Como no vi anoche el debate entre Rajoy y Rubalcaba no he podido escribir un artículo en condiciones sobre el tema del día, algo que a ustedes no les importará lo más mínimo porque encontrarán en este diario sesudos análisis al respecto. Y entre otras cosas no lo vi porque yo ya estoy en un punto en el que si el debate no lo modera Jorge Javier Vázquez (lo de la moderación en el caso de Vázquez es un decir) a mí no me luce. Sinceramente, no entiendo que siempre que se habla de debates históricos en televisión salgan a relucir el de Nixon y Kennedy o el de González y Aznar, pero nunca se mencionen los producidos entre Mila y Karmele, Hernández y Benito o Matamoros y Lozano, porque si realmente, como ha dicho la Academia de Televisión, este año querían dar más posibilidades de juego y discusión a los candidatos, lo tenían bien fácil: marcarse un Debate De Luxe, con Jorge Javier como bombero pirómano, Esteban anunciando por sorpresa su candidatura a la Presidencia del Gobierno y dando su fórmula para solucionar el problema griego (“Todos los que tengan previsto irse de vacaciones, a Grecia, pa dejar allí los dineros, ni más más ni más menos”), Hernández a cuchillo contra el PSOE (no olvidemos que a Kiko un director de comunicación del PP le mandó un mensaje dándole las gracias por apoyar a Rajoy en Sálvame) mientras se le cae una muela en directo, Jorge Javier preguntándole a Rubalcaba “¿Eres normal o hetero?”, Lydia bailándole un chuminero a Rajoy, Mila cantándole a Zapatero Si te marchas, Zapatero mosqueao llamando al teléfono de aludidos, Rubalcaba que se levanta cabreado y se encierra en el cuarto de baño mientras le sigue una cámara y Jorge Javier le conmina a que vuelva al plató… y, como fin de fiesta, podrían someter a los candidatos al polígrafo de Conchita. En fin, un debate como es debido, sin asesores, sin árbitros de baloncesto y sin plató especial para la ocasión, que en el de Sálvame hacen dos programas y ahorran un disparate. Pero claro, ver a dos señores hablando tranquilamente, con sus corbatas, sus tiempos medidos y sus turnos de palabra, no mola. Excepto en el caso de que anoche Rajoy sacara a pasear a la niña de nuevo; entonces se habrá armado la marimorena. Y yo sin enterarme.
sábado, 12 de noviembre de 2011
Debate De Luxe
Halloween
Agotaíca estoy. Anoche me fui con mi chiquillo, los dos disfrazados, él de zombie, yo de bruja (sin maquillar, vamos) dispuesta a recorrerme todas las casas diciendo lo de “¿Truco o trato?” hasta encontrar una en la que me dieran los caramelos que estaba buscando. Abrí cientos, miles, tantos que con los envoltorios hubiera podido hacerme un vestido a lo Lady Gaga. Pero nada, en ninguno ponía lo de “Dice Rubalcaba que si gana no hará recortes sociales. El mayor recorte social son cinco millones de parados”, ni lo de “Dice Rubalcaba que si gana no hará recortes sociales... Que se lo diga a las madres, pensionistas, parados...”. Fracaso total. Que seguro que se pegan en las muelas, lo sé, y que saben a perro muerto, y que se te quedan olvidados dentro del bolso y un día de agosto buscando las llaves reaparecen en forma mutante y pegajosa… Pero me hacía ilusión abrir un caramelo en Halloween que diera miedo de verdad. Así que esta mañana he telefoneado a Génova para reclamar mis golosinas, y les he comentado la posibilidad de reforzar el mensaje poniéndoles a Rajoy y a Gallardón unos pelucones, unas guitarras y unas plataformas para que canten por los Amaya aquello de “Caramelos, caramelos, caramelos, llevo caramelos” (verán que seguimos con un moderneo musical que pa qué). Pero González Pons me ha llamado idiota y me ha colgado el teléfono.
Despepechada y en pleno subidón creativo (es lo que tiene mezclar Mad Men con las reposiciones de El ala oeste de la Casa Blanca, que al final te crees capacitada hasta para llevar la campaña del Presidente Bartlet) mando un correo a Ferraz para proponerles que organicen un contraataque carameril con frases del Maestro Yoda: “El lado oscuro ellos son”, “Si algún día rigen tu vida, para siempre tu destino dominarán”, “Difícil mi misión es, pero imposible no”. Me contestan: “Estimado/a compañero/a, te enviamos el video de campaña en defensa de la escuela pública. Un saludo/a”. Lo veo. Y después de verlo me entra el mogollón, porque mi hijo va a un colegio público y tengo una chica que me ayuda en casa, y parece ser que ambas cosas son incompatibles, así que o meto a mi hijo en los Maristas a mitad de curso o despido a la chica. Y eso sí que no, mire usted señor Rubalcaba, que hay que hacer cambio de armarios.
Cantando voy
Voy cantando por la calle con los auriculares puestos. Sí, cantando. Con poquita voz pero desagradable. Y en inglés, en ese mismo inglés resuelto y patético que me permite decirle a un recepcionista de un hotel en Ámsterdam “Please, give me a plane” (avión) en lugar de “Please, give me a map” (plano), así que imagínense el cuadro. No, no sufran: no llego al extremo de la Duquesa de Alba de ponerme a bailar en medio de la calle, descalza y con los dedos llenos de tiritas (esas tiritas que acercan tanto la aristocracia al pueblo, prueba de que los zapatos nuevos nos rozan a todos, nobles y plebeyos), pero casi. Y buscando canciones para caminar encuentro una emisora donde hacen la selección de música en función de clasificaciones tales como “Me siento tierna”, “Estoy rallada”, “Estoy sonrojada”, “Me siento happy” o “Me siento blogger”, que debe de ser la que oye Cristina Tárrega para inspirarse. Me entra la risa, se me ocurren tres clasificaciones más absolutamente impublicables, y vuelvo a los clásicos.
Miro a la gente que se cruza conmigo y que también lleva auriculares, o esos cascos enormes y ochenteros que les hacen parecer un cruce entre la Dama de Elche y Carmen Lomana vestida de fallera, pero nadie canta, lo cual me sorprende porque mientras voy por la calle asesinando las canciones de Paul Weller (sí, vale, soy una antigua; si quieren moderneo lean los artículos de Jam Albarracín) dejo de darle vueltas a todo lo que me sucede y nos sucede, a las incertidumbres, a los fantasmas internos y a los externos. Y por eso canto: porque mi mal espanto. De hecho habitualmente más que happy me siento como la chica que soñaba con una caja de cerillas y un bidón de gasolina, porque está la cosa que dan ganas de pegarle fuego; qué les voy a contar a ustedes. Reconvierto mi ira escuchando Walls come tumbling down a todo trapo (No tienes que quedarte con esta mierda, no tienes que quedarte sentado y relajado, realmente puedes intentar cambiarlo), que no hace falta tener pinta de okupa para rebelarse, oiga, que una se puede rebelar finísimamente, y pienso que sí, que los muros pueden caer, y que puedo hacer algo más que maldecir y lamentarme, y que a esto podemos hacerle frente, y voy tamborileando con los dedos sobre el muslo derecho. Y apago la cerilla.
jueves, 6 de octubre de 2011
La Duquesa y la manzana mordida
También ha conseguido transformar una boda ¡¡¿¿íntima??!! en el fenómeno mediático de la temporada. Y ser Trending Topic, que era el único título que le faltaba: "Se confirma que Sara Montiel será la niña que lleve los anillos", "El Rey ha renunciado gustosamente al derecho de pernada", "Más de 1.000 pediatras se han ofrecido gratis a tratar a la descendencia", "Fíjate si está mal la cosa que hasta la Duquesa de Alba se ha tenido que casar con un funcionario para tener un sueldo fijo todos los meses"... en Twitter, donde no se respetan ni las canas, ni los títulos, ni ná de ná, el tema ha dado más juego que si Fernando Morán hubiera nacido en Lepe.
Pero lo más grande es que esta mujer, que no es partidaria ni del divorcio ni del aborto (como Aznar) se haya transformado en un símbolo de la modernidad para muchos: es el efecto inmediato que provoca llevar pelucón y pulseras hippies (también como Aznar), que uno parece moderno y cercano sin serlo. Porque Cayetana no es Duquesa del Pueblo, sino del Público, que parece igual pero no es lo mismo (he leído la frase por ahí aunque no recuerdo dónde, lo lamento porque es absolutamente certera). Lo dice la mismísima Duquesa subtitulada: "Si se olvidan de ti no eres nadie". Y para que no se olviden de ella no me extrañaría que, siguiendo con la moda impuesta por los brangelinos, los duquesinos volvieran de la luna de miel en Tailandia con 7 criaturas adoptadas, ante el horror de sus hijos y herederos. Compasión, Duquesa, que la pobre Eugenia está malica (a la vejez, varicela) y me la van a rematar. Y Jacobo no vuelve de París. Y Cayetano se tira debajo de un caballo. Y Fernando... (uy, que son muchos hijos; en fin, ya saben a qué me refiero). Total, tanto lío para enviudar por tercera vez. Que ésta es capaz de todo.
Así que Todas Las Que No Tenemos Pasta tendremos que recurrir a otras cosas para poder conseguir lo que queremos y no morir en el intento como, por ejemplo, inspirarnos en el discurso que pronunció Steve Jobs en Stanford (se me han saltado las lágrimas leyéndolo, a mí, que me descojono de Paulo Coelho, de El Secreto y de toda la patulea, pero que soy macintera hasta lo más profundo de mi viejo PorwerBook). Pero curiosamente la Duquesa ha rubricado uno de los lemas de Jobs: "Vuestro tiempo tiene límite, así que no lo perdáis viviendo la vida de otra persona". Y otro: "Encontrad lo que amáis". Yo he encontrado este blog, la duquesa a Alfonso Díez. No sé quién es más cutre de las dos, así que what difference does it make?, que cantaba mi Morrissey de mis entretelas. Pues unos 3.200 millones de euros. Así, a ojo.
miércoles, 31 de agosto de 2011
Operación Vaqueros
Publicado el 28 de agosto en LA VERDAD
El verano es ese corto espacio de tiempo que transcurre entre dos operaciones: la Operación Bikini y la Operación Vaqueros. Si al principio de las vacaciones hay que superar el dolor inicial de la autocontemplación en traje de baño, el final del verano es el momento de pasar del pantaloncico suelto al vaquero, paso más complicado que la transición a la democracia en los países árabes. De hecho, a estas horas es más posible que hayan capturado a Gadafi que yo entre en los Levi’s.
Por eso se pone en marcha la Operación Vaqueros que, aunque tenga nombre de maniobra estadounidense para capturar a sátrapas musulmanes, es el intento desesperado por entrar en unos pantalones sin goma en la cintura al final de verano. Pero antes de iniciarla tenga en cuenta un dato revelador: si su abuela le ha dicho últimamente “¡Estás más repuesta!” mientras le da palicos en la parte superior del brazo, tiemble. Sí, su abuela es la médium de Poltergeist, le está avisando del desastre. La redondez del brazo es el signo fatal de que el resto del cuerpo también está redondo, en mi caso especialmente, ya que después de beberme todas las estrellas (no es una imagen poética, no, es que me las he bebido de verdad: Estrella de Levante, Estrella de Galicia, Estrella Damm…) lo que se expande no es el universo, sino mi barriga. Preveo un segundo Big-Bang que no lo podrá evitar ni Carmen Machi con un camión cisterna lleno de Activia. Avisados quedan.
Y, para colmo de males, tengo que dejar este apartamento tan bonico que me ha alquilado La Verdad los domingos de verano, con vistas a la actualidad, en primera línea y con esos vecinos tan estupendos que he tenido. Así que, ciao. Ha sido un placer. Nos vemos en Naturhouse. ¡Oh, no, que allí está José Campos…todo el verano huyendo de él y, al final, me lo voy a encontrar! Pues me voy a la Buchinger, que por lo menos allí va Vargas Llosa. Y yo ya soy escritora ;)
Yateando
Publicado el 21 de agosto en LA VERDAD
Entre usted y yo: lo mejor es no leer revistas en verano. Está uno con el tupper en la playa, atiborrándose de magra con tomate, cuando al abrir las revistas le saltan a los ojos una profusión de fotos de cuerpazos al sol en chiringuitos en los que no nos dejarían entrar ni con una orden judicial, o una profusión de fotos de cuerpazos al sol en yates a los que tampoco nos dejarían subir. No, no digo un barquico para ir a la Perdiguera a comer sardinas (cuando comer sardinas no era delito ecológico), sino uno de verdad, con fornida tripulación uniformada y un coste de mantenimiento cercano a nuestra deuda externa. Si debajo de las uñas de los pies de Marujita Díaz pueden vivir David el Gnomo y toda su familia, en un yate de los buenos cabe un polígono industrial.
Como el tamaño sí que importa, cuando uno tiene un barco de más de 40 metros de eslora puede ponerle el nombre que le salga del palo mayor. Si le apetece un rollo camionero colóquele Mi Pepi y mis tres soles y, si no, siga con esa moda ochentera de combinaciones de nombres, como el Núfer, de Fernando Fernández Tapias, mezcla entre Nuria y Fernando, o el Pachá, formado por las iniciales de Pierre, Andrea y Carlota, los pequeños Carolinos. Veo que el mayor, Andrea, se ha rapado al cero este verano; los Carolinos siempre han tenido esa tendencia al rapado, la matriarca se afeitó la cabeza hace 15 años en unas vacaciones y el tito Alberto lo lleva de serie. Aunque no creo que veamos este año a Alberto a bordo de ningún yate, porque con lo buena nadadora que es Charlene y las ganas que tiene de largarse, al menor descuido se tira por la borda y llega nadando a Sudáfrica. No, si ahora que lo pienso viendo la cara de tristeza de Charlene ¿será posible que los yates no den la felicidad? Ay, qué tonterías se me ocurren. Debe ser la magra, que me ha sentado mal.
jueves, 18 de agosto de 2011
Crónicas pasiegas
Con los ojos llenos de verde y la barriga llena de anchoas. Así escribo esta crónica cántabra, observada por las vacas vecinas y con una rebequica puesta (¡rebequica en agosto! ¡qué a gusto!).
Antes de llegar al Valle del Pas, parada y fonda en Lerma, con lección de geografía incluida: “Esto pertenece a Castila La Vieja”, le digo a mi hijo. Y ahí es donde descubro que la que está vieja de verdad es servidora. Lerma es un pueblo peculiar, llenetico de conventos. Yo, propensa al silencio y a los pastelitos de yema, busco una comunidad donde ingresar que sea apropiada para mi carácter, pero no la encuentro. Pienso en fundar la Orden de las Hermanas Calamardas, aunque cuando llego a Santander, la Covadonga del pijerío español, y veo los bikinis de Missoni me paso el voto de pobreza por la peineta. Y miren que Santander es pía, de hecho está consagrada a San Slam y San Burberry, dos santos extranjeros de gran predicamento entre los paisanos, porque van todos con la ropa talar por la calle (alguno hay también de Nuestros Hermanos del Barbour). Y no, no me topé allí con José Campos, ni con Busta en San Vicente de la Barquera, aunque estuve todo el tiempo alerta, porque no te das cuenta y ¡zas!, aparece a tu lado cantándote eso de “Cantabriaaaaaaaaaaaaaa” mientras te comes una cigala y te metes una pata en el ojo (con lo que cuesta, oiga, que aquí no está “Mariscos Recio, el mar al mejor precio”). No hay que bajar nunca la guardia, ni siquiera en vacaciones.Cantabria infinita, dice la publicidad. Y monísima, que dice Caritina Goyanes, ya saben. Parece que todos los verdes del pantonero hubieran caído sobre el valle. En Cantabria te entra el síndrome de Heidi y te dan ganas de revolcarte por el prado todo el rato. Sólo hay que sortear a las vacas. Por cierto, esa de ahí me suena: ¿no es la que salía en el anuncio de Milka? ¡Clic! Hala, pues ya tengo una foto de una famosa.