Mostrando entradas con la etiqueta columna. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta columna. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de abril de 2019

MÁS PAPISTA QUE EL PAPA

PUBLICADA EL MARTES 2 DE ABRIL DE 2019 EN LA VERDAD

Dejé de creer en Dios hace ya muchos años. No lo hice de un día para otro, de manera abrupta y repentina, ni a consecuencia de una crisis profunda y unamuniana, no; aquello acabó de forma lenta, paulatina, como el que se va desenamorando tras muchos años de matrimonio. Posiblemente, mi fe era tan frágil que, en cuanto los ritos cotidianos dejaron de ser obligatorios, comenzó a languidecer igual que una tarde de domingo. Pero aún así, me siguen quedando rastros de un tiempo en el que fui una niña seria, reconcentrada y católica: cada vez que necesito tomarme un respiro, entro en una iglesia y me recojo entre los muros gruesos, el silencio y el frío, y allí permanezco hasta que pasan las tormentas y los vientos. Y sí, claro, también me acuerdo de Santa Bárbara cuando truena. Incoherente que es una.  

Ahora, cuando he perdido la fe hasta en la cosmética coreana porque para solucionar lo de mi celulitis ya sólo cabe esperar milagros, creo en muy pocas cosas. En el primer café de la mañana, en las cañas de un mediodía, en el vino de una cena; en los libros, en las películas, en las canciones; en las macetas de mi patio, en algunas personas, en mi hijo; en el poder de las palabras, en el de los besos y en el de los abrazos chillaos. Y también creo en que el Papa cree en lo que cree. Y que sabe transmitirlo. Tampoco dijo nada que no hubiéramos oído antes: la doctrina social de la Iglesia sigue siendo la misma desde hace años, y no ha cambiado su posición con respecto a la homosexualidad o al aborto, que a veces se nos olvida que estamos hablando de la Iglesia Católica, con sus reglas y sus dogmas. Pero este Papa, al menos, pone el acento en la solidaridad, en la caridad, en el amor y en la comprensión, valores válidos para todo el mundo, ya sean creyentes, agnósticos, tronistas o viceversos. Y este Papa da entrevistas, se expone, habla, y sí, también se equivoca, porque en ese sentido no es infalible. En cambio, hay algún católico, más de pelo en pecho que de golpes en el mismo, que se presenta a las elecciones y aún no ha dado la cara; tan sólo se dedica a lanzar globos sonda para alterar al personal. Será que es más papista que el Papa. 

miércoles, 27 de junio de 2018

LA PISCINA

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES 26 DE JUNIO DE 2018
Cuenta La Chunga que ella siempre quiso tener una piscina. Y yo. Y cualquiera. Hasta Pablo Iglesias. Tener una piscina ha sido un sueño compartido y aspiracional: cuando no la tienes, te imaginas haciendo fiestas a su alrededor, bebiendo mojitos tumbado sobre una colchoneta, viviendo dentro de un cuadro de David Hockney. Incluso sueñas con que, un día, pueda aparecer Burt Lancaster en bañador, como en "El nadador", una película en la que el protagonista recorre una zona residencial de Connecticut cruzándola de piscina en piscina hasta llegar a su casa. Basada en un relato amargo como la tuera de John Cheever y convertida en película de culto, la vi cuando era una cría y no entendí ni la mitad, pero sí recuerdo que me dejó un regusto a desasosiego en la boca y un gusto por Burt Lancaster en el cuerpo. Años después, en 2013, Fermín Jiménez cruzó el país trazando una línea recta de piscinas que iba de Tarifa a Pamplona: si antes una ardilla podía cruzar España de árbol en árbol sin tocar el suelo, ahora un artista multidisciplinar puede cruzarla de piscina en piscina. La modernidad era esto. 
Los candidatos a presidir el PP también están recorriendo España, pero no de piscina en piscina, sino de sede en sede. Sáenz de Santamaría estuvo en Murcia el domingo, Cospedal el lunes. Veo a Santamaría (SoraYA!) sudando y abanicándose con tanto brío como un murciélago loco batiendo sus alas; pobre. Salir de un entorno controlado al espacio exterior es lo que tiene, que pasas del aire acondicionado y la moqueta mullida al calor infernal y al asfalto recalentado. Podrían hacer los encuentros con los militantes alrededor de una piscina: no sólo estarían más fresquitos sino que, a lo mejor, así también se verían las diferencias entre los candidatos peperos: con el pelo mojado como lamido por una vaca, sin un mala tela que te tape las vergüenzas y desprovisto de cualquier armamento que te proteja de las miradas ajenas, uno se convierte en vulnerable al mostrarse tal cual es, que ponerse en bañador delante de los demás es peor que psicoanalizarse en público. Pero hay que tener mucha confianza (en una misma y en la bondad de los extraños) para dejarse ver de esa guisa. Por eso, servidora se baña sola en la piscina. Por eso y porque para ver focas, ya está el Terra Natura. 


"A BIGGER SPLASH", de David Hockney. 1967

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Sensación térmica


Mi abuela veía el tiempo todos los días. “¡A callarse, que van a dar el parte!”. El meteorológico, se entiende, que el de guerra ya lo daba ella, Tenienta Coronela de Todos Los Ejércitos de la República Independiente de Mi Casa, menuda era. Y lo curioso es que mi abuela no salía a la calle, por lo que en teoría le daba igual que tronara o lloviera, pero estaba tan preocupada como si fuera la mismísima Ángela Channing y temiera que una granizada destrozara sus viñedos.

Calladicos, veíamos a un señor en la tele que, con un mapa de cartón y una tiza, te contaba lo del anticiclón de las Azores, las borrascas y la inestabilidad atmosférica en un momento. Ahora no, ahora la sección del tiempo es más larga que el telediario, y tiene más efectos especiales que una peli de George Lucas. Y total, da igual: si tienes ropa tendida, llueve, si te vas a ir de excursión al monte, sopla un viento que ni Pepe Pótamo lanzando su Hipo Grito Huracanado, y si has previsto comer al aire libre pasas más frío que Leonardo DiCaprio en el Titanic.

Pero en Cartagena nunca hace frío, qué va, que dice Wikipedia que aquí tenemos una temperatura media anual de 20 grados. Pues miren, para no hacer frío yo me quedo hecha un pajarico todas las mañanas esperando el autobús, con los dedos tan tiesos que le doy a las teclas del iPhone de cuatro en cuatro y me salen unos tuits que parece que están escritos en chiquitistaní. Si hasta Álex de la Iglesia comentó que no había pasado más frío en su vida que rodando en Cartagena, y De la Iglesia es de Bilbao, ahí va la hostia. Así que debe ser la sensación térmica, es decir, que no hace frío pero yo lo noto. Lo mismo me pasa con la situación económica: que ya no hay recesión, pero yo la siento. Y los 400.000 murcianos que viven por debajo del umbral de la pobreza, ni les cuento. Y se aproxima otro invierno más en el que nos tendremos que meter periódicos debajo del jersey para protegernos del frío. Así que, por mucho Roberto Brasero eche mano del refranero y nos diga que al mal tiempo, buena cara, lo cierto es que cuando el grajo vuela bajo, hace un frío del carajo. Seguiremos esperando a que el grajo remonte el vuelo.