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lunes, 25 de julio de 2011

Survival

Publicado el 17 de julio en LA VERDAD

Las rayas marineras, las saharianas, los shorts… todos los veranos tenemos el mismo “revival”. Pero lo de este año ya no es un “revival”, es un “survival”, porque además ha supuesto el regreso de los cigarrillos de liar, los tupperwares en las playas y los puestos de fruta ambulantes. Sólo nos falta el café de recuelo para oír a Sofía Petrillo diciendo “Imaginaos…Sicilia, 1920”. Volver al pasado para sobrevivir al presente. Una nueva posguerra animada por la gran Rafaella Carrá, survivor por antonomasia, con el Explota mi corazón (pero como el modelno de Bob Sinclar se ha cargado el estribillo, cuando lo vas a cantar lo que te explota es la X en la boca, y te quedas cortadica del todo).

Supervivientes como Carolina de Mónaco, que no se pudo comprar unos tacones para ir a la boda civil de su hermano, o Inés de la Fressange, quintaesencia del chic parisino, que se puso una pamela de las que regala Amstel en Carthagineses y Romanos. El mismísimo Alberto de Mónaco debe de ahorrar bastante en preservativos, porque le han salido dos hijos más. Y la pobre Charlene, que tendrá que sobrevivir a 5 años de matrimonio. Tan triste está que hasta yo, que hubiera sido capaz de casarme con Lucas Grijander con tal de ser reina de Chiquitistán, he empezado a pensar que no merece la pena soportar ese infierno monegasco por ir al Baile de la Rosa.

Mientras tanto, Tele 5 intenta convencernos de que los auténticos supervivientes no somos los que salimos todos los días a la calle con 37º a la sombra para buscarnos la vida, sino los que están en la isla del Doctor Moreau, ahora transmutado en Jorge Javier Vázquez. Ah, ¿pero que usted no se ha enterado de lo que ha pasado con Aída? Qué suerte tiene; siga así y sobrevivirá a este verano. En cambio, servidora la espichará cualquier jueves de estos en una gala, porque lo mío es como la fábula de la rana y el escorpión. Qué quieren, es mi carácter.

miércoles, 16 de junio de 2010

Explota, explota me, explo...

... explota, explota mi corazón. Y como Raffaella sintió que le iba a explotar, empezó a tomar Danacol para ridurre il colesterolo. Aquí lo anuncia Manolo Escobar, mientras que Jorge Javier le da al Kaiku Benecol. Y mi marido toma Huesitos, que eso sí que va bien para el colesterol: te lo pone a 1.000.

Servidora tiene los niveles de colesterolo estupendamente (los que llevo fatal son los de celulitis), pero si Raffaella me dice que tome Danacol, pues me lo tomo, que yo hago caso a todo lo que dice Raffaella; de hecho, para hacer bien el amor siempre me voy al Sur. Adoro a Raffaella, aunque por mi parte ha sido un amor maduro, ya que he tenido que luchar durante años contra el odio por las rubias que mi madre se ocupó de transmitirme: en el Pleistoceno Raffaella actuó en el Polideportivo de Islas Menores, el Florida Park del Mar Menor, y mi madre, transmutada en crítica musical, dijo que lo único que hacía era "pienna p'rriba, pienna p'bajo, cabeza p'lante, cabeza p'tras. ¡Y encima canta en play back!". También ponía a caldo a María Jiménez ("¡qué basta que es la tía!", decía, y eso que no llegó a ver sus imágenes en el Rocío) y, por supuesto, a Bárbara Rey y a sus fotocopias: a mitad de los 70 fueron a un espectáculo de revista (obligados por unos amigos, claro, porque al lado de mis padres los Alcántara eran el colmo de la progresía social y del libertinaje) donde un imitador de Bárbara Rey, que llevaba un vestido con dos agujeros enseñando el culo, se sentó sinuoso sobre las rodillas de mi padre. Mi madre, en pleno arranque racial, le apagó un More 120 mentolado en el cachete derecho. "¡Ay, señora, que me está quemando mi herramienta de trabajo!", se quejó. Podía haber sido peor: si mi madre se llega a fumar un Partagás a lo Saritísima, entonces sí que le arruina la herramienta de verdad.

Y claro, con una infancia marcada por el odio hacia las rubias (y por un snobismo adolescente que me hacía aborrecer cualquier cosa divertido-comercial), no podía querer a Raffaella. Hasta que hace unos años me acepté como morena y consumidora de hits e hice las paces con las rubias, especialmente con las teñidas: su lucha implacable contra las raíces me enternece. Y ahí Raffaella es lo más de lo más: no sólo es esclava del tinte y de la plancha, sino que es la reivindicación permanente de la sonrisa, la pienna levantá, la lentejuela, el lamé dorado, el verano. Y además es italiana, y eso ya son muchos puntos: Celentano, Mina, Paolo Conte, Carosone... en italiano todo suena mejor. Para colmo estoy leyendo una cosa deliciosa de Enric González titulada "Historias de Roma" y estoy que me hago un capuccino encima. Aunque me pregunto si el hecho de que Raffaella, encarnación bailonga de Italia, tenga las arterias chuchurrías, no será una metáfora de la situación actual del país. ¿Será Berlusconi el colestorolo de tutta l'Italia?

Ahora bien, no confundan mi tendencia adquirida de descuajeringarme la cabeza cuando suena "Rumore" con una pasión natural por todo lo bailongo. No, la discografía de la Carrà es la única que admito como fin de fiesta: ni Georgie Dann, al que mi amiga C. encuentra ¡sumamente atractivo! (evidentemente no voy a dar el nombre de C., porque esto es aún más grave que dar los nombres de las que estuvieron en el famoso book de María de Mora: se puede perdonar ser una putiférica, pero que te ponga Georgie Dann, no), ni reggaeton, ni sevillanas, ni salsa. Eso déjenselo a Lydia y a su baile chuminero.

P.D.: En mi anterior post no comenté un hecho que me llenó de inquietud: al bajar de darle un abrazo al Santo en la Catedral de Santiago de Compostela, me encontré con dos pantallas enormes donde aparecían unas velas virtuales. Debajo ponía: SI QUIERES ENCENDER UNA VELA, ENVÍA MIVELA SANTIAGO01 AL 25000. Y claro, si la modernización de la Iglesia reside en que Jordi González me va a llamar el sábado por la noche regalándome una indulgencia plenaria, apaga (la vela) y vámonos. Me hago protestanta.

lunes, 10 de marzo de 2008

Losing my religion

Recuerdo perfectamente cuándo perdí la fe: se me cayó por un agujero enorme que llevaba en el bolsillo izquierdo de mis vaqueros. Al llegar a casa y darle la vuelta a los pantalones para meterlos en la lavadora me di cuenta de que estaban casi vacíos. Debí de dejar un rastro de miguitas espirituales hasta mi puerta: la fe en los partidos políticos, en la iglesia católica, en las cremas anticelulíticas, en los amores eternos... todo perdido para siempre. Sólo me quedaba fe en The Smiths, Scorssesse, el jamón de pata negra y el Dr. Chams (se habían salvado porque iban en el bolsillico pequeño de los vaqueros, el de las monedas). Y con eso tuve que sobrevivir.

Pero ha llegado Ángela Portero ("La Noria") y al más puro estilo marxista-leninista se ha cargado uno de los pocos puntales que quedaban en mi vida. Ángela, tras una ardua investigación ha determinado que el cóctel de vitaminas del Dr. Chams es el opio de pueblo (ni siquiera es opio, ojalá): chutes de suero fisiológico a 1000 € la consulta. Y lo de siempre: si te llamas Pitita Estic Forrát del Tot el muchacho por lo menos te mete ácido hialurónico; si la gracia de servidora es Paquita Martínez Pérez, agua con sal. Sólo los ricos obtienen milagros. Así que Ángela, con la antorcha en una mano y "El Capital" en otra avisa a las señoras de la consulta (según ella "las que sisan de la compra para pagarse la visita" ¡glups!) de que ese enviado de Dios para ofrecernos el secreto de la eterna juventud es más falso que Judas. Ay! Yo, si fuera de Corporación Dermoestética estaría cagadica: empieza la quema de las clínicas de belleza, las iglesias del siglo XXI. Liposucciónense ahora, antes de que los periodistas de investigación arrasen con todo.

En cambio con Rafaella me pasa lo contrario: tengo la fe del converso, la peor, la más radical. Yo, pequeña y arrogante talibana cultural ("¿Rafaella Carrá? ¿"La Guerra de las Galaxias"? ¿Leif Garret? ¡VAYA MIERDA!" -bueno, lo de Leif Garret lo sigo manteniendo-) pensaba que la Carrá era un subproducto cultural para el consumo de masas teledirigidas por Valerio. Así que mientras yo adoraba a Simone de Beauvoir ella se planchaba el pelo e iba labrando su leyenda rodeada por una corte gay cada vez más grande. Hasta que un día, borracha, bailé "Rumore". Y me di cuenta del tipazo que tenía Rafaella. Y ya nada fue igual. Me convertí en apóstola de la italiana, recitaba "Caliente, Caliente" por las esquinas como un credo. A punto estuve de teñirme de rubio platino, oiga. Y el sábado "Salvemos Eurovisión" se convirtió en el acto de adoración de la diosa más grande que se haya visto jamás. Todos, pero todos, desde Guille Milkyway hasta Boris, expresaron su admiración y su fe en la italiana. Besaban su mano y se arrodillaban. A la misma hora, la Portero crucificaba a Chams en "La Noria". Y yo miraba a Rafaella, su cara, su cuerpazo y pensaba: ¿la habrá inyectado Chams? No, seguro que no. A una diosa sólo la puede tocar otro dios, así que deduzco que habrá pasado por las manos (ay, madre!) del Dr. Christian Troy (Julian Mc Mahon en "Nip/Tuck"; es el mismo guapo, guapísimo de mirada turbia que hizo de Balthazar en "Embrujadas") ¿Usted no pasaría? Yo sí, aunque tuviera que sisarle al mismísimo Pedro Solbes. Y espero sinceramente que la Portero no me toque al Dr. Troy. Porque entonces haré que la opere el Dr. Zelicovich con un subidón de cafeína.

P.D. Enhorabuena a los premiados. Los del sábado y los del domingo. Yo le voté a mi vecino, Enrike Lemus, y nada, ni un escaño. Todos para Chikilicuatre. ¡Para una vez que voto!