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miércoles, 9 de marzo de 2016

TOMATE

PUBLICADO EN LA VERDAD EL 8 DE MARZO DE 2016

La española, cuando besa, es que besa de verdad. Y el español. El guiri no sé, que yo he sido siempre de consumir producto nacional; kilómetro cero, para ser exactos: lo más exótico que han catado estos labios que se han de comer una barrita de Biomanán fue un madrileño allá por el Pleistoceno, bajo el reinado de Tierno Galván. Y pare usted de contar.

Pablo Iglesias, en cambio, ha probado un beso catalán. Un “petó”. Y vaya si lo petó, que a Iglesias y a Domènech sólo les ha faltado ser portada del “Nuevo Vale”. Normal: dicen que en Podemos se folla mucho. Tanto como en Bolivia: a Evo Morales, que ya tiene dos hijos reconocidos de otras dos mujeres, le ha salido un tercero. “El presidente también ama”, justificaba en forma de bolero un alto funcionario del gobierno de Morales. Julio Iglesias, Luis Miguel, Pepe Navarro o Alberto de Mónaco también son hombres que amaban a las mujeres, hasta el punto de ir haciendo niños por ahí. Pero más le valdría quererlas menos y quererlas mejor, a ellas y a sus hijos: Manuel Díaz está hasta la taleguilla y ha anunciado que presentará una demanda de paternidad contra El Cordobés, aportando como prueba la saliva presente en una servilleta con la que Manuel Benítez se limpió la boca tras beber un vaso de agua y que un investigador privado recogió en el suelo de un bar. Leo la noticia y no sé si me parece más extraordinario que un tipo busque una servilleta entre huesos de aceitunas chuperreteaos o que El Cordobés beba agua: por su nivel habitual de exabruptos tiene que ser agua, sí, pero con misterio.


Con tantos hombres y mujeres amándose, tanto beso y tanta intervención de Iglesias bromeando sobre amoríos politiqueros, en el Parlamento hay más hormonas flotando que en el gimnasio de un instituto. Le dice Ana Rosa a Iglesias que en la transición también había mucho tomate, sobre todo entre políticos y periodistas. “Cuéntame esto, Ana Rosa”, le dice Pablo. “Eso, cuenta, cuenta”, le digo yo, que ya he empezado a hablarle a la tele. Ana Rosa, discreta, calla. Lo que no sabemos es si a esos periodistas se les aplicaba la regla enunciada por A. M. Rosenthal, mítico director del “New York Times”: “No me molesta que mis periodistas se acuesten con los elefantes, siempre que no cubran el circo”. Y circo vamos a tener esta legislatura. De tres pistas.

miércoles, 2 de marzo de 2016

INVESTIDURA

PUBLICADO EN LA VERDAD EL 1 DE MARZO DE 2016

Estoy mucho mejor vestida que desnuda: si hay que poner las cosas en su sitio, una bragafaja y un sostén constituyen un andamiaje oculto más sofisticado que la estructura de un edificio de Norman Foster; si no, un coso por encima y chimpún, que una buena capa todo lo tapa. Pero es que investida estoy aún mejor que vestida, que es conferirte un cargo importante y sentarte la ropa estupendamente. La ropa y lo que no es la ropa: Soraya Sáenz de Santamaría se arregló la paleta rota en cuanto saltó al terreno de juego, a Bono le salió un tupé de la noche a la mañana que ni con el crecepelo del Doctor Rosado, y Zaplana se operó la nariz por aquello del desvío del tabique nasal, un defecto que sólo tienen los que pueden pagarse una rinoplastia. A todos les favorece el poder menos a Pablo Iglesias que, a decir de Josie el estilista, se puso el smoking en los Goya y parecía un camarero del Costa Concordia.

Por eso Pedro Sánchez tiene ganas de ser investido Presidente, para deshacerse de su pinta de dependiente de planta de caballeros del Corte Inglés y convertirse en un hombre de estado, bien planchao y bien digno. Él se ve al lado de Felipe VI como un reflejo de Adolfo Suárez junto a Juan Carlos I: jóvenes, altos, buenos mozos, con esa guapura clasicona que les gusta a las abuelas, con hechuras para echarse un país a las espaldas. “¿Por qué la elección de Suárez?”, le preguntó José Luis de Vilallonga al Rey. “Porque era joven, moderno y suficientemente ambicioso como para desear ser el hombre capaz de afrontar los momentos que vivíamos”. Pedro se arroga esa descripción. Y se mola. Mogollón. Casi tanto como Albert Rivera. “El pacto de los guapos”, dicen de estos dos. “El Renacido” llama David Jiménez a Pedro Sánchez, dado por muerto antes de tiempo como el personaje de DiCaprio en la última película de González Iñárritu, “The Revenant”. Lo de “El Revenío” se ha quedado ya para Mariano Rajoy, que se le ha puesto una cara del Fary comiendo limones que pa qué. Si Bukowski afirmaba que “Es increíble lo que un hombre tiene que llegar a hacer sólo para poder comer, dormir y vestirse”, para investirse ni les cuento. Lo que sea. Total, para luego quedarte en pelotas en el Congreso. Invísteme despacio que tengo prisa.

miércoles, 27 de enero de 2016

CUESTIÓN DE PIEL

PUBLICADO EL MARTES 26 DE ENERO EN LA VERDAD

Desaparecidas Lina Morgan, Lola Flores, Sara Montiel, Marujita Díaz y Encarna Sánchez, miembras honorarias de la liga del visón, no queda nadie en el mundo capaz de ponerse un abrigo de piel con estas temperaturas. Excepto Cuqui Fierro, claro, que no va al Rastrillo sin echarse un zorro muerto a la chepa, y Ana Romero, periodista que le hizo a Pablo Iglesias una pregunta supuestamente incómoda a la que Iglesias respondió con un “Precioso abrigo de pieles el que trae usted”. Y chimpún: pregunta neutralizada. Que el abrigo fuera de piel de la buena o una imitación del Bershka es lo de menos (personalmente soy incapaz de distinguirlos, que en cuestión de piel estoy más pez que Carlos Floriano); lo importante es que, a partir de ese momento, la periodista deja de serlo para convertirse en una mandada de la casta.

La vieja y la nueva política son lo mismo: tú eres un piojoso porque llevas rastas y tú eres casta porque llevas pieles. De puta a puta taconazo, ese es el nivel. Sólo puedes cuestionar los planteamiento de la izquierda si vas con el flequillo cortado al hacha; sólo puedes poner en duda a la derecha si luces perlas a lo Carmen Polo. No me extraña que Felipe González esté cabreado con el tema, que una cosa es que los de Podemos traten al PSOE como un juguete roto y otra que se metan con los abrigos de piel: González es intimissimi de la peletera Elena Benarroch, y en su tienda vende las joyas diseñadas por él. Eso sí, pesan tantísimo que para lucirlas sin que te produzcan un esguince cervical tienes que tener el cuello de Fernando Alonso. Y bastantes perras, añado, que baratas no son. Pero a los políticos se les ha olvidado que la ética es lo fundamental de la estética, que decía Valle Inclán. También se les ha olvidado lo de la lealtad institucional, el espíritu de la transición y todo lo demás. Es lo que tiene creerse protagonistas de “Borgen” cuando, en realidad, están actuando en el episodio piloto de aquella serie en la que Ana Obregón interpretaba a la presidenta del gobierno. Cuatro capítulos duró el invento, probablemente más que cualquier pacto al que se llegue. En estos momentos hasta Ana Obregón me parece una opción. Aunque quizás el único acuerdo posible pase por proponer como presidente a un tipo con rastas y abrigo de visón.


miércoles, 10 de junio de 2015

Tortillita


PUBLICADO EN LA VERDAD EL 9 DE JUNIO DE 2015

Pablo Iglesias y Pedro Sánchez se van a comer y piden tortillita. Bono invita a su casa a Iglesias, Errejón y Zapatero, y prepara tortillita. Adolfo Suárez también era muy de tortilla; de poco comer y mucho fumar. Todo muy frugal y muy ligero, que esta nueva transición política se ha convertido en una transición léxico-gastronómica donde los aumentativos son sustituidos por los diminutivos: del chuletón y del vinazo a la tortillita y el pescadito. Se acabaron las comilonas a cargo del contribuyente con primero, segundo, postre, café, copa, puro y lo que surja, que nunca ha estado tan mal visto como ahora un político con barriga y con manchas de chuletón de Ávila en la corbata. En estos momentos, nuestros dirigentes están tan preocupados por la situación del país que no les entra ni la comida. Acabáramos.

Lo que no sabemos es si Pedro Sánchez, en sus reuniones con el líder de Podemos y entre bocado y bocado de tortillita, le ha hecho caso a Ortega Cano: “Viene un momento muy crucial en la vida política, y le digo (a Pedro Sánchez) que lo que haga lo haga con templanza, con serenidad, por el bien de España, lo que haga en este caso con los pactos de los partidos emergentes nuevos”, ha dicho el torero. Si a Boecio la cárcel le sirvió para escribir “De la consolación de la filosofía”, a Ortega Cano le ha servido para reconvertirse en analista político y renovarse en cuerpo, alma y tinte. Pero Ortega Cano dando consejos es como Kim Jong-un hablando de derechos humanos, Berlusconi abanderando el feminismo o Arias Cañete recomendando la dieta de la alcachofa: un despropósito. Los de Cartagena somos así, señoría.  

Ortega también ha debido de comer tortillita en la cárcel, que ha salido apolíneo y juncal. Ya sólo me falta que adelgacen Falete y Terelu y me quede sin musas para las columnas, que la tortillita es el nuevo negro y está marcando tendencia en toda España. En toda menos aquí, que nuestros políticos son más de morcón, longaniza seca, michirones y chato murciano. Y hoy, Día de la Región, con más motivo: lo celebrarán poniéndose hasta las trancas aunque aún no tengamos gobierno y vayamos como vaca sin cencerro. Quizás los líderes regionales sigan prefiriendo el cerdo a la tortilla porque, para hacerla, hay que romper los huevos. Y ninguno se atreve.

miércoles, 13 de mayo de 2015

RUBIAS AL PODER


PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES 12 DE MAYO DE 2015

Dice Cristina Cifuentes que ella se hace la cola desde que la nombraron delegada del Gobierno porque, como tenía muchas reuniones con policías y guardias civiles, necesitaba un peinado austero. Lo que necesitan los políticos es una vida austera, no un peinado. Pero por algo se empieza.

Cifuentes lleva la cola repelá, como si le hubiera lamido una vaca. La cola repelá proporciona empaque a las rubias de pelo largo, que no estaría bien visto que Cifuentes diera órdenes a la Benemérita con golpes de melena a lo Carmina Ordóñez. Aguirre, en cambio, lleva sin complejos su pelo liberal y pizpireto, que la lideresa es capaz de mandar a tomar viento a María santísima mientras intenta someter a un flequillo tan indómito como ella. Pero algo tienen las dos rubias en común: ambas se han hecho una blefaroplastia para operarse los párpados; Aguirre los de arriba y Cifuentes los de abajo. Que no digan que el PP no está abriendo los ojos.

Cifuentes se disputa con Pablo Iglesias la coleta como seña de identidad, y va a repartir coleteros azul PP durante la campaña. Pero Cifuentes ha olvidado que Carrie Bradshaw aseguraba en “Sexo en Nueva York” que sólo las no neoyorquinas llevan coletero. Es seña de identidad, sí, pero de pueblerina. Y Aguirre se lo recuerda, que ella no pierde comba: "Lo del coletero es una chorrada".

Hillary Clinton no lleva coleta, pero se ha aclarado el pelo para presentarse a las elecciones. El pelo y la piel: lifting integral, bótox, grasa en los pómulos y blefaroplastia (sí, también). Porque Hillary, aunque tenga la misma edad que Reagan cuando asumió la presidencia, es vieja para la política. Y ahí está la diferencia: las mujeres tienen que rajarse enteras para acceder al poder, mientras que los hombres pueden alcanzarlo manteniendo sus arrugas, sus calvicies y sus barrigas indecentes. Como mucho se operan después, cuando llega el abandono de la política activa y de sus santas esposas.

La única que se ha oscurecido el tono del cabello ha sido la reina Letizia. Es la seguridad que te da saber que ya no tienes que perseguir el poder porque estás en él. Y, por la misma razón, se ha cortado la melena. Escribe Boris Izaguirre que “Cuando una mujer se corta el pelo es porque algo serio acaba de pasar en su interior”. Yo creo que cuando una mujer se corta el pelo es porque ya no puede manejárselo.