tengo mucho predicamento entre el colectivo mariquitongo (entre el de varones heterosexuales de buen ver no tengo ninguno), pero dudo que hagan cola delante de mi féretro.

Le habla Lolita de sus muertos a Bertín Osborne. Bertín, quién lo iba a decir, se ha convertido para Televisión Española en una suerte de Larry King con pelo de señorito andaluz. Aunque no ha estado casado tantas veces como el norteamericano, que contrajo matrimonio en siete ocasiones, seguro que le gana en cuanto a mujeres. Más de mil, salió en el “Poli de Luxe”. Por pura estadística, es más que probable que Bertín se haya tirado a alguna de sus invitadas, y que el tema salga a relucir entre fino y fino, que Bertín y sus entrevistados hablan de todo: de amores, de hijos, de trabajo, de dinero. Hablan hasta de los muertos. Porque los muertos son cicatrices que duelen siempre: unas veces el dolor te aflige como cuando la humedad te reconcome los huesos; otras te atraviesa como si te echaran sal en la herida. Pero si Lola Flores hubiera muerto ahora, sus seguidores, más que llorarla, se harían selfies con ella poniendo morritos con cara de tristeza. Y en estos días próximos a Todos los Santos y a esa tontuna de Halloween, en los que todo gira en torno a la muerte y los crisantemos están más caros que los percebes, me apuesto el nicho a que veremos selfies hechos entre tumbas. Hay más tontos vivos que muertos.

Si la Faraona quería morir entre lamentos de admiradores, la reina emérita prefiere que la entierren en los jardines de Zarzuela. Dice que el Panteón del Escorial es tétrico. Y más tétrico es aún que te tengan veinticinco años en el “pudridero de reyes”. “Pudridero” es una palabra feísima, casi tanto como “seborrea”. No me extraña que Doña Sofía pase ampliamente. A mí que no me lleven al pudridero de columnistas; en todo caso, al de folklóricas, con Sara Montiel echándole en cara a Marujita que le copiara los papeles, Marujita diciéndole a Sara que ella había sido la primera en liarse con un cubano y Lola descogurciándose de las dos mientras se echa un bingo. Seguro que es más divertido.


Documento gráfico de la gran @covanechi que demuestra el binguerismo de Lola Flores