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jueves, 28 de julio de 2016

LA COSTA DE LOS MOSQUITOS

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MIERCOLES 27 DE JULIO DE 2016

Parezco stigmata: voy reventaíca viva de mosquitos. Y sin salir de casa, que no me ha hecho falta irme a Honduras a tirarme cocos a la cabeza con Mila Ximénez para que me coman entera, no, que los que me pican son autóctonos, cantonales, los propios de la tierra. Eso sí, con tamaño suficiente como para llevarse a un niño volando entre las patas, que lo he visto yo.

Los mosquitos no son criaturas del Señor, sino de Satán, diga lo que diga San Macario Alejandrino, aquel mártir que, atribulado por matar a un mosquito que le picó en el pie, permaneció seis meses en el monte a merced de los insectos para purgar tamaño pecado, y su cuerpo se hinchó tanto que sólo lo reconocieron por su voz (lo mismo le pasa a Belén Esteban cada vez que vuelve del cirujano plástico). Después de aquello, no sé cómo no han nombrado a San Macario Alejandrino patrón del PACMA.


Pero yo no soy santa ni beata, y cuando el bicho del demonio me ronda como un mal pensamiento en mitad de la noche, empieza la caza: que si no me quedan pastillas insecticidas, que si pruebo con la zapatilla, que si ahora fumigo como para provocar un agujero en la capa de ozono, que si abro las ventanas porque me voy a ahogar, que si entonces entran más mosquitos, que si cierro la ventana, que si apago la luz. Y ahí sigue el maldito, zumbando junto a mi oreja, provocando más tensión que en el bautizo de un Gremlin, que dice Arturo Valls. Y, al final, me pica, claro. "El último mosquito que me picó tuvo que ingresar en la Betty Ford". Lo decía Joanna Lumley en “Absolutamente Fabulosas”. El mío debería darme un bocadillo y un zumo después de toda la sangre que me han chupado esta noche. Pero de vez en cuando, en este mundo tan aséptico en el que vivimos, es necesario que haya unos bichos que nos recuerden que seguimos estamos a merced de la naturaleza, que no somos los más listos sobre la faz de la tierra. Al final, sólo aprendemos a base de picotazos. Y a veces, ni eso.



El episodio de "El mosquito impertinente" de La Pantera Rosa.
Lo ha encontrado @covanechi, claro

miércoles, 21 de abril de 2010

28 horas

No puedo más. He calculado que invierto 28 horas a la semana en ver "Sálvame", ¡28 horas!, el cuádruple de la jornada laboral de Naty Abascal. Y claro, si yo fuera redactora del MARCA ahora mismo les diría qué se puede hacer en esos 1.680 minutos, igual que cuando fichan a Cristiano Ronaldo y ellos se marcan una portada diciendo todo lo que se puede comprar con el sueldo que le van a pagar al gachó: que si una isla en el Índico, que si no sé cuántos Jaguars, que si pagar la deuda externa de Mozambique...

El caso es que, además de esta pérdida irreparable de tiempo, estoy empezando a dar muestras de un comportamiento un tanto extraño. Esta es la sintomatología:

- cuando castigo a mi hijo lo mando a la silla de las ratas

- ya só-lo ha-blo en bisí-labos, ¿va-le?

- he intentado hacer el baile chuminero con una minipimer (ni les cuento, pero imaginen a Nina Hagen con un cuchillo y tendrán una idea aproximada)

- he intentado peinarme como Karmele en el "De Luxe" (tampoco les cuento)

- he comenzado a llamar a mi marido "mi codirector"

- tiré el tomo XII del "Summa Artis" porque ponía "Alhambra" en vez de "Alahambra"

- no pienso volver a Lisboa

- los fines de semana vivo sin vivir en mí

- he empezado a cogerle cariño a Caballito de Mar

- he comprado una casa en Benidorm

- doy mi opinión "como madre" o "como pueblo"

- cuando me dicen "gracias" contesto "a tí por venir"

- me he unido a los grupos "Señoras que aprenden historia con Belén Esteban", "Yo también creo que Felipe se tendría que haber casado con Belén Esteban", "Señoras que cantarán Candel in de güin en el funeral de Belén Esteban" y "Belén Esteban, Presidenta".

- me ha parecido ver el rostro de Belén Esteban en el fondo de la sartén, como las caras de Bélmez

- sólo compro productos Actafarma

- ¿he comentado ya que comienzo a encontrarle el punto a Caballito de Mar?

Dazed and confused he llamado a House, pero tras escupirme por teléfono me ha dicho que no me preocupe, que él está enganchado a los culebrones de médicos y a Oprah. Y claro, en la Betty Ford no quieren aceptarme tras el fracaso de mi última rehabilitación (ya saben que volví a comprar el ¡HOLA! tras un bajón de azúcar). Así que he decidido desengancharme yo misma aplicándome un programa de choque basado en "Redes", "Metrópolis", "Saber y ganar" y "Grandes Documentales". Es la versión televisiva de la dieta de las proteínas. Pero claro, ahora aparece la ministra Sinde y dice que le tiene simpatía a Belén Esteban. Y en Francia es objeto de estudio sociológico. Y así no se puede, oiga. No se puede.