Esto es espectáculo, sí. Pero sólo para ellos, porque para nosotros (votantes y no-votantes) fue un petardo anunciado. Lo dijo ayer uno de los jóvenes sevillanos con los que Cuatro quiso “tomar el pulso de la juventud” (ay!); el chaval comentó que el debate sólo había favorecido a las televisiones, porque él se había quedado como estaba.
Y es que esto es un espectáculo hecho para y por las televisiones, los analistos, los que tienen que rellenar páginas (y blogs). No se preocupen, pueden leer y ver a sus comentaristas favoritos, no les decepcionarán: ni uno sólo de ellos va a darle la más mínima oportunidad al contrario, pero ni una, ni se va a desmarcar del grupo de comunicación al que pertenecen y del que recitan su credo todas las mañanas al levantarse. Van a regalar sus oídos con las frases que usted quiere oír, como seductores consumados ante amantes dispuestos a entregarse. Pero si no tienen analistos de cabecera y quieren hacerse una ligera idea de lo que pasó anoche tendrán que leerse tres periódicos distintos y cascarse los programas matinales de, al menos, dos emisoras de radio. Y claro ¿saben lo que pasa? Que no soporto que me tomen por gilipollas, aunque lo sea, que eso es otro cantar. Por tanto no soporto ni leer ni escuchar a tipos y tipas que se supone que son periodistas y que, por tanto, en el sueldo les va la independencia (y pasa justo lo contrario) y que no son capaces de elaborar el más mínimo análisis objetivo; tipos y tipas de comentarios tan predecibles como los colores de los trajes que iban a llevar anoche los candidatos (el de Manuel Campo Vidal me descolocó, todo hay que decirlo).
Y ojo, me parece apasionante formar parte de una campaña electoral; para una publicista (o expublicista, o diseñadora, que ya no sé ni lo que soy) tiene que ser la pera limonera estar en cualquiera de los dos equipos y jugar en Primera División. Pero el peor error de un publicista es tomar por tonto a su público objetivo. Y lo están haciendo.
Sí, ya sé, no tengo que indignarme porque todos sabemos cómo funciona el juego, pero a pesar de eso siempre esperamos algo nuevo, un momento Kinder. Pero no. Esto es como un mal partido de la Champions: se pasan días, meses, anunciando el encuentro, discuten sobre las posibles estrategias a seguir, se pelean las televisiones por retransmitirlo, conectan una hora antes para “vivir el ambiente”, ponen a medio país delante de la tele y luego ná de ná. Y al día siguiente según de qué equipo sea cada uno así le cuentan el partido. Punto pelota.
Por tanto, si ayer tuvieron (como yo) la mala suerte de perderse “Dexter” y vieron el debate intenten abstraerse del ruido de fondo y centrarse en lo que dijeron los muchachos. A lo mejor llegan a alguna conclusión. Yo, por mi parte, me quedo con las cuestiones de verdadera enjundia y sobre las que sí hay que debatir a la hora del café:
- ¿Por qué le quedaban cortas las mangas del traje a Rajoy? ¿Estaba la pobre Viri hasta la senserreta de elegirle modelos y acabó con un “ponte lo que te dé la gana, pesao!”, y fue y se lo puso?
- ¿Por qué leía tanto Rajoy cuando ha sido opositor y ha tenido que cantar los temas por activa y por pasiva?
- ¿Por qué Rajoy miraba siempre a su izquierda? -ésta me la sé: miraba el reloj-.
- ¿Le metieron botox a Zapatero? ¿Qué le pasaba en las cejas? ¿Llevaba ácido hialurónico? Esta no me la sé, pero aquí dejo el correo de aludidos por si el doctor Chams me está leyendo.
Y el verdadero quid de la cuestión: ¿quién iba a nombrar primero a Javier Bardem y llevarse el voto del Follonero de Buenafuente? Ganó Zapatero, que lo coló al final entre Serrat, Barceló y Sabina. ¿Ven? Eso sí que es establecer un vencedor de forma objetiva.
Ah, un regalín de media mañana: Paul Weller y “That’s Entertainment”. Por cierto, los Jam salen en “24 hour party people”, la magnífica peli de Michael Winterbottom sobre Tony Wilson, el tipo que puso a Manchester y a sus grupos en el centro del mundo gracias a Factory Records. 80’s y 90’s a tutiplén. Estamos todos: Joy División, New Order, Happy Mondays, Siouxsie and TheBanshees, los Pistols… Pillen la película y se acordarán de cuando pillábamos otras cosas.