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miércoles, 2 de noviembre de 2016

UN SEÑOR CON BIGOTE

PUBLICADO EL MARTES 1 DE NOVIEMBRE DE 2016 EN LA VERDAD

Hay días en que los que una no sabe si está viendo los informativos o el “Sálvame De Luxe”: oigo a Álvaro Pérez “el Bigotes” declarar ante el juez y parece que lo está haciendo ante Conchita la poligrafista. Su testimonio es un desorine, un descacharre y una muestra de la poquísima vergüenza que tiene el gachó. Que si es muy vehemente, que si es amante de los tacos como Camilo José Cela y que si Aznar aparentaba siempre cara de mala leche, pero que él consiguió iluminarlo tan bien que parecía que se había hecho un lifting. Acabáramos: no hace falta un polígrafo para saber que “el Bigotes” miente, porque por mucho que la iluminación haga milagros (y bien lo sabe Isabel Pantoja, que pedía los focos hacia su persona), lograr que Aznar salga guapo por un cámbiame allá esa bombilla no lo consiguen ni “el Bigotes”, ni Vittorio Storaro ni la Virgen de Lourdes.

También afirma Álvaro Pérez que si no hubiera llevado ese mostacho tan llamativo no estaría sentado en el banquillo, así que se ha dejado barba. Justo ahora, que se llevan los bigotes: de comandante del imperio austrohúngaro o de pornostar de los noventa, de señor bajito cabreado a lo López Vázquez o de cristiano radical versión Ned Flanders, de guardia civil con tricornio o de cómico convertido en paseador de señoras, como Bigote Arrocet, que dicen que le está poniendo los cuernos a María Teresa Campos. ¿De verdad alguien cree que puede haber dos mujeres en España enamoradas de Bigote Arrocet al mismo tiempo? Otro milagro.

Yo, en casa, tengo a un medio hombre con una sombra de bigote en el labio superior. Hace tres días le asomaba un vello suave y casi transparente que sólo se veía a contraluz; ahora le ha aparecido un bozo ralo y oscuro bajo una nariz que comienza a crecerle desproporcionadamente, como los brazos y las piernas. En poco tiempo empezará a quitarle a su padre las cuchillas de afeitar, le cambiará la voz y me dirá que le suelte quince euros, que se va al cine y a darse una vuelta con sus colegas. Entonces la que necesitará iluminación, pero espiritual, seré yo, para saber cómo tratar a ese señor con bigote que vive bajo nuestro techo y al que seguimos viendo como a un niño. Que San Mario Bros del Mostacho Peludo nos proteja.

jueves, 25 de agosto de 2016

36

PUBLICADO EN LA VERDAD EL 24 DE AGOSTO DE 2016

Dice María Teresa Campos que Terelu usaba una talla 36 “y todavía le sobraba”. Eso no es amor de madre, eso es ceguera total. También le dijo Isabel Pantoja a Mercedes Milá en una entrevista pleistocénica que ella usaba la 36 (a Milá sus invitados siempre le han dicho las cosas más peregrinas, la diferencia es que antes se las decía un Premio Nobel y ahora se las dicen unos tíos que no tienen ni un curso de mecánica por CCC). Al final, la única manera de que Terelu adelgace va a ser que la contraten en un programa de la televisión egipcia: allí han mandado a sus casas a las presentadoras que se estaban poniendo como un tordo para que pierdan peso en un mes (de los presentadores no sabemos nada, pero me da en la lorza derecha que a ellos no los han puesto a dieta).

A Terelu la entiendo perfectamente, que conste: ese ver un plato de embutido y salivar como si te colocaran a
Michael Fassbender con una manzana en la boca es un mal muy común. Claro que, por lo que vimos en “Las Campos”, Terelu lo mismo se tira primero a por la manzana, que allí sólo se hablaba de comida (qué gran oportunidad han perdido las marcas de alimentación para hacer un “product placement” a lo “Médico de Familia”) y de bebida: dice Terelu que si no bebiera estaría más delgada, pero sería menos feliz. Y yo, amiga, y yo, que antes me hago monja que dejar el pirraque, que una es bebedora social (y yo soy muy sociable) y que yo sólo tengo problemas con el alcohol cuando no encuentro ningún bar abierto, como Ozzy Osbourne. “The Osbournes” sí que fue el primer programa que reformuló el concepto de reality, y no “Las Campos”, que presentaron el primer episodio como si estuvieran descubriendo la televisión en color. Lo más alucinante es que María Teresa sigue pensando que ha hecho un documental sobre alimentación y que nos íbamos a conformar con verla haciendo un gazpachito y discutiendo sobre si la leche desnatada con calcio es mejor que la de avena. ¿Estás borracha, Sue Ellen?



 

CUALQUIER COSA DOBLADA AL GALEGO ES MEJOR
GRACIAS, @covanechi

miércoles, 20 de enero de 2016

LA CARTA

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES 19 DE ENERO DE 2016

Le escribía Quevedo a Manuel Serrano del Castillo que “todos deseamos llegar a viejos, y todos negamos que hemos llegado”. La frase tiene su mérito, sobre todo porque la formuló antes de conocer a Isabel Preysler, la mayor negación posible de la vejez. Pero por mucho que se intente, uno sólo puede negar los años hasta que los ve negro sobre blanco: recibe mi santo una carta donde se le invita a ir a un “acto muy especial donde le mostraremos las últimas novedades relacionadas con su salud. La invitación es personal e intransferible para personas mayores de 50 años”. Tal cual. Y ya tenemos melodrama a lo William Wyler, que una carta lo mismo te tira por tierra la coartada de un asesinato que te trunca el espejismo de la juventud. Desde entonces, mi santo no levanta cabeza. Sólo le falta que le llegue la Tarjeta Dorada de Renfe para irse a Benidorm con la madre de Belén Esteban.

La carta ha sido la confirmación de lo que sospechábamos, porque los primeros síntomas del viejunismo nos llegaron viendo la constitución del Congreso, un hemiciclo llenetico de juveniles donde ya -casi- no conocemos a nadie. Peor que cuando sales de bares y te encuentras a los hijos de tus amigos. Ah, ahí está Patxi López, menos mal, uno de nuestra época, que por mucho que Patxi se crea mocito porque escucha a los “Yeah Yeah Yeahs”, un tío que le compró a Joaquín Almunia su primer tocadiscos por 13.000 pesetas es viejo. O, por lo menos, viejoven: “Por dentro cheerleader y por fuera Matusalén”, canta Ojete Calor. Esa es nuestra tragedia.


Para consolarme, me hago una infusión de menta-poleo mientras veo el florecer del amor en la tercera edad. Teresa Campos y Edmundo Arrocet, el artista antes conocido como Bigote, dan una entrevista juntos en “Sálvame De Luxe”: como dos tórtolos enamorados, como dos tóntolos al fin y al cabo, la Campos se empeña en que Bigote cante rancheras, en que imite a Cantinflas y en que sonría. Igualica que cuando Isabel Pantoja entró por teléfono en “Hable con ellas” (sí, aquello) y le dijo a Chabelita que hablara en inglés. “Tú tienes que demostrar lo que vales”, ordenó. Esa es la tragedia de Chabelita, que no ha podido demostrar nada. La mía es que ya me queda menos tiempo para demostrar algo.

BONUS TRACK: Aquí va "VIEJOVEN" de Ojete Calor.


miércoles, 23 de diciembre de 2015

INGOBERNABLES

PUBLICADO EL MARTES 22 DE DICIEMBRE DE 2015 EN LA VERDAD

Tan preocupados andamos todos por las elecciones, el pactómetro de Ferreras y la estrechez de las corbatas de Albert Rivera, que entre tanta papeleta se nos ha escapado la más gorda: Gloria Camila, hija de Rocío Jurado y Ortega Cano, ha dado el salto al mundo de la moda como empresaria. Eso dicho en titulares holísticos, que traducido al román paladino es que ha puesto una tienda de ropa. Acabáramos. Que Gloria Camila, trendsetter del chonismo poligonero, se dedique a la moda es como si Falete se nos hubiera hecho vegano: un sinfuste, un sindiós y un sinsentido. Que lo que da miedo no es que venda bragas, es que algún día le de por diseñarlas (o, peor, por enseñarlas). Si todas las familias felices se parecen entre sí, las de los famosos se parecen más aún: mucho profesor particular, mucho colegio de élite y mucho internado suizo, pero de estos niños no hay quien que haga carrera. Ni siquiera María Teresa Campos, que ha hecho más por colocar a los hijos de sus amigos que el INEM: Lara Dibildos, Rocío Carrasco, la Jesulina o Alejandra Prat han pasado por sus programas. ¿Para qué? Eso quisiera saber yo. A María Teresa sólo le queda poner una discoteca para meter a Paquirrín de Dj residente.

Pero que entre esta muchachada no haya ni uno con el bachillerato aprobado no influye a la hora de encontrar curro: si a las finústicas de apellido compuesto les da por el joyerío, como Eugenia Martínez de Irujo, diseñadora de osos, o Simoneta Gómez-Acebo, relaciones públicas de Cartier (no va a ser de Galería del Coleccionista, que una es Grande de España), a las longilíneas les da por hacerse estilistas y a los herederos por la hípica, la única actividad que se puede practicar vestido de Gucci. Ahí están Cayetano Martínez de Irujo, Carlota Casiraghi o la zarina Marta Ortega para demostrarlo. Al trote y al galope.

Así que aquí estamos usted y yo, dándoles la matraca a nuestros hijos con los afluentes del Ebro, las ecuaciones de segundo grado y los versos asonantes en las rimas pares para que, al final, comprueben que anunciando la dieta de la alcachofa se saca más perras que teniendo tres carreras. Estos niños que han heredado todo de sus padres, menos el talento, sí que son ingobernables, y no este país. Que también. Ferreras, pásame el pactómetro.


miércoles, 12 de noviembre de 2014

Interna


PUBLICADO EL  MARTES 11 DE NOVIEMBRE DE 2014 EN LA VERDAD

Sábado por la tarde. Mientras yo intento escribir, mi hijo se pelea con su prima a grito pelao y la música de “El Barrio” entra por la ventana de la buhardilla. No me hace falta escuchar ni una canción de “El Barrio” para saber que no me gusta, y puedo decirlo sin conocimiento de causa porque soy columnista, y los columnistas opinamos de lo que nos de la gana sin tener ni idea: es la esencia de nuestro trabajo. Pero pongo la oreja y me reafirmo, que me taladra la cabeza un flamenquito popero con un poco de quejío digerible del que le gusta a los señoritingos de cuarta generación, que también son de barrio, pero del de Salamanca, ese barrio donde los primos no se pelean porque uno está interno en Suiza y el otro en Londres, y así las señoras podemos dedicarnos tranquilamente a escribir nuestras columnas para la hoja parroquial, tomar el té con Cuqui Fierro y organizar rastrillos benéficos. Que me gustaría a mí haber visto a la Preysler quitándole las cacas a Anita, limpiándole los mocos a Tamara, poniéndole los lazos a Chábeli y explicándoles los hiatos, los diptongos y las divisiones con decimales a Enriquito y a Julio José. Al internado y chimpún, hombre ya. Y cuanto más lejos, mejor.

Aunque lo mismo la que se va interna soy yo. A descansar de móvil y de niños; a reposar a un colegio, a un convento de clausura o al talego, que es el sitio de moda: hay más famosos allí que en la Buchinger. Que no sé de que te quejas, Isabel. Si vas a ser la reina de la galería, sin líos, sin periodistas, sin los críos dándote disgustos, que hay que ver qué trabajo dan. Que a mis amigas les ha dado por reproducirse, y están las pobres todo el día con cara de sueño y con la teta fuera. Las que están en edad de procrear, claro, que las otras están (estamos) premenopáusicas perdías. Pero yo no pongo la mano en el fuego por el climaterio de nadie: miren a María Teresa Campos, a la que le pregunta Ana Rosa si hace cositas con Bigote. Cositas. Pues espero que las cositas las hagan con protección, que Teresa es capaz de quedarse embarazada de trillizos sólo por darle en los morros a Ana Rosa y a sus gemelos. Menudas son las Campos.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Terecha


PUBLICADO EN LA VERDAD EL 9 DE SEPTIEMBRE DE 2014
Hay mujeres a las que siempre les traiciona la razón, les domina el corazón y no saben luchar contra el amor. Son mujeres que confunden los gases con las mariposas en el estómago, como Giuliana Piterà, una italiana que viajó a Cádiz para pasar sus vacaciones y, desde entonces, busca desesperadamente a un gaditano que le robó el corazón. Ni siquiera llegó a hablar con el moreno, pero quedó “paralizada por su sonrisa”. Giuliana, que se había puesto de ortiguillas rebozadas y manzanilla hasta el moño, confundió el empacho con el amor.
En cambio, otras están tan hartitas de los hombres que se notan un cosquilleo en la barriga y se toman dos cucharadas de sal de frutas. Por eso, la propia Teresa Campos se muestra sorprendida a la hora de reconocer su romance con Bigote Arrocet. Pensaba la Campos, citando a Ana Gabriel, que ella ya había cerrado ese capítulo en su vida. Pero no, porque Teresa sigue la máxima de Clint Eastwood para continuar vivito y coleando: mantenerse ocupado y no dejar entrar al viejo en casa. Campos tampoco deja que la vieja entre en casa, pero sí Bigote Arrocet.

Teresa, que es moderna moderna, empezó su relación con Bigote a través de Whatsapp porque él estaba en Chile. Cuando vino a España, quedaron a cenar, y catapún, doña Mairucha, así no más. “Edmundo es un hombre serio, y yo pido respeto para él”, dice Teresa. De acuerdo, pero yo me lo imagino diciendo “¡Terecha, cha, cha, cha!”, y el respeto se me va por el desagüe. Como si pienso en Aznar hablando catalán en la intimidad. Sólo falta que, cuando Bigote llame a la Campos, le suene “¡Piticlín, piticlín!” en el móvil.

Lo cierto es que será el amor, ay, será, será, pero María Teresa ha rejuvenecido, que a ella y a sus hijas ya les llaman las Hermanas Campos (están a dos tonos de rubio de convertirse en las Trillizas de Oro). Ha conseguido, como la Preysler, tener menos edad que sus retoñas. En la peluquería, las abuelas piden que les pinten las uñas de verde o de azul “como las lleva María Teresa”, comentan admiradas los modelos que luce y aprueban su romance con Bigote: “¡Pues muy bien que hace la tía! ¿No te parece?”. Teresa convertida en una “it yaya". A ver si ahora las abuelas también se nos van a enamorar y la liamos.