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Gloria Serra adelgazó y dejó a
Jordi, claro. Es una ley no escrita: cuando uno adelgaza, se divorcia. Conozco varios (muchos, demasiados) casos en los que ellos empiezan a adelgazar al estilo del increíble hombre menguante y al final el nuevo cuerpo se lo lleva otra. Esta vez ha sido ella la que ha dejado plantado a Jordi, y
Antena 3 disfrutará de Gloria con tres tallas menos. Pero si Gloria Serra sufre ahora al desayunar un biscote integral con un zumo de pomelo, no les cuento cuando se tenga que merendar las audiencias de Antena 3. Ella, que se pegaba un atracón con las de
"La Noria" mojadas en café con leche. Pero Gloria es una valiente: por embarcarse en las tardes de Antena 3, que es como subir al Titanic y, por supuesto, por hacer dieta.
Todos llevamos un gordo dentro (menos
Imanol Arias; su gordo se lo comió
Juan Echanove) que se va incubando durante las Navidades y que eclosiona en verano. ¿Todos? Todos no: existe una raza superior a la que su físico ha convertido en modelos y que, llevada por una falsa culpabilidad, intenta solidarizarse con el resto diciéndonos aquello de
"en el colegio lo pasé muy mal porque me decían jirafa". ¿Jirafa? ¿Es peor "jirafa" que "vaca"? A lo mejor en la India sí, pero en el sistema de castas escolar no, desde luego. Me dan ganas ganas de abrirles la boca con un embudo y vaciarles la nevera de Falete. Ese intento que tienen las tipas delgadísimas de pagar su deuda genética con la sociedad (todos los genes buenos se los llevaron ellas) hablándonos de su sufrimiento adolescente es tan lamentable como decir que los ricos también lloran o que la suerte de la fea la guapa la desea. Los refranes son un fraude. Y mi gorda interior se monda con ellos.
La gorda interior nos acecha siempre, pero sólo las que hemos luchado contra ellas de pequeñas conocemos el método para obligarla a replegarse: en cuanto asoma la nariz, dieta que te crió. La mía lleva una temporada dándome un respiro, pero yo sé que está ahí, invernando, acechando, esperando cualquier momento para salir. Es una presencia inquietante, que suele manifestarse los lunes por la mañana y que hará su aparición estelar en cuanto comience a probarme bikinis. "¿Bikini?", me dirá. "¿Y de color turquesa? ¿No sería mejor un bañador negro con pareo a juego?". Y la lucha volverá. Mi gorda interior es una psicópata, la tía.
Por cierto, mi marido se ha puesto a dieta. No sé si empezar a preocuparme.