PUBLICADO EL 3 DE JULIO EN LA VERDAD
Tranquila mañana playera. ¿Tranquila? “¡Cuidado!”, dice mi santo, y me aparta de la trayectoria de una sombrilla voladora que viene directamente hacia mí. Menos mal: si ya es ridículo morir atravesada por una sombrilla de rayas, más ridículo es morir en bikini, que ya veo a la forense descogurciándose de risa mientras intenta esclarecer si mi celulitis es blanda, compacta o edematosa.
Tranquila mañana playera. ¿Tranquila? “¡Cuidado!”, dice mi santo, y me aparta de la trayectoria de una sombrilla voladora que viene directamente hacia mí. Menos mal: si ya es ridículo morir atravesada por una sombrilla de rayas, más ridículo es morir en bikini, que ya veo a la forense descogurciándose de risa mientras intenta esclarecer si mi celulitis es blanda, compacta o edematosa.
La sombrilla acaba cerca de una panda de muchachos tatuados,
engominados, morenísimos y más depilados que yo. Compiten en mechas y en
pendientes con sus churris. Toman el sol sin ser conscientes que, de la noche a
la mañana, se han quedado sin referentes estilísticos: toda la vida intentando parecer
futbolistas de primera y ahora va y resulta que los jugadores de la selección
han abandonado su aspecto de poligoneros de lujo. Fíjense en la pinta de
contable de Iniesta, o en la cara de crío de Mata. En Piqué llamando a su madre
como si, de repente, volviera a tener 10 años, o en Xabi Alonso abrazando a sus
hijos. Tipos normales celebrando lo anormal con sus familias. Hasta Sergio
Ramos se ha cortado la melena: los conversos irán con su foto al peluquero para
que les haga el mismo corte (las señoras mayores llevan la de Lola Herrera, las
señoras menores la de Sandra Barneda), mientras que a los macarras
recalcitrantes sólo les quedará “Mujeres y hombres y viceversa” como guía
espiritual.
Ya saben que yo entiendo de fútbol lo mismo que de pavos
preñaos, que por mucho que pase las noches con Joserra de fondo o que mi santo
(Mi Salvador desde el episodio de la sombrilla) se haya visto toda la Eurocopa
sentado en el borde del sofá y al borde del parraque, no me entero de nada. Lo
del doble pivote me suena a truco de “Bricomanía” para montar un armario, y lo
del 4-2-3-1 a
los números de la Loto. Pero resulta difícil sustraerse al tsunami futbolero, especialmente
desde que tenemos unos jugadores que encarnan todo aquello que se nos había
quedado por el camino: compañerismo, superación, esfuerzo. Y, además, ganan, y
ganan, y vuelven a ganar. Y lo hacen con esa aparente normalidad de los
superhéroes de barrio. Ayer muchos españoles se levantaron con poco sueño en el
cuerpo y una sonrisa en la cara, porque esta selección nos ha dado algo más que
una alegría; nos ha dado un momento de descanso. A ver cuánto nos dura.