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lunes, 12 de mayo de 2008

Pink House

Mis disculpas. He estado ingresada unos días en el Princeton-Plainsboro Teaching Hospital y no he podido escribir; han tardado demasiado en diagnosticarme. De hecho, el Dr. House estaba como un loco: al principio pensó que me había comido un ácido porque mi primer síntoma era que lo veía todo rosa, después que había desarrollado un extraño daltonismo post-traumático, a continuación que era algo auto inmune. Resonancias, biopsias, antibióticos de amplio espectro y un House con una mala leche que ni les cuento, venga a preguntarme cosas como si soy promiscua, lo que como, lo que bebo, si en mi familia hay algún antecedente de alteraciones cromáticas y cosas por el estilo. Incluso me preguntó qué leía. "Lo normal", contesté. "Stendhal, Stevenson, Cortázar, McEwan...". "¿Nada más? ¿Seguro?". "Bueno... el jueves pasado me compré el ¡HOLA!". "Imbécil" me respondió. "Tenía que habérmelo dicho antes". Y se bebió una tónica.

Diagnóstico
: Algodonitis Sacarosa Grado 1, o lo que es lo mismo, un subidón de azúcar provocado tras ver el reportaje de ¡HOLA! donde Tita presenta a sus niñas (megaexclusivón). House me mandó a hacer puñetas, me recetó un Espidifén 600 sabor albaricoque y me prohibió terminantemente volver a ojear la revista. Así que este post está escrito desde el recuerdo de lo que leí (y vi, sobre todo vi) la semana pasada, porque por prescripción facultativa no puedo volver a leerlo. Definitivamente el último número del ¡HOLA! debería llevar una leyenda del tipo "NO APTO PARA DIABÉTICOS".

Abrí la revista con mi alegría e inconsciencia habituales y me encontré con que Tita había convertido una parte de "Más Mañanas", su vivienda de Sant Feliu de Guíxols, en la casa de sus niñas y, en un alarde de naming sin límites (van a acabar fichándola en Bassat & Ogilvy como copy) la había llamado "Pink House". Parece que Tita ensaya para participar en el famoso concurso "¿Cuántos tonos de rosa es usted capaz de nombrar? Un, dos, tres responda otra vez". "A ver... fucsia, salmón, pastel, fresa, ácido, palo (uy, palo!), shocking..." Así me quedé yo, shocking del todo. Me vi envuelta en una nebulosa rosa de ositos, cuentos, lazos, una colección de Hello Kittys que haría las delicias de Alaska y una Tita que pasea con sus niñas por el jardín con un modelito transparentoso de Cavalli que se había comprado días antes y que estrenaba para la ocasión. La niebla rosa con jirones blancos se extiende a lo largo de las 28 páginas del reportaje y va difuminando las imágenes de Tita: Tita acuna a las niñas, Tita les da de comer, Tita las arropa, Tita juega con ellas, Tita con las niñas y la niñera (¿de qué color viste la niñera? ¿se lo imaginan?)... yo ya casi no distingo nada entre tanto algodón de azúcar, entre tanto helado de nata y fresa, pero alcanzo a ver un piano rosa que ni Elton John en su momento más gay. Antes de caer en mi pink delirious me da tiempo a leer que hay tres personas que hacen turnos ayudando a Tita, además de LA JEFA DE NIÑERAS, repito, LA JEFA DE NIÑERAS. ¿Quién es? ¿Mary Poppins pasada por la Escuela de Marines? Ay... las letras se confunden ante mis ojos, el rosa lo invade todo, es como si King Kong hubiera hecho una pompa gigante con un BOOMER de fresa y hubiera estallado sobre la casa de las niñas... estoy al borde al colapso cromático y mental. Si la pobre Belén Esteban ve la revista se le acelera la diabetes... tengo que avisar a AR... tengo que avisar a AR...

Y así me encontraron: tendida en el suelo, agitando la cabeza, con los ojos abiertos como platos, diciendo frases inconexas ("¿cuándo hemos pintado el techo de ese color?..." "...avisad a AR... avisad a AR..." "no te favorece el pelo rosa, cariño... ¿por qué te lo has teñido?"). Llamaron al 112 y me llevaron al Central, pero como Vilches ya no está y yo no paraba de repetir "Pink House... Pink House..." y "que no me atienda la Obregón... que no me atienda la Obregón..." ("tranquila, que todavía no se ha incorporado a la serie" oía entre sueños) me derivaron directamente al Princeton-Plainsboro para que me atendiera el tío de la tónica. Resultado: 3 días internada y una factura que ni les cuento. No sé si pasársela a Tita o a Sánchez Junco.

Por cierto, me estoy tomando una taza de algo que sabe a café pero que es rosa. No sé si es que todavía me dura el delirio o es que Ferrán Adriá ha estado de experimentos en mi cocina y yo no me he enterado. Voy a llamar a House. ¿Greg?