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jueves, 12 de febrero de 2009

Ciao, bambino

Hasta ahora creía que sólo existían dos formas mega cutres de cortar con alguien: una vía fax, la que utilizó Daniel Day-Lewis cuando mandó a tomar viento a Isabelle Adjani, y otra vía SMS, la que usó un cenutrio impresentable para dejar la relación con una amiga mía. Pero resulta que hay una tercera vía: la exclusiva de ¡HOLA! Tal cual. Isa P. aparece en la portada refugiada en su abrigo de pieles ("después de matar un lobo", comentan en SLQH) declarando que su relación con Julián ha terminado.

Por supuesto Isa P. le cuenta la dolorosa ruptura a su amiguísima Chelo G., que advierte al final del reportaje que "la voz de Isabel se ha quebrado en diversos momentos de la entrevista". No me extraña; si a mí me pagaran el pastizal que se ha llevado ella también se me quebraría la voz, pero de los gritos de alegría. Y es que todo reduce a una cuestión de patrocinio: al cenutrio que ha plantado a mi amiga lo patrocina Movistar, y a Isa P. el ¡HOLA!

Isa P. posa como una modelo de peluquería: con un recogido descuidado, con una coleta tirante, con el pelo suelto y con la melena al lado en un rollo Morgan Fairchild en "Flamingo Road" (si la tonadillera se ha dado cuenta de la rabiosa vuelta de los 80, hay que buscar otra cosa, amigas). "Ay, si es que con esta melena tan presiosa que tienes se te puede haser de tó". "Grasias, maricón", dice Isa P. (según dijo María Jiménez todos lo que peinan, maquillan o visten a las folclóricas son maricones). Isa P. se deja maquillar por su Juan Pedro y se va a un hotel de Oropesa a hacerse las fotos. En cambio, el borrico del mensaje lo habrá enviado desde el sofá de su casa con la camiseta oliendo a hamburguesa mientras veía "Escenas de matrimonio" (su placer culpable, que diría Rosa Belmonte). Y es que todavía hay clases: la baja y la bajísima.

Isa P. concede una E.E.E.: una Excepcional Entrevista Exclusiva. Y nos cuenta (se lo cuenta a Chelo G., pero es que Chelo no sabe guardar un secreto, qué le vamos a hacer) que Julián nunca le dio su sitio y que ella le ha dado mucho más de lo que ha recibido, que se entregó completamente y que se siente decepcionada y engañada. Vuelve la víctima. Pero no vean lo lista que es la víctima: se quita el muerto de encima y se lo lleva crudo.

Ya saben, cuando quieran dejar a alguien no manden un SMS a "DEC" diciendo "Q T DEN X SACO, MANOLO". Ni lo escriban con tinta que se ilumina en la oscuridad al estilo de "Mujeres de Manhattan" (mi placer culpable, pero es que sale Andrew Macarthy). Ni se vayan a la hoja parroquial a negociar con el cura una portada como Dios manda. Hablen con ¡HOLA! y comiencen a rehacer su vida con unos cuantos milones más en el banco. Parece que no, pero ayuda.

lunes, 12 de mayo de 2008

Pink House

Mis disculpas. He estado ingresada unos días en el Princeton-Plainsboro Teaching Hospital y no he podido escribir; han tardado demasiado en diagnosticarme. De hecho, el Dr. House estaba como un loco: al principio pensó que me había comido un ácido porque mi primer síntoma era que lo veía todo rosa, después que había desarrollado un extraño daltonismo post-traumático, a continuación que era algo auto inmune. Resonancias, biopsias, antibióticos de amplio espectro y un House con una mala leche que ni les cuento, venga a preguntarme cosas como si soy promiscua, lo que como, lo que bebo, si en mi familia hay algún antecedente de alteraciones cromáticas y cosas por el estilo. Incluso me preguntó qué leía. "Lo normal", contesté. "Stendhal, Stevenson, Cortázar, McEwan...". "¿Nada más? ¿Seguro?". "Bueno... el jueves pasado me compré el ¡HOLA!". "Imbécil" me respondió. "Tenía que habérmelo dicho antes". Y se bebió una tónica.

Diagnóstico
: Algodonitis Sacarosa Grado 1, o lo que es lo mismo, un subidón de azúcar provocado tras ver el reportaje de ¡HOLA! donde Tita presenta a sus niñas (megaexclusivón). House me mandó a hacer puñetas, me recetó un Espidifén 600 sabor albaricoque y me prohibió terminantemente volver a ojear la revista. Así que este post está escrito desde el recuerdo de lo que leí (y vi, sobre todo vi) la semana pasada, porque por prescripción facultativa no puedo volver a leerlo. Definitivamente el último número del ¡HOLA! debería llevar una leyenda del tipo "NO APTO PARA DIABÉTICOS".

Abrí la revista con mi alegría e inconsciencia habituales y me encontré con que Tita había convertido una parte de "Más Mañanas", su vivienda de Sant Feliu de Guíxols, en la casa de sus niñas y, en un alarde de naming sin límites (van a acabar fichándola en Bassat & Ogilvy como copy) la había llamado "Pink House". Parece que Tita ensaya para participar en el famoso concurso "¿Cuántos tonos de rosa es usted capaz de nombrar? Un, dos, tres responda otra vez". "A ver... fucsia, salmón, pastel, fresa, ácido, palo (uy, palo!), shocking..." Así me quedé yo, shocking del todo. Me vi envuelta en una nebulosa rosa de ositos, cuentos, lazos, una colección de Hello Kittys que haría las delicias de Alaska y una Tita que pasea con sus niñas por el jardín con un modelito transparentoso de Cavalli que se había comprado días antes y que estrenaba para la ocasión. La niebla rosa con jirones blancos se extiende a lo largo de las 28 páginas del reportaje y va difuminando las imágenes de Tita: Tita acuna a las niñas, Tita les da de comer, Tita las arropa, Tita juega con ellas, Tita con las niñas y la niñera (¿de qué color viste la niñera? ¿se lo imaginan?)... yo ya casi no distingo nada entre tanto algodón de azúcar, entre tanto helado de nata y fresa, pero alcanzo a ver un piano rosa que ni Elton John en su momento más gay. Antes de caer en mi pink delirious me da tiempo a leer que hay tres personas que hacen turnos ayudando a Tita, además de LA JEFA DE NIÑERAS, repito, LA JEFA DE NIÑERAS. ¿Quién es? ¿Mary Poppins pasada por la Escuela de Marines? Ay... las letras se confunden ante mis ojos, el rosa lo invade todo, es como si King Kong hubiera hecho una pompa gigante con un BOOMER de fresa y hubiera estallado sobre la casa de las niñas... estoy al borde al colapso cromático y mental. Si la pobre Belén Esteban ve la revista se le acelera la diabetes... tengo que avisar a AR... tengo que avisar a AR...

Y así me encontraron: tendida en el suelo, agitando la cabeza, con los ojos abiertos como platos, diciendo frases inconexas ("¿cuándo hemos pintado el techo de ese color?..." "...avisad a AR... avisad a AR..." "no te favorece el pelo rosa, cariño... ¿por qué te lo has teñido?"). Llamaron al 112 y me llevaron al Central, pero como Vilches ya no está y yo no paraba de repetir "Pink House... Pink House..." y "que no me atienda la Obregón... que no me atienda la Obregón..." ("tranquila, que todavía no se ha incorporado a la serie" oía entre sueños) me derivaron directamente al Princeton-Plainsboro para que me atendiera el tío de la tónica. Resultado: 3 días internada y una factura que ni les cuento. No sé si pasársela a Tita o a Sánchez Junco.

Por cierto, me estoy tomando una taza de algo que sabe a café pero que es rosa. No sé si es que todavía me dura el delirio o es que Ferrán Adriá ha estado de experimentos en mi cocina y yo no me he enterado. Voy a llamar a House. ¿Greg?