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miércoles, 26 de septiembre de 2012

iDiota


PUBLICADO EL 25 DE SEPTIEMBRE DE 2012 EN LA VERDAD

C., mi exjefe, me ha hecho un Mazagatos: me ha dicho que me sigue pero que no me lee, que ya sabes tú que a mí eso de la cosa rosa no me va, aclara. C., cegado por el brillo de Abascales y Preyslers que aparecen de vez en cuando en esta columna, todavía no se ha dado cuenta que de lo único que hablo es de mí: “Escribe sobre lo que conoces”, le dijo el Profesor Bhaer a Jo March en Mujercitas. Y no hay nada que conozca mejor que yo, que de política internacional ni flores, oiga, pero sobre los motivos por los que me sienta mal el guacamole puedo escribir un tratado. Y den gracias a que me ha pillado mayor, que si no sería una “egoblogger” de las que se fotografian con el Submarino Peral al fondo enseñando los botines de Isabel Marant.

Yo soy egocéntrica porque el mundo me ha hecho así: tengo un iPhone, un iPad, un iPod, un iMac y un iPlus. Y cada día soy más iDiota, porque a mi iLoquesea llegan tantas cosas que no me entero de nada. No es que no sepa separar la información de la opinión, es que ya no distingo una noticia real de una de “El Mundo Today”. Vivo en un batiburrillo de titulares jugosos, entrecomillados explosivos, tuits ingeniosos, publicidad encubierta (o no) e invitaciones a eventos de gente que no conozco, y luego pasa lo que pasa, que una niña holandesa de 16 años convoca su fiesta de cumpleaños por Facebook, aparecen 4.000 personas y se arma la de Dios porque no hay panchitos para todos. En mi hipertrofia informativa, mi hijo ha capturado en su Nintendo a un Pokemon llamado Alcalde de Orense, Albacete quiere la independencia porque hablar como los de “Muchachada Nui” es un hecho diferencial y el Ministro de Cultura afirma que el cine no es cultura sino entretenimiento. Ah, esperen, que esto último… Vale.

Como dice Baudrillard, el exceso de información desemboca en desinformación o, como dice mi kioskera, “al final, con tantos canales no veo ná”. Así que, si acabo iDiota perdía, no le echen la culpa al hecho de que me despepite con “Quién quiere casarse con mi hijo”: “Mama, depílame el culo que no me veo”. “Cómo te voy a depilar el culo si te estoy haciendo la merienda”. Y aquí no es posible confundir el culo con las témporas. 

lunes, 20 de agosto de 2012

Desconexión


PUBLICADO EL DOMINGO 19 DE AGOSTO DE 2012 EN LA VERDAD

C. se operó de la vista hace años para poder ver bien a las payicas en el agua. C. estaba harto: era quitarse las gafas para darse un chapuzón y oír “¡Tío, jamba a las seis!”, pero C. se volvía y sólo veía un bulto que lo mismo podía ser Scarlett Johansson que Carmen de Mairena. A C. tuvieron que operarle dos veces: la primera para corregirle la miopía, la segunda para sacarle una teta del ojo derecho. Pero ahora C. se pone con el móvil en la playa y le da igual que pase por su lado una buenorra o que a su crío lo ataque un kraken: no despega los ojos operados de la pantalla.

C. no es el único: “Me largo unos días, que necesito desconectar”, digo. Y meto en la maleta el iPhone, el iPad, el pincho de Vodafone y el portátil, que parece el set de telecomunicaciones de la Srta. Pepis. Y me voy al Himalaya a meditar y a reencontrarme con la Madre Naturaleza, y si no tengo conexión para tuitear una foto subida a un yak me cago en la Madre Naturaleza y en la que parió a los sherpas. Todavía no me explico cómo podíamos cruzar España (¡o el extranjero, mon Dieu!) sin móvil, sin navegador, perdidos en medio de ninguna parte con un plano desplegado sobre el salpicadero, y yo “Vamos a preguntarle a alguien”, y él “Que no, que sé donde estoy”, con esa afición que tienen los hombres a perderse y a no preguntar. Sin facebookear cada piedra que vemos, que parece que estamos en plantilla del National Geographic. Sin fotografiar mariscadas, síntoma de que uno no come suficiente centollo a lo largo del año. Sin estar viendo Santo Domingo de Silos mientras llegan correos de Peláez, que dónde está el informe, chata, que no lo encuentro.

Así que el año que viene me marco un viaje vintage y me dejo el móvil encima del poyo hornilla. Lo haré por prescripción facultativa: me lo ha recetado el oculista después de sacarme un tuit del ojo izquierdo.

martes, 10 de enero de 2012

Magia

PUBLICADO EL 3 DE ENERO DE 2012 EN LA VERDAD

Querido Mago Riversson:

He pensado escribirte a ti mi carta porque creo que eres el único que me vas a poder traer el regalo que quiero. A Papá Noel ya se lo pedí, pero es un gordo rencoroso que no le trae nada a los niños que se portan mal y, por lo visto, sus criterio acerca del buen comportamiento difiere del mío (el tío lo mide bajo estándares americanos y, claro, no coincide). Total, que no me ha dejado ni una triste bufanda. Y de los Reyes Magos, que te voy a decir, porque si las monarquías europeas están regular, las orientales ni te cuento: Melchor tiene un lío con un yerno que se creía muy listo y al que han imputado por evasión de impuestos, fraude fiscal, prevaricación y no sé cuántas cosas más, Gaspar está intentando acabar con las revueltas en Gasparilandia y Baltasar sigue mosqueado porque 2.000 años después aún no sabe lo que es la mirra. Así que paso de pedirles nada, que bastante tienen ya.

Y no te preocupes, que no quiero que me traigas ni pasta ni trabajo porque soy de las pocas afortunadas que todavía tienen un jefe a quien maldecir. Ni siquiera un Mac nuevo, ése me lo va a regalar mi santo esposo (espero). Pero asistí a tu actuación el otro día y me quedé embobada cuando vi cómo hacías aparecer y desaparecer a una chica en un plis. Y por eso te pido que, en la noche de Reyes, hagas aparecer por un instante, sólo por un instante, a toda la gente que se nos ha ido y a la que seguimos echando de menos un año tras otro, tan sólo el tiempo necesario para darles un beso y preguntarles cómo están allí arriba, y decirles que no se preocupen por nosotros, que estamos bien, un poco fastidiados, sí, pero con ánimos para seguir luchando en el 2012. Será un momento, de verdad. Un abrazo, una caricia, y los haces desaparecer otra vez. Ya sé que es muy difícil lo que te pido, porque si hubiera alguna posibilidad Steve Jobs habría dejado preparada una aplicación para el iPhone, pero estoy convencida de que puedes hacerlo. Te dejaré junto al árbol un plato de jamón y una botellica de vino de Jumilla, que sé que te gusta. Y no te olvides de traerlos a todos.