lunes, 21 de marzo de 2011
Tuiterismo
Así que me he hecho una cuenta en twitter, pero sólo para seguir los pasos de una persona que me interesa por motivos profesionales: no, lo siento, no lo puedo decir; tendría que matarles si les revelara su nombre. Pero ahí tengo la cuenta: muerta de la risa, porque ¿qué escribe uno en twitter? ¿les cuento mi agitadísima vida paso a paso? -les recuerdo que los Goya son una vez al año, por desgracia, que yo viviría en un cóctel permanente con Hugo Silva a un lado y Alberto Ammán al otro y tirándome por encima canapés de cebolla con manzana-. A ver, podría tuitear desde el Pilates:
@Ebaezan
tengo tantas agujetas en los abductores que parece que me he enrollao con La Masa
O en lugar de llamar pequeño filonazi a mi entrenador por lo bajini mientras expulso el aire ("¡pubis en la nariz!, ¡pubis en la nariz!, "¡cierra costillas!, ¡cierra costillas!" ¿qué se cree? ¿que trabajo en el Circo del Sol?), mandarle un tuit a @enanocabron. Desde la cama, mentarle la familia a John Connolly porque El poder de las tinieblas no me deja dormir. O puedo ponerles al tanto del estado de mi colon tuiteando con mi iPhone o mi iPad desde mi iWater. ¿Creen que la irritabilidad de mi colon se puede convertir en un trending topic?
Es decir, usted ya no puede estar cómodamente en su casa viendo Spartacus sin tuitear todo el rato acerca de lo buenos que están los gladiadores, ni tiene sentido que servidora bloguee sobre los Oscar dos días después porque medio planeta (incluída la abuela de James Franco) ya ha dado sus opiniones sobre la gala en tiempo real. Y si usted no sigue al tonto l'haba de Charlie Sheen, que llegó a los 4.812 seguidores en 60 segundos, pues eso, que no es nadie.
Ahora bien: mida sus palabras o miles de flechas envenenadas en forma de tuits caerán sobre usted. El que se lleva la palma es Bisbal: ¿recuerdan que en plena crisis egipcia escribió aquello de "Nunca se han visto las pirámides de Egipto tan poco transitadas, ojalá que pronto acabe la revuelta"? Pues los cachondos de la red se despepitan diciendo que ha escrito "Nunca se han visto olas tan grandes en Japón, ojalá pueda ir pronto a hacer surf en las playas de Fukushima", y sí, cada vez que David Bisbal tuitea, muere un gatito (leído en el Facebook de Mule). Entre eso, lo de Alex de la Iglesia con los tuiteros y la caída de una campaña de Vigalondo para El País porque se le ocurrió comentar "Ahora que tengo más de cincuenta mil followers y cuatro vinos en el cuerpo, podré decir mi mensaje: ¡El Holocausto fue un montaje!", está claro que el twitter tiene más peligro que un barbero con hipo, ¡jarrlll! Si John Galliano llega a tener twitter no lo despiden, lo fusilan al amanecer. Y el último: Eduardo Casanova (Fidel en Aída) dice en su twitter: "Tres minutos después de ver Vida Loca, ya puedo decir (con mucho respeto) ¡fracaso!”, a lo que contesta Miguel Ángel Muñoz en el suyo: “¿Con mucho respeto? Lo que te queda por aprender sobre el respeto a los compañeros”. Ya ven, el twitter es la vida misma: una zancadilla a lo Eva Harrington por aquí, un comentario hecho cuando vas pedo por allá, otro hecho sin ir pedo aunque parezca que lo vas... lo que antes se quedaba entre las cuatro paredes de un bar llega ahora a todo el mundo en un máximo de 140 caracteres.
Y claro: ¿se imaginan lo que se puede tuitear viendo cosas como Casadas con Miami? Además de que el tuiteo me impediría concentrarme en la profundidad estética del miamismo, probablemente no ganaría para demandas. Tengan en cuenta que a mí lo que me gustaría realmente es un crossover entre Casadas con Miami y CSI para que un asesino en serie matara a las cinco tipas, así que calculen. Veo mucho en el papel de psicópata a Víctor Sandoval, asesinándolas porque Nacho Polo se ha enrollado con todas, y a Nacho Polo gritando perseguido por Horatio Caine (por cierto, ¿para cuando un politono con el grito de Nacho Polo?). Pero siguiendo mi línea de incoherencia habitual, es más que probable que un día me despepite y empiece a tuitear como una Bisbal cualquiera. Al tiempo.
martes, 1 de marzo de 2011
Crónica de sofá
No, no fui a los Oscar. Después de asistir a los Goya lo más lógico es que ustedes piensen que estaba en pleno jet-lag tras volver de L.A. Pero yo ya estoy muy mayor para vuelos transoceánicos y, ante la posibilidad de que me diera una trombosis en una pierna tras pasar 10 horas encogida en un asiento (además, al vestido aún no le han podido quitar las manchas de morcilla con manzana), preferí quedarme en casa y ver el resumen de Canal + (sí, también estoy mayor para estar todo el domingo por la noche en vela). Así que aquí va una crónica de sofá, negritas y cigarrillos.
That's the difference. ¿Cuál es la diferencia entre una mujer y una estrella? Que las mujeres sudan y las estrellas no: la danesa Susanne Bier, directora de In a better world subió a recoger su Oscar con unas manchas sobaqueras que ni Camacho en el Mundial de Corea. Pobretica: cada vez que se siente a ver el video en su sofá hecho con piezas de Lego se arrepentirá de no haberse puesto botox en las axilas.
A partir de una cierta edad, hay que ponerse una manguita. El famoso consejo de mi madrina llegó a oídos de Melissa Leo, Oscar a la Mejor Actriz de Reparto por The fighter, que afortunadamente llevaba una manguita para tapar La Molla. Y digo afortunadamente porque cuando le pidió a Kirk Douglas que le pellizcara, Mr. Douglas levantó al menos 3 cm de piel pellejúa del brazo de Leo. Sólo por darse cuenta de que si recogía el Oscar con un palabra de honor recordaría el vaivén de La Molla toda su vida, ya merece el premio.
Ellas envejecen (se operan) mejor. Y si no que se lo digan al citado Kirk Douglas (que da miedo) y a Warren Beatty (que da pavor). Las famosas yemas de los dedos de Beatty en las que Woody Allen quería reencarnarse deben de estar tan arrugadas que Grissom se tiene que volver loco cuando intente meter sus huellas dactilares en la base de datos.
Uoh uoh, las chonis, uoh uoh... No seré yo quien critique a Penélope Cruz por aparecer en los Oscar recién parida (imagínense, medio mundo examinándote para ver si estás hecha una vacaburra, si has recuperado el tipo, si aprovecharon la epidural para hacerte una liposucción....), pero para mí que iba pelín ordinaria (ah, pues sí que la critico, sí), al igual que Scarlett Johanson y Jennifer Lawrence, con el bañador de Pamela Anderson en versión extra-large. Si una es tan, tan guapa ¿para qué resaltar lo evidente? Claro que es una valoración meramente femenina; ante mi comentario de que Pe llevaba un look de poligonera puesta en cumplir, mi marido soltó un expresivo: "¡¡¡Qué va, qué dices!!!"
La veteranía es un grado. Afortunadamente nadie llegó al nivel de Karra Elejalde en los Goya; los mejores agradecimientos vinieron del más que veterano guionista de El discurso del rey, primer Oscar para su primera nominación ("Mi padre siempre dijo que tardaría en tener éxito") y de Randy Newman, dos Oscar y 20 ¡20! nominaciones ("En la comida de los nominados ya debería existir un plato llamado "pollo a lo Randy Newman"). El resto, lo de siempre: familia, amigos, representantes y productores, aunque la más agradecida fue Natalie Portman, que se acordó de cámaras, maquilladores, peluqueros... esta sí que sabe que a los que mejor que hay que tratar en un rodaje es a los que van a conseguir que aparezcas guapísima.
Y hablando de Natalie. Adoro a la Portman desde que la vi en León. El profesional. Ni el peinado ni el traje de Rodarte sacaban todo el partido posible a la belleza serena de la Portman, que diría ¡HOLA! Y, citando a Pumares (rescatado para Sálvame) "¿cómo puede una quedarse preñada ¡¡¡¡de su coreógrafo!!!!?"
Anne Hathaway. Ya saben que en casa consideramos Princesa por sorpresa (1 y 2) como una de las obras cumbres de ese subgénero norteamericano llamado "realezas centroeuropeas inventadas", y que idolatramos tanto a la Hathaway como a su enorme boca, así que un 10 para las dos. Estupenda la intervención de su madre el principio de la gala: "Anne, endereza tu espalda, que está ahí el señor Spielberg".
Christian Bale as Bárbara Rey en el Interviú del 75. Christian Bale, Oscar al Mejor Actor de Reparto por The fighter, todo de negro negrísimo, incluido el pelo, menos su barba pelirroja. En el aire dejo la pregunta.
Entourage. Viendo cómo las estrellas agradecen su premio a sus agentes no puedo evitar acordarme de El séquito (Entourage) todo el rato, el retrato más descarnado y machista de Hollywood que uno pueda imaginarse. Y lo que más me gusta de los actores norteamericanos es que, a pesar de lo melindres que son para unas cosas, no tienen reparos en reírse de ellos mismos: Aaron Sorkin, ganador del Oscar al Mejor Guión Adaptado por La red social y padre de las mejores series de televisión de la historia (El Ala Oeste de la Casa Blanca y Studio 60 on the Sunset Strip) es una aparición frecuente en la serie, al igual que Bob Saget y John Stamos, de Padres forzosos (¿recuerdan cuando las gemelas Olsen aún no tenían pinta de entrar en "Proyecto Hombre" fin de semana sí, fin de semana también?), que aparecen como dos estúpidos integrales, Michael Madsen, en una clínica de rehabilitación (como la vida misma), Scorsese, Gus Van Sant, Matt Damon... vamos, más cameos que en Torrente 4.
Colin, oh, Colin. Cuando vi a Colin Firth en Valmont, mi admiración por el también recién descubierto John Malcovich quedó reducida a cenizas. Y a pesar de que hay que estar muy, pero que muy orgullosos de la nominación a Bardem por un papel en español, en el fondo de mi corazón quería el Oscar para Colin Firth. Será por la influencia de Enyd Blyton y las galletas de jengibre, pero mi querencia por los británicos es visceral: Jude Law, Ewan Macgregor, Jeremy Irons... los australianos son más de aquí te pillo, aquí te mato (a ver si me mata un día Hugh Jackman), y los americanos... bueno, los americanos son eso, americanos. Pero donde esté Mr. Firth con su smoking de Tom Ford... hasta su mujer le hace juego, una italiana con un estilazo que pa qué.
Hooper, Tom. No sólo gana un Oscar antes de cumplir los 40, sino que anteriormente había dirigido la estupenda The Damned United, protagonizada por Michael Sheen, que se ha especializado en interpretar a Tony Blair (véase The Queen o Una relación especial), y la sexta temporada de Principal Sospechoso, la serie de Helen Mirren que no me canso de recomendar. Y eso lo explica todo.
La lista. En serio ¿para qué quieren que haga una lista de las mejor y las peor vestidas? Desde mi experiencia como asistenta (a entregas de premios, claro) les digo que es dificilísimo saber qué ponerse en una noche así, por lo que entiendo perfectamente las preocupaciones de mis compañeras. Maravillosos los modelazos que la Hathaway lució en la gala: entró con dos Valentino, el que llevaba puesto y el que llevaba colgado del brazo, y a continuación y por orden, Givenchy, Lanvin, Versace, Oscar de la Renta, Viviene Westwood, Armani Privé y Tom Ford (el sueño de Jorge Javier Vázquez hecho realidad, que quería presentar Sorpresa, Sorpresa para poder cambiar de vestuario tantas veces como la Gemio). Y el mejor, el fantástico y polémico Givenchy de Cate Blanchett.
Pues se acabó lo que se daba. Y les aviso: estoy estudiando inglés, a ver si mejoro ese peculiar acento que tengo entre Pedro Almodóvar y Chiquito de la Calzada (mi profesora dice que le suena a tejano, yo creo que es que no ha oído a Chiquito decir "A güán, a peich, agromenáuer"). Por si los Oscar.
martes, 15 de febrero de 2011
Engoyá viva
Viernes. Interior noche. Bar.
La gente no para de desearme suerte (¿¿¡¡por qué!!??). Empiezo a pensar que estoy nominada al Goya a la Petarda Revelación y no me he enterado.
Sábado. Interior noche. Casa de la ¿nominada?
Preparo la maleta, que consiste básicamente en dos bragas, dos camisetas y unos calcetines. El resto lo ocupa la sección de perfumería y cosmética de El Corte Inglés. Luis se queja de que no le cabe nada. "Lo siento", le digo. "Tú no vas a los Goya".
Domingo. Interior día. Coche del marido de la ¿nominada?
Reyes y yo no paramos de elucubrar acerca de qué nos deparará la noche, hablamos de los modelos, los maquillajes... Luis desiste en sus intentos de sacar otro tema de conversación. Hacemos una porra y nos apostamos la friolera de 5 euros.
Domingo. Exterior día. Frente al Teatro Real.
La gente se arremolina en los alrededores del Real: cámaras de televisión, aficionados... todos comentan algo sobre los Goya. Y yo pienso: "Sí, sí, pero vosotros no vais a entrar". Ya me conocen: son estas pequeñas mezquindades las que me mantienen viva.
Nos metemos en la Taberna del Real para picar algo. El camarero hace honor a la fama de mala follá que su gremio tiene en Madrid: nos mira como si fuera el ama de llaves de Rebeca, en esa mezcla única de desprecio y altanería que se traduce en "aunque les esté sirviendo, soy mucho mejor que ustedes, que son gilipollas por pagar un plato de queso a 16 euros". Y, después de ver los precios, creo que lleva razón. El camarero sólo emite sonidos guturales: para decirle a Reyes si quiere otra caña, le gruñe. Jurao. Nos devuelve un montón de calderilla; no sé si quiere que le dejemos veinte euros de propina por haber tenido la oportunidad de ver de cerca a un espécimen semejante. Dudo si dejárselos haciéndole la recomendación de que se los gaste en un buen logopeda. Al final, decido que siga conservando su propio lenguaje, que en esta España nuestra todos tenemos derecho a hablar como nos salga de la laringe.
Domingo. Interior día. Hotel.
Luis, inteligente, se larga para dejarnos solas en la sesión de chapa y pintura. Ante el espejo empiezo a arrepentirme de no haberme hecho una rinoplastia de urgencia y, una vez más, constato el hecho de que los hoteles siempre los diseñan los hombres: por una vez hay un espejo de aumento, pero ninguna luz sobre él que te permita retocarte las cejas en condiciones. Con el mismo pulso que el Marqués de Villaverde operando después de una farra (vamos, con un tembleque que pa qué) consigo que mi eye liner quede presentable. Me visto intentando que las carnes estén en su sitio: por fuera luzco ligera como una pluma; por dentro, soy el acorazado Potemkin. Las medias reductoras no reducen, sólo mueven las mollas de un sitio a otro. Oculto el pelo de la dehesa como puedo. Entra Reyes. "¡Qué guapa!", le digo. "¡Y tú!", me dice, que la muchacha es muy educada. Intentamos que nos quepa todo en nuestros mini bolsos (excuso decir que no lo conseguimos; me planteo si meterme los cuartos en la tetera; lo descarto ante la posibilidad de que las monedas se vayan a algún sitio que no deben).
Luis ha vuelto, bajamos al vestíbulo donde nos esperan Juan Diego, Ramón, Juan Antonio Porto con su Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en la solapa (¿he dicho ya que es el hombre al que más quiero en el mundo, verdad?) y Kike Aganzo, al que sólo conocía virtualmente y que me parece absolutamente encantador. Descubro que ir vestida de gala no es tan duro como parece, lo llevo hasta con dignidad.
Domingo. Exterior noche. Lluvia.
Descubro que la dignidad me dura hasta que salgo a la calle: ¡maldita lluvia, maldito Madrid! Los 500 m hasta el Real se me hacen eternos; una carrera de obstáculos para un vestido largo con tacones: charcos, socavones, resbaladizas calles cuesta abajo. Es una noche de lluvia en Madrid y sí tenemos sitio a dónde ir, pero ¡lo que cuesta llegar! Y, por supuesto, todas las puertas están cerradas. "No, por aquí no, tiene ustedes que ir por el lateral" Pero si no hace falta que se explique, jefe: ¿cómo voy a entrar yo por la misma puerta que Imanol Arias, que está aquí, al ladico mío? Primer ¡ay! de la noche.
Nos acercamos a la puerta principal. No veo nada, sólo oigo pitidos y consignas de los manifestantes. Jugamos a acertar quién está entrando en cada momento por los decibelios del griterío.
Domingo. Interior noche. Teatro Real.
Entramos por el lateral. "Espera, Juan Antonio, antes de subir vamos al hall". Bueno, al ¡¡¡¡jaaaaaarrlll!!!, porque así, nada más llegar y que recuerde: Pepe Sacristán que se choca con Reyes, Ana Álvarez (guapa no, lo siguiente), que estuvo en el FICC y a la que Reyes saluda, se preguntan por los hijos, ya saben, esas cosas que te hacen creer por un momento que tú perteneces a la misma tribu, Álvaro de Luna y su encantadora mujer, a los que Reyes también saluda (¡que sí, que somos de los vuestros!), Massiel, enanica, todo cabeza y tetas, Roque Baños ("Señor Baños, mucha suerte"), Alberto Iglesias, Albert Espinosa, Eduardo Campoy, director de la Academia de Cine (momentazo, es íntimo de Porto y nos lo presenta)... empiezo a hiperventilar.
Domingo. Interior noche. La gala.
Ocupamos nuestros asientos del anfiteatro. No veo una leche; compruebo que en las entradas aparece el diagnóstico de un oculista: visibilidad reducida. Me da lo mismo, yo hubiera visto la gala en directo aunque fuera colgada de una lámpara. Delante de nosotros se sienta Miriam Ocáriz; no la reconozco con el pelo largo. Por cierto, que Leonor Watling lleva un diseño suyo que no le favorece nada. Mientras, en la pantalla central vemos imágenes de la entrada; aparece Sinde junto a de la Iglesia: carcajadas entre el respetable ante la cara del dimitido Presidente. Me gusta mucho el Jesús del Pozo de Sinde.
Comienza la gala. Buenafuente se mueve por el escenario y mi vista empeora; paso de "reducida" a "nula". Dos pantallas en los laterales intentan curar mi ceguera momentánea, pero ni el doctor Barraquer ni ná, porque de vez en cuando se olvidan de emitir la señal. . Estoy sentada justo al lado de la mesa de control; por los pinganillos se oyen frases muy propias de los de realización de estos eventos tales como "me cago en la puta", "vaya una puta mierda" "pero ¿qué coño estáis haciendo?", "vamos, vamos, vamos, que se nos escapa" y sobre todo "¡a Maragall le suena el móvil, a Maragall le suena el móvil"!
Definitivamente, la gala se ve mejor en casa, con tu cigarrico, tus zapatillas y tu vodka con tónica. No sé dónde meter las piernas, me arrepiento de no haberme puesto el Tena Lady, hace calor y tengo hambre. Pero soy feliz.
Álex de la Iglesia suelta su discurso. Pocos aplausos en el Real; por cierto, tras la emisión de cada video por lo bajini se oyen aplausos pregrabados que se mezclan con los del público.
Porto se emociona al ver las imágenes de los compañeros que ya no están, también durante el discurso de Mario Camus, Goya de Honor y gran amigo suyo (han trabajado juntos en diversas ocasiones). Se ríe al ver a Sinde ("Salió en mi primera película - Boris- ¡con 45 días! Su padre la llevó al rodaje sin que lo supiera su madre") y nos ameniza la gala con comentarios jugosísimos e irreproducibles. Desde aquí propongo a Porto como tertuliano para el Sálvame Diario; va a dejar en mantillas a Charo Vega.
El personal comienza a aburrirse y se dedica a mandar mensajes. Yo no tengo casi cobertura.
Sale Juanjo Puigcorbé con Rosa María Sardá. Temo por la vida de Emilio Aragón, que está en la platea a puñetazo y medio de Puigcorbé.
Termina la gala. Quiero verla en mi casa a ver si me entero de algo. Reyes ha ganado la porra.
Domingo. Interior noche. El cóctel.
¡Al fin, un aseo! Restauradas y con 500 ml menos de líquidos, bajamos a la segunda planta. La hiperventilación pasa a ser fibrilación. "¡No proceso, Reyes, no proceso!" es la frase de la noche; soy incapaz de acumular tanta información mientras escaneo la sala: a mi derecha Antonio de la Torre, y de ahí y en ángulo de 180º Alberto Ammann, Hugo Silva, Icíar Bollaín, Paul Laverty, Carlos Santos, Laia Marull, Marina Gatell, Lucía Etxebarría con el acompañante más estiloso de la noche, María Luisa San José, Isabel Prinz, Dafne Fernández, Xabier Elorriaga (altísimo), María Comas, la niña ganadora del Goya por Pa negre... ¡y Yola Berrocal! (mira por dónde, no soy la única impostora) Y (otra exclamación) ¡un tío en chándal! que no era Óscar Jaenada.
Me da miedo sacar la cámara y avergonzar a Porto; el pobre no entiende que estemos tan emocionadas. "¡Pero si son gente normal, coño!", me dice todo el rato. Hombre, lo de Ammann no es normal, señor Porto. Y lo de Hugo Silva, tampoco.
Anda, pero si conozco a alguien: Pablo Blanco, montador y productor que ha estado en el FICC este año. Lo saludo dándome el pisto. Manolo Zarzo se nos presenta presumiendo de segunda esposa: Zarzo tiene 78 años y su mujer (morena, alta, guapetona) rondará los cuarenta (aquí pisto nos damos más de uno). Me giro: Trueba ve a Juan Antonio Porto y se para a hablar con él ("ha sido alumno mío", nos dice después Porto). Me muero.
La comida no aparece por ninguna parte y servidora ya se ha echado tres cervezas al estómago vacío. Ya sé que dedicarse al cine y pasar hambre es la misma cosa, pero se están torrando. Aparece un camarero: "Por favor, pasen al salón Goya donde estamos sirviendo unos aperitivos". Y en el salón Goya: Trueba charlando con Mariscal (Goya al Mejor Largo de Animación por Chico y Rita), Leire Pajín (de esta muchacha no digo nada, sólo aporto el enlace del Facebook y el comentario de Reyes acerca de sus zapatos rojos) y Pasqual Maragall. Nos ponemos de cháchara con el productor de Bicicleta, cuchara, manzana (Goya al Mejor Documental), encantador, que nos hace una foto con Mariscal. Reyes, al quite: "Hemos puesto su película en el FICC".
Tengo el Goya a dos centímetros: en tres segundos ideo un plan perfecto para robarlo; en dos, lo desecho. Efectivamente, no me cabe en el bolso. A los próximos Goya voy con un shopping bag y que le den por saco al estilismo.
Otro momentazo: aparece ¡Fernando Chinarro! Sí, sí, el Señor Chinarro de "Los payasos de la tele". Me abalanzo hacia él para hacernos una foto ("lo de la fama de este hombre es increíble", afirma su acompañante, que por lo visto no sabe que es el ídolo de una generación) mientras que por el rabillo del ojo miro por si aparece Puigcorbé persiguiendo a Emilio Aragón y, con Chinarro, ya tenemos el episodio de hoy.
Tras el chinarrazo me tiro a por los canapés, mejor dicho, me tiro los canapés: una masa de morcilla con manzana cae sobre mi vestido. Con un donaire entre Santurce y Bilbao, me arremango la falda luciendo las pantorrillas. Reyes ya no puede comerse ni un petit four más, Porto comienza a dar señales de cansancio y decidimos que es el momento de irnos. Todavía nos da tiempo a que Porto ayude a Carmen Alborch a ponerse el abrigo.
En la puerta, Lola Dueñas pide un taxi. "¡Lola, Lola!" "Ay, que te he quitao el taxi!" "Que no, que sólo quería decirte que te adoro" "¡Qué bonica, dame dos besos!" Muac, muac. "Pero ¿seguro que no quieres el taxi?" "Que no, Lola, gracias" "Pues nada, hasta luego. A la Plaza de Santa Ana, por favor". Y ahí perdí la oportunidad de colarme en un fiestón, porque un "Lola, compartimos taxi" hubiera quedado estupendo, pero mi falta de reflejos es antológica. Veo a Lola Dueñas de cerca y la cámara no le hace justicia, es muy bonica. No se me va de la cabeza la imagen de María Navarro. Los misterios de la genética.
Porto se va y nos deja felices, un poco piripis (yo me despido hasta de los técnicos del Teatro Real), y volvemos andandico al hotel.
Domingo. Interior noche. El hotel.
Luis duerme como un bendito. En plena euforia goyesca y sin nadie con quien comentar la jugada, me dedico a enviar mensajes.
Lunes. Exterior día. El retonno.
Llamo a Telefónica para que me prohíba mandar mensajes a partir de las tres de la mañana. Nos entonamos con un chocolate con churros, y al ladico del hotel me encuentro con Escaleto (esto es sólo para los fans irredentos de "Sálvame"; ellos sabrán quién es). Va por la calle en la que vive J. J. Vázquez; lo mismo va a despertarlo con unos croissants rellenos de Obegrass y las audiencias del De Luxe.
Pasamos a ver a Sonia un momento antes de irnos (un beso, guapa). En el coche, llamadas y más llamadas: "¿Qué taaallll?". "¡Fenomenaaaalll!". Me llama Porto: "Oye, que ayer no me acosté hasta que me acordé del título de la película de Camus. Era La vieja música, que lo comprobé en los libros". Me suena raro lo de "lo comprobé en los libros"; ni Wikipedia ni leches, "los libros". Qué rápido nos acostumbramos a lo nuevo, porque mi Larousse ilustrada duerme el sueño de los justos en una estantería.
En casa, y en pleno proceso de desgoyización acelerado por un "¡Mamá, hazme la cena!", leo que Álex de la Iglesia ya está rodando a esa misma hora en Cartagena. Lo de este tío es increíble. Igual que lo mío: he estado en el 25 aniversario de los Goya. Pellízquenme.
jueves, 10 de febrero de 2011
Me voy a los Goya
Lo segundo que me dicen: quieren que
- me haga muchas fotos para ver el modelo
- me haga muchas fotos con actores famosos
- les pida autógrafos
- twittee la gala
- les mande un SMS diciéndoles dónde estoy sentada (¿¡!?)
- les salude (¿¿¡¡??!!)
todo ello subida a unos tacones de vértigo, cuando no saben que voy a concentrar la poca energía que me queda en no meterme un goyón subiendo las escaleras del Teatro Real. Porque ¿les he dicho que este año los Goya son en el Real? Tenemos una suerte de mil demonios: marco incomparable, movidón en la Academia, manifestantes en la puerta contra la ley Sinde... ¿qué más se puede pedir? Y, en medio de todo ello, servidora al más puro estilo Paco Martínez Soria en La ciudad no es para mí. Menos mal que voy acompañada de nuestro hombre en la Academia, Juan Antonio Porto, del cual ya les hablé en A dos grados Porto de Clint Eastwood, el hombre al que más quiero en el mundo en estos momentos con permiso de mi santo esposo, y de mi Reyes de mi alma que, además de llevar 30 años de festivales en la cabeza, lo mismo se toma un gintonic con Gemma Cuervo que se mete en un submarino con José Luis Garci.
Nos advierte Porto que, una vez que nos sentemos, ya no se sale ni al cuarto de baño. Estoy pensando seriamente en sondarme y no ingerir líquidos hasta el lunes por la mañana, en una terapia radicalmente conductista destinada a acabar con mi eneuresis maduril. Y como estará por allí Concha Velasco, siempre puedo pedirle un Tena Lady, que seguro que lleva en el bolso. Si le cabe, claro, porque ¿me pueden explicar ustedes cómo quieren que meta el tabaco, el móvil, el dinero, los Smint, la nariz roja de payaso, la Moleskine y el brillo de labios en un bolsico apropiado para la mujer de David el Gnomo? O para Lara Rodríguez, que viene a ser lo mismo.
Así que entre mis intentos de no parecerme a Belén Esteban cabalgando sobre sus FURIEZZA ("Para una mujer elegante, sofisticada y pasional que busca el éxito en los eventos a los que acude", reza su línea de FIESTA, ¡si es que nos definen perfectamente a las dos, qué ojo clínico!), encontrar el bolso perfecto, no babear delante de los famosos, sobrevivir al abrazo de boa constrictor que supone llevar un sujetador con la espalda baja, estar constantemente de frente ("de perfil pareces una gitana preñá", me suelta mi santo, "pues tendrás que andar como una egipcia", replica Juan Diego) y, sobre todo, que no descubran que soy una impostora (tengo la sensación de que todo el mundo se va a preguntar "¿pero qué hace esta tía aquí?"), estoy engoyá perdía. Pero eso sí, más feliz que un chambi, agradecida y emocionada, igualica que Lina Morgan. Y ustedes, por si acaso, pongan una velica a San Luis García Berlanga para que no me caiga, que me veo con los piños clavaos en la alfombra roja.
Voy a entrar en la web de Louis Vuitton a ver si tienen sondas de fiesta. Les cuento la semana que viene. Felices Goya.
jueves, 20 de enero de 2011
Rebajas, saldi, sales, solde
- si está el color, no está la talla
- si está la talla, no está el color
- si están el color y la talla, no está rebajado: es avance de temporada (arg!).
Al final, te compras algo por eso, por comprarte algo. En rebajas tendrían que cambiar los nombres de las prendas: el little black dress se llamaría "el vestido que me está un poco justo, pero esta barriga la pierdo yo en dos semanas cenando fruta" y los stilettos "estos zapatos que me machacan el dedo pequeño, pero los llevo a la horma y ya está". Sí, es cierto: todo es fondo de armario porque se queda ahí, en el fondo, y nunca sale. Tengo una línea completa denominada "Me lo compro por si tengo algo", y luego el algo es en verano y ahí estás tú, mirando el vestido de lana y rezando para que las comuniones se hagan en febrero. Un desastre.
¿Y las tiendas? En Adolfo Domínguez parece que haya entrado Carmen Lomana puesta de anfetaminas hasta el Rólex, y en Zara que Amancio Ortega le haya encargado la redecoración de la franquicia al demonio de Tasmania. Y una cola (perdón, fila, que no estaba Nacho Vidal) para pagar que parece que lo regalan.
En fin, que todos estamos de rebajas: ¿o es que a usted no le han rebajado el sueldo? Excepto si es usted ex-presidente del Gobierno, que entonces tiene sueldos (y varios) de plena temporada. Otra cosa es la rebaja moral, claro, pero ahí un presidente actual le gana a los ex: La Cosa entró en L'Infedele, un programa de televisión donde se hablaba del caso Ruby (y no precisamente para glosar el gusto de La Cosa por las menores de edad), y dijo todo tipo de lindezas. Iva Zanicchi se quedó solica defendiéndole (está estupenda, pero se podía haber quedado cantando La orilla blanca, la orilla negra en lugar de apuntarse al Partido de la Libertad, que tiene guasa el nombre) mientras que La Cosa era puro pantojismo: le faltó soltar aquello de "¡¡ESTOY CANSADA DE LA FAMILIA RIVERA!!". Y no me extraña, porque hasta servidora está cansada de la familia Rivera: que si Charo Vega habla del affaire Fran-Lolita y del "refreguetón" Canales Rivera-Lolita (Lolita convertida en el ídolo de una generación, en una cougar con bata de cola, en nuestra Demi Moore nacional ¡quién lo iba a decir!), que si el refregueteado Canales pone a caldo a Fran, que si el tío Antonio pone a caldo a Canales, que si ahora Fran entra en "Sálvame", que si Canales se mosquea y se va... parecen la tribu de los Brady a punto de un exorcismo. ¿Ven? Los Rivera se rebajan. De nuevo.
Una familia que no se rebaja, sino que aumenta (y que también me tiene hasta la peineta) es la Bardem Cruz, ya que fueron padres de un niño el sábado. Del niño aún no ha trascendido el nombre (Óscar le iría de perlas), pero el parto ha sido haute couture, en el Cedars-Sinai de Beverly Hills, del que salen ya los niños con el book bajo el brazo y las madres liposuccionadas. Portada de ¡HOLA!: "Las fotografías exclusivas de los momentos más emotivos vividos en el hospital de Los Ángeles". Digo yo que serán igual de exclusivas y de emotivas que las que hicieron cuando tuve a mi hijo: la sala de espera parecía la boda de Farruquito. "¿Has llamado a tus hermanos?", "¡Yo he llamado a tus sobrinos! (catorce)", "¡Pero si no cabe nadie más!", "Pues vamos a comer algo, que esto va pa largo". Y yo allí, con los dolorerls, que diría Chiquito. Así que si ¡HOLA! hubiera hecho fotos de mi parto, hubieran aparecido treinta personas comiendo pizza en la puerta del hospital. Todo finísimo, oiga.
Felices rebajas.
lunes, 27 de diciembre de 2010
Descubrimiento
Estos días que, por motivos laborales he tenido que leer la sección de local y la de nacional (no me prejuzguen, leo todos los días el periódico, pero como empiezo por el final siempre me quedo en las páginas de cultura y sociedad; el trayecto del autobús no da más de sí) me he quedado muerta. Pero claro, la cosa sigue sin cuadrarme: si a un chorizo como Rodríguez Menéndez le pagan un pastizal por echar espumarajos por la boca que le habrá dado para llenar la Pampa de ositos de peluche, y si Genoveva Casanova lleva un dineral en abrigos de piel para recoger el Nobel (ay, no, que no se lo han dado a ella, sino a su suegro, pero me ha costado leer el artículo tres veces para enterarme: 21 fotos de Genoveva + portada frenta a 8 de Vargas Llosa), la cosa va bien. Y sí, es verdad, la cosa va bien para los mismos.
Intento encontrar el reflejo de la crisis en mis lecturas de cabecera: nada. A tenor de las portadas, el sector inmobiliario está más boyante que nunca: en ¡HOLA! Naty Abascal muestra su casa de Madrid, y en LECTURAS Belén nos enseña su chalé de Paracuellos en una EXCLUSIVA ABSOLUTA (me inquieta el término EXCLUSIVA ABSOLUTA. ¿Habrá una EXCLUSIVA RELATIVA? ¿Será ese el relativismo moral del que tanto habla el Papa?).
Lo cierto es que el chalé parece sacado de un catálogo de El Corte Inglés, adornado con esos detalles personales que crean hogar: un cuadro de punto de cruz donde pone "¡ARRIBA LA ESTEBAN!", regalo de una fan -estilo Kathy Bates en Misery, deduzco-; un cenicero con su foto y la de Fran, recuerdo de EXCURSIONES MARÍTIMAS; una copa con su nombre y el logo del programa "SUPERVIVIENTES" (¿por qué se la regalaron si no dejó ir a Fran?), y un precioso cuadro con los blasones de los apellidos Esteban y Álvarez.
De la casa de Naty, sólo un detalle: las flores las compra personalmente. ¿Puedo deducir de esta frase que hay crisis? ¿En tiempos de bonanza las flores se las habría mandado personalmente el Padre Mundina? Es una interpretación arriesgada, pero posible.
Pues así he vivido las últimas semanas, sumida en la más terrible confusión, empezando los periódicos por la primera página y llenándome los ojos de crisis, paro, cierres, manifestaciones, recortes salariales y subvenciones denegadas, y terminándolos con bodas en las Bahamas. Mi no comprender. La única solución posible para sobrellevar esta Navidad trágica es comprarse el DVD de Felipe y Letizia, la mejor serie de humor de los últimos años, y verla en bucle, con sus majestades versioneando a Los Roper y, como dice Rosa Belmonte, con ese rey calzándose gorras de almirante que le sentaban como a Luis Aguilé la suya en el videoclip Nadie me quita mis vacaciones en Castellón. Luego pueden jugar en casa a imitar el acento austrohúngaro de Marisa Paredes.
Pero no se preocupen, que cada vez nos ponen más fácil no enterarnos de nada: ayer se acabaron las emisiones de CNN+ y las sustituyeron por GRAN HERMANO 24 h. ¿Está pasando? Pues ya no lo estás viendo. San Paolo Vasile de Nuestra Santísima Inconsciencia vela por nosotros. Amén.
Y, lo peor de todo: ¿se han dado cuenta ustedes de que han podido sobrevivir todas estas semanas sin mis artículos? Eso sí que me da miedo.
lunes, 27 de septiembre de 2010
Belén still here
Sólo el título ya da para un injerto genealógico que revolucionaría las monarquías europeas: si Belén es La Princesa del Pueblo, entonces ¿Andreíta es la Infanta? ¿Fran es el consorte, Duque del Rasca? ¿Y Jesulín de Ubrique, qué lugar ocupa? ¿El de Jaime de Marichalar? (qué me gustaría a mí ver a Jesulín con los looks que gasta Marichalar, con el chándal de torear vaquillas customizado por Lacroix). Y el Defensor del Menor ¿es un mero instrumento en manos de los campanaristas partidarios de Julia I de Ambiciones que no quieren que la Infanta Andreíta suba al trono como Andrea I del Pollo? ¿Es Pepa Jiménez republicana?
El anunciadísimo documental resultó un pestiño hagiográfico de proporciones monumentales. Belén comparada con Evita Perón, Lady Di y una revisión en paralelo de Cristal traidica por los pelos (teñidos): ¿se acuerdan de Cristal? ¡Qué sobremesas de café, galletas y despiporre nos metíamos! Eso sí, mucho trabajo de documentación para encontrar la escena en la que Belén se baja del coche ¿igual? que Diana de Gales. Pero sobre sus novios noctámbulos Dany Dj y Óscar Lozano, el Pepagate, sus líos con los Janeiro... ni miajita. Parece ser que habrá una segunda parte que contendrá todos estos temas espinosos obviados en la primera entrega. Se llamará El asedio a la princesa: las guerras janeiras.
Y van y montan una premiere en los cines Palafox. Y llega la estrella, se baja de la limusina y se lía la de Dios. Lo que no se entiende es que hayan pagado un pastón para traer a Julia Roberts, la Novia de América, a recoger el Donostia cuando aquí al ladico, en San Blas, tenían a la Princesa del Pueblo. Que princesa es más que novia, y que ya son ganas de gastar cuartos en aviones para peluqueros y maquilladoras cuando nuestra Belén se arregla con los de Tele 5 de toda la vida.
Pero no, Belén no se merece el Donostia, se merece el Oscar directamente. Porque aún nadie se ha percatado de que el documental sobre la vida de Belén Esteban es un falso documental: Belén Esteban es como Joaquin Phoenix, que teóricamente ha estado los dos últimos años de su vida alejado del cine y viviendo como una supuesta estrella del hip-hop para poder rodar I'm still here, presentado en Venecia como un documental sobre los desvaríos de Phoenix cuando era una película de ficción. Pues nuestra Belén, lo mismo: en realidad es catedrática de Derecho Constitucional, habla seis idiomas incluido el kurdo y se ha licenciado en interpretación por la escuela de Cristina Rota, pero desde que nació, en un alarde de llevar el método hasta sus últimas consecuencias, se ha estado preparando para su papel en La princesa del pueblo. Descubierto el fake, tal vez en un próximo De Luxe Belén aparezca con su verdadera personalidad, se despida de su acento y de comer chicle con la boca abierta y ya sólo quiera salir en Redes hablando sobre el pensamiento científico de Hawking. Y evidentemente, tras la encuesta realizada en la que queda como tercera fuerza política del país, se presentará a las elecciones por el ¡A.L.E.! (¡Arriba La Esteban!) y nos dejará a todos muertecicos del tó cuando ella sola, solica, de con la receta para sacarnos de la crisis gracias a sus conocimientos macroeconómicos adquiridos durante su estancia en Harvard, cuando todos nos pensábamos que estaba de crucero con Fran visitando Dubrovnik ("la perla del Antártico", que dijo para despistar). Pero me temo que, descubierto el tomate, la gente no la votará, que los españoles somos muy nuestros y no consentiremos que alguien tan preparado llegue al poder.
Dicho esto, servidora es belenista de toda la vida. Y por eso, y sólo por eso, me permito el lujo de escribir sobre su Alteza No Serenísima. Que para escribir un artículo con fundamento habría que pedir créditos acerca de los Salsa Rosa, AR, Sálvames y Sálvames De Luxe que se ha tragado una, que luego llega un listo al que su suegra le ha contado cuatro cosas y se marca un sesudo articulín criticando a la Princesa y a su Camelot particular. Así que ojito. Dios salve a la princesa.