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miércoles, 3 de julio de 2019

POLLO A LA CERVEZA

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES 2 DE JULIO DE 2019
También es coincidencia: a la Esteban le hackean el móvil el día de su boda, y a mí me hackean el mío al día siguiente. Que yo no digo nada, pero que es mucha casualidad. Que a ver si es que voy a ser famosa, y yo sin enterarme. Famosa anónima, un nuevo concepto. Y famosa cutre, como mi hackeo: han utilizado mis cuentas en las redes para hacer publicidad de marcas rebajadas. Pero por algo se empieza, oiga, que de aquí a nada me veo mis WhatsApp analizados en "Sálvame". Se van a quedar muertos con mis escandalosas listas de sustantivos: amoniaco, agua, yogures. Con mis perturbadoras fotos de mis paseos en bicicleta por Lo Poyo. Y con mis amenazadores mensajes: "¡¡¡Tío, no quedan cervezas en el frigo!!!" será interpretado por Kiko Hernández como el evidente inicio de una crisis matrimonial. Al tiempo.
Cuando era pequeña tuve un diario. Era pequeñito, cerrado con un candado. Escribí dos páginas con una letra redonda y clara, hasta que al tercer día perdí la llave y no pude volver a abrirlo. Ahora ya no hace falta escribir diarios porque tu vida está en tu móvil: lo que lees, lo que ves, lo que oyes, lo que te llena el espíritu y la nevera. Pero hasta las señoras insulsas que llevamos una existencia desnatada, inane y monjil, tenemos derecho a la privacidad. La vida que queremos que se vea ya la exhibimos en las redes, mientras que la otra intentamos mantenerla oculta, fuera de campo, en ese difícil equilibrio entre el ser y el parecer. El caso es que, por mucho candado que le echemos a nuestro teléfono, nos pillan la llave y nos dejan en bragas. A mí metafóricamente, porque de la otra forma ni de coña. Ya les digo: pudibunda que es una.
Lo único que me importa de que me hackeen el móvil es que descubran mi peso. Lo apunto los lunes, cuando me subo a la báscula con la vana esperanza de empezar la semana con cien gramos menos. Y nada, que no adelgazo ni a tiros, pero es que con este calor a ver quién no se mete un quinto fresquito entre pecho caído y espalda sudada. Siempre que haya cervezas en el frigorífico, claro. "¡¡¡Tía, pues haberlas metido tú!!!", me ha contestado mi santo. Al final, Kiko Hernández va a tener razón. A éste le monto yo el pollo. A la cerveza.   

miércoles, 26 de junio de 2019

DÍAS DE BODA

PUBLICADO EL MARTES 25 DE JUNIO DE 2019 EN LA VERDAD

Qué me gusta a mí una boda. Y un canapé. Y un sarao con barra libre: dadme un vodka con tónica y moveré el mundo. Y el esqueleto, que una es bailonga por afición, por devoción y por Raffaella Carrá. Las bodas son especialmente disfrutables, sobre todo para los invitados. Lo de los novios es otro cantar: viendo los enlaces de estas últimas semanas, agradezco haberme casado en el siglo pasado, en una época donde bastaba un convite medio en condiciones, un cartón de Marlboro para repartir entre los asistentes y un tío con un pinfanillo para amenizar la fiesta. Si me tengo que casar ahora, me dan las siete plagas: poco menos que tienes que llamar a la Fura dels Baus para que te organice la fiesta. O al Circo Ringling. Cierto es que cada uno se gasta los cuartos como le da la gana, y si a ti te luce una noria porque eres de bodón verbenero, pues aquí paz y después gloria. Qué fantasía todo. 

Pero, además de la boda de Ramos y Rubio, estos días hemos tenido la de Ainhoa Arteta, la de María Pombo y la de la Esteban. Demasié. A lo mejor por eso Pedro Sánchez está aplazando su casorio con Pablo Iglesias, porque no quiere que le hagan sombra. O porque no se ponen de acuerdo en el tipo de celebración: Sánchez quiere una boda sencillita, informal, de cooperación, e Iglesias un bodón de coalición, con sus langostinos, su jamón de pata negra, su solomillo Wellington y su tarta nupcial de seis pisos. Y venga bronca. Sobre todo por los ocupantes de la mesa presidencial, que está siendo más difícil de configurar que cuando los padres de la novia están separados. Pueden pedirle consejo a Albert Rivera, que lleva más divorcios a sus espaldas que Zsa Zsa Gabor y Elizabeth Taylor juntas: primero, el de Manuel Valls y, ahora, el de Toni Roldán. Roldán se ha desilusionado, el pobre; se creía que se había casado con un morenazo con buena planta, y se ha dado cuenta de que lleva Farmatint en el pelo y alzas en los zapatos. "Este no es el producto que yo compré", ha dicho. Lo mismo me dice mi santo, que si llega a saber lo que ronco, no se casa conmigo. Que muevo hasta las cortinas, me suelta. Se ve que él no se oye por las noches.   

jueves, 10 de febrero de 2011

Me voy a los Goya

Me voy a los Goya. Y lo primero que se preguntarán ustedes es "¿Qué te vas a poner?", porque es exactamente lo que me ha preguntado todo el mundo. No "¿Cómo lo has conseguido?" ni nada por el estilo, no. Convencida de que a Vargas Llosa le preguntaron lo mismo cuando dijo que le habían dado el Nobel, les aclaro la duda: vestido gris largo de French Connection, chaqueta negra de Tara Jarmon, broche de Fairly, zapatos de Adolfo Domínguez, pelo Tita Thyssen Hair Style (vamos, que me peino yo con los consejos inestimables de mi coiffeur Antoñito) y cara Ikea Make-Up (vamos, que también me maquillo yo) realizado a base de todas las muestras que he podido conseguir. De hecho, las dependientas de El Corte Inglés están empezando a sospechar de mis "extraños" problemas de piel que me obligan a probar los productos antes de llevármelos; esas dependientas de cosmética que han tenido que estudiar Químicas para colocarte un contorno de ojos de 125 euros (enzima LOXL, flavonoides, alfahidroxiácidos, retinol, ácido hialurónico, péptidos, kinetina...), que sólo utilizan infinitivos acabados en -ar (alisar, reafirmar, detoxificar, afinar, sublimar, iluminar, reactivar, regenerar) y que tienen una maravillosa pronunciación del francés (no saben ustedes la cantidad de formas distintas que hay de decir "Fond de teint sérum régénérateur d'eclat"; aquí la pronunciación varía mucho si eres de Santa Lucía, que vas más por lo parisino, o si eres de la Calle del Alto, que te sale un acento marsellés que pa qué).

Lo segundo que me dicen: quieren que
- me haga muchas fotos para ver el modelo
- me haga muchas fotos con actores famosos
- les pida autógrafos
- twittee la gala
- les mande un SMS diciéndoles dónde estoy sentada (¿¡!?)
- les salude (¿¿¡¡??!!)
todo ello subida a unos tacones de vértigo, cuando no saben que voy a concentrar la poca energía que me queda en no meterme un goyón subiendo las escaleras del Teatro Real. Porque ¿les he dicho que este año los Goya son en el Real? Tenemos una suerte de mil demonios: marco incomparable, movidón en la Academia, manifestantes en la puerta contra la ley Sinde... ¿qué más se puede pedir? Y, en medio de todo ello, servidora al más puro estilo Paco Martínez Soria en La ciudad no es para mí. Menos mal que voy acompañada de nuestro hombre en la Academia, Juan Antonio Porto, del cual ya les hablé en A dos grados Porto de Clint Eastwood, el hombre al que más quiero en el mundo en estos momentos con permiso de mi santo esposo, y de mi Reyes de mi alma que, además de llevar 30 años de festivales en la cabeza, lo mismo se toma un gintonic con Gemma Cuervo que se mete en un submarino con José Luis Garci.

Nos advierte Porto que, una vez que nos sentemos, ya no se sale ni al cuarto de baño. Estoy pensando seriamente en sondarme y no ingerir líquidos hasta el lunes por la mañana, en una terapia radicalmente conductista destinada a acabar con mi eneuresis maduril. Y como estará por allí Concha Velasco, siempre puedo pedirle un Tena Lady, que seguro que lleva en el bolso. Si le cabe, claro, porque ¿me pueden explicar ustedes cómo quieren que meta el tabaco, el móvil, el dinero, los Smint, la nariz roja de payaso, la Moleskine y el brillo de labios en un bolsico apropiado para la mujer de David el Gnomo? O para Lara Rodríguez, que viene a ser lo mismo.

Así que entre mis intentos de no parecerme a Belén Esteban cabalgando sobre sus FURIEZZA ("Para una mujer elegante, sofisticada y pasional que busca el éxito en los eventos a los que acude", reza su línea de FIESTA, ¡si es que nos definen perfectamente a las dos, qué ojo clínico!), encontrar el bolso perfecto, no babear delante de los famosos, sobrevivir al abrazo de boa constrictor que supone llevar un sujetador con la espalda baja, estar constantemente de frente ("de perfil pareces una gitana preñá", me suelta mi santo, "pues tendrás que andar como una egipcia", replica Juan Diego) y, sobre todo, que no descubran que soy una impostora (tengo la sensación de que todo el mundo se va a preguntar "¿pero qué hace esta tía aquí?"), estoy engoyá perdía. Pero eso sí, más feliz que un chambi, agradecida y emocionada, igualica que Lina Morgan. Y ustedes, por si acaso, pongan una velica a San Luis García Berlanga para que no me caiga, que me veo con los piños clavaos en la alfombra roja.

Voy a entrar en la web de Louis Vuitton a ver si tienen sondas de fiesta. Les cuento la semana que viene. Felices Goya.

miércoles, 25 de junio de 2008

The Wedding Present

Cómo lamento empezar un post pidiendo disculpas, pero mi vida es un constante entrar y salir de clínicas que me impide llevar los asuntos bloggeros al día. Esta vez no ha sido la Betty Ford, no, esta vez me ha tocado pasar por la Sánchez Junco Medical Center, ya saben, el sanatorio creado por la familia propietaria de ¡HOLA!. Los Sánchez Junco, filántropos del glamour y conocedores de los efectos secundarios que puede causar la lectura (o incluso la mera visión, no hace falta leer los artículos) de su revista han destinado gran parte de sus beneficios a paliar dichos efectos en los lectores hipersensibles. Y, por supuesto, después de ver la portada de la semana pasada, a servidora le dio un paparajote y me tuvieron que internar. Otra vez.

Tuve una visión precongresual, casi premenstrual: José María, Alejandro, Doña Ana y Anita en la portada del ¡HOLA! posando en la foto nupcial de Flavio Briatore y Elisabetta. Yo pensaba que para estar casada con Don José María (y para tenerlo como padre) hacía falta un valor pérezrevertiano, a prueba de balas. Pero no: para lo que hace falta valor de verdad es para fotografiarse al lado de una tía como Elisabetta. Que no es el colmo de la elegancia, lo sé, que es puro subproducto Telecinque, también lo sé, que si la llega a ver primero Berlusconi la nombra ministra, sí, pero sigue siendo un pedazo de tía junto a la que una mujer en su sano juicio jamás, pero jamás posaría, y menos para una revista. Pero ahí llegan las Aznar Botella, defensoras de la belleza patria y natural, y se colocan al lado de la señora de Briatore. Sin complejos, como el whisky Dyc. Luego hablan acerca de si lo de José Tomás es valor o locura. ¿Y lo de estas chicas? Da igual que vayan en tonos blancos a la ceremonia (por cierto, que tengo que repasar las reglas de protocolo con Josemi Rodríguez Sieiro, que eso de ir de blanco a una boda, no sé, no sé) o que se pongan sombrerines para taparse un poco la cara (metidos en faena deberían seguir el impagable ejemplo de la Infanta Elena, que se coloca unas pamelas XXL que sí cumplen su función). Da igual todo. Porque al lado de una starlette como Elisabetta, con un vestido de Cavalli que en otro color y con plumas en vez de cola le hubiera servido para bajar las escaleras del Folies Bergère, cualquiera desmerece. Sólo Yasmin LeBon, la modelo esposa de Simon LeBon (cantante de los Duran Duran, que actuaron en la fiesta) podría haberse colocado allí sin crear un desajuste estético tan evidente. Pero ellas, confiadas en el poder de su sonrisa (¡ay!) o simplemente en el poder (¿pero todavía creen que lo tienen?) posan desafiantes y orgullosas (doble ¡ay!).

Pero ahí no acaba la cosa: fíjense en los zapatos del novio. Son las velvet slippers, las pantunflas de terciopelo bordadas que han puesto de moda los Casiraghi y los Medina. Pues las de Flavio Briatore llevaban un magnífico detalle: en la ceremonia las iniciales eran FB, pero después las cambió por otras con las letras FE (Flavio y Elisabetta). Decididamente, así se conquista a una mujer. Este tío es un romántico. Y no me extrañaría que Don José María, otro romántico incurable que se ha convertido en una auténtica fashion victim y al que le quedan dos días para ser un nuevo icono gay, siguiera el ejemplo y apareciera con unas velvet engalanadas con las letras JA (de José y Ana, no vayan a pensar mal).

El fiestón postnupcial (hubo otro prenupcial) con cambio de modelo incluido no tuvo desperdicio. Algunos detalles para tener en cuenta si se van a casar: los novios dieron a las mesas nombres de sus películas románticas favoritas; la mesa nupcial se llamaba "Shakespeare in love" y las otras "Titanic", "Lo que el viento se llevó", "Cuando Harry encontró a Sally"... si su salón de celebraciones no es muy grande, no se preocupen, le ponen nombres de cortometrajes y asunto resuelto. Además proyectaron un video sobre su historia de amor con comentarios de sus amigos, diciendo cosas del tipo "nunca he visto una pareja tan enamorada" (¿Qué? ¿Creían que hacer un montaje con fotos de su noviazgo y ponerle la música de "El guardaespaldas" era macarra? Pues no, es lo más de lo más).

Y después de ver tamaño derroche de glamour, cuartos y champaña, se entiende perfectamente que Don José María llegara al Congreso del PP con la melena al viento y no saludara a Rajoy, ese gesto que tanto ha dado que hablar y que escribir. Pero es que no lo vio. Simplemente no lo vio. Don José María, envuelto aún por las brumas del vino de la Toscana, se duchó, sacó de la maleta la única camisa limpia que le quedaba y se plantó en el Congreso con un Alka Seltzer en el cuerpo y dos cortados. Y a pesar de llegar hora y media tarde no le dio tiempo a pasarse la plancha por los mechones traseros de su cabello, que se rebelaron a la colonia Evento como un claro reflejo de su actitud juvenil. Y con el estómago revuelto y con la música de Duran Duran resonando en la cabeza no se puede hacer un discurso conciliador ni aún queriendo (que no quería), que cuando uno está de bajón no conoce ni a su padre. Al día siguiente, más repuesto y entonado gracias al caldito de pollo que le había preparado Doña Ana, volvió y saludó con una amplia sonrisa a Mariano. Los poderes curativos del sopicaldo.

Después de tantos aconteceres comprenderán ahora la necesidad de mi ingreso en la Sánchez Junco. Salí ayer, pero de todas formas he hecho una prereserva para la semana que viene: hoy se casa Belén Esteban y próximamente lo hará Paco Marsó con una brasileña. No me digan ustedes que no es para sucumbir. Al final le acaban dando mi nombre a una planta de la clínica. Al tiempo.