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lunes, 7 de junio de 2010

HOLA TOUR (o de cómo me encontré a Carmen Lomana en el Parador de León).

"He estado fuera unos días". Es lo que más me gusta responder (pronunciado con s líquida y casi sin mover los labios, al más puro estilo Tamara Falcó) cuando me preguntan aquello de "Hija, ¿dónde te metes?", porque "He estado fuera unos días" puede significar tanto que me he ido a Saint-Tropez como que he pasado 48 horas detenida, y a servidora (ya lo saben) lo que más le gusta es jugar a la ambigüedad.

Pero a ustedes se lo cuento todo: ruta de Paradores por León y Galicia con línea de meta en Santiago para abrazar al santo. No, lo que yo he hecho no se puede considerar "Camino de Santiago", porque lo más parecido a un peregrinaje fueron mis viajes al cuarto de baño debido a que nos empeñamos en hacer una comparativa entre todas las Denominaciones de Origen de los vinos gallegos que, por lo visto, son demasiadas para mí y para mi colon (irritable). Acompañados por el reconocido crítico gastronómico Miguel P., nieto del Marqués de Mombuey (el inventor de las rebajas), su encantadora esposa Mamen A., a la que desde aquí proclamo como sucesora de Pepe Domingo Castaño en el Carrusel si al final Pepe Domingo se va a Tele 5 siguiendo a Paco González, y su no menos encantador hijo, pusimos rumbo a las tierras del norte sin saber las sorpresas que el viaje nos iba a deparar.

Primera noche parada en Olmedo, en la Gran Posada La Mesnada. ¿Y saben lo primero que me encuentro? ¡Páginas del HOLA enmarcadas! Todavía hay gente que está peor que yo de la cabeza, pienso, y atraída como Terelu por los brillos, pego mi nariz al cristal. ¡No puede ser! ¡Pero si son Gonzalo de Borbón y Mercedes Licer! Los Mismísimos se habían casado en la capilla de La Mesnada. Corriendo busqué aquel santo lugar y me arrodillé ante el Cristo que santificó la unión de tamañas personalidades. Oré con el debido recogimiento por el alma de Don Gonzalo (momento que quedó inmortalizado por mi fotógrafo de cabecera), pedí por la salud de la familia Borbón, por su vuelta al trono de Francia y por una aparición de Mercedes Licer en el De Luxe. Pero aún me aguardaba otra sorpresa mayor: adivinen en que habitación dormí esa noche. ¡En la suite nupcial de los Mismísimos! Arrobada e insomne ante tamaño acontecimiento, daba vueltas en la cama mientras me parecía oler un ligero aroma a whisky, prueba evidente de que el espíritu de Don Gonzalo aún vagaba por allí.

Tras el trance místico-legitimista, rumbo a León. Y allí, en el Parador de San Marcos, una nueva aparición: CARMEN LOMANA de cuerpo presente, que diría Kiko Hernández. Oh, Señor, ¿qué he hecho para merecer tanta generosidad? En la recepción del Parador, móvil en mano (creo que contestando a una entrevista), vaqueros ajustados, botas de cuero marrón moteras (se las habrás regalado Pilar Rubio, que es muy del tema), blusa floreada sin mangas, melena al viento y poco maquillaje. Yo, con mi hijo doliente (unas anginas muy oportunas y 39,5º de fiebre), esperando a que nos den habitación, sentadica en un tresillo mientras mi marido desarrollaba una desconocida habilidad como señalero de aviones, porque sólo le faltaban dos bastones luminosos para avisarme de que la Mismísima estaba allí. "Que ya la he visto, que ya la he visto" le indicaba yo en código morse con mi legendaria caída de pestañas.

Carmen hablaba apoyada en una mesa con más años que ella mientras la gente la miraba de lejos y su novio le hacía fotos de recuerdo. Los leoneses, que son muy suyos, la contemplaban como se miran los escaparates de Cartier, sin entrar, hasta que una señora se acercó a ella invadiendo su espacio vital y dijo para sí misma en una suerte de mantra "Sí que es ella, sí que es ella. ¡Qué guapa!". Carmen levantó la vista y la bendijo con una mirada afirmativa que, en el código morse pestañil que sólo hablamos las grandes, quería decir "Sí, señora, soy yo". En ese momento estuve tentada de llevarle a mi hijo para que Carmen le impusiera sus manos cargadas de Cartieres y Pomellatos y lo sanara, porque Carmen parecía una aparición mariana y veraniega, con su melena rubia y su blusa floreada. Pero me dieron la habitación y yo, que como Belén Esteban soy madre antes que nada, subí a mi aposento, dejando atrás a la Mismísima.

No volví a ver a la Lomana, porque yo no soy como Pitita Ridruejo, a la que se le aparece la Virgen en días alternos, y los special guest stars que vimos posteriormente quedaron eclipsados por la Mismísima: el padre de Zapatero, también en el Parador de León (yo no lo vi, se lo toparon Miguel P. y Mamen A.), y Antonio Garrido poteando con su nueva novia en Santiago de Compostela. Pero no había color.

Así que tras estos encuentros inesperados una idea comenzó a rondarme la cabeza: al igual que en Los Ángeles te pasean en autobús enseñándote las mansiones de los actores de Hollywood ¿por qué no hacer una ruta temática, un HOLA TOUR de los Santos Lugares donde podamos visitar los sitios donde nuestros favoritos han pasado sus mejores momentos?: apoyarnos en la mesa de Carmen Lomana, dormir en la alcoba nupcial de D. Gonzalo de Borbón y Mercedes Licer, hacer un crucero en el barco donde iban Marujita Díaz y Parada, acabar con el mini-bar de la habitación del hotel Villa Magna donde Naty Abascal vendía los modelos de Óscar de la Renta o sudar en el gimnasio donde se enfrentaron Ana Obregón y Victoria Beckham. Ni NO-TYPICAL, ni SPAIN IS DIFFERENT ni leches en vinagre: el HOLA TOUR sería un reclamo turístico imbatible. De hecho estoy convencida de que en el Parador de León han puesto sobre la mesa una placa en bronce y letra gótica donde dice: "Aquí se apuntaló Carmen Lomana". Me juego el cuello.

P.D.: En breve encontrarán en esta página la crítica gastronómica de los restaurantes visitados en nuestro HOLA TOUR realizada por Miguel P.