lunes, 6 de mayo de 2019

TAN LEJOS, TAN CERCA

PUBLICADO EL 3 DE MAYO EN LOS DIARIOS DEL GRUPO VOCENTO
Si abril es el mes más cruel, que ya lo escribió T. S. Eliot, mayo no se queda corto. Y no sólo porque la llegada de la luz nos provoque una inesperada ansiedad por vivir, que también, sino por algo tan prosaico como tener que aguantar unas nuevas elecciones. Y así estamos. Que Dios, los ansiolíticos y los antihistamínicos nos asistan. 
En estos días de sol y alergias hemos pasado de lo nacional a lo local en una suerte de método deductivo que, en teoría, incluye las conclusiones en las premisas. Y digo en teoría porque, en la práctica, hasta el día 26 no sabremos si las conclusiones extraídas de las generales se extenderán al ámbito autonómico y municipal. Tampoco lo saben ellos, los candidatos que se presentan a estas nuevas elecciones y que ahora tienen una oportunidad para recuperar las asignaturas suspendidas en abril o para subir la nota final, según el caso.
Pero la diferencia entre los comicios pasados y los que están por venir es que, en esta ocasión, conocemos a muchos de los políticos que se juegan el puesto. Tanto que algunos se presentan en las listas con su apodo, como el Kichi (ya sólo nos faltan el Chuli, el Pai y el Cabra); tanto que te los puedes encontrar echándose un café al coleto en el bar de abajo, recogiendo a los críos en el colegio o comprando el pan. Los reconoces porque van con la ojera colgando, la prisa en el cuerpo y la incertidumbre en el gesto, desfondados antes de empezar, fatigados por una agenda extenuante donde todo está medido, desde el tiempo para comprarse unos zapatos nuevos hasta la visita a la peluquería, que cómo una se va a poner a hacer campaña con estas canas, hija. Y es entonces, en la cercanía, cuando resulta casi imposible no empatizar con ellos, que lo que ha unido el Farmatint no lo separa la política. 
Lo que no sé es si este movimiento constante y esta pulsión por llenar el calendario no serán una forma de evitar la reflexión; no sé si ese agotamiento perpetuo que les hace llegar exhaustos a la cama es la única manera de impedir que se planteen si hacen la política que quieren o la política que les dejan hacer, si mantienen aún firmes los ideales que les llevaron al servicio público, si una vez ganado su puesto serán capaces de desempeñarlo de la mejor forma posible o sufrirán el síndrome del impostor. Y esto último no sólo es válido para los políticos en general, sino también para alguna que otra columnista en particular: aún me pregunto cómo me han dejado escribir durante estas semanas a todo lo que da la mata y compartiendo espacio con Olga Agüero y Rosa Belmonte. Cualquier día de estos, me pillan. Mientras tanto, que ustedes lo voten bien. Otra vez. 

miércoles, 1 de mayo de 2019

VIVA HONDURAS

PUBLICADO EL MARTES 30 DE ABRIL EN LA VERDAD

Acabáramos: llevo tal lío entre las elecciones y "Supervivientes", que creo que el domingo voté por Pantoja al Congreso. La culpa no es de servidora, que conste, sino de la coincidencia en el tiempo de dos episodios nacionales de enorme trascendencia: las elecciones generales y el regreso de Pantoja a su cadena enemiga. Y quieren ustedes que yo esté mejor de lo mío. Pues así no hay manera. 

La vuelta de Pantoja a Telecinco es un hecho con precedentes: tras las Guerras del Tomate, Isabel firmó la paz con la cadena cuando fue a recoger a su hijo Kiko a "Supervivientes". Aquella noche, Vasile le envió un ramo ramo de rosas rojas con una nota que decía "Por fin", y aquel ramo le asfaltó el camino hasta llegar a presentar las campanadas con Jorge Javier Vázquez. La tregua duró años pero, desafortunadamente, tras la salida de la cárcel ocurrió el "Sisigate", y se desencadenó una guerra infinita entre Pantoja y Jorge Javier. Sin embargo, como no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista ni milagro que la chequera de San Paolo no consiga, el jueves pasado las dos divas volvieron a hablar conexión vía satélite mediante. Y aquí paz y después gloria. 

Y si este reencuentro fue grande, el de Pantoja y Chelo García Cortés fue apoteósico. Tras cinco años sin hablarse, Isabel y la periodista se abrazaron. Y aquello fue como ver caer el muro de Berlín. Fue Historia de España. Con mayúsculas. Si están ustedes opositando y no lo vieron, mal hecho, porque va a ser pregunta obligada de examen, ya se estén preparando para registrador de la propiedad o para policía local, a saber: Los Pactos de Cayos Cochinos. Antecedentes, origen del distanciamiento, la firma del tratado, consecuencias. Están tardando en ponerse a estudiar.

Lo de Pantoja en "Supervivientes", pactos de estado aparte, es la mejor y más loca campaña para ganarse al respetable que hemos visto jamás. Tras blanquear capitales, ahora Pantoja va a blanquear su imagen pública, que no su pelo (el único privilegio que ha pedido es que le dejen llevarse el Farmatint a la isla para poder teñirse las canas). Y en ello está: para conseguirlo, Pantoja no ha dudado ni en tirarse al barro ni en tirarse al cuello de algunos de sus compañeros, mirada laxante incluida. La mirada les va a venir de perlas, por aquello de los problemas de estreñimiento. Y que viva Honduras.  



PUESTA EN ESCENA

PUBLICADO EL 30 DE ABRIL EN LOS DIARIOS DEL GRUPO VOCENTO

Un día curioso el de las generales. Uno iba a votar y se podía encontrar a Loquillo de presidente de una mesa electoral, a Paco León como vocal, a Leticia Dolera llorando o a Penélope Cruz votando con las gafas puestas. También fue curiosa la noche, que ver a un político admitir la derrota de su partido no es habitual. "El resultado ha sido muy malo", dijo Pablo Casado. Y fue un buen comienzo hasta que, de repente, empezó a echar la culpa a la fragmentación del voto y a no sé qué cosas de la Semana Santa; a todo menos al viraje de su partido hacia posiciones extremas. "El neoaznarismo ha hecho retroceder al PP al preaznarismo", sentenciaba Maruja Torres en Twitter. Mientras,Teodoro García Egea parecía que se había tragado el hueso de la aceituna. De fondo, el silencio atronador en la calle Génova. Qué solos se quedan los perdedores. 
Pablo Iglesias, por su parte, tampoco aceptó del todo el enorme descalabro de Podemos, e intentó salvar los muebles subrayando que el objetivo propuesto era entrar a formar gobierno con el PSOE. Definitivamente, el único que admitió anoche una derrota sin paliativos fue Zidane: "Pido perdón por jugar así", dijo tras el desastre del Madrid. Pues eso.
En el lado contrario, Ortega Smith calentaba al personal abriendo boca con un  "Compatriotas, la resistencia ya está dentro del Congreso". Y me vino a la cabeza David Broncano paseándose por los escaños y preguntándole a los diputados aquello de cuánto dinero tienes y cuánto has follado en el último mes. Más que entrar la resistencia, con Vox ha entrado en el Congreso la imagen de "La escopeta nacional", igual que con Podemos entraron en su momento las camisetas con mensajes y las rastas, ante el horror de Celia Villalobos y su miedo a los piojos. Las grescas estéticas y verbales entre Rufián y Abascal van a ser legendarias en esta legislatura.
¿Y Albert Rivera? Pues autoerigiéndose como líder de la oposición. Qué diferencia de puesta en escena: si Casado, Suárez Illana y García Egea, con sus trajes oscurísimos, parecían enterradores, Rivera y los suyos eran todo energía, alegría, color y vamos, ciudadanos. Sí, pero ¿adónde? ¿A ocupar el lugar del PP o a pactar con el PSOE? Porque si hay alguien que tenga la sartén por el mango ahora mismo es Pedro Sánchez, el tronista cuarentón que puede decidirse entre varios pretendientes. "¡Con Rivera no!", le gritaban los suyos, como cuando tu madre tuerce el morro porque no le gusta tu novio. Pero a Sánchez le da igual, que hará lo que le salga de la peineta. A lo mejor sí tiene razón Casado y el "quid" de la cuestión ha estado en la Semana Santa, porque Sánchez ha vuelto a resucitar. Una vez más.

SALTO AL VACÍO

PUBLICADO EL 27 DE ABRIL EN LOS DIARIOS DEL GRUPO VOCENTO

Hoy es el día. El de la calma que precede a la tormenta. El día en el que ya está todo el pescado vendido, en el que no se puede hacer nada más, tan sólo sentarse a esperar consumido por la impaciencia. Una espera dedicada a que los votantes, supuestamente, reflexionen, y a que los políticos, también supuestamente, vuelvan a su vida doméstica: durante los últimos meses, su cotidianidad no ha sido desparramarse en el sofá para ver una película, jugar con sus hijos o barrer las migas del suelo después de comer, sino hacer cosas rarísimas a la vista de todo el mundo. Pero ellos se sienten cómodos en esa anormalidad donde los entregados a la causa corean su nombre, les palmean la espalda y los reciben como si fueran estrellas del rock. Por eso, cuando vuelven a casa por unas horas y salen a pasear por el barrio enfundados en unos vaqueros viejos y una americana informal, intentan fingir normalidad. Y eso es algo que sólo le sale bien a Resines.
Porque nada en esta campaña, crispada y llena de "performances" absurdas, ha sido normal; la sobreactuación, la exageración y la caricatura habituales en estos tiempos extraños han formado un combo que nos ha dado memes, titulares y, sobre todo, mucha vergüenza ajena: tránsfugas de último minuto, listas de candidatos hechas por un director de casting loquísimo, hombres que preguntaban a los robots a quién iban a votar sus amigos, atriles convertidos en puestos callejeros de tres bragas a dos euros, líos en el PACMA que han desconcertado a veganos y gatetes, señores que esgrimen con pasión la misma Constitución que despreciaban hace unos pocos años y artistas que "prefieren el vértigo de los patriotas y reaccionarios" para desdecirse al día siguiente. Puestos a que los excesos te dejen frito el cerebro y a epatar al respetable, mejor acudir al original. "Que Franco resucite, salga vivo y sea nuestro caudillo", declaraba Fabio McNamara. Delirio total o tanto cuerpo para tan poca cabeza, la misma que hace falta para pensar. Y es que, en esta pausa obligada para el café, los que menos van a reflexionar son los que más lo necesitan, los que más gritan, los revanchistas, los imperativos, los que votan con las vísceras, los que escupen frases con tanto asco como si se hubieran encontrado un pelo en la sopa. Así que, si ellos no reflexionan, tendremos que hacerlo los demás y votar en consecuencia. También dijo Pantoja que no había ceros suficientes en Mediaset para que ella se sentara. Y no sólo se ha sentado, sino que ha saltado de un helicóptero y se ha tirado al barro, literal y metafóricamente. A ver si, con tanta tontería, vamos a acabar nosotros saltando al vacío. Avisados estamos.  

miércoles, 24 de abril de 2019

LENTEJAS Y GAMBAS

PUBLICADO EL 24 DE ABRIL EN LOS DIARIOS DEL GRUPO VOCENTO
En el fondo me dan pena. Los políticos. digo. Los candidatos, especifico. Todo el día arrastrándose por este nuestro país, que si una ardilla podía cruzar España de árbol en árbol, los políticos la pueden cruzar de mitin en mitin. "Vivo en la carretera", cantaba Miguel Ríos. Se nos han hecho adictos a la gasolina y a pasar la campaña dentro de un mundo en el que dormir es de cobardes, en el que los caterings empiezan a resultarles intragables hasta a las canaperas profesionales, en el que una corte de supernannys les proporciona un Almax con la misma diligencia con la que aparecen con un rollo de papel higiénico en el momento oportuno, les preparan los gráficos que blandirán en el debate o les recuerdan que hoy es el cumpleaños de su hijo pequeño. Mientras ellos, con la corbata aflojada, se preparan los asuntos a debatir subrayando en fosforito, haciéndose esquemas, contestando a las preguntas trampa de su equipo de asesores, controlando los tiempos de las respuestas. Y, cuando nadie les ve, se ajustan de nuevo la corbata, se ponen delante del espejo del cuarto de baño y ensayan la mirada azul de "Zoolander", que hay que epatar al personal.
Estos dos debates, uno detrás de otro, nos han devuelto a la infancia. Pero no a los tiempos felices, sino a los de la angustia, a cuando éramos chavales y nos colocaban un día un control de Matemáticas  y, al siguiente, uno de Física, y nos encomendábamos a Santa Marie Curie de Todas las Radiaciones para poder salir del paso. Por eso no me extrañan los nervios de los candidatos, su acelere, su desasosiego. No me extraña que aparezcan con el ceño ceñido, que me dijo el otro día C. Y los entiendo perfectamente, no crean: todavía tengo pesadillas con que voy al colegio y hay examen sorpresa. 
Hoy, al fin, los candidatos estarán descansando. Un poco, al menos, libres de soportar la presión de todos los ojos de un país puestos en ellos durante dos días. Se han desabrochado la chaqueta y han estirado las piernas en el asiento de atrás. Pero si bien ya ha pasado la ansiedad del día antes, el día después les asalta la preocupación por los resultados. Miran las portadas de los periódicos como el que mira las listas de las notas para saber si ha aprobado o suspendido, se flagelan en privado por una contestación mal dada, por un minuto de oro cursi, por un gesto que no pudieron controlar, por un dato que se les escapó, por un silencio atronador, y se consuelan en público gracias a la palmada en la espalda y al "¡qué bien lo has hecho, tío!" Porque sólo han debatido tíos. Tíos que se pasan la vida comiendo gambas por ahí fuera para poder llevar un plato de lentejas a casa. Pobreticos. 

ANIMAL DE COMPAÑÍA

PUBLICADO EL MARTES 23 DE ABRIL EN LA VERDAD

Leo todas las noches de mi vida. Leo las noches largas, las de sueño intermitente, las de ojos como platos, las amenazadas por la alarma del móvil. Leo hasta las noches que llego malamente. Y leo novela, siempre novela: el ensayo y los periódicos son para la luz del día, la que entra por la ventana e ilumina la realidad resaltando sus aristas y haciéndola, aún, más inclemente; la ficción, en cambio, requiere un resplandor tenue, el suficiente para alumbrar las vidas de otros. Y así, cuando las suyas se empiezan a mezclar con la mía y las líneas comienzan a difuminarse, cierro los ojos. Por eso tengo los libros en la mesilla de noche como el que tiene a mano el Orfidal o el vaso de agua, porque leo por necesidad, porque leer es la única forma de hacer posible la transición de mi vida al sueño. 

Entre el flexo y la lima de uñas se han formado tres torres inclinadas; en precario equilibrio, y unas sobre otras, se amontonan las historias, las leídas y por leer, las hermosas y las tristes, las que nos permiten mirar por el ojo de la cerradura las vidas ajenas y las que diseccionan la propia, las que hubiera querido vivir y las que hubiera querido escribir, aunque no tenga coraje para lo primero ni talento para lo segundo. Y ahí están, preparadas para ser engullidas de forma compulsiva, impaciente,como quien se pega una tripotera de hamburguesas: envidio a los lectores que son capaces de citar párrafos enteros, que retienen los nombres de los personajes, que recuerdan los giros de la trama, que analizan la estructura de la novela, que saborean cada adjetivo; los lectores gourmets. Yo no, yo devoro los libros con la misma ansiedad con la que me meto un cuarto de libra con queso entre pecho y espalda. Con nuggets y patatas fritas, a ser posible. Pero leer, al fin y al cabo, tiene menos calorías; lo único que te puede engordar es el cerebro. Y tampoco:los que aceptamos libro como animal de compañía no somos más listos que los que no leen. Sólo tenemos más suerte, la de poder volver a los libros donde fuimos felices y la de abrir libros nuevos donde también lo seremos; la suerte de haber encontrado un refugio donde guarecernos para pasar la noche. Feliz Día del Libro. 

LA ESPAÑA DE LOS CORAZONES

PUBLICADO EL 21 DE ABRIL EN LOS DIARIOS DEL GRUPO VOCENTO
Según su presentador Carlos Sobera, "First Dates" es una programa donde la gente va a encontrar el amor. El amor y las faltas de ortografía: uno de los participantes le dejó a su cita una nota en la que se definía como "onesto" y "actibo". Otro, con todo el atrevimiento que te proporcionan la ignorancia y el ceporrismo, le dijo a la chica con la que cenaba que "echar p'a fuera es con h". Amárrame los pavos, que dice la Belmonte. Y amárrame a mí, que les doy con el diccionario en la cabeza. En "First Dates" te rompen los ojos, los oídos y, a veces, hasta el corazón: un pavo al que le sobraban tantos kilos como morro se negó a quedar por segunda vez con su cita porque buscaba "una relación físicamente fitness". La paja en el ojo ajeno y la viga en el propio. Hay que ser imbécil. 
Posiblemente ocurran estas cosas porque vivimos en unos días extraños y panfletarios donde no hay que buscar el corazón en los programas de televisión, sino en los programas de los partidos políticos: ahí está el corazón del PSOE, separado por una barra lateral de las siglas del partido; el del PP, con la gaviota reconvertida en un corazón partío rojigualda; el multicolor de Unidas Podemos, con el rojo de IU, el verde de Equo y el lila de Podemos; el de Ciudadanos, formado por la bandera de España, la de Europa y la de Cataluña. Paz y amor, hermanos. Y, por si no hubiera ya suficiente azúcar como para provocarle un coma diabético a la mitad de la población, la España de los corazones se aliña con vídeos en los que amigos, compañeros y familiares del candidato loan sus virtudes y cantan sus hazañas; hagiografías de dos minutos que apelan directamente a que los votantes empaticemos con el político de turno, intentando convertirlo en el tipo con el que nos iríamos a tomar una caña o al que le compraríamos un coche de segunda mano. Tíos que no tienen abuela, pero que son capaces de contratar a la de la fabada para que aparezca en campaña echándoles piropos.
Mientras tanto, detrás de todo este "flower power" y de todo este buen rollismo, hay un ruido de fondo de acusaciones mutuas, de insultos de barra de bar a las cuatro de la mañana, de eso no me lo dices tú a mí en la calle y de toíto te lo consiento menos faltarle a mi mare. Definitivamente, en estas elecciones nos lo han puesto en bandeja para que votemos con las vísceras. Con el corazón o con las gónadas, según se mire: en el Ayuntamiento de Málaga, y en una moción que iba destinada a la Comisión de Economía, a los de Ciudadanos se les coló la frase "para tocar los cojones". Nos está quedando un país muy de casquería fina, a elegir entre corazón de ternera o criadillas de cordero. Que aproveche.