miércoles, 1 de abril de 2015
MADRIZ
jueves, 6 de diciembre de 2012
Donde viven los monstruos
miércoles, 5 de septiembre de 2012
La nueva religión
Las bicicletas son para el verano. Y como el verano se acabó, las bicis regresan a los cuarteles de invierno, junto con las gafas de bucear y las esterillas. Ah, ¿que usted la utiliza todo el año? Me quito el sombrero, porque como yo en bici tengo la misma estabilidad que Belén Esteban con tacones, me da miedo cogerla en la ciudad, así que me he pasado el verano recorriendo los caminicos del Mar Menor, esos en los que nos desollábamos las rodillas de pequeños y que ahora son Itinerarios Ecoturísticos, oiga, que hasta han puesto carteles con los nombres de las plantas en latín para que te puedas cagar con propiedad en los matojos que te arañan las pantorrillas.
miércoles, 16 de mayo de 2012
El primer día
Tengo la mesa llena de papeles, semanarios y periódicos, tantos que mi despacho es el sueño de “Callejeros”, que no hay cosa que más les guste en el mundo que un buen síndrome de Diógenes o una nevera vacía y churretosa (y si abren la nevera y un solitario yogurt caducado echa a andar porque se le han activado los bífidus, ni les cuento). Mientras tecleo, las revistas que me rodean se empeñan en recordarme que se acerca el primer día en bikini: el día fatídico, terrible, desolador; el día en el que abandonas todas tus máscaras (incluida la de pestañas) y te muestras tal cual. El horror. Pero como mi yo aspiracional me puede, intento seguir todos los consejos que me dan para bajar a la playa sin que me detengan: depilaciones, exfoliaciones, anticelulíticos, autobronceadores, protectores solares… vale. Termino antes muriéndome y reencarnándome en una modelo que haciendo todo lo que me indican, aunque con el cagarro de karma que tengo seguro que reaparezco en el cuerpo de Falete.
Sólo hay un día peor que el primer día en bikini: el día en el que voy a comprarlo. El año pasado la dependienta me sacó una braguita en la que no cabía ni el culo de Barbie Malibú. Ante mi insistencia de que necesitaba algo más de tela, bajó la voz y me dijo “Tenemos unos un poco más grandes por si hay alguna cicatriz que tapar”. Miré al suelo con cara compungida y le confesé que sí, que tenía una cicatriz enorme de mi época de torera, cuando me llamaban “La Niña del Palo” y un morlaco bragao y astifino me cogió en La Malagueta. Desde entonces utilizo ese truco: en algunas tiendas ya me sueltan un “¡Suerte, Maestra!” cuando me meto en el probador. Y de esta forma, entre engañifas y pareos atados a la cintura (que yo no me levanto sin taparme la celulitis ni aunque se aproxime un tsunami) voy resistiendo un verano tras otro. Lo malo es que últimamente tengo la sensación de vivir un primer día en bikini perpetuo, de estar bajo el chicharrero sin sombrilla, sin protector solar, con media botella de agua calentuja, mientras que hay unos tipos en el chiringuito bebiéndose unos mojitos que, encima, he pagado yo. Así que, antes de quemarme del todo, voy a buscar la sombra de una palmera para esperar a que baje el sol. ¿Les hago hueco?
miércoles, 9 de mayo de 2012
Famosos al volante
miércoles, 3 de agosto de 2011
Haz las maletas
Publicado el 31 de Julio en LA VERDAD
Como todos necesitamos un poco de norte para no perder el sur, me pillan ustedes preparando las maletas para ir a Cantabria. ¿Recuerdan cuando uno viajaba con un trolley en la mano y un cigarrillo en la boca? Qué grande era ser joven y qué poco espacio ocupaba. Ahora parece que un maletón de Samsonite tenga la misma capacidad que un bolso de noche, ya que tienen que caber todos los “por si”: la rebequica “por si refresca”, los modelos “por si salgo” (cosa que nunca sucede), el paraguas “por si llueve” (cosa que siempre sucede), las chanclas y las toallas “por si hace bueno”, el Dalsy ibuprofeno (se me olvidaba lo de los genéricos, perdón) “por si el crío se pone malo”… Y luego, cierra la maleta: la última vez tuve que llamar a Falete para que se echara sobre ella. Y después, ábrela si es que recuerdas la combinación, porque si no te toca hacer más cálculos que Russell Crowe en Una mente maravillosa.
Y así, transportando maletones para los que necesitaríamos dos sherpas, nos encontramos el año pasado en León a Carmen Lomana de cuerpo presente, que diría Kiko Hernández. Con la mala suerte que tengo este verano me toparé con José Campos en guayabera por el Sardinero. A Carmen Martínez Bordiú seguro que no la veo, porque estará en algún viaje patrocinado persiguiendo gorilas. Ni a Bustamante, que ahora que ha adelgazado ya le dejan entrar en Ibiza (en Ibiza cuando te bajas del avión te miden la masa corporal, como en Cibeles, pero al revés: si tu índice supera el 18%, te deportan). ¿Cómo habrá entrado Joan Laporta, ahora que lo pienso? Pero seguro que todos ellos tienen un valet de chambre que les hace las maletas, que para eso los puso Dios en la tierra, para eso y para planchar los periódicos: mi marido, después de ver Downton Abbey, quería que le planchara La Verdad antes de leerla. Como intente llevarme a la caza del zorro, le pongo las maletas en la puerta. Aunque se las tenga que hacer yo.
