Mostrando entradas con la etiqueta Ana Belén. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ana Belén. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de abril de 2015

VIEJOS


PUBLICADO EN LA VERDAD EL 21 DE ABRIL DE 2015
“¡Qué mayores estamos, nena!”, me dice mi santo mientras vemos a Ana Belén y a Víctor Manuel charlando con Pepa Bueno. Sí, estamos mayores, pero sólo Víctor, él y yo, porque Ana, la jodía, ha firmado un pacto, no sé si con el diablo o con la mejor esteticista de Madrid, y ahí está viendo pasar el tiempo, delgada, guapa, entusiasmada, la musa intergeneracional hecha más de hueso que de carne, la tipa que consiguió convertir una boca fea en una sonrisa hermosa, tan pizpireta y tan juncal como cuando cantaba “España, camisa blanca de mi esperanza” en el 84.
Y sí, estamos mayores porque nos sabemos sus canciones, las de ella y las de Víctor. Y porque nos cuesta tres días recuperarnos de una juerga, porque amanecemos como si el mercancías de las 4:30 nos hubiera arrollado durante la madrugada, porque nos tomamos un protector de estómago antes de salir a cenar y porque hemos sobrevivido a conciertos, fiestas, decepciones, angustias y tristezas, a la cebolla caramelizada y a las reducciones de Pedro Ximénez. Tenemos mucha calle detrás, que dice la Esteban. Y más de la mitad de esa calle la hemos recorrido juntos.
Nos conocimos sin canas, a estrenar. Él fumaba Ducados, yo Fortuna a escondidas. Ahora, él toma pastillas para el colesterol y yo uso gafas; seguimos fumando. Soportamos nuestras manías y compartimos nuestros silencios. Unas veces somos Pepa y Avelino, otras Antonio y Mercedes, muchas los Roper. Él lleva con humor que le nombre en las columnas, las pilas de periódicos acumulados en la mesa del comedor y mi mala leche matinal; yo, que vea el fútbol y que se deje los armarios abiertos. Él ha visto cómo me invadía la celulitis, yo cómo le han ido saliendo arrugas alrededor de los ojos. Y ambos vemos cómo el niño que duerme en la habitación contigua crece mágicamente por las noches, mientras a nosotros nos vuelve a arrollar el mercancías.
Dice la escritora Nina Bawden que “Una buena razón para escribir novelas sobre la base de tu vida es que tienes algo para leer en la vejez, cuando se te ha olvidado lo que pasó”. Yo no tengo novelas, pero sí columnas. Me gustará leerlas cuando no sepa ni dónde he puesto las gafas y él, atento, las encuentre, las limpie con el faldón de su camisa y me las acerque, regañándome por haberlas perdido una vez más.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Asimetrías


PUBLICADO EL 8 DE MAYO DE 2012 EN LA VERDAD

Tengo las pestañas del ojo derecho más espesas que las del izquierdo, lo cual me otorga un inquietante parecido al protagonista de “La Naranja Mecánica”. También tengo el hombro derecho más bajo que el izquierdo, lo que me da un aire (aún más inquietante) a Quasimodo. Soy asimétrica. Por fuera y por dentro. Vivo con mis asimetrías como tantos otros: Alaska colabora con Jiménez Losantos, Ana Belén y Víctor Manuel ruedan anuncios para el Banco de Sabadell, la ex mujer de José Bono declara que “Dejar de tener una vida pública era necesario” (y eso lo hace desde una exclusiva en el ¡HOLA!), Pitita Ridruejo sale en “Sálvame De Luxe” hablando de las apariciones de El Escorial y, a continuación, aparece Tatiana enseñando las tetas (aunque lo verdaderamente asimétrico sería verle las tetas a Pitita y que Tatiana hablara de la Virgen) y Carmen Lomana, que no coge el metro desde que Álvarez del Manzano era alcalde, escribe “Estoy indignada con la subida del transporte público, me siento perroflauta de corazón” mientras su Rolex choca contra el teclado del ordenador.

Las asimetrías de los demás son motivo de escarnio, crítica y descojone general (dan hasta para el primer párrafo de una columna), pero en uno mismo provocan desazón. Con la lluvia fastidiándome el alisado casero y convirtiéndome en un caniche por momentos, le digo a R. que estoy confusa, perpleja; que los simétricos de derechas me dicen que soy una roja y, los de izquierdas, una pija; que en estos tiempos donde todo el mundo se posiciona y lo tiene todo tan claro yo me siento como la mulata de “Imitación a la vida”, aquel melodramón de Douglas Sirk: demasiado negra para los blancos y demasiado blanca para los negros. R, agnóstico asimétrico que viste a sus hijos de nazarenos, me contesta que, además de echarme más rímel en el ojo izquierdo, lo único que puedo hacer es intentar meter bajo el paraguas a los que quepan y resistir el temporal como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie. Tras esa afirmación terminamos cantando por el Dúo Dinámico, claro. Pero lo que no sabía es que al finalizar la canción iba a acabar más asimétrica que al principio: me hice una contractura en la cadera derecha y ahora tengo unos andares que parezco el padre de Jesulín. Así que no juzguen muy duramente las asimetrías de hoy, que estoy escribiendo hasta arriba de Myolastán. 

P.D.: Para que luego digan que discutir no sirve de nada; a mí, al menos, me da tema para una columna. Gracias a mis simétricos y asimétricos favoritos por la conversación del sábado entre el canelón de pato y los saquitos de verduras: F., C., M. y R.