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miércoles, 14 de marzo de 2018

SOLTAR AMARRAS

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES 13 DE MARZO DE 2018

Qué difícil resulta abstraerse de todo el dolor que nos rodea en días como hoy. Qué duro es escuchar las noticias, leerlas. Qué raro es ver que un paisaje luminoso que tú asocias con las risas y con las cañas al sol se ha convertido en un lugar oscuro, terrible y frío. Qué complicado es no dejarte llevar por la ira y por la furia. Por eso, en días como hoy achuchamos más que nunca a nuestros hijos, y los estrujamos, y los llenamos de besos y de mimos, pensando que un abrazo puede exorcizar los demonios que viven cerca de nosotros, convencidos de que nuestros besos pueden protegerles del mal.

Al mío no le he podido dar estos días todos los achuchones que hubiera querido. El tío, que se me ha ido a París. De viaje de estudios, dicen, como si fuera a estudiar algo más que el tiempo que es capaz de estar sin ducharse: no quiero ni pensar a lo que tienen que oler esas habitaciones ocupadas por adolescentes que le temen más al agua que Paquirrín a quedarse encerrado en la Biblioteca Nacional. Ellos allí, invadiendo París de hormonas y de tontunas sin cambiarse de calzoncillos, paseándose en régimen de semilibertad por los Campos Elíseos y bloqueando la subida a la Torre Eiffel; nosotros aquí, un poco nerviosos, un mucho solos, invadidos por la intranquilidad de saber si comerán, si descansarán, si les lloverá mucho, si actuarán con dos dedos de frente y si serán capaces de mandarnos un mensaje de vez en cuando, que tiempo para subir historias a Instagram haciendo el pavo sí que tienen, pero para enviarles una foto a sus padres, no. Mendigando wasaps, me hallo. Y desubicada, también. Qué raro es no escuchar un bufido, una cartera golpeando el suelo, una puerta que se abre a la hora de comer, un paso de comerme las lentejas, mamá, tía. Qué difícil es, en un mundo lleno de peligros, soltarles la mano y esperar que todo lo que le hemos dicho, todo lo que les hemos inculcado, haya ido calando en ellos. Qué complicado es confiar en que ningún demonio les saldrá al encuentro. Y qué tontos somos estos padres temerosos, que se preocupan por todo y a los que les cuesta tanto asumir que sus hijos son cada día menos niños y más adultos. Y que ya se ducharán algún día.


viernes, 20 de noviembre de 2015

REBELDE SIN CAUSA


Yo no soy rebelde porque el mundo no me hizo así, que me hizo anarco burguesa celulítica. Con estas caderas de paridora y estos muslos como columnas jónicas no podía hacerme de otra forma, que la rebeldía es más de muchachas andróginas con melena lacia, cuello largo y pecho escaso. La rebeldía, como estética, sólo favorece a las delgadas.

Pero, de vez en cuando, hasta a las morenas rotundas nos sale la insurrecta que llevamos dentro. El miércoles no compré el ¡HOLA! No vi la boda de Eva González, la única miss venida a más, y Cayetano Rivera, el torero venido a menos. Vale, no vi la boda en esa revista; la cotilleé en otra que tenía más a mano, que mi rebelión siempre ha sido de sofá. Pero no comprar el ¡HOLA! para no participar en la exclusiva de una boda protagonizada por guapas vestidas con alevosía y ensañamiento, toreros encantados de conocerse y sevillanía rancia pagada a precio de oro fue mi pequeño acto de rebeldía.

El acto de rebeldía de los parisinos ha sido salir a la calle. Salieron noqueados, tristísimos, asustados, sí, pero salieron. Con tanta calma como con la que  abandonaron el estadio de fútbol cantando “La Marsellesa”, que no es preciosamente una canción de paz, sino de libertad con ira; la misma con la que muchos franceses recibieron la versión a ritmo de reggae y de calada de petardo que hizo del himno Serge Gainsbourg, hombre, marido y padre rebelde y de  rebeldes, más francés que el croissant y listo como el hambre: en un concierto en Estrasburgo donde aparecieron legionarios sin cabra pero cabreados por la interpretación del francés, Gainsbourg se puso a cantar a capela la versión oficial del himno y se los metió en el bolsillo.

Yo también canto “La Marsellesa”, pero no por Gainsbourg, sino por “Casablanca”. Y lloro. Y llamo a los ciudadanos a las armas en un francés de Chiquito de la Calzada. Porque hasta las de cadera ancha tenemos derecho a rebelarnos contra la barbarie. Porque además de cantar himnos, cambiarnos el perfil de Facebook y colgar fotos de vacaciones en París, se nos debería ocurrir algo más. “Saber lo que es justo y no hacerlo es la peor de las cobardías”, decía Confucio. Y ya saben que Confucio, según una aspirante a Miss Panamá, “fue uno de los que inventó la confusión”. Seguro que a esta también le paga la exclusiva el ¡HOLA! 

lunes, 19 de agosto de 2013

París


PUBLICADO EL DOMINGO 18 DE AGOSTO EN LA VERDAD

Hay ciudades que son todo lo que hemos visto, todo lo que hemos leído, todo lo que hemos soñado y un poco más. Y París es una de ellas: París es Notre Dame, los libreros de viejo, el Sena, los existencialistas, Toulouse-Lautrec, Kiki de Montparnasse, el acordeón, Chanel, la Torre Eiffel, las bocas de metro. París es vivir dentro de una postal. París es la pera limonera. Y, desde luego, París bien vale una misa. Y una casa en la playa, un coche y un ordenador, que si me llego a quedar más días tengo que venderlo todo para poder subsistir: a tres euros el café. Y prohibido vender cerveza en los supermercados a partir de las 9 de la noche, que mi acompañanta y servidora hicimos una de “Laly Soldevilla y Gracita Morales van a pillar” para conseguir cuatro Heineken que parecía un cruce entre Cine de Barrio y una peli de Eloy de la Iglesia. Pero da igual, porque hasta hacer la paleta en París tiene su encanto.

¿Y quién pasa por París con dos niños pequeños sin ir a ver al tío Mickey? Yo no, desde luego, así que no nos quedó más remedio que ir a Eurodisney, un lugar donde la mejor atracción consiste en mirar a la gente mientras esperas que tu hijo se baje de la montaña rusa: un punki perforado hasta las cejas con unas orejas de ratón sobre una cresta verde, un machaca tamaño XXL con pendientes de Mickey celebrando su cumpleaños abrazado a Pluto, y un desfile de conjuntos veraniegos que convierten a Tony Genil en el prototipo del charme parisino. Y colas, y hamburguesas, y más colas. Ganas me dan de descongelar a Walt Disney para darle una somanta palos y quedarme nueva. A Eurodisney no vuelvo ni loca. Pero a París, sí, siempre. Con un termo de café.

P.D.: Antes de ir a París, estuvimos en el Château de Moussoulens, en la zona del Languedoc-Rousillon, cerca de Carcassonee. Vinos magníficos y paísajes bellísimos.



viernes, 18 de abril de 2008

Proyecto ¡HOLA!

En ¡HOLA! buscan bloggers. Yo siempre he sido de SEMANA, la llevaban a casa los jueves por la mañana junto con LA VERDAD; de hecho creo que la primera palabra que leí en mi vida fue EXCLUSIVA (lo cual tiene bastante mérito para una niña, con esa X tan difícil ahí en medio), pero hace unos días vi el número de ¡HOLA! (o numerazo, en portada la exclusiva del bautizo de Sacha Thyssen, la boda de la ex de Sarkozy y el Baile de la Rosa con Almodóvar y su trouppe contado por Boris Izaguirre ¡total ná!) y caí en las garras rosas de la competencia, ya saben, la resistencia ante el algodón de azúcar no es mi principal virtud. Y vi que buscaban bloggers. Así que pensé en travestirme en una niña bien a la que ¡HOLA! envía a París para convertirse en cronista de moda, lo que viene siendo un trasunto de Tamara Falcó, a ver hasta dónde llegaba el sentido del humor de los holeros. Y titulé una página de mi Moleskine como "PROYECTO ¡HOLA!". Y ahí sigue el título, solo, solito, y la página blanca, blanquita. Porque no, no lo he conseguido. Mi cabeza no es capaz de superar la entrevista que le realizan a Tamara mientras abre las puertas de su apartamento parisino ni, muchísimo menos, la primera crónica que envía la ínclita sobre el desfile de Lagerfeld. Y es que, como decían el otro día en una crítica sobre el nuevo programa de Latre ("Réplica") hay personajes que no pueden parodiarse porque ya son una parodia en sí mismos. Pero cómo! ¿No me creen? Algunos ejemplos para empezar:

- el apartamentín de Tamara había sido alquilado previamente por la Ministra francesa de Vivienda (claro, siendo Ministra de Vivienda digo yo que una puede pasarse por el Arco del Triunfo a Corporation Inmobiliarie)

- el cuarto de baño se lo ha instalado... (aquí va un redoble)... ¡PORCELANOSA!

- ella ha intentado darle su toque personal. Yo, cuando intento darle a algo el toque personal (a alguien ya no, que estoy quitada) compro la lámpara Jansjö y las sillas Ingolf; ella se coloca la lámpara de Ingo Maurer (la de las noticas colgando ¿qué habrá puesto en las noticas?) y las sillas transparentes de Philippe Starck

- las fotos que decoran el piso se las ha regalado Pepe Botella.

Vamos, el apartamentín que tiene cualquier periodista recién estrenada. Y desde allí manda su crónica, que contiene párrafos impagables: desde un comienzo humilde pero prometedor "Esta es mi primera crónica y sé que aún tengo mucho que aprender" hasta un profundo autoanálisis estilístico "Mi estilo no es nada vanguardista", pasando por el auténtico objetivo que la ha llevado hasta París "Espero que a las lectoras les sean útiles (sus selecciones de modelos) y que con ellas consigan crear un armario que les haga sentirse seguras y con el que destaquen por su simplicidad y elegancia". Aurg!

¿Y cómo la imaginación de una escritora novata va a superar las respuestas que dio en la entrevista que le hizo AR? "Título del libro que estás leyendo actualmente". "Hum... aaahhh... hummm... ehhh... bueno, es un libro que me regaló el tío Miguel, pero no me acuerdo del nombre... es sobre América Latina (qué moral tiene Miguel Boyer, es el hombre más optimista que conozco, pensar que la zagala se va a tragar tamaño tocho) pero aún no lo he abierto" "¿Sabes cocinar". "Hum... aaahhh... hummm... ehhh... ssss....no". "Personaje histórico favorito". "Hum... aaahhh... hummm... ehhh... Robin Hood". Maravillosa. Cualquier otra petarda hubiera contestado que está leyendo "El ser y la nada", que se había preparado para cenar un foie sobre lecho de manzanas verdes caramelizadas y coulis de arándonos con reducción de Pedro Ximénez y que su personaje histórico favorito es Teresa de Calcuta (o Juana de Arco, también muy citada en estas lides). Pues no. Ella contesta la verdad y la trufa de "osseass", golpetazos de melena al más puro estilo Carmina (que en paz descanse), sonrisas tatuadas y estudios de "comuniqueissonsss". Y es que sólo los billetes y la posición social son capaces de dar esa seguridad en sí misma, esa ingenuidad arrasadora, esa tranquilidad que te permite alargar las eses hasta el infinito, porque sabes que aunque seas medio lela no va a pasarte nada, porque aunque no pegues un palo al agua en tu vida no vas a acabar sobando en un cajero automático, porque duermes todas las noches sobre un colchón de glamour, euros y clase que no se compra en Lo Mónaco, porque todo a tu alrededor es perfecto y rosa, porque no te hace falta ser alguien que no eres para que te rindan pleitesía. Estoy completamente de acuerdo con Tamara: ella, con un Lagerfeld, destaca por su simplicidad.

P.D. Por supuesto que después de este post ya he perdido cualquier esperanza de convertirme en blogger de ¡HOLA! Ellos se lo pierden, porque ya les he dicho que servidora lee el SEMANA desde pequeña y nadie me supera en la sintaxis de titulares y entradilla tipo "Fulanita afronta su nueva vida", "La fiesta se celebró en un marco incomparable", "Fulanita y Menganito: 20 años de felicidad", "Zutanita de compras por París", "Menganita, feliz ante su próxima maternidad", "Zutanita nos abre las puertas de su nuevo hogar". ¿Lo ven? Echada a perder que está una.