Nunca llegaré a ser una columnista de éxito. No, no estoy preparada para ello. Tengo el talento y la ambición, pero cuando me pregunte Juan Cruz "¿dónde encuentra usted la inspiración para sus artículos?" no podré contestarle "mientras me tomo un Bellini en el Harry's Bar" o "cuando contemplo el mar desde mi casa de Menorca". Tendré que decirle la verdad (ya saben, soy testiga de Jehová como Chus Lampreave y no puedo mentir) y confesar que la mayoría de los posts se me ocurren cuando me depilo las cejas, y claro, eso echará por tierra mi carrera literaria en ciernes.
A Andresito Burguera le pasa lo mismo: él intriga contra su padre mientras tira con ahínco de los pelicos de sus cejas. Así se le han quedado; dos programas más y se las va a poder pintar como una heroína del cine mudo. Pondrá de moda otra vez las cejas patas de mosca (Andresito es un pope de la moda) y desbancará la vuelta de los pelámenes ochenteros tipo Brooke Shields. Al loro los cool hunters.
Ese afán depilatorio que le consume, unido al botox y al ligero tono rosa en los labios, le está dejando la misma cara que a las esculturas que hace la reconstructora facial del CSI cuando encuentra un cráneo sin identificar y tiene que modelar el rostro con arcilla. "Varón caucásico, moreno, entre 30 y 40 años, ojos azules..." ¡STOP! ¡ALTO! ¡ACHTUNG! Aquí se ha equivocado tu amiga, Grissom. Los ojos no son azules, son marrones, que el otro día llevaba lentillas de colores. Ay, madre! ¿Qué credibilidad tiene un tipo que cambia de color de ojos como de lápiz de labios?
Eso fue el sábado en "La Noria". Su hermana Mar y Cielo estuvo el viernes en "¿Dónde estás, corazón?" con su bustier blanco postoperatorio (desde la lipo y las siliconas no se lo quita de encima la chiquilla; es un extraño fondo de armario). Llegaba la pobre muertecica desde L.A. en avión pagado por D.E.C. Ayuda En Acción. Si no es porque Cantizano le saca el billete por internet todavía está allí la cría, paseando por Rodeo Drive y viendo los escaparates como un niño de Dickens mira por las ventanas de las casas de los ricos en Navidad. Ahora por lo menos ya tiene un pellizquito para comprarse otro bustier, que ya saben que el blanco es poco sufrido. En este caso, poquísimo.
No escuché a ninguno de los dos; hay cosas que hasta a mí me producen vergüenza ajena (eso y que yo tenía montada una tertulia paralela, que si llego a estar sola me lo trago casi seguro). Sí oí alto y claro a Chelo García Cortés decir que Pajares había dado negativo en los análisis de tóxicos, y que lo que tenía era una enfermedad mental. Normal. Pajares tiene una enfermedad mental derivada de muchos, muchos años de consumo de esas mismas sustancias tóxicas que no aparecen en los análisis, porque si hubieran aparecido este fin de semana querría decir que los ha hecho el forense, y no el médico. La pobre Chelo está tan ocupada con su obra literaria (ha publicado un libro llamado "YO ACUSO"; no sé para qué hay que tener más tomates, si para parafrasear a Zola en el título, para salir en la portada con una foto de Isabel Pantoja detrás, para poner tu nombre como autora cuando lo ha escrito Jesús Locampos o para afirmar que es un ejercicio de autocrítica que pretende derribar el todo vale por la audiencia, no sé) que no ha podido consultar a un especialista para que le explique lo que le ocurre de verdad a Pajares.
"...Queeeeeeé pena de mushasho le diiiiice la geeeeente en los bares" que canta Kiko Veneno. Y qué pena, de verdad. Alfredo Landa, que es más listo que el hambre, hizo un juego malabar y dignificó la etapa más cutre de su carrera, consiguiendo llamar "landismo" a un trozo de la historia del cine español. Andrés Pajares ha inventado el "pajarismo", caerte de un árbol y quedarte tirao en el suelo con las paticas pa'rriba. Y que los polluelos que criaste, que tú creías de gorrión y resultaron ser de cuervo, te miren desde el nido mientras los alimenta un cámara del DEC National Geographic. Pero qué pena.