Me voy de rebajas. Sí, así soy yo: una mujer loca, reincidente y aristotélica, porque ya sé que voy a pasar por el famoso silogismo rebajil:
- si está el color, no está la talla
- si está la talla, no está el color
- si están el color y la talla, no está rebajado: es avance de temporada (arg!).
Al final, te compras algo por eso, por comprarte algo. En rebajas tendrían que cambiar los nombres de las prendas: el little black dress se llamaría "el vestido que me está un poco justo, pero esta barriga la pierdo yo en dos semanas cenando fruta" y los stilettos "estos zapatos que me machacan el dedo pequeño, pero los llevo a la horma y ya está". Sí, es cierto: todo es fondo de armario porque se queda ahí, en el fondo, y nunca sale. Tengo una línea completa denominada "Me lo compro por si tengo algo", y luego el algo es en verano y ahí estás tú, mirando el vestido de lana y rezando para que las comuniones se hagan en febrero. Un desastre.
¿Y las tiendas? En Adolfo Domínguez parece que haya entrado Carmen Lomana puesta de anfetaminas hasta el Rólex, y en Zara que Amancio Ortega le haya encargado la redecoración de la franquicia al demonio de Tasmania. Y una cola (perdón, fila, que no estaba Nacho Vidal) para pagar que parece que lo regalan.
En fin, que todos estamos de rebajas: ¿o es que a usted no le han rebajado el sueldo? Excepto si es usted ex-presidente del Gobierno, que entonces tiene sueldos (y varios) de plena temporada. Otra cosa es la rebaja moral, claro, pero ahí un presidente actual le gana a los ex: La Cosa entró en L'Infedele, un programa de televisión donde se hablaba del caso Ruby (y no precisamente para glosar el gusto de La Cosa por las menores de edad), y dijo todo tipo de lindezas. Iva Zanicchi se quedó solica defendiéndole (está estupenda, pero se podía haber quedado cantando La orilla blanca, la orilla negra en lugar de apuntarse al Partido de la Libertad, que tiene guasa el nombre) mientras que La Cosa era puro pantojismo: le faltó soltar aquello de "¡¡ESTOY CANSADA DE LA FAMILIA RIVERA!!". Y no me extraña, porque hasta servidora está cansada de la familia Rivera: que si Charo Vega habla del affaire Fran-Lolita y del "refreguetón" Canales Rivera-Lolita (Lolita convertida en el ídolo de una generación, en una cougar con bata de cola, en nuestra Demi Moore nacional ¡quién lo iba a decir!), que si el refregueteado Canales pone a caldo a Fran, que si el tío Antonio pone a caldo a Canales, que si ahora Fran entra en "Sálvame", que si Canales se mosquea y se va... parecen la tribu de los Brady a punto de un exorcismo. ¿Ven? Los Rivera se rebajan. De nuevo.
Una familia que no se rebaja, sino que aumenta (y que también me tiene hasta la peineta) es la Bardem Cruz, ya que fueron padres de un niño el sábado. Del niño aún no ha trascendido el nombre (Óscar le iría de perlas), pero el parto ha sido haute couture, en el Cedars-Sinai de Beverly Hills, del que salen ya los niños con el book bajo el brazo y las madres liposuccionadas. Portada de ¡HOLA!: "Las fotografías exclusivas de los momentos más emotivos vividos en el hospital de Los Ángeles". Digo yo que serán igual de exclusivas y de emotivas que las que hicieron cuando tuve a mi hijo: la sala de espera parecía la boda de Farruquito. "¿Has llamado a tus hermanos?", "¡Yo he llamado a tus sobrinos! (catorce)", "¡Pero si no cabe nadie más!", "Pues vamos a comer algo, que esto va pa largo". Y yo allí, con los dolorerls, que diría Chiquito. Así que si ¡HOLA! hubiera hecho fotos de mi parto, hubieran aparecido treinta personas comiendo pizza en la puerta del hospital. Todo finísimo, oiga.
Felices rebajas.
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jueves, 20 de enero de 2011
viernes, 12 de junio de 2009
Lomanismos
¡Qué ganas les ha entrado a todos de mostrarnos cómo viven los ricos! Un niño de Dickens mirando por el escaparate de un salón de té londinense, en eso es en lo que nos convierten los de "Comando Actualidad" con ¿Los ricos también lloran? Y nos va la marcha, porque la intervención de Carmen Lomana ha batido récords de descargas en la red. A Carmen le salen lomanismos de la boca, como a Ramón Gómez de la Serna le salían greguerías de la pluma: dice Lomana que a los pobres de siempre no les afecta la crisis porque ya están acostumbrados, lo malo es para la gente que ha tenido dinero de toda la vida y ahora ven cómo les embargan las casas o caen sus acciones. Y lleva razón: no puedes echar de menos el caviar si nunca lo probaste.
"¿Un mercadillo? ¿De esos que hacen en los pueblos? Me divierte mucho. La verdad es que no he ido nunca, pero debe ser muy divertido". Lo escribo ya traducido, porque Carmen habla en SMS, comiéndose la mitad de las letras, en un idioma que sólo chanelan Tamara Falcó y Naty Abascal, y cuyo acento mejora a base de bisturí porque al aumentar el número de liftings también aumentan prodigiosamente las fricativas nasalizadas (excepto en el caso de Tamara Falcó, que es bilingüe de nacimiento).
Lomana es una señora que cuando enviudó de un industrial rico riquísimo se fue a Madrid a alegrar las fiestas, como el turrón. "En San Sebastián me ahogaba", dice. Normal: no es lo mismo salir en la hoja parroquial de la Catedral del Buen Pastor que en el ¡HOLA!, porque ¿para qué quiere una tantos trajes si no es para lucirlos a doble página? ¿En dónde podría afirmar cosas como "Me duele ese halo de millonaria frívola y compradora compulsiva que tengo" rodeada de Manolos y Jimmy Choos y enfundada en un Dior? Cualquier otra hubiera ilustrado la frase vestida con una camiseta de una ONG sosteniendo en sus brazos a un niño mal nutrido, pero nuestra heroína no. Ella lo hace en medio del esplendor consumista. Con dos tacones.
Servidora ha pasado de la lomografía (como Pocholo) al lomanismo. Quiero a Lomana como ministra de lo que sea. Si ya existe el pensamiento bibiano, como dice Carlos Herrera, no nos vendría mal el pensamiento lomano. Y si Zapatero no la quiere, que pruebe con Berlusconi, aunque no me imagino a Lomana en la villa del dragón. Con lo que se gasta en tratamientos le horrorizaría aparecer en las fotos con la cara pixelada al lado de otro señor que resulta ser un político checo al que sólo se le ve el zipotêk. Mucha clase (y muchos años) tiene Lomana para ser parte de un gabinete presidido por la versión italiana de Fernando Esteso. Y ahora que ha llegado Andrés Pajares ni les cuento: ¿vieron las fotos de Berlusconi y Gaddafi juntos? Parece un remake de Los bingueros: Gaddafi con su reinterpretación morena del hair styling de la duquesa de Alba, su foto reivindicativa en la pechera y su guardia personal formada por Rosanna Yanni, Mirta Miller y África Pratt. La jaima se les va a quedar pequeña a estos dos.
No me extraña que estén haciendo una tesis doctoral sobre Lomana; si hicieron una sobre Belén Esteban, cualquier cosa es posible. Lo que no sé es cómo House y su equipo no le han hecho una craneotomía para ver lo que hay dentro de su cabeza. Ni sarcoidosis ni enfermedad de Cushing, sólo tontería crónica autoinmune. Ah, y por cierto, no le digan a Lomana que mi auténtica musa en cuanto a nuevas tendencias se refiere es La Flipa o no heredaré los chaneles.
"¿Un mercadillo? ¿De esos que hacen en los pueblos? Me divierte mucho. La verdad es que no he ido nunca, pero debe ser muy divertido". Lo escribo ya traducido, porque Carmen habla en SMS, comiéndose la mitad de las letras, en un idioma que sólo chanelan Tamara Falcó y Naty Abascal, y cuyo acento mejora a base de bisturí porque al aumentar el número de liftings también aumentan prodigiosamente las fricativas nasalizadas (excepto en el caso de Tamara Falcó, que es bilingüe de nacimiento).
Lomana es una señora que cuando enviudó de un industrial rico riquísimo se fue a Madrid a alegrar las fiestas, como el turrón. "En San Sebastián me ahogaba", dice. Normal: no es lo mismo salir en la hoja parroquial de la Catedral del Buen Pastor que en el ¡HOLA!, porque ¿para qué quiere una tantos trajes si no es para lucirlos a doble página? ¿En dónde podría afirmar cosas como "Me duele ese halo de millonaria frívola y compradora compulsiva que tengo" rodeada de Manolos y Jimmy Choos y enfundada en un Dior? Cualquier otra hubiera ilustrado la frase vestida con una camiseta de una ONG sosteniendo en sus brazos a un niño mal nutrido, pero nuestra heroína no. Ella lo hace en medio del esplendor consumista. Con dos tacones.
Servidora ha pasado de la lomografía (como Pocholo) al lomanismo. Quiero a Lomana como ministra de lo que sea. Si ya existe el pensamiento bibiano, como dice Carlos Herrera, no nos vendría mal el pensamiento lomano. Y si Zapatero no la quiere, que pruebe con Berlusconi, aunque no me imagino a Lomana en la villa del dragón. Con lo que se gasta en tratamientos le horrorizaría aparecer en las fotos con la cara pixelada al lado de otro señor que resulta ser un político checo al que sólo se le ve el zipotêk. Mucha clase (y muchos años) tiene Lomana para ser parte de un gabinete presidido por la versión italiana de Fernando Esteso. Y ahora que ha llegado Andrés Pajares ni les cuento: ¿vieron las fotos de Berlusconi y Gaddafi juntos? Parece un remake de Los bingueros: Gaddafi con su reinterpretación morena del hair styling de la duquesa de Alba, su foto reivindicativa en la pechera y su guardia personal formada por Rosanna Yanni, Mirta Miller y África Pratt. La jaima se les va a quedar pequeña a estos dos.
No me extraña que estén haciendo una tesis doctoral sobre Lomana; si hicieron una sobre Belén Esteban, cualquier cosa es posible. Lo que no sé es cómo House y su equipo no le han hecho una craneotomía para ver lo que hay dentro de su cabeza. Ni sarcoidosis ni enfermedad de Cushing, sólo tontería crónica autoinmune. Ah, y por cierto, no le digan a Lomana que mi auténtica musa en cuanto a nuevas tendencias se refiere es La Flipa o no heredaré los chaneles.
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