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miércoles, 8 de mayo de 2019

PITITA

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES 7 DE MAYO DE 2019

Lo que es la vida. O, mejor dicho, lo que es la muerte: había empezado esta columna tecleando sobre la foto que le han hecho a Isabel Preysler traspuesta en el tren cuando me he enterado del fallecimiento de Pitita. Y, en el mundo de las señoras requetebién, todavía hay clases, que cuando Preysler apareció, Pitita ya estaba allí. Así que paren las rotativas.

Pitita era tan conocida que no necesitaba apellidos, ni siquiera nombre, ante el asombro de José María Pemán ("¿Por qué te llaman Pitita si tu nombre es Esperanza que es palabra tan bonita?", le dijo). Pitita lo mismo aparecía en una película de Fellini, que era amiga de Imelda Marcos, que coincidía con Isabel II en casa del maharajá de Jaipur, que veía a la Virgen. También es verdad que esto último pudiera deberse a una intoxicación por clorofluorocarbonos, que para eso era presidenta honorífica del LACA, la Liga de Amantes del Cardado Atómico. Porque Pitita elevó al cardado a los altares, lo hizo bandera y seña de identidad, lo convirtió en el peinado indispensable de las señoras requetebién. Y ser una señora requetebién no es sólo una estética, sino también una ética: es mantener el cardado intacto ante cualquier situación, es un vive y deja vivir, es ser capaz de no sorprenderte por nada aunque tus cejas permanentemente enarcadas y pintadas con un lápiz marrón digan lo contrario: ante la frustración de Warhol, Pitita ni siquiera se inmutó cuando fue a entrevistarlo y el artista la recibió con todos los muebles, adornos y lámparas de la habitación del hotel tirados por el suelo, una puesta en escena que había preparado para epatarla. Pero Pitita estaba acostumbrada a todo, y todo lo contemplaba desde la distancia porque nada la turbaba ni nada la espantaba. 

Era esa aparente y loca duplicidad entre lo místico y lo mundano la que le permitía montar fiestas de traca y rezar la misma noche antes de acostarte, la que la habilitaba para dar titulares más grandes que las perlas de sus collares y para decir lo que se le pasara por la cabeza con el único filtro de la buena educación: Pitita era capaz de anunciarla llegada del Apocalipsis mientras te invitaba a un té con pastas sin que se le moviera un pelo. Yo hoy, en su honor, me lo voy a cardar. Aunque me cargue media capa de ozono.




jueves, 13 de agosto de 2015

PARADORES


PUBLICADO EL MIÉRCOLES 12 DE AGOSTO DE 2015 EN LA VERDAD

Decía el cartagenero Perico Beltrán que Luis García Berlanga se definía como anarquista burgués independiente porque su partido empezaba y acababa con él mismo. Berlanga inventó una ideología donde todo son ventajas, mucho más fácil de asimilar que “El banquero anarquista” de Pessoa, y a la que se puede acoger cualquiera: si hay cerveza fría, viva la anarquía, pero si entras en un parador, se te pone cara de señora con turbante y perlas. Y yo he estado a una aparición mariana de volverme Pitita Ridruejo.

He sacado cuentas para ver lo que me cuesta retirarme en un parador gallego, que la cabra siempre tira al norte, y ni vendiendo lo poco que tengo y mi alma al diablo me da para pasar más de tres meses. Una pena: me encantaría refugiarme en un microcosmos donde las sábanas son blanquísimas, donde los abuelos parecen un clon del Marqués de Leguineche, donde se desayuna en tres tiempos, donde se leen los periódicos sin prisas y donde hay hora del vermut, del té y de cualquier cosa que se pueda beber. “Espera a que lleguen los de Podemos y lo conviertan en comunas”, dice M. mientras pone su vista en el paisaje y los ojos se le llenan de ría. No me preocupa en absoluto: en cuanto entren los podemitas y los camareros sepan con mirarlos si les gusta más el calimocho con Ribera del Duero o con Rioja, caerán rendidos al decadente encanto de los paradores, que no hay que subestimar los poderes ocultos que te convierten en señora con turbante y perlas en un plis. Porque haberlos, haylos: en el parador de Cardona, la habitación 712 está cerrada al público y sólo se abre por expreso deseo de algún cliente rarito, ya que en ella se producen fenómenos paranormales. Dicen que los muebles aparecen juntos en el centro de la estancia, que se oyen ruidos sin que haya nadie y que se perciben extrañas presencias. Aunque, para presencia extraña, la de Rato en el despacho del Ministro del Interior. Será porque su ex mujer sigue siendo la Presidenta de Paradores. Más que berlanguiano, es acojonante.