Abarcan todo tipo de gustos eróticos, desde el voyeurismo hasta el bondage (no me dirán que los aparatos para aplicar las cremas no son de una refinada parafilia. ¿Y el guante de crin? Ay, el guante de crin. ¡Si creo que lo llevaba el Carnicero de la Bahía al lado del cuchillo de doble filo!). Y a ellos les encanta, deduzco, porque hay un señor en mi sofá que hasta llegar a la mitad de la revista era un tío normal, pero que de repente se ha convertido en un trasunto de Luis García Berlanga y está venga a pasar una y otra vez las páginas de "¡Guerra a la celulitis! La solución final" con una cara de ido tremebunda. Le suelto un "pero si eso es todo photoshop!!!". Y el trasunto me mira con pena, con una pena infinita, pero no por mí, sino por él, por no estar casado con una de las tipas de las fotos, una de esas tipas que pueden seguir consejos tales como "¿Tus jeans favoritos se han roto? ¡Córtalos!" y ellas, obedientes, van y los cortan a la altura del mismísimo y les quedan estupendos. Yo, como mucho, los dejo piratas.
Menos mal que para compensar tanto dolor las revistas vienen llenas de muestras de productos adelgazantes (que digo yo que pa qué, porque con la cantidad de crema que contiene el sobre no me da ni para el dedo gordo). Como ya sabrán en cuestión cosmética yo tengo mucha querencia por la fusión hispano- japonesa (eso sí, no tanta como Rafael Amargo que les ha puesto a sus hijos León Bidanchi y Dante Horoshi, ni pensar quiero en la adolescencia que van a tener los pobres; lo de Amargo me recuerda a Ross con lo de "unagi"), así que cada mañana me echo mi Shiseido Body Creator mientras visualizo mi culo como el de Elsa Pataky, que también le tengo mucha querencia a las visualizaciones, pero pienso en el culo de la Pataky, se me cruza Adrian Brody, a la Pataky la mando a hacer cien sentadillas (que por eso no le hace falta crema a la chiquilla) y yo me acabo liando con el Brody, por lo que las visualizaciones cambian (a mejor, eso sí) y ya no me sirven. Y acabo como el tío Faba, que igual que estic estaba.
Así que este año no. Me niego. No entra ni una revista más en mi casa. No pienso sucumbir a la esquizofrenia de leer en una página que tengo que ser yo misma y aceptar mi cuerpo (aunque creo que puedo ser más yo misma en el cuerpo de Beyoncé que en el de Falete, pero bueno) y en la de al lado ver toda una gama de productos y sistemas para dejar de serlo (yo misma) y de aceptarlo (mi cuerpo). Así que se acabó. Cada vez tengo el culo más rugoso y el cerebro más plano, vale, pero me da igual, porque este año tengo un Plan B. Es una apuesta, extrema, sí, pero segura: el burkini. Ahora sólo tengo que elegir el color. A ver... hum... pues va a ser que sí, que es demasiado radical ¿no? Porque puestas a vivir bajo una dictadura, más vale que sea estética. Pues nada, que paso del burkini. Voy a la basura a coger las revistas, que quizás encuentre al fin la forma de acabar con la celulitis... pero ¿dónde están? Han desaparecido, no queda ni una. Esto ha sido cosa del trasunto. ¡¡¡Trasuntoooooo!!!