viernes, 12 de enero de 2018

DÍA 2

PUBLICADO EL MARTES 2 DE ENERO DE 2018 EN LA VERDAD

Acabáramos: en medio de un maremágnum de felicitaciones de año nuevo tan cursis que producen más subidón de azúcar que Tamara Falcó comiéndose un cupcake, leo que Samsung ha desarrollado una aplicación que nos permite olvidar los giros argumentales más significativos de nuestras series y películas favoritas. Y sigo leyendo: a través de este invento (y vaya todo con el "supuestamente" por delante), un señor llamado Fredrik Praesto, que tiene que ser la versión sueca de Tony Kamo, te hipnotiza y hace que puedas ver en bucle "Buscando a Nemo" sin saber si lo encuentran o no, que te sorprendas de nuevo cuando oigas lo de "Luke, yo soy tu padre", o que te quedes picueto otra vez con el final de "El sexto sentido". Y todo como si fueras uno de esos tuiteros millennials que veían "Isabel" y que se indignaron al enterarse de que fue reina y de que se casó con Fernando. En fin, una maravilla. Lo único que no mola es que la versión de la aplicación está inglés, y teniendo en cuenta que servidora chanela el idioma lo mismo que Terelu en Nueva York, no voy a olvidar ni el final de "Los Serrano". En cualquier caso, y puestos a elegir, preferiría que desarrollaran una aplicación que me hipnotizara para aborrecer la longaniza seca, las cervezas y las pulardas rellenas, que llevo unas Navidades que para qué.

Lo bueno (o lo malo, no sé) es que no nos pueden hacer spoilers de 2018 porque nadie sabe aún lo que va a pasar: ni Fredrik Praesto, ni Tony Kamo, ni siquiera el amigo listo que siempre va dos temporadas por delante y nos vacila diciéndonos "Uy, pues ya verás cuando llegues a la cuarta" saben cómo va a acabar lo de Cataluña (o a seguir, que me temo lo peor), si la RAE aceptará "cocreta", si se casarán Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa, si el Madrid ganará algo (aunque sea el Torneo Intercontinental de los Clicks de Famobil) o si seguirán frotándose como perros en celo Gustavo y María Lapiedra. Y estas son las preguntas que que me inquietan, me atormentan y me perturban, que con los giros argumentales tan locos que nos ha dado 2017, está la cosa que no la aciertan ni los guionistas de "House of Cards" puestos hasta las trancas. Hoy es 2 de enero, y todo puede pasar: queda mucha temporada por delante.

CANCIÓN DE NAVIDAD

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES 26 DE DICIEMBRE DE 2017

El Señor Mostaza cantaba "Cuando sonríes / Me suena a música celestial / el hilo musical de Mercadona". A Isabel Preysler le pasa lo mismo: está tan enamorada de Vargas Llosa que, cuando va a comprar una bolsa de brócoli envasado para microondas, el hilo musical de Mercadona le suena a bolero de Los Panchos. Y a mí también, oigan, que a ver si se va a creer Preysler que ella es la única vieja enamorada por estos lares, que mi santo no tendrá un Nobel (ni casas en Lima, Madrid, República Dominicana, París y Nueva York, que tampoco), pero corta el lomo de caña que es un primor. En cambio, por estas fechas, la cosa cambia: la música de Mercadona se transmuta en una suerte de megamix de canciones navideñas, y entonces todo me suena a lamento colectivo y a chirriar de dientes, que una está hasta el polvorón de los villancicos. Y de los turrones, y de los niños pidiendo el aguinaldo, y de Bertín Osborne y su sacacorchos eléctrico, y de los wasaps cursis, y de las latas de melocotón en almíbar, y de los amigos invisibles que te regalan colonias de Deliplus (otra vez Mercadona).

Pero podría ser peor: podría suceder que María Teresa Campos y Bigote unieran sus voces (una impostada a lo cantante de la OTI, y otra de chichinabo) y rescataran un villancico de Luis Aguilé. Pues ha sucedido. Y, sorprendentemente, el mundo sigue girando. Será porque se atisba la Nochevieja en el horizonte, y sabemos que las canciones empalagosas llenas de buenos deseos, paz y felicidad van a ser sustituidas en breve por un desparrame discotequeril de purpurina y lentejuela, que va mucho más con nuestro espíritu festivalero, dónde va a parar. Lo único malo que te puede pasar en la fiesta de fin de año es que pinche uno de esos cuarentones que trabajan en una sucursal bancaria de día pero que, de noche, se ponen una camisa de cuello imposible, a lo Javier Cárdenas, y machacan al respetable con Enrique Iglesias, David Bisbal y Juan Magán, que cuánto daño has hecho, David Guetta, haciéndole creer a los padres de familia que subirse a una cabina y poner lo que les gusta a ellos es un derecho constitucional. Colgad al Dj, que cantaban los Smiths. Y al del hilo musical, también. Menos mal que nos queda el concierto de Año Nuevo.



LES IBA A DEJAR EL VIDEO DE TERESA Y BIGOTE, PERO UNA ES MAGNÁNIMA Y BUENA PERSONA, ASÍ QUE LES DEJO EL "HANG THE DJ" DE "PANIC". MUCHO MEJOR.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

CRIADAS Y SEÑORAS

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES, 19 DE DICIEMBRE DE 2017

Ando loca perdida. Como vaca sin cencerro, como pollo sin cabeza y como Terelu sin lentejuelas. Por las Navidades, digo. Por la cena de Nochebuena, especifico, que este año toca en mi casa. Que voy de cola en cola o, mejor dicho, de fila en fila, no vayan ustedes a pensar mal, comprando provisiones como si vinieran a cenar Atila, los hunos y los otros. Total, para que luego haya restos de asado dando vueltas por el frigorífico hasta julio.

Este estrés prenavideño lo llevaban nuestras madres y, ahora, lo llevamos nosotras. Acabáramos. Mucha liberación de la mujer, mucho luchar contra el heteropatriarcado y mucho protestar en Twitter, pero lo cierto es que, hasta que no nos ha tocado llevar las riendas de las comilonas de Navidad y nos hemos dado cuenta del esfuerzo que supone, todos hemos hecho lo mismo: llegar a la cena de Nochebuena y sentarnos a la mesa como si nos pegaran el culo a la silla con Loctite. Y las madres venga a echar viajes a la cocina, y a levantarse a calentar la salsa del asado, y a ponerle la sopa a los críos, y a fregar platos porque ya no queda vajilla para los segundos, y a prepararle una menestra de verduras a la novia del pequeño, que nos ha salido vegetariana y no prueba el cordero, la muy moderna. Y nosotros, desagradecidos, quejándonos de que estamos hartos de comer mientras nos desabrochamos el botón del pantalón y nos echamos otro trozo de carne a la boca.

Esa idea loca de que las madres, las tías y las abuelas de España se lo pasan pipa cocinando para toda la familia es exactamente eso, una idea loca. Que una cosa es que les haga felices juntarnos a todos, y compartir, y disfrutar, y prepararnos los platos que nos gustan, y otra muy distinta es que las convirtamos en unas criadas que no llegan ni a probar los langostinos porque, cuando al fin se van a sentar, ya nos los hemos zampado todos. Así que mañana, mientras los catalanes reflexionan sobre a quién van a votar, yo voy a reflexionar acerca de si me lío el delantal a la cintura y me pongo a preparar un solomillo Wellington, o tiro de latas buenas, de fiambres ibéricos y de comida precocinada. Y, como se me pongan tontos, llamo a Tele Pizza y me quedo tan ancha.