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lunes, 23 de julio de 2012

Paralelismos


PUBLICADO EL 23 DE JULIO DE 2012 EN LA VERDAD

De los españoles que han emigrado este año al extranjero, conozco a uno. M. ha hecho la maleta, y en ella no ha metido el bronceador y la toalla, sino su curriculum, los besos de sus hijos y la sonrisa (triste) de su mujer, que se ha quedado aquí, defendiendo el fuerte. M. se ha ido al norte de Europa a buscarse la vida, a trabajar en lo que le salga y a mandar dinero a casa. M., ingeniero industrial, creía (como usted, como yo) que a su edad ya casi había llegado a la meta. Lo que no sabía es que, en esta mierda de Monopoly en el que estamos jugando, él iba a volver en la casilla de salida.

De los extranjeros que vinieron hace años a España, conozco a una. M., rusa, es (era) profesora de música, porque hace ya mucho tiempo que no utiliza sus manos para tocar el piano, sino para ayudarme a poner lavadoras, fregar y planchar. Mientras hacemos la comida M. me cuenta cosas de su país, de sus amigos, de su vida anterior, de la vida que ella había elegido, que no es la que le ha tocado. M. tararea a Rachmaninov cuando limpia los cristales y, de vez en cuando, marca un compás en el aire.

Me imagino malviviendo en otro país, sin mi familia, sin hablar el idioma, trabajando (con mucha suerte) en cualquier cosa, compartiendo piso con desconocidos, pidiendo ropa en Cáritas, perdiéndome por calles con letreros que no soy capaz de leer. Siento las miradas de recelo, la soledad, la incertidumbre. Me pongo en la piel del otro: me agobio, me la quito rápidamente. Pero se me ha quedado un regusto amargo en la boca, y ya no tengo el cuerpo ni para descogurciarme del chándal olímpico y de la pinta de “Callejeros” que van a llevar nuestros atletas. Hoy, nada de soplo de aire fresco. Lo siento, jefe. Así está la cosa. Unos que vienen, otros que se van. Pero la vida no sigue igual. Ni de coña.

miércoles, 16 de mayo de 2012

El primer día

PUBLICADO EN LA VERDAD EL 15 DE MAYO DE 2012

Tengo la mesa llena de papeles, semanarios y periódicos, tantos que mi despacho es el sueño de “Callejeros”, que no hay cosa que más les guste en el mundo que un buen síndrome de Diógenes o una nevera vacía y churretosa (y si abren la nevera y un solitario yogurt caducado echa a andar porque se le han activado los bífidus, ni les cuento). Mientras tecleo, las revistas que me rodean se empeñan en recordarme que se acerca el primer día en bikini: el día fatídico, terrible, desolador; el día en el que abandonas todas tus máscaras (incluida la de pestañas) y te muestras tal cual. El horror. Pero como mi yo aspiracional me puede, intento seguir todos los consejos que me dan para bajar a la playa sin que me detengan: depilaciones, exfoliaciones, anticelulíticos, autobronceadores, protectores solares… vale. Termino antes muriéndome y reencarnándome en una modelo que haciendo todo lo que me indican, aunque con el cagarro de karma que tengo seguro que reaparezco en el cuerpo de Falete.


Sólo hay un día peor que el primer día en bikini: el día en el que voy a comprarlo. El año pasado la dependienta me sacó una braguita en la que no cabía ni el culo de Barbie Malibú. Ante mi insistencia de que necesitaba algo más de tela, bajó la voz y me dijo “Tenemos unos un poco más grandes por si hay alguna cicatriz que tapar”. Miré al suelo con cara compungida y le confesé que sí, que tenía una cicatriz enorme de mi época de torera, cuando me llamaban “La Niña del Palo” y un morlaco bragao y astifino me cogió en La Malagueta. Desde entonces utilizo ese truco: en algunas tiendas ya me sueltan un “¡Suerte, Maestra!” cuando me meto en el probador. Y de esta forma, entre engañifas y pareos atados a la cintura (que yo no me levanto sin taparme la celulitis ni aunque se aproxime un tsunami) voy resistiendo un verano tras otro. Lo malo es que últimamente tengo la sensación de vivir un primer día en bikini perpetuo, de estar bajo el chicharrero sin sombrilla, sin protector solar, con media botella de agua calentuja, mientras que hay unos tipos en el chiringuito bebiéndose unos mojitos que, encima, he pagado yo. Así que, antes de quemarme del todo, voy a buscar la sombra de una palmera para esperar a que baje el sol. ¿Les hago hueco?

martes, 5 de enero de 2010

Sobreviviendo a los ricos

¡Qué buenos son los de Cuatro! Para empezar el año con buen pie van y nos cascan 3 reportajes seguidicos de ricos, riquísimos, a saber: primero, La Moraleja, después Samantha Villar viviendo 21 días como una millonaria y, para terminar, más lujo. Decididamente es mejor comenzar el 2010 viendo mansiones que con un reportaje sobre los protagonistas habituales de "Callejeros": indigentes celebrando la Nochevieja con Don Simón en tetra brik y chabolos donde las luces de Navidad las encienden robando la luz de los postes de electricidad sólo conducen a pensar que este año va a ser tan cutre como el anterior. Y hay que animarse. 

Pero por primera vez en mi vida no he sentido envidia de los ricos, porque gracias a "Callejeros" hemos descubierto que los de La Moraleja (¿cuál será el gentilicio de los habitantes de La Moraleja? ¿moralejeros? ¿pijolienses?) también se aburren -tan ricamente, claro-. Sus días son una vorágine de desayunos, gimnasio, compras, aperitivos y más compras. Lo que se llama una vida al límite, vamos, repleta de actividades tan electrizantes como preparar El Rastrillo. 

La que sí se lo pasó bomba fue Samantha Villar. Lo único que le sobra a los reportajes de Samantha son sus reflexiones ante la cámara comentando obviedades del tipo que lo más alucinante de ser rico es que pueden tener lo que quieran y en el momento que quieran (eso ya lo sabíamos, chata), pero al colocarse encima 2.000.000 de euros en joyas le brillaron más los ojos que cuando se pasó 21 días fumando canutos. O cuando se puso el Dior para ir al desfile de John Galliano ("¡Voy a conocer a Galliano! ¡Voy a conocer a Galliano!", repetía como un mantra). Estoy segura de que no se enganchó a los porros pero sí a la buena vida: el dinero es la más rápida de las drogas. Aunque ya puestos, y para ver hasta qué punto el brillo de los diamantes puede doblegar el alma humana, el reportaje tendrían que habérselo encargado a Cristina Almeida: imagínensela vestida de Versace recitándole pasajes de El capital a la Lomana mientras pasean por la Rue Royale. Eso sí sería una nueva forma de reporterismo: María Antonia Iglesias cubriendo los viajes del Papa o Federico Jiménez Losantos retransmitiendo los Goya. Lo petan en Cuatro. 

Preparan a Samantha antes de iniciar su aventura millonaria eligiendo vestuario ad hoc para la ocasión, y el estilista le comenta que lo primero que harán los ricos es mirarla de arriba abajo, buscando algo que les indique que pertenece a su tribu (un relojín de Chopard, un bolsito de Gucci, unos Manolos, nada, tonterías). Cierto: recuerdo que hace muchos años fui a casa de un compañero de facultad perteneciente a una de esas familias murcianas que Rosa Belmonte retrataba tan bien en sus crónicas de la Feria de Murcia (con Ilu Vera Meseguer y Paqui Chelo Cano a la cabeza, representantas del glamour huertano). Me abrió la puerta la madre del susodicho y me hizo un escáner que ríanse ustedes del que quieren implantar en los aeropuertos. Tras asegurarse de que a pesar de mi aspecto no llevaba una bomba bajo la suela de mis Kickers y que lo único que quería eran unos apuntes de Derecho Civil, llamó a su primogénito y heredero para que me atendiera pero, excuso decirlo, no me dejó pasar de la puerta. Es lo que tienen los moralejienses (para ser moralejiense no hace falta vivir en Madrid, es una cuestión de pasta y de carácter), que protegen su territorio de cualquier intruso.

Moraleja de La Moraleja: si les toca la lotería del Niño, no se vayan a vivir allí. Salgan, entren, viajen, disfruten, vivan. No se entierren en vida con sus riquezas en ese nuevo Valle de los Reyes y se convierten en momias. Y si no saben qué hacer con su pasta, llámenme, que aunque servidora no pueda irse con ustedes a Formentera por motivos que ya conocen, tengo algunas ideas en la recámara. 

P.D. 1: ¿Saben quién hace que se caguen por la pata abajo todos los diseñadores que hacen que se cague por la pata abajo Samantha Villar? Anna Wintour. No tiene desperdicio el documental VOGUE: el número de septiembre, donde la Wintour real, sin tantos aspavientos como Meryl Streep en El diablo viste de Prada, da mucho, pero que mucho más miedo. "¿Aún no está todo preparado?", y Gaultier se convierte en un niño tartamudeante pillado en falta. "¿Estas son todas las fotos que hay?", dice, y Mario Testino se queda blanco. A la Wintour no le hace falta gritar, sólo con mirar de reojo por debajo de su flequillo hace que tiemblen los cimientos del imperio de la moda. Parece que haga un esfuerzo inconmensurable para no sacar una sierra mecánica y decapitar a asistentes, fotógrafos y diseñadores. Es esa calma monosilábica y gutural ("no", "no", "no", "hum") con la que manda a hacer puñetas el 90% de los trabajos que le presentan la que hace que Hannibal Lecter a su lado parezca un boy scout. 

P.D. 2: Sí, vi las campanadas con Belén Esteban. La duda ofende.

lunes, 25 de mayo de 2009

Callejeras

"Callejeros" es a los pobres lo que el ¡HOLA! a los ricos: todos quieren salir en él. Ven a los periodistas con la cámara al hombro y se vuelven locos por enseñarles su chabolo. "Ay, mama, si son lo de callejero". "Ay, payo, pasa, pasa". Y va la mama y les abre el frigorífico lleno de yogures con bífidus tan activos que se salen del Danone, y les enseña el puchero que está preparando, y Nacho Medina suelta indefectiblemente lo de "¡qué buena pinta tiene eso, señora!" con un entusiasmo más que sospechoso. Y en ese momento agradeces que el olor no pueda transmitirse vía televisión.

Con los gilitos del mundo pasa lo mismo: ven al fotógrafo del ¡HOLA! y abren las puertas de su mansión, como si la cámara de fotos fuera una llave de apertura automática. Pero los ricos nunca, nunca enseñan el interior de sus neveras. ¿Será porque dentro se encuentra la dueña de la casa, que entre hielos se conserva muy bien? Que ya lo dijo Sofía Mazagatos: no hay nada como meter la cabeza en el congelador para estar joven.

¿Y las fiestas? Los protagonistas de "Callejeros" te montan un sarao en medio de la calle con la guitarra, dos litronas y un porrito; los del ¡HOLA! organizan el suyo en el Casino de Madrid ("la fiesta del año" según la portada). Y si el nivel de azúcar de los comentarios de nuestra revista favorita está siempre por encima de la media recomendada por la OMS, cuando se trata de glosar una fiesta benéfica ya se dispara: "Grandes personalidades reunidas en una noche irrepetible". "Isabel Preysler, Naty Abascal, Nuria González, Tamara Falcó, Adriana Abascal, Rafael y Luis Medina, cumbre de elegancia y solidaridad". "Gracias a este superhéroe de la ilusión, genio de la alegría y mago de las sonrisas, Aladina se ha hecho realidad" (refiriéndose a Paco Arango, creador de la Fundación Aladina que organiza la gala para recaudar fondos). Personalmente me alegra mucho que Paco Arango haya dejado de producir series de televisión y dedique sus esfuerzos a ayudar a niños enfermos. Todos ganamos.

Fotos, fotos y más fotos con pies de página comentando los modelos. Definitivamente la más solidaria es Cary Lapique, que lleva un vestido de ¡MANGO! No me cabe la menor duda de que la señora Lapique ha donado a la Fundación el ahorro que le ha supuesto llevar un MANGO y no un Valentino. Solidaridad con mechas.

Todos los invitados juntos retratados a doble página. No veo a María Palacios, mujer del conde Lecquio y habitual de estos saraos. ¿No ha ido? ¿Estará escondiéndose tras el numerazo que montó el otro día Lucía Lapiedra (ahora Miriam Sánchez, señora de Pipi) en "Sálvame" cuando comentaron que coincide con Lecquio por los pasillos de Tele 5? Y es que se ha producido el eterno retorno de lo mismo: el Tomate ha vuelto. Disfrazado de comentarios sobre "Supervivientes" y "OT", pero ha vuelto. Y sí, son todos los que están: Jorge Javier, Miquel Serra y Luis García Temprano con Kiko, Carmele, Belén Esteban y Jimmy como also starring, y con special guest stars del calibre de Mari Cielo Pajares, Nuria Bermúdez, Sonia Monroy y Leo OT (el pobre, qué caricas ponía). Y van y revientan el share tras la debacle pos-tomática (o post-atómica, que para Tele 5 la desaparición del Tomate fue peor que la bomba de Hiroshima).

Pero Tele 5 también se solidariza con el pueblo en estos tiempos de crisis: a Sonia Monroy le pagaron sólo 300 € por aguantar en directo imágenes de pelis porno hechas por su novio, que ¡está estudiando ginecología! (el chiste es muy fácil). La muchacha no tenía ni idea, por supuesto, no me sean malpensados. Y claro, se mosquea: "¡¡encima de la mierda que me habéis pagao!!".

Como saben que estoy quitada por prescripción facultativa del Dr. House de todo este berenjenal no puedo contarles mucho más, pero les dejo unas perlas que he encontrado en la web de Tele 5:

Sobre Cuca García de Vinuesa:

- Jorge Javier Vázquez:
"Cuca llama a la menstruación tener el agapito"

- Nuria Bermúdez: "Yo no sé a qué hora pondrán las pruebas pero a las 12 tiene que estar en misa."

- Jorge Javier: "Hay quien dice que Cuca va a ir a evangelizar la isla."


Sobre Juanito El Golosina:

- Carmele: "Golosina llegó a operarse para parecerse a Lola Flores."

- Jimmy: "Yo conozco al Golosina desde que no tenía pechos."

Y es que estoy tan chuchurría últimamente que ni siquiera me apetece ver a esta panda. Debe ser la abstemia primaveral. Tendré que volver a los vodkatinis de media mañana.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Cuento de Navidad

Desde hace unos días entiendo perfectamente esa pulsión, esa excitación que impulsa a los escritores a volcar sus pensamientos en palabras, esa necesidad de escribir para sentirse vivo: he visto la portada de ¡HOLA! y estoy que me escribo encima. Isabel Preysler, Nicole Kidman y Cayetano Rivera me miran unidos por el Photoshop (ya saben, esa herramienta que acaba con la desigualdad mundial unificando razas y edades) bajo el titular "El Príncipe de Gales celebra en su casa de Londres la cena más espectacular del año, organizada por Porcelanosa". Y allá que voy, porque servidora es de las que entran al trapo, como Concha Velasco, que le preguntas cómo está y va la tía y lo cuenta. Y me entrego, rendida de antemano, incapaz de resistir la llamada del príncipe, las baldosas y el desenfoque gaussiano. Y leo (y lean): "Isabel y sus dos hijas protagonizaron un instante mágico cuando, al atravesar el salón del Ritz para dirigirse a la cena con el príncipe Carlos, todas las miradas se centraron en ellas; parecía incluso que la música había cesado". Así. Tal cual. Sin anestesia. Una frase tan cursi que convierte a Corín Tellado en Bukowski. Y claro, pues eso, que me escribo encima.

Y entonces caigo en la cuenta: no es un reportaje, es un cuento, un cuento de Navidad. El comienzo del artículo, "La fría noche cae sobre Londres" podría firmarlo Dickens. Y hay un príncipe (feo, sí, pero príncipe -a lo mejor es que sigue convertido en rana-), dos hermanastras (Ana y Tamara) y una Nicole Kidman tan pálida y fría que parece la Reina de las Nieves. Y un instante mágico, porque ese momento Ritz es igualito a cuando Cenicienta entra en el baile y todos giran su cabeza para mirarla, aunque en este caso Cenicienta lleva a sus espaldas tres matrimonios, 5 hijos, un nieto y joyas de Suárez. Y además, es un cuento maravillosamente ilustrado, porque el retoque de las fotos es de tal calibre que parecen dibujos de Rebecca Dautremer.

Pero ¿y la madrastra? En cualquier cuento que se precie hay una madrastra mala, malísima. No se preocupen, que aquí también: justo en las páginas anteriores aparece la baronesa Thyssen. Ya me dirán si pedir públicamente una tercera prueba de paternidad de su nieto no es como que llevar a Blancanieves al bosque y ordenar que la maten (las Blancas siempre han tenido mala suerte con la familia). A lo mejor Tita está tan acostumbrada a exigir los certificados de autenticidad de sus cuadros que ha pedido también el de su nieto, para ver si es un auténtico Thyssen, algo extraordinario si tenemos en cuenta que Borja es una falsificación. ¿Pretende Tita que los genes del barón hayan saltado una generación y hayan llegado a Sacha sin pasar por Borja?. Los caminos de la genética son inescrutables.

También lo son los de Dios; el último "Callejeros" (Cuatro) va dedicado a las mojas de clausura, algo fuera de lo común porque generalmente en "Callejeros" sólo salen yonquis (¿por qué corren tanto los reporteros en la cabecera del programa, si los yonquis no se mueven?), así que estaba esperando que en cualquier momento apareciera una monja enganchada al caballo, tipo "Entre tinieblas". Pero no, las monjas son la pera limonera, son felicísimas haciendo dulces y cosiendo ropa interior para Teleno (no quiero ni pensar el día que les toque hacer tangas, ¿se negarán argumentando objeción de conciencia?). El programa parece un publirreportaje para aumentar vocaciones. Las veo tan contentas que hasta me lo pienso: si encuentro una orden cuyo carisma sea la entrega al ciberespacio, tomo los hábitos. Y sí, una de las órdenes tiene una página web, con lo que problema resuelto; la linkamos a rosapalo y a funcionar con la bendición de Dios. Pero lo más grande es que una de las monjas tiene móvil y cuando la llaman contesta con un "Ave María Purísima". Grandioso. Aunque si hubiera dicho "Pronto, Raffaella" ya hubiera sido divino.