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miércoles, 25 de enero de 2017

BARBARISMOS

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES 24 DE ENERO DE 2016

Que en la misma semana nieve en Cartagena, se inicie el mandato de Donald Trump y salte lo de Bárbara Rey (otra vez) es una clara señal del fin de los tiempos. También podría serlo que escribieran "Vayadolid" en un mapa de La Sexta, pero ahí se equivocan tanto que eso no es señal de nada, tan sólo de que al rotulista le hace falta tener un diccionario a mano. Total, que la arriba firmante lo ha visto todo en directo porque una amigdalitis la ha tenido postrada en el sofá del dolor, que no en el lecho (la tele del dormitorio es muy pequeña), y ha podido comprobar los resultados de la cocina de aprovechamiento: se cogen los restos del cocido, se sofríen en la sartén, se sirven aliñados con el tema de los fondos reservados y te da para alimentar horas de televisión. Es lo que tiene que se abra la veda y que nos guste hacer leña del árbol caído. O abdicado.

Lo que sí se ha demostrado es que Bárbara es capaz de hacer cualquier barbaridad para evitar bajarse del tacón, que antes muerta que volver a la huerta. Total, la pobre sólo quería trabajar. Que la pusieran en nómina en algún ministerio. Como a Antonio Alcántara. No me imagino yo a Bárbara como Ministra de Cultura, pero cosas más raras se han visto (mayores probabilidades hubiera tenido si se hubiera enrollado con Berlusconi, que él es muy de colocar a sus amigas entrañables). Al fin de cuentas, lo que nos quieren vender como una apasionante novela de amor y espionaje es más un tebeo de "Mortadelo y Filemón", una historia tan chusca que hace que la T.I.A. parezca el Mosad al lado del CESID. Y con Chelo García-Cortés como la señorita Ofelia. Acabáramos.

Y ahora a esperar a que Bárbara negocie su nueva aparición televisiva, que a la totanera parece que se le da mejor contratar con "Sálvame De Luxe" que con el estado. Mientras, podrían currase una adaptación patria de "Feud", la serie que recoge la enemistad entre Joan Crawford y Bette Davis: cambien los nombres de las divas norteamericanas por los de Bárbara Rey y María José Cantudo, y tenemos un culebrón de primera, que lo que hay entre ellas no es animadversión, sino aborrecimiento puro y duro. Una escupiendo y la otra imitándola. Me río yo de "Qué fue de Baby Jane". Y de Mata Hari.  




lunes, 1 de septiembre de 2014

Bárbara Rey


La vedette que sabía demasiado


En la época en que los Alcántara aún eran un matrimonio feliz, mis padres fueron a ver una revista. Un travesti, ataviado con un vestido de lamé que le dejaba el culo fuera, bajó a cantar entre el público y se sentó en las rodillas de mi padre. Y mi madre, que no fumaba pero que se ponía en plan sicalíptico cuando salía, le apagó un “More” en el culo al artista. “¡Ay, señora, que me quema mi instrumento de trabajo!”, le dijo. El travesti imitaba a Bárbara Rey. Y en este país, cuando te imitan los travestis, es que eres la bomba.

Bárbara Rey lo es: con su tipazo y su voz grave, es carne de travesti, de espectáculo, de escenario. Y María García García, o Marita, como la llamaban en casa, lo sabía, y no quería que su cuerpo huertano se marchitara junto a los limoneros, así que la totanera empezó a presentarse a miss, a maja y a lo que se terciara y, con una asombrosa capacidad de anticipar el futuro, cambió su nombre por el de Bárbara Rey.

Bárbara comienza a pasear su palmito en el cine en 1969, pero no salta a la fama hasta que, en 1975, Lazarov la llama para el Especial Nochevieja. Al año siguiente presenta “Palmarés” ante la estupefacción de las locutoras de continuidad de Televisión Española, que se ponen hechas una hidra por lo que ellas consideran “intrusismo profesional”. Intrusa o no, con enchufe o sin él, Bárbara sacaba su mejor cara de gataperra en la cabecera y su tipamen en el programa, y los machos ibéricos, pre y post constitucionalistas (la bragueta no entiende de política), se ponían como una motoreta, mientras que las niñas nos quedábamos locas viendo bailar al negro del Ballet Zoom, que parecía que tenía azogue.

La popularidad de Bárbara crece rápidamente, convirtiéndose en musa de la televisión, del destape y hasta de la UCD: cuenta Pedro J. que la noche en que Suárez ganó las elecciones, la unida, centrada y democrática Bárbara estaba en la fiesta de celebración con un escotadísimo vestido negro sin mangas y los brazos llenos de pegatinas de propaganda. Y en las elecciones de 1979, acompañó a Joaquín Garrigues a hacer campaña por tierras murcianas. Ya lo dejó caer Umbral: “Bárbara Rey es a los Garrigues lo que Marilyn a los Kennedy: el sex-symbol de una democracia guapa”. Y todos querían acostarse con una sex-symbol, claro, y desde que en 1977 protagonizara junto a Rocío Dúrcal “Me siento extraña”, todas también. En la película, Marita y Marieta vivían su historia de amor mientras Laly Soldevilla pasaba la aspiradora. Sí, es para sentirse extraña, aunque más extraña se sentiría en aquella noche de amor con Chelo García-Cortés, la que confesó en un “De Luxe” como si estuvieran arrancándole las uñas en Guantánamo, consiguiendo uno de los momentos más enormes de esta nuestra televisión. Heteroflexible que es una.

Como podía elegir, y ella es muy de dale a tu cuerpo alegría, totanera, roneó con Alain Delon, con Rexach y hasta con Paquirri. Por eso nos quedamos de piedra pómez cuando dijo que se casaba con Ángel Cristo, un domador bajito que olía a tigre. Bárbara, con más de cuarenta películas y una veintena de espectáculos musicales en el cuerpo, lo dejó todo para contraer matrimonio vestida de blanco satén, bajo la carpa de un circo con un altar en la pista y un gran Cristo crucificado colgado del trapecio: eso no lo supera ni una performance de Marina Abramovic ni la boda de Lauren Postigo y Yolanda Mora por el rito zulú en la Casa de Campo. Y, tras el convite, comenzó el romance mas largo que ha tenido Bárbara en su vida: no con Ángel Cristo, que no duró mucho, sino con el juego, que fue terminar la boda y largarse al Casino de Monte Picayo.



Bárbara, convertida en binguera, domadora de elefantes, esposa y madre de Mi Ángel y Mi Sofi, iba de giro con el circo mientras intentaba convencernos de que era feliz y de que pagáramos a Hacienda: “No se puede ser feliz engañando. Por eso Ángel y yo siempre decimos la verdad. También a Hacienda”, decía en un spot. Pero Bárbara nos mintió, porque de felicidad, nada: tras nueve años de desgraciado matrimonio, llegaron los escándalos, las acusaciones, los disparates. Todo muy sórdido, muy triste y muy bárbaro.

Después de divorciarse, Bárbara volvió al teatro y a la televisión, participando en realities como “Esta cocina es un infierno”, concurso del que Sergi Arola salió tarifando porque en ese programa, decía, "nadie quiere ser cocinero" (si de verdad Arola pensaba que Leticia Sabater o Bienvenida Pérez querían ganarse la vida pelando patatas, es que a Arola le hacía falta un hervor). Y en las épocas de bajona laboral, la Rey se hacía un “Interviú” (volvió a posar a los cincuenta y cinco tacos agotando la tirada) o sacaba a pasear sus romances “cougar” con Frank Francés o Antonio Tejado, con quien se enrolló en un Rocío a la sombra de los pinos, que ella iba de peregrina y le cogió de la mano y de todo lo demás, y a María del Monte se le cayó el lazo de la coleta del susto. Pero si no había ni fotos ni polvo del camino, se ponía en plan Estela Reynolds y hablaba de una mano negra que le impedía triunfar, de extraños robos en su casa, de conspiraciones, chantajes y amenazas; todo por una relación secretísima que había tenido con un alto mandatario del estado. Bárbara era la vedette que sabía demasiado.

Tanto sabía (sobre todo del negocio del espectáculo) que, para no perder comba, Rey abdicó televisivamente en su hija Sofía, y se reinventó en señora mayor con gatos, en dama del teatro que sale de bolos de vez en cuando y que cocina para sus hijos cordero a la Salvadora (como se llamaba su madre). Pero una tipa deslenguada y verborreica, capaz de decir en una entrevista que a Corinna se le ha caído el pelo en la menopausia y a ella no, o que imita a María José Cantudo mejor que Josema de “Martes y Trece”, se merece un espectáculo a lo Joan Rivers, donde cuente su vida sin dejar títere con cabeza. Y nosotros nos merecemos que ella y la Cantudo hagan un remake de “Qué fue de Baby Jane”, que su enemistad es tan antológica como la que hubo entre la Crawford y la Davis. Como mínimo.

martes, 20 de diciembre de 2011

Salir del armario

PUBLICADO EL 22 DE NOVIEMBRE EN LA VERDAD

“¡Qué decepción!”, me wassapeó mi amigo M. “¡No enseña nada!”. Esperaba la reacción de M., un hombre con tal personalidad que lleva años diciendo que le pone Terelu, porque si Terelu tiene valor para salir en el Interviú sabiendo lo que le espera, más valor hay que tener para admitir que te gusta, aunque parece que desde la publicación de las fotos hay cada vez más tíos que reconocen que está buenorra: no estás solo, M. Otra valiente: mi amiga C. confiesa que cada vez que ve a Georgie Dann le entran ganas de hacerle el Bimbó; a mí, en cambio, me dan ganas de hacerme el harakiri. La libido es una cosa extraña: uno tiene a su disposición a los hombres y a las mujeres más atractivos del mundo para fantasear y elige a Terelu o a Georgie Dann. Hasta Bárbara Rey, que dijo que le habían tirado los tejos algunas de las mujeres más guapas de este país, tuvo su primera y última noche heteroflexible con Chelo García Cortés. Estoy esperando que en cualquier momento alguien suelte en una cena que le gusta el feo de los Hermanos Calatrava (¡como si el otro fuera guapo!). Debe ser que, a partir de los cuarenta años y dos gin-tonics, uno reúne arrestos para salir del armario y confesar sus gustos más ocultos aunque, en algunos casos, se roce la parafilia.

En cambio otros, en vez de salir, entran en el armario: asustadas tras la presión social, las empresas retiran la publicidad de La Noria (a ver quién es la primera que sale y se vuelve a anunciar en el programa) y al pobre Jordi González casi lo tienen que sondar porque no hay intermedios. Si seguimos así, dentro de poco el público que acuda a los programas de Tele 5 aparecerá pixelado para que nadie lo reconozca, y en la carnicería sólo se hablará de Redes, no sea que si se te ocurre comentar que Antonio Tejado no le pasa la pensión a Chayo mientras pides medio kilo de ternera para guisar, te critiquen en el barrio. Que ya me lo decía mi abuela: “Tú no te señales, hija”. Y yo lo intento, pero es que mi tendencia natural me lleva más a hablar de los pelos de Punset que de la manipulación de la materia a escala atómica y molecular. Y claro, así me va: la ternera estaba dura.

lunes, 5 de mayo de 2008

Pajarismos

Nunca llegaré a ser una columnista de éxito. No, no estoy preparada para ello. Tengo el talento y la ambición, pero cuando me pregunte Juan Cruz "¿dónde encuentra usted la inspiración para sus artículos?" no podré contestarle "mientras me tomo un Bellini en el Harry's Bar" o "cuando contemplo el mar desde mi casa de Menorca". Tendré que decirle la verdad (ya saben, soy testiga de Jehová como Chus Lampreave y no puedo mentir) y confesar que la mayoría de los posts se me ocurren cuando me depilo las cejas, y claro, eso echará por tierra mi carrera literaria en ciernes.

A Andresito Burguera le pasa lo mismo: él intriga contra su padre mientras tira con ahínco de los pelicos de sus cejas. Así se le han quedado; dos programas más y se las va a poder pintar como una heroína del cine mudo. Pondrá de moda otra vez las cejas patas de mosca (Andresito es un pope de la moda) y desbancará la vuelta de los pelámenes ochenteros tipo Brooke Shields. Al loro los cool hunters.

Ese afán depilatorio que le consume, unido al botox y al ligero tono rosa en los labios, le está dejando la misma cara que a las esculturas que hace la reconstructora facial del CSI cuando encuentra un cráneo sin identificar y tiene que modelar el rostro con arcilla. "Varón caucásico, moreno, entre 30 y 40 años, ojos azules..." ¡STOP! ¡ALTO! ¡ACHTUNG! Aquí se ha equivocado tu amiga, Grissom. Los ojos no son azules, son marrones, que el otro día llevaba lentillas de colores. Ay, madre! ¿Qué credibilidad tiene un tipo que cambia de color de ojos como de lápiz de labios?

Eso fue el sábado en "La Noria". Su hermana Mar y Cielo estuvo el viernes en "¿Dónde estás, corazón?" con su bustier blanco postoperatorio (desde la lipo y las siliconas no se lo quita de encima la chiquilla; es un extraño fondo de armario). Llegaba la pobre muertecica desde L.A. en avión pagado por D.E.C. Ayuda En Acción. Si no es porque Cantizano le saca el billete por internet todavía está allí la cría, paseando por Rodeo Drive y viendo los escaparates como un niño de Dickens mira por las ventanas de las casas de los ricos en Navidad. Ahora por lo menos ya tiene un pellizquito para comprarse otro bustier, que ya saben que el blanco es poco sufrido. En este caso, poquísimo.

No escuché a ninguno de los dos; hay cosas que hasta a mí me producen vergüenza ajena (eso y que yo tenía montada una tertulia paralela, que si llego a estar sola me lo trago casi seguro). Sí oí alto y claro a Chelo García Cortés decir que Pajares había dado negativo en los análisis de tóxicos, y que lo que tenía era una enfermedad mental. Normal. Pajares tiene una enfermedad mental derivada de muchos, muchos años de consumo de esas mismas sustancias tóxicas que no aparecen en los análisis, porque si hubieran aparecido este fin de semana querría decir que los ha hecho el forense, y no el médico. La pobre Chelo está tan ocupada con su obra literaria (ha publicado un libro llamado "YO ACUSO"; no sé para qué hay que tener más tomates, si para parafrasear a Zola en el título, para salir en la portada con una foto de Isabel Pantoja detrás, para poner tu nombre como autora cuando lo ha escrito Jesús Locampos o para afirmar que es un ejercicio de autocrítica que pretende derribar el todo vale por la audiencia, no sé) que no ha podido consultar a un especialista para que le explique lo que le ocurre de verdad a Pajares.

"...Queeeeeeé pena de mushasho le diiiiice la geeeeente en los bares" que canta Kiko Veneno. Y qué pena, de verdad. Alfredo Landa, que es más listo que el hambre, hizo un juego malabar y dignificó la etapa más cutre de su carrera, consiguiendo llamar "landismo" a un trozo de la historia del cine español. Andrés Pajares ha inventado el "pajarismo", caerte de un árbol y quedarte tirao en el suelo con las paticas pa'rriba. Y que los polluelos que criaste, que tú creías de gorrión y resultaron ser de cuervo, te miren desde el nido mientras los alimenta un cámara del DEC National Geographic. Pero qué pena.