Dice mi amigo Juancho que yo cuento su vida porque la mía es muy aburrida. Bien, llevas razón, así que prepárate, nene. Lo que ocurre es que a ti te gustaría que la contara Jorge Javier Vázquez, esa mezcla perfecta entre filólogo románico y portera marrana, que lo mismo te recomienda el último libro de Javier Cercas, que te cita a Cioran o que manda a no se quién a una "pis-party". ¿Pis-party? Yo sí que tengo pis-party permanente, y caca-party, porque le acabo de quitar los pañales a mi hijo...
El tío lo hace de fábula: nos da un una buena dosis de mierda firmada con un pequeño apunte literario. De esta forma los que lo vemos nos sentimos menos miserables (¿ves?, en el fondo el Tomate es un programa cultural) y practicamos la coprofagia-gourmet.
Cuando empezó el Tomate, pensé: "estos son los comentarios que yo haría", porque mi amigo Juancho y yo nos hemos pasado buena parte de la vida dándole la vuelta a los titulares del Hola, sustituyendo "Carolina, de vacaciones en Gstaad" por "Carolina se toca la seta en Gstaad", porque ¿de qué descansa Carolina? ¿De lucir chanelazos? ¿De cenar en el Luis XV de Alain Ducasse? ¿De ir al Baile de la Rosa? (bueno, de eso sí, porque tiene que ser un muermo ir todos los años con esa colección de momias, sobre todo con la tía Antoinette, que es más mala que la quina). Así que cuando vi el tono del programa comprendí que otros se habían rebelado públicamente por nosotros ante tanta gilipollez e iban a hacer en público los comentarios que uno hace en su casa cotorreando con las revistas sobre las rodillas. Ahora sólo queda esperar que la rebelión se extienda y el Hola sustituya "Ana Obregón y Darek: amor en Ibiza" por "Ana Obregón y su chulazo: follisqueo en Ibiza". Entonces será la final del mundo.