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viernes, 1 de agosto de 2008

Expediente X

Estimados lectores:

Escribo estas líneas con la esperanza de que alguno de ustedes pueda ayudarme; estoy completamente desorientada y no sé a quién recurrir. Algo extraño, muy extraño está pasando en mi blog y no tengo ni idea de cómo solucionarlo. Procedo a continuación con el relato de los hechos.

Como todos ustedes saben, la revista ¡HOLA! buscaba bloggers para hola.com, y el mío fue seleccionado. ¿Ah, que no lo sabían? Pues sí, servidora ha estado a punto de formar parte de una comunidad más selecta que las del barrio de Salamanca y Puerta de Hierro juntas, la comunidad de bloggers de ¡HOLA!, algo completamente lógico si tenemos en cuenta que mi estilo coincide plenamente con el de la revista: amable, delicado y centrado en la dimensión profesional de los personajes. Así que para comenzar mi blog en el citado semanario me dispuse a releer los posts ya publicados. Pero mi sorpresa fue mayúscula cuando al repasarlos descubrí que nada de lo aparecido en el blog correspondía a lo que yo había escrito; todos, absolutamente todos, habían sido modificados sin mi conocimiento, y no sé cómo ni por qué.

Verán, me he encontrado cosas como ésta: donde escribí "la encantadora anfitriona, Isabel Preysler, departió amablemente con todos los presentes" aparecía publicado "la Preysler intenta decir cosas que van más allá de "monísimo" mientras consiguen implantarle en el cerebro un microchip con la herramienta de sinónimos del Word". Y así todos y cada uno de los posts: si señalaba lo feliz que me sentía por la vuelta a la televisión de Ana Obregón, en el comentario la ponía a caldo; si hacía una detallada descripción de la fascinante decoración de la casa de la baronesa Thyssen parecía que en lugar de alabar su valiente apuesta por el rosa total criticaba desalmadamente su gusto para el interiorismo. En los posts las letras se han descolocado, se han despepitado, y han acabado componiendo frases que servidora jamás, ni harta de Agua del Carmen, hubiera escrito.

Alarmada, pensé en un primer momento que era un virus informático, una nueva mutación del "Salsa Rosa", que ya había involucionado a "Dolce Vita" y ahora podría haberse transformado en "Dolce Rosa" o en "Salsa Vita" o qué sé yo; una suerte de ataque informático perpetrado por un Santi Acosta reconvertido en hacker que quería dominar de nuevo el mundo rosa destruyendo todos los blogs de contenido amable, pero le pasé el Norton y ahí no salía nada de nada, por lo que el tema informático quedó descartado.

Así que empecé a observar mi Mac a escondidas, mientras lo dejaba cargando... y juraría que las teclas se movían solas. Era como si una mano invisible escribiera en mi lugar, como si el ordenador hubiera sido poseído por un espíritu. "Debe ser el de Jorge Javier Vázquez" pensé, un alma en pena que no puede descansar en paz tras la violenta muerte del Tomate. Así que eché mano de "Esoterismo. Heterodoxia Hoy" de Octavio Aceves (ése, junto a "Conversaciones con grandes damas" también del mismo autor, es uno de mis libros de cabecera) para ver si el vidente de las estrellas podía ayudarme y expulsar al fantasma. Siguiendo sus consejos paseé por la casa con los ojos cerrados y un tomate en la mano diciendo "Jorge Javier, si estás ahí, manifiéstate". Pero nada, lo único que ocurrió es que me pegué un trompazo con la silla y el tomate se espachurró contra la pared. Eso sí, si mirabas del revés la imagen del tomate en el muro aparecía la cara de la prima de Pajares.

Tras el fracaso de los consejos de Aceves me decidí por Rappel, pero por lo visto no se ha llevado el móvil a la playa (no debe de caberle en el tanga) y no ha contestado a mis llamadas. A Aramís la tengo descartada por motivos obvios, y Tristan Baker y sus colaboradores no me ofrecen demasiada confianza. Pensé en Rupert, reconocido santero, pero después de ver el peinado que le hizo a Rosa Díez para la fiesta de VOGUE prefiero que me decapite el mismísimo Ichabod Crane antes de ponerme en sus manos.

Iker Jiménez no me ha hecho caso, me ha dicho que en Cuatro no se ocupan de extrañas conversiones (seguramente no ha visto en qué se está transformando el programa de Concha García Campoy). He pensado en llamar al padre Fortea, el conocido exorcista, pero me da miedo que rocíe el ordenador con agua bendita y se lo cargue. Así que ahora que han vuelto Mulder y Scully a ver si los pillo en alguna première, porque sólo me queda imaginar una invasión alienígena.

En ¡HOLA! me han dicho, por supuesto, que hasta que no aclare el tema no pueden admitirme. Así que espero que esta vez el ordenador no trastoque el contenido de mi post y mi llamada de socorro llegue a ustedes tal y como la he escrito. Si no es así no tendré más remedio que abandonar mi viejo Mac y sustituirlo por uno de esos PC rosas, por fuera y por dentro. Y por favor, no me abandonen en este trance. Yo nunca lo haría.