martes, 24 de mayo de 2011

De Comuniones y otros sacramentos

Mi suegra, además de ser una señora estupenda, de enseñarme a hacer caldo gallego, cuidar de mi hijo y compartir lecturas de Henning Mankell, también es mi guía espiritual. Cuando en mi oscura noche del alma valoraba la posibilidad de casarme por lo civil, me hice la siguiente reflexión: ¿tengo cojones de decírselo a mi suegra? La respuesta fue NO, por lo que me casé por la Iglesia, de blanco y de Jesús del Pozo.

Mi suegra ha sido el báculo que ha mantenido mi fe a lo largo de los años, y lo digo en sentido literal: si no llego a bautizar mi hijo me hubiera dado con el báculo en la cabeza, por lo que ahora, que llega el momento de decidir sobre la Comunión, huelga decir que aún no he reunido los arrestos suficientes para plantarle cara a una gallega (¡y de El Ferrol!). Y miren, ya puestos prefiero que mi guía espiritual sea la madre de mi marido a que lo sea Paulo Coelho, Jiménez Losantos o la Sagrada Orden de los Caballeros Jedi.

Así que, tras decidir libremente que el niño va a comulgar, me enfrento a otra serie de cuestiones de gran altura teológica para las que espero haber encontrado respuesta:

- La Catequesis: ¿Cómo conseguir que un niño acuda durante dos años a unas charlas más intensas que el coloquio de La Clave? Pues volviendo al latín para convencer a los críos de que están haciendo el curso de acceso a la escuela de Harry Potter (sinceramente, es más fácil que crean que si dicen lacarnum inflamarae van a salir llamas de una varita que entender el hecho de que Dios sea Uno y Trino).

- Lista de Comunión: Sí, ahora ustedes también lo ven mal, pero no se me ocurre qué hacer cuando le regalen a mi hijo seis Biblias de tapa nacarada (muy útiles si eres dueño de un motel en EEUU) o cuatro juegos de desayuno decorados con los niños de Ferrándiz, aunque al paso que vamos es posible que saquen uno de Bob Esponja comulgando con una Burguer Cangre Burguer.

- El traje: ¿Tiene usted una hija? Pues prepárese. Si la ha educado como Dios manda, le pedirá un traje de Devota y Lomba (que los hay, ya lo creo que los hay) y le dejará la tarjeta de El Corte Inglés temblando; si la ha educado como ha podido, le pedirá una versión del traje disco-dance de las Bratz, con su top y su minifalda (en blanco, eso sí), y comulgará convertida en una extraña mini-choni virginal. Si tiene un hijo, es aún peor, porque tendrá que elegir entre tres opciones incompatibles con la dignidad infantil:

- con corbata y blazer, tal cual el hijo pequeño de Norma Duval cuando nos felicitaba las Navidades en familia desde el ¡HOLA!

- de fraile (imprescindible completar el look con un estilismo capilar a lo Marcelino, pan y vino)

- de almirante: en caso de elegir esta última opción, ruego de todo corazón que degrade a su hijo y lo vista de marinero

- Las fotos de los recordatorios: ¿Su hijo ha ganado un Oscar? ¿No? ¿Entonces por qué piensa que puede expresar en su rostro toda la emoción que siente su alma al recibir el cuerpo de Cristo por primera vez? Lo más probable es que salga con una cara más ida que el Artista Antes Conocido Como Paquirrín volviendo de un after. Así que olvídese de reclinatorios, columpios, flores de plástico y demás excesos kitsch (a no ser que pueda contratar a David LaChapelle o quiera regalarle a Alaska y Mario una foto para su salón) y hágale la foto lo más natural posible. Y no, por mucho que el crío sea del Real Madrid, no consienta en fotografiarlo vestido con la equipación y una Biblia en las manos o parecerá Kaká.

- El convite: ¿Lleva ya 60 invitados y no sabe como parar esto? Mi consejo: si quieren que la celebración sea lo más íntima posible, que el niño haga la Comunión a las cinco de la mañana. Oigan, no pasa nada: Campanario y Jesulín bautizaron a su hija a las once y media de la noche para salvaguardar la exclusiva, y Lola Flores y el Pescaílla se casaron a las seis de la mañana "para evitar problemas". Siempre hay que aprender de los maestros.

Resueltas las cuestiones de orden práctico, sigo maldiciendo que mi falta de carácter me impida plantarle cara a mi suegra. ¿Y su marido?, se preguntarán ustedes, ¿no dice nada? ¿Mi marido? Le confesó a su madre que fumaba ¡a los 35 años!

martes, 19 de abril de 2011

Cuarentones por el mundo

Cuarentones por el mundo. Éste va a ser el nuevo programa prime-time de TVE para la temporada primavera-verano: un grupo de cuarentones viaja por las principales capitales europeas ¡sin niños! Nuestros protagonistas convertirán sus 48 horas de libertad condicional en un viaje alucinante donde jamás se escucharán frases como "mamá, estoy aburrido" o "hay que buscar algún sitio para cenar, que los críos tienen hambre". Primera parada: ÁMSTERDAM.

¡PELIGRO! BICIS SUELTAS:
Ámsterdam vive dentro de un bucle de la cabecera de Verano azul. Todo amsterdanés tiene un Pancho o una Desi en su interior (un Piraña no, porque son todos altísimos y delgadísimos) que les lleva a ir en bicicleta de un sitio a otro atropellando a su paso todo lo que se menea. Las bicis no llevan luces y los timbres van de adorno. Los paseos de nuestros cuarentones por la ciudad se convertirán en un remake de El diablo sobre ruedas.

HIJOS:
Nunca deje a su hijo ir a Ámsterdam:
- si es pequeño tendrá que pasearlo por algunas calles de la ciudad como si fuera el hijo de Michael Jackson, es decir, con la cabeza tapada. ¿O cómo le va a explicar la cantidad de penes y vaginas de todos los materiales, tamaños y formas que va a encontrar a su paso? ¿Y lo de las cadenas, las esposas, los disfraces de enfermera cachonda, las máscaras, las bolas, los consoladores, los látigos, las fustas y demás accesorios? ¿Le dirá que en Ámsterdam siempre es Halloween o que el vibrador de dos velocidades es el Bakugan de papá y mamá?
- si es mayor, peor todavía: que tampoco vaya hasta que no haya aprobado Notarías. Si quiere hacer un Erasmus, que se vaya a Ciudad del Vaticano.

IDIOMA:
El holandés suena a Cayetana de Alba con la boca llena de polvorones, por lo que, descartada la posibilidad de hablar el idioma local, usted podrá poner a prueba sus conocimientos de COU. Si quiere un plano de la ciudad, siempre puede decir "Can you give me a plane (avión)?" en lugar de "map" (mapa) ante la mirada comprensiva del recepcionista. Comprenderá que tararear dos estrofas seguidas de Mrs. Robinson no equivale a saber inglés.

AMPARO, FÚMATE UN PORRO:
¿Se le ha olvidado cómo se lía un peta? No se preocupe: en los coffee-shop los venden ya liadicos. Pida un "soft marihuana specially for forty-somethings" y hágase el enrollao con frases como "Buah, esto no es ná. ¡Si vieras las trompetas que me fumaba yo!" antes de sentir que la tierra tiembla bajo sus pies. Cuando se le pase el colocón recordará porqué dejó de fumar canutos hace diez años. Y no, no piense que las magdalenas de marihuana son más suaves: estoy en situación de asegurarles que es un error.

CULTURA:

Los cuarentones desatados cumplirán con su prurito cultural visitando un museo (y no vale el de la Heineken) para poder decir a la vuelta "Oh, la pintura holandesa del XVII es una maravilla, aunque personalmente me gusta más Vermeer que Rembrandt" y epatar a los amigos que no viajaron. También patearán sin descanso la ciudad admirándose de la belleza de sus fachadas (cada vez que vean algo que parece importante consultarán su guía para saber qué es -"¡Ah, claro, esto es el Het Huis met de Hoofden de toda la vida"- y calmar así su sed de conocimientos, porque la de cerveza ya ha sido calmada en sucesivas paradas). Y, por supuesto, pasearán en barco por los canales saludando a todo bicho viviente como si fueran la mismísima reina Beatriz.

GASTRONOMÍA:
El plato estrella amsterdanés es cualquier cosa comestible aderezado con marihuana. Queso, magdalenas, pasteles, té, bizcocho, galletas... así que, si encuentran un plato llamado "Cogollo ahumado sobre lecho de hierbas, semillas y setas", desconfíen: no es una ensalada desestructurada.

VUELTA A LA REALIDAD:
Los cuarentones recogen a sus hijos y les entregan camisetas (de talla equivocada, por supuesto) con la palabra ÁMSTERDAM escrita de todas las formas posibles mientras los niños les preguntan porqué no les han traído unos Gormiti Elemental Fusion. Besos y a la cama.

Nuestros protagonistas regresan a casa agotados pero felices. Ámsterdam es una ciudad deliciosa, amable y divertida, y sus canales son como la piscina de Cocoon: consigue que unos cuarentones vuelvan a los veintitantos durante dos días. Definitivamente estoy convencida de que Cuarentones por el mundo va a ser el programa revelación de esta temporada. Tiembla, Gran Hermano.

viernes, 1 de abril de 2011

Cómo convertirse en redactor de ¡HOLA!

Sí, lo sé: muchos de ustedes darían la mano derecha por escribir en el ¡HOLA! Yo también, de hecho me la cortaron en el primer post (tecleo con un garfio, así que perdonen las erratas), pero servidora no desiste en su intento. Así que aquí van unas pequeñas notas obtenidas del análisis morfológico y sintáctico de la revista:

1) Abandonen el camino del realismo sucio, del Nuevo periodismo de Tom Wolfe o del chonismo semántico del "Cuore" y repasen las primeras novelas de Corín Tellado. No teman ser más cursis que un especial de "La casa de la Pradera" (Chiquito dixit).

2) No olviden que las ocasiones son "excepcionales", las reuniones sociales "extraordinarias" y las veladas "inolvidables".

3) Para describir cualquier look utilice siempre dos adjetivos:

- "sofisticada y glamourosa", cuando es una de las holísticas de cabecera (Naty Abascal, Isabel Preysler, Adriana Abascal o la recientemente resucitada tras años de ostracismo campestre Patricia Rato)

- "espléndida y serena madurez" si la señora en cuestión tiene más de cincuenta, se lo ha pasdo pipa en su juventud y ha conseguido borrar las huellas de las juergas marbellíes a base de liftings 

- "sencilla y natural", si pillan a Eugenia Martínez de Irujo hecha un Cristo por la calle

- "original y juvenil", si pillan a la madre de la susodicha hecha otro Cristo (aquí hay una variante: si Cayetana está en Ibiza paseándose con una camiseta con flecos en los bajos y pulseras en los tobillos, entonces su estilo se torna "hippie y desenfadado") 

4) Casas y mansiones:
Si la casa es un despropósito (recuerdo la de una hija de Jack Nicholson, que parecía decorada por Pascua Ortega con un trastorno bipolar), es "un reflejo de la personalidad original de su dueña"; si no cabe ni un alfiler en el salón y da la sensación de que vive allí alguien con síndrome de Diógenes "está llena de recuerdos", y si tiene las paredes blancas en lugar de estar entelada hasta el techo "es de estilo minimalista".

5) Viajes:
Las grandes ciudades son "sofisticadas y cosmopolitas", y si estamos en África los protagonistas siempre viven una "exótica e inolvidable aventura" (le llaman aventura a alojarse en un hotel de lujo donde el mayor peligro es que tarden más de 15 minutos en llevarte el desayuno continental a la habitación) 

6) Entrevistas:
Son siempre "profundas y sinceras", o "reveladoras" si "desnudan su alma y su corazón" (excepto si son cañeras, que entonces se vuelven "impactantes", cuentan "su verdad" -yo toda la vida convencida de que verdad sólo hay una, ¡qué burra soy!- y se accede a los "archivos vitales" del personaje).

7) Palabras prohibidas:
Borren para siempre de su vocabulario términos como "liados", "nuevo rollete", "madre soltera" o "separados" y sustitúyanlos por "felices y enamorados", "recupera la ilusión", "afronta en solitario su maternidad" y "ponen fin a su historia de amor". Recuerden: Ernesto de Hannover no se corre una juerga, sino que se muestra "alegre y desinhibido".

8) Abusen del Photoshop:
Comenten en Maquetación que quieren que las fotos de su reportaje parezcan directamente extraídas del Museo de Cera de Madrid. Ni una arruga, ni una ojera, ni un michelín: la piel más tensa que el arco de Orzowei (voy a tener que deschiquitearme, que me estoy pasando).

9) Recuperen su fe: cuando la entrevistada les conteste "lo único que hago para estar así de bien es dormir 8 horas y beber mucha agua", tienen que creerla a la primera. ¡Y dejen de buscarle cicatrices detrás de las orejas, por Dios!

10) Y por último, pero no menos importante, oculten su vena republicana: estudien árboles genealógicos, repasen el Gotha, aprendan a distinguir toisones, órdenes militares, blasones y condecoraciones, diferencien de un golpe de vista un vizconde de un marqués y, sobre todo, especialícense en familias reales en el exilio (sin mencionar jamás el motivo por el cual fueron exiliadas, por supuesto, que esto es el ¡HOLA!, no PÚBLICO). 

Para finalizar, realicen este ejercicio práctico

Piensen en Carmen Martínez Bordiú y José Campos de viaje por el Ártico, con el titular "Amor en el fin del mundo": hagan un comentario de texto y fotos sin incluir las palabras "que se compren un iglú" y "a ver si montan una compañía de baile con Nanuk el esquimal".

¿Lo han conseguido? Estoy convencida de que sí. Yo lo he reescrito doce veces, pero siempre me sale la frase "qué pena que no se quedaran ahí, congeladicos como Walt Disney". ¡Maldito subconsciente! Pero volveré a intentarlo. Lo prometo.

lunes, 21 de marzo de 2011

Tuiterismo

El blog ha muerto. Así que si usted está leyendo estas líneas, sepa que es un necrófilo de cuidado, porque últimamente en un montón de artículos que hablan sobre twitter han declarado a los blogs (y, por ende, a los que tienen uno) como oficialmente demodé, cascaos y viejunos. Y la verdad, después de ver la pinta que tengo mientras escribo (me voy al gimnasio y no, no parezco Carmen Lomana cuando ensayaba en MQB, más bien parezco Isa P. cuando llega al aeropuerto tras cantar en Argentina -ella en chándal de Escada, a mí me patrocina Decathlon-) creo que empiezan a tener razón.

Así que me he hecho una cuenta en twitter, pero sólo para seguir los pasos de una persona que me interesa por motivos profesionales: no, lo siento, no lo puedo decir; tendría que matarles si les revelara su nombre. Pero ahí tengo la cuenta: muerta de la risa, porque ¿qué escribe uno en twitter? ¿les cuento mi agitadísima vida paso a paso? -les recuerdo que los Goya son una vez al año, por desgracia, que yo viviría en un cóctel permanente con Hugo Silva a un lado y Alberto Ammán al otro y tirándome por encima canapés de cebolla con manzana-. A ver, podría tuitear desde el Pilates:

@Ebaezan
tengo tantas agujetas en los abductores que parece que me he enrollao con La Masa

O en lugar de llamar pequeño filonazi a mi entrenador por lo bajini mientras expulso el aire ("¡pubis en la nariz!, ¡pubis en la nariz!, "¡cierra costillas!, ¡cierra costillas!" ¿qué se cree? ¿que trabajo en el Circo del Sol?), mandarle un tuit a @enanocabron. Desde la cama, mentarle la familia a John Connolly porque El poder de las tinieblas no me deja dormir. O puedo ponerles al tanto del estado de mi colon tuiteando con mi iPhone o mi iPad desde mi iWater. ¿Creen que la irritabilidad de mi colon se puede convertir en un trending topic?

Es decir, usted ya no puede estar cómodamente en su casa viendo Spartacus sin tuitear todo el rato acerca de lo buenos que están los gladiadores, ni tiene sentido que servidora bloguee sobre los Oscar dos días después porque medio planeta (incluída la abuela de James Franco) ya ha dado sus opiniones sobre la gala en tiempo real. Y si usted no sigue al tonto l'haba de Charlie Sheen, que llegó a los 4.812 seguidores en 60 segundos, pues eso, que no es nadie.

Ahora bien: mida sus palabras o miles de flechas envenenadas en forma de tuits caerán sobre usted. El que se lleva la palma es Bisbal: ¿recuerdan que en plena crisis egipcia escribió aquello de "Nunca se han visto las pirámides de Egipto tan poco transitadas, ojalá que pronto acabe la revuelta"? Pues los cachondos de la red se despepitan diciendo que ha escrito "Nunca se han visto olas tan grandes en Japón, ojalá pueda ir pronto a hacer surf en las playas de Fukushima", y sí, cada vez que David Bisbal tuitea, muere un gatito (leído en el Facebook de Mule). Entre eso, lo de Alex de la Iglesia con los tuiteros y la caída de una campaña de Vigalondo para El País porque se le ocurrió comentar "Ahora que tengo más de cincuenta mil followers y cuatro vinos en el cuerpo, podré decir mi mensaje: ¡El Holocausto fue un montaje!", está claro que el twitter tiene más peligro que un barbero con hipo, ¡jarrlll! Si John Galliano llega a tener twitter no lo despiden, lo fusilan al amanecer. Y el último: Eduardo Casanova (Fidel en Aída) dice en su twitter: "Tres minutos después de ver Vida Loca, ya puedo decir (con mucho respeto) ¡fracaso!”, a lo que contesta Miguel Ángel Muñoz en el suyo: “¿Con mucho respeto? Lo que te queda por aprender sobre el respeto a los compañeros”. Ya ven, el twitter es la vida misma: una zancadilla a lo Eva Harrington por aquí, un comentario hecho cuando vas pedo por allá, otro hecho sin ir pedo aunque parezca que lo vas... lo que antes se quedaba entre las cuatro paredes de un bar llega ahora a todo el mundo en un máximo de 140 caracteres.

Y claro: ¿se imaginan lo que se puede tuitear viendo cosas como Casadas con Miami? Además de que el tuiteo me impediría concentrarme en la profundidad estética del miamismo, probablemente no ganaría para demandas. Tengan en cuenta que a mí lo que me gustaría realmente es un crossover entre Casadas con Miami y CSI para que un asesino en serie matara a las cinco tipas, así que calculen. Veo mucho en el papel de psicópata a Víctor Sandoval, asesinándolas porque Nacho Polo se ha enrollado con todas, y a Nacho Polo gritando perseguido por Horatio Caine (por cierto, ¿para cuando un politono con el grito de Nacho Polo?). Pero siguiendo mi línea de incoherencia habitual, es más que probable que un día me despepite y empiece a tuitear como una Bisbal cualquiera. Al tiempo.

martes, 1 de marzo de 2011

Crónica de sofá

No, no fui a los Oscar. Después de asistir a los Goya lo más lógico es que ustedes piensen que estaba en pleno jet-lag tras volver de L.A. Pero yo ya estoy muy mayor para vuelos transoceánicos y, ante la posibilidad de que me diera una trombosis en una pierna tras pasar 10 horas encogida en un asiento (además, al vestido aún no le han podido quitar las manchas de morcilla con manzana), preferí quedarme en casa y ver el resumen de Canal + (sí, también estoy mayor para estar todo el domingo por la noche en vela). Así que aquí va una crónica de sofá, negritas y cigarrillos.

That's the difference. ¿Cuál es la diferencia entre una mujer y una estrella? Que las mujeres sudan y las estrellas no: la danesa Susanne Bier, directora de In a better world subió a recoger su Oscar con unas manchas sobaqueras que ni Camacho en el Mundial de Corea. Pobretica: cada vez que se siente a ver el video en su sofá hecho con piezas de Lego se arrepentirá de no haberse puesto botox en las axilas.

A partir de una cierta edad, hay que ponerse una manguita. El famoso consejo de mi madrina llegó a oídos de Melissa Leo, Oscar a la Mejor Actriz de Reparto por The fighter, que afortunadamente llevaba una manguita para tapar La Molla. Y digo afortunadamente porque cuando le pidió a Kirk Douglas que le pellizcara, Mr. Douglas levantó al menos 3 cm de piel pellejúa del brazo de Leo. Sólo por darse cuenta de que si recogía el Oscar con un palabra de honor recordaría el vaivén de La Molla toda su vida, ya merece el premio.

Ellas envejecen (se operan) mejor. Y si no que se lo digan al citado Kirk Douglas (que da miedo) y a Warren Beatty (que da pavor). Las famosas yemas de los dedos de Beatty en las que Woody Allen quería reencarnarse deben de estar tan arrugadas que Grissom se tiene que volver loco cuando intente meter sus huellas dactilares en la base de datos.

Uoh uoh, las chonis, uoh uoh... No seré yo quien critique a Penélope Cruz por aparecer en los Oscar recién parida (imagínense, medio mundo examinándote para ver si estás hecha una vacaburra, si has recuperado el tipo, si aprovecharon la epidural para hacerte una liposucción....), pero para mí que iba pelín ordinaria (ah, pues sí que la critico, sí), al igual que Scarlett Johanson y Jennifer Lawrence, con el bañador de Pamela Anderson en versión extra-large. Si una es tan, tan guapa ¿para qué resaltar lo evidente? Claro que es una valoración meramente femenina; ante mi comentario de que Pe llevaba un look de poligonera puesta en cumplir, mi marido soltó un expresivo: "¡¡¡Qué va, qué dices!!!"

La veteranía es un grado. Afortunadamente nadie llegó al nivel de Karra Elejalde en los Goya; los mejores agradecimientos vinieron del más que veterano guionista de El discurso del rey, primer Oscar para su primera nominación ("Mi padre siempre dijo que tardaría en tener éxito") y de Randy Newman, dos Oscar y 20 ¡20! nominaciones ("En la comida de los nominados ya debería existir un plato llamado "pollo a lo Randy Newman"). El resto, lo de siempre: familia, amigos, representantes y productores, aunque la más agradecida fue Natalie Portman, que se acordó de cámaras, maquilladores, peluqueros... esta sí que sabe que a los que mejor que hay que tratar en un rodaje es a los que van a conseguir que aparezcas guapísima.

Y hablando de Natalie. Adoro a la Portman desde que la vi en León. El profesional. Ni el peinado ni el traje de Rodarte sacaban todo el partido posible a la belleza serena de la Portman, que diría ¡HOLA! Y, citando a Pumares (rescatado para Sálvame) "¿cómo puede una quedarse preñada ¡¡¡¡de su coreógrafo!!!!?"

Anne Hathaway. Ya saben que en casa consideramos Princesa por sorpresa (1 y 2) como una de las obras cumbres de ese subgénero norteamericano llamado "realezas centroeuropeas inventadas", y que idolatramos tanto a la Hathaway como a su enorme boca, así que un 10 para las dos. Estupenda la intervención de su madre el principio de la gala: "Anne, endereza tu espalda, que está ahí el señor Spielberg".

Christian Bale as Bárbara Rey en el Interviú del 75.
Christian Bale, Oscar al Mejor Actor de Reparto por The fighter, todo de negro negrísimo, incluido el pelo, menos su barba pelirroja. En el aire dejo la pregunta.

Entourage. Viendo cómo las estrellas agradecen su premio a sus agentes no puedo evitar acordarme de El séquito (Entourage) todo el rato, el retrato más descarnado y machista de Hollywood que uno pueda imaginarse. Y lo que más me gusta de los actores norteamericanos es que, a pesar de lo melindres que son para unas cosas, no tienen reparos en reírse de ellos mismos: Aaron Sorkin, ganador del Oscar al Mejor Guión Adaptado por La red social y padre de las mejores series de televisión de la historia (El Ala Oeste de la Casa Blanca y Studio 60 on the Sunset Strip) es una aparición frecuente en la serie, al igual que Bob Saget y John Stamos, de Padres forzosos (¿recuerdan cuando las gemelas Olsen aún no tenían pinta de entrar en "Proyecto Hombre" fin de semana sí, fin de semana también?), que aparecen como dos estúpidos integrales, Michael Madsen, en una clínica de rehabilitación (como la vida misma), Scorsese, Gus Van Sant, Matt Damon... vamos, más cameos que en Torrente 4.

Colin, oh, Colin. Cuando vi a Colin Firth en Valmont, mi admiración por el también recién descubierto John Malcovich quedó reducida a cenizas. Y a pesar de que hay que estar muy, pero que muy orgullosos de la nominación a Bardem por un papel en español, en el fondo de mi corazón quería el Oscar para Colin Firth. Será por la influencia de Enyd Blyton y las galletas de jengibre, pero mi querencia por los británicos es visceral: Jude Law, Ewan Macgregor, Jeremy Irons... los australianos son más de aquí te pillo, aquí te mato (a ver si me mata un día Hugh Jackman), y los americanos... bueno, los americanos son eso, americanos. Pero donde esté Mr. Firth con su smoking de Tom Ford... hasta su mujer le hace juego, una italiana con un estilazo que pa qué.

Hooper, Tom. No sólo gana un Oscar antes de cumplir los 40, sino que anteriormente había dirigido la estupenda The Damned United, protagonizada por Michael Sheen, que se ha especializado en interpretar a Tony Blair (véase The Queen o Una relación especial), y la sexta temporada de Principal Sospechoso, la serie de Helen Mirren que no me canso de recomendar. Y eso lo explica todo.

La lista. En serio ¿para qué quieren que haga una lista de las mejor y las peor vestidas? Desde mi experiencia como asistenta (a entregas de premios, claro) les digo que es dificilísimo saber qué ponerse en una noche así, por lo que entiendo perfectamente las preocupaciones de mis compañeras. Maravillosos los modelazos que la Hathaway lució en la gala: entró con dos Valentino, el que llevaba puesto y el que llevaba colgado del brazo, y a continuación y por orden, Givenchy, Lanvin, Versace, Oscar de la Renta, Viviene Westwood, Armani Privé y Tom Ford (el sueño de Jorge Javier Vázquez hecho realidad, que quería presentar Sorpresa, Sorpresa para poder cambiar de vestuario tantas veces como la Gemio). Y el mejor, el fantástico y polémico Givenchy de Cate Blanchett.

Pues se acabó lo que se daba. Y les aviso: estoy estudiando inglés, a ver si mejoro ese peculiar acento que tengo entre Pedro Almodóvar y Chiquito de la Calzada (mi profesora dice que le suena a tejano, yo creo que es que no ha oído a Chiquito decir "A güán, a peich, agromenáuer"). Por si los Oscar.

martes, 15 de febrero de 2011

Engoyá viva

Viernes. Interior noche. Bar.
La gente no para de desearme suerte (¿¿¡¡por qué!!??). Empiezo a pensar que estoy nominada al Goya a la Petarda Revelación y no me he enterado.

Sábado. Interior noche. Casa de la ¿nominada?
Preparo la maleta, que consiste básicamente en dos bragas, dos camisetas y unos calcetines. El resto lo ocupa la sección de perfumería y cosmética de El Corte Inglés. Luis se queja de que no le cabe nada. "Lo siento", le digo. "Tú no vas a los Goya".

Domingo. Interior día. Coche del marido de la ¿nominada?
Reyes y yo no paramos de elucubrar acerca de qué nos deparará la noche, hablamos de los modelos, los maquillajes... Luis desiste en sus intentos de sacar otro tema de conversación. Hacemos una porra y nos apostamos la friolera de 5 euros.

Domingo. Exterior día. Frente al Teatro Real.
La gente se arremolina en los alrededores del Real: cámaras de televisión, aficionados... todos comentan algo sobre los Goya. Y yo pienso: "Sí, sí, pero vosotros no vais a entrar". Ya me conocen: son estas pequeñas mezquindades las que me mantienen viva.
Nos metemos en la Taberna del Real para picar algo. El camarero hace honor a la fama de mala follá que su gremio tiene en Madrid: nos mira como si fuera el ama de llaves de Rebeca, en esa mezcla única de desprecio y altanería que se traduce en "aunque les esté sirviendo, soy mucho mejor que ustedes, que son gilipollas por pagar un plato de queso a 16 euros". Y, después de ver los precios, creo que lleva razón. El camarero sólo emite sonidos guturales: para decirle a Reyes si quiere otra caña, le gruñe. Jurao. Nos devuelve un montón de calderilla; no sé si quiere que le dejemos veinte euros de propina por haber tenido la oportunidad de ver de cerca a un espécimen semejante. Dudo si dejárselos haciéndole la recomendación de que se los gaste en un buen logopeda. Al final, decido que siga conservando su propio lenguaje, que en esta España nuestra todos tenemos derecho a hablar como nos salga de la laringe.

Domingo. Interior día. Hotel.
Luis, inteligente, se larga para dejarnos solas en la sesión de chapa y pintura. Ante el espejo empiezo a arrepentirme de no haberme hecho una rinoplastia de urgencia y, una vez más, constato el hecho de que los hoteles siempre los diseñan los hombres: por una vez hay un espejo de aumento, pero ninguna luz sobre él que te permita retocarte las cejas en condiciones. Con el mismo pulso que el Marqués de Villaverde operando después de una farra (vamos, con un tembleque que pa qué) consigo que mi eye liner quede presentable. Me visto intentando que las carnes estén en su sitio: por fuera luzco ligera como una pluma; por dentro, soy el acorazado Potemkin. Las medias reductoras no reducen, sólo mueven las mollas de un sitio a otro. Oculto el pelo de la dehesa como puedo. Entra Reyes. "¡Qué guapa!", le digo. "¡Y tú!", me dice, que la muchacha es muy educada. Intentamos que nos quepa todo en nuestros mini bolsos (excuso decir que no lo conseguimos; me planteo si meterme los cuartos en la tetera; lo descarto ante la posibilidad de que las monedas se vayan a algún sitio que no deben).
Luis ha vuelto, bajamos al vestíbulo donde nos esperan Juan Diego, Ramón, Juan Antonio Porto con su Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en la solapa (¿he dicho ya que es el hombre al que más quiero en el mundo, verdad?) y Kike Aganzo, al que sólo conocía virtualmente y que me parece absolutamente encantador. Descubro que ir vestida de gala no es tan duro como parece, lo llevo hasta con dignidad.

Domingo. Exterior noche. Lluvia.
Descubro que la dignidad me dura hasta que salgo a la calle: ¡maldita lluvia, maldito Madrid! Los 500 m hasta el Real se me hacen eternos; una carrera de obstáculos para un vestido largo con tacones: charcos, socavones, resbaladizas calles cuesta abajo. Es una noche de lluvia en Madrid y sí tenemos sitio a dónde ir, pero ¡lo que cuesta llegar! Y, por supuesto, todas las puertas están cerradas. "No, por aquí no, tiene ustedes que ir por el lateral" Pero si no hace falta que se explique, jefe: ¿cómo voy a entrar yo por la misma puerta que Imanol Arias, que está aquí, al ladico mío? Primer ¡ay! de la noche.
Nos acercamos a la puerta principal. No veo nada, sólo oigo pitidos y consignas de los manifestantes. Jugamos a acertar quién está entrando en cada momento por los decibelios del griterío.

Domingo. Interior noche. Teatro Real.
Entramos por el lateral. "Espera, Juan Antonio, antes de subir vamos al hall". Bueno, al ¡¡¡¡jaaaaaarrlll!!!, porque así, nada más llegar y que recuerde: Pepe Sacristán que se choca con Reyes, Ana Álvarez (guapa no, lo siguiente), que estuvo en el FICC y a la que Reyes saluda, se preguntan por los hijos, ya saben, esas cosas que te hacen creer por un momento que tú perteneces a la misma tribu, Álvaro de Luna y su encantadora mujer, a los que Reyes también saluda (¡que sí, que somos de los vuestros!), Massiel, enanica, todo cabeza y tetas, Roque Baños ("Señor Baños, mucha suerte"), Alberto Iglesias, Albert Espinosa, Eduardo Campoy, director de la Academia de Cine (momentazo, es íntimo de Porto y nos lo presenta)... empiezo a hiperventilar.

Domingo. Interior noche. La gala.
Ocupamos nuestros asientos del anfiteatro. No veo una leche; compruebo que en las entradas aparece el diagnóstico de un oculista: visibilidad reducida. Me da lo mismo, yo hubiera visto la gala en directo aunque fuera colgada de una lámpara. Delante de nosotros se sienta Miriam Ocáriz; no la reconozco con el pelo largo. Por cierto, que Leonor Watling lleva un diseño suyo que no le favorece nada. Mientras, en la pantalla central vemos imágenes de la entrada; aparece Sinde junto a de la Iglesia: carcajadas entre el respetable ante la cara del dimitido Presidente. Me gusta mucho el Jesús del Pozo de Sinde.
Comienza la gala. Buenafuente se mueve por el escenario y mi vista empeora; paso de "reducida" a "nula". Dos pantallas en los laterales intentan curar mi ceguera momentánea, pero ni el doctor Barraquer ni ná, porque de vez en cuando se olvidan de emitir la señal. . Estoy sentada justo al lado de la mesa de control; por los pinganillos se oyen frases muy propias de los de realización de estos eventos tales como "me cago en la puta", "vaya una puta mierda" "pero ¿qué coño estáis haciendo?", "vamos, vamos, vamos, que se nos escapa" y sobre todo "¡a Maragall le suena el móvil, a Maragall le suena el móvil"!
Definitivamente, la gala se ve mejor en casa, con tu cigarrico, tus zapatillas y tu vodka con tónica. No sé dónde meter las piernas, me arrepiento de no haberme puesto el Tena Lady, hace calor y tengo hambre. Pero soy feliz.
Álex de la Iglesia suelta su discurso. Pocos aplausos en el Real; por cierto, tras la emisión de cada video por lo bajini se oyen aplausos pregrabados que se mezclan con los del público.
Porto se emociona al ver las imágenes de los compañeros que ya no están, también durante el discurso de Mario Camus, Goya de Honor y gran amigo suyo (han trabajado juntos en diversas ocasiones). Se ríe al ver a Sinde ("Salió en mi primera película - Boris- ¡con 45 días! Su padre la llevó al rodaje sin que lo supiera su madre") y nos ameniza la gala con comentarios jugosísimos e irreproducibles. Desde aquí propongo a Porto como tertuliano para el Sálvame Diario; va a dejar en mantillas a Charo Vega.
El personal comienza a aburrirse y se dedica a mandar mensajes. Yo no tengo casi cobertura.
Sale Juanjo Puigcorbé con Rosa María Sardá. Temo por la vida de Emilio Aragón, que está en la platea a puñetazo y medio de Puigcorbé.
Termina la gala. Quiero verla en mi casa a ver si me entero de algo. Reyes ha ganado la porra.

Domingo. Interior noche. El cóctel.
¡Al fin, un aseo! Restauradas y con 500 ml menos de líquidos, bajamos a la segunda planta. La hiperventilación pasa a ser fibrilación. "¡No proceso, Reyes, no proceso!" es la frase de la noche; soy incapaz de acumular tanta información mientras escaneo la sala: a mi derecha Antonio de la Torre, y de ahí y en ángulo de 180º Alberto Ammann, Hugo Silva, Icíar Bollaín, Paul Laverty, Carlos Santos, Laia Marull, Marina Gatell, Lucía Etxebarría con el acompañante más estiloso de la noche, María Luisa San José, Isabel Prinz, Dafne Fernández, Xabier Elorriaga (altísimo), María Comas, la niña ganadora del Goya por Pa negre... ¡y Yola Berrocal! (mira por dónde, no soy la única impostora) Y (otra exclamación) ¡un tío en chándal! que no era Óscar Jaenada.
Me da miedo sacar la cámara y avergonzar a Porto; el pobre no entiende que estemos tan emocionadas. "¡Pero si son gente normal, coño!", me dice todo el rato. Hombre, lo de Ammann no es normal, señor Porto. Y lo de Hugo Silva, tampoco.
Anda, pero si conozco a alguien: Pablo Blanco, montador y productor que ha estado en el FICC este año. Lo saludo dándome el pisto. Manolo Zarzo se nos presenta presumiendo de segunda esposa: Zarzo tiene 78 años y su mujer (morena, alta, guapetona) rondará los cuarenta (aquí pisto nos damos más de uno). Me giro: Trueba ve a Juan Antonio Porto y se para a hablar con él ("ha sido alumno mío", nos dice después Porto). Me muero.
La comida no aparece por ninguna parte y servidora ya se ha echado tres cervezas al estómago vacío. Ya sé que dedicarse al cine y pasar hambre es la misma cosa, pero se están torrando. Aparece un camarero: "Por favor, pasen al salón Goya donde estamos sirviendo unos aperitivos". Y en el salón Goya: Trueba charlando con Mariscal (Goya al Mejor Largo de Animación por Chico y Rita), Leire Pajín (de esta muchacha no digo nada, sólo aporto el enlace del Facebook y el comentario de Reyes acerca de sus zapatos rojos) y Pasqual Maragall. Nos ponemos de cháchara con el productor de Bicicleta, cuchara, manzana (Goya al Mejor Documental), encantador, que nos hace una foto con Mariscal. Reyes, al quite: "Hemos puesto su película en el FICC".
Tengo el Goya a dos centímetros: en tres segundos ideo un plan perfecto para robarlo; en dos, lo desecho. Efectivamente, no me cabe en el bolso. A los próximos Goya voy con un shopping bag y que le den por saco al estilismo.
Otro momentazo: aparece ¡Fernando Chinarro! Sí, sí, el Señor Chinarro de "Los payasos de la tele". Me abalanzo hacia él para hacernos una foto ("lo de la fama de este hombre es increíble", afirma su acompañante, que por lo visto no sabe que es el ídolo de una generación) mientras que por el rabillo del ojo miro por si aparece Puigcorbé persiguiendo a Emilio Aragón y, con Chinarro, ya tenemos el episodio de hoy.
Tras el chinarrazo me tiro a por los canapés, mejor dicho, me tiro los canapés: una masa de morcilla con manzana cae sobre mi vestido. Con un donaire entre Santurce y Bilbao, me arremango la falda luciendo las pantorrillas. Reyes ya no puede comerse ni un petit four más, Porto comienza a dar señales de cansancio y decidimos que es el momento de irnos. Todavía nos da tiempo a que Porto ayude a Carmen Alborch a ponerse el abrigo.
En la puerta, Lola Dueñas pide un taxi. "¡Lola, Lola!" "Ay, que te he quitao el taxi!" "Que no, que sólo quería decirte que te adoro" "¡Qué bonica, dame dos besos!" Muac, muac. "Pero ¿seguro que no quieres el taxi?" "Que no, Lola, gracias" "Pues nada, hasta luego. A la Plaza de Santa Ana, por favor". Y ahí perdí la oportunidad de colarme en un fiestón, porque un "Lola, compartimos taxi" hubiera quedado estupendo, pero mi falta de reflejos es antológica. Veo a Lola Dueñas de cerca y la cámara no le hace justicia, es muy bonica. No se me va de la cabeza la imagen de María Navarro. Los misterios de la genética.
Porto se va y nos deja felices, un poco piripis (yo me despido hasta de los técnicos del Teatro Real), y volvemos andandico al hotel.

Domingo. Interior noche. El hotel.
Luis duerme como un bendito. En plena euforia goyesca y sin nadie con quien comentar la jugada, me dedico a enviar mensajes.

Lunes. Exterior día. El retonno.
Llamo a Telefónica para que me prohíba mandar mensajes a partir de las tres de la mañana. Nos entonamos con un chocolate con churros, y al ladico del hotel me encuentro con Escaleto (esto es sólo para los fans irredentos de "Sálvame"; ellos sabrán quién es). Va por la calle en la que vive J. J. Vázquez; lo mismo va a despertarlo con unos croissants rellenos de Obegrass y las audiencias del De Luxe.
Pasamos a ver a Sonia un momento antes de irnos (un beso, guapa). En el coche, llamadas y más llamadas: "¿Qué taaallll?". "¡Fenomenaaaalll!". Me llama Porto: "Oye, que ayer no me acosté hasta que me acordé del título de la película de Camus. Era La vieja música, que lo comprobé en los libros". Me suena raro lo de "lo comprobé en los libros"; ni Wikipedia ni leches, "los libros". Qué rápido nos acostumbramos a lo nuevo, porque mi Larousse ilustrada duerme el sueño de los justos en una estantería.
En casa, y en pleno proceso de desgoyización acelerado por un "¡Mamá, hazme la cena!", leo que Álex de la Iglesia ya está rodando a esa misma hora en Cartagena. Lo de este tío es increíble. Igual que lo mío: he estado en el 25 aniversario de los Goya. Pellízquenme.

jueves, 10 de febrero de 2011

Me voy a los Goya

Me voy a los Goya. Y lo primero que se preguntarán ustedes es "¿Qué te vas a poner?", porque es exactamente lo que me ha preguntado todo el mundo. No "¿Cómo lo has conseguido?" ni nada por el estilo, no. Convencida de que a Vargas Llosa le preguntaron lo mismo cuando dijo que le habían dado el Nobel, les aclaro la duda: vestido gris largo de French Connection, chaqueta negra de Tara Jarmon, broche de Fairly, zapatos de Adolfo Domínguez, pelo Tita Thyssen Hair Style (vamos, que me peino yo con los consejos inestimables de mi coiffeur Antoñito) y cara Ikea Make-Up (vamos, que también me maquillo yo) realizado a base de todas las muestras que he podido conseguir. De hecho, las dependientas de El Corte Inglés están empezando a sospechar de mis "extraños" problemas de piel que me obligan a probar los productos antes de llevármelos; esas dependientas de cosmética que han tenido que estudiar Químicas para colocarte un contorno de ojos de 125 euros (enzima LOXL, flavonoides, alfahidroxiácidos, retinol, ácido hialurónico, péptidos, kinetina...), que sólo utilizan infinitivos acabados en -ar (alisar, reafirmar, detoxificar, afinar, sublimar, iluminar, reactivar, regenerar) y que tienen una maravillosa pronunciación del francés (no saben ustedes la cantidad de formas distintas que hay de decir "Fond de teint sérum régénérateur d'eclat"; aquí la pronunciación varía mucho si eres de Santa Lucía, que vas más por lo parisino, o si eres de la Calle del Alto, que te sale un acento marsellés que pa qué).

Lo segundo que me dicen: quieren que
- me haga muchas fotos para ver el modelo
- me haga muchas fotos con actores famosos
- les pida autógrafos
- twittee la gala
- les mande un SMS diciéndoles dónde estoy sentada (¿¡!?)
- les salude (¿¿¡¡??!!)
todo ello subida a unos tacones de vértigo, cuando no saben que voy a concentrar la poca energía que me queda en no meterme un goyón subiendo las escaleras del Teatro Real. Porque ¿les he dicho que este año los Goya son en el Real? Tenemos una suerte de mil demonios: marco incomparable, movidón en la Academia, manifestantes en la puerta contra la ley Sinde... ¿qué más se puede pedir? Y, en medio de todo ello, servidora al más puro estilo Paco Martínez Soria en La ciudad no es para mí. Menos mal que voy acompañada de nuestro hombre en la Academia, Juan Antonio Porto, del cual ya les hablé en A dos grados Porto de Clint Eastwood, el hombre al que más quiero en el mundo en estos momentos con permiso de mi santo esposo, y de mi Reyes de mi alma que, además de llevar 30 años de festivales en la cabeza, lo mismo se toma un gintonic con Gemma Cuervo que se mete en un submarino con José Luis Garci.

Nos advierte Porto que, una vez que nos sentemos, ya no se sale ni al cuarto de baño. Estoy pensando seriamente en sondarme y no ingerir líquidos hasta el lunes por la mañana, en una terapia radicalmente conductista destinada a acabar con mi eneuresis maduril. Y como estará por allí Concha Velasco, siempre puedo pedirle un Tena Lady, que seguro que lleva en el bolso. Si le cabe, claro, porque ¿me pueden explicar ustedes cómo quieren que meta el tabaco, el móvil, el dinero, los Smint, la nariz roja de payaso, la Moleskine y el brillo de labios en un bolsico apropiado para la mujer de David el Gnomo? O para Lara Rodríguez, que viene a ser lo mismo.

Así que entre mis intentos de no parecerme a Belén Esteban cabalgando sobre sus FURIEZZA ("Para una mujer elegante, sofisticada y pasional que busca el éxito en los eventos a los que acude", reza su línea de FIESTA, ¡si es que nos definen perfectamente a las dos, qué ojo clínico!), encontrar el bolso perfecto, no babear delante de los famosos, sobrevivir al abrazo de boa constrictor que supone llevar un sujetador con la espalda baja, estar constantemente de frente ("de perfil pareces una gitana preñá", me suelta mi santo, "pues tendrás que andar como una egipcia", replica Juan Diego) y, sobre todo, que no descubran que soy una impostora (tengo la sensación de que todo el mundo se va a preguntar "¿pero qué hace esta tía aquí?"), estoy engoyá perdía. Pero eso sí, más feliz que un chambi, agradecida y emocionada, igualica que Lina Morgan. Y ustedes, por si acaso, pongan una velica a San Luis García Berlanga para que no me caiga, que me veo con los piños clavaos en la alfombra roja.

Voy a entrar en la web de Louis Vuitton a ver si tienen sondas de fiesta. Les cuento la semana que viene. Felices Goya.