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martes, 29 de abril de 2008

Termostatos

Se me ha roto el termostato de las lágrimas. Yo, la hija pequeña de Clint Eastwood (cuando era Harry el Sucio, que ahora parece que se le ha roto a él también), la que sólo veía películas de arte y ensayo y que se reía de su madre cuando ésta gimoteaba viendo Estrenos TV ("Pero cómo puedes llorar viendo esa mierda, mamá, por Dios, si esto es más malo que un dolor!"), la que criticaba con desprecio y atrevimiento a los que se emocionaban con telefilmes de segunda regional donde bebés desaparecidos, enfermedades terminales y familias rotas se daban la mano los sábados después de comer, se he dado cuenta de que la maternidad es la mayor de las autocensuras posibles.

Hasta que nació el interfecto sólo me prohibía las pelis de miedo, por lo que servidora no ha visto ni "El resplandor" (aunque ahí lo terrorífico no sé si es Nicholson o el doblaje, no sé, no sé) ni "Henry. Retrato de un asesino" ni, por supuesto, las sagas de "Scream", "Viernes 13", "Pesadilla en Elm Street" o "Sé lo que hicisteis". Vale. Me dan miedo las pelis de miedo. Hasta ahí normal. Lo que no es normal ¿o sí? es que desde el AÑO I d.P. (después de Pedro) me emocione con cualquier cosa. Y cuando digo "con cualquier cosa" quiero decir "con cualquier cosa", lo cual comprende desde el anuncio de El Almendro hasta lo que ustedes quieran imaginar, y en especial con cualquier filme, telefilme, serie, teleserie, diario o telediario donde un niño sufra. No voy a hacer una lista y humillarme públicamente enumerando todo lo que me hace hipar como una cría pequeña después de un berrinche, que una todavía tiene un público y a él se debe, pero piensen en una peli que les haya hecho llorar a ustedes últimamente y seguro que yo he gastado el doble de kleenex. Así que ahora me prohíbo a priori cualquier cosa susceptible de provocarme una llantera sin fin: "4ª Planta" de Antonio Mercero y "Cobardes" de Corbacho encabezan la lista. Y "La vida es bella" también, que por eso la recomendó el Papa, porque no tiene hijos. Y menos mal que "El Bola" la estrenaron a.P. (antes de Pedro), que si no también me la pierdo. Me temo que la rotura del termostato me va a impedir ver un buen número de buenas pelis.

Y el caso es que las señales de que yo era una llorona potencial estaban ahí, claras y precisas, pero no supe interpretarlas en su momento: cuando era pequeña me negaba a ver Heidi y Marco y me autocastigaba en mi habitación para que mis padres (sobre todo mi madre, que esperaba ansiosa su venganza por lo de Estrenos TV) no vieran que sufría como una condenada con las ¿aventuras? ¿no eran desgracias de manual? de los chiquillos. Lo mismo me pasaba con Calimero, la primera serie sobre bullying infantil, también autocensurada ("Y a mí ¿por qué nadie me quiere?", hombre, por Dios, y ahora dicen que Shin Chan es malo pa los críos). Toda una infancia televisiva mutilada por el miedo a reconocer que unos simples dibujos animados podían hacerme llorar a mares.

Y esta vez las señales también me avisaron, sólo que en forma de resumen de contraportada: "... la novela transcurre en un paisaje literalmente quemado por lo que parece haber sido un reciente holocausto nuclear. Un padre trata de salvar a su hijo emprendiendo un viaje con él. .. amenazados por bandas de caníbales... recorren los lugares donde el padre pasó una infancia recordada a veces en forma de breves bocetos del paraíso perdido, y avanzan hacia el sur, hacia el mar, huyendo de un frío capaz de romper las rocas". Ya ven. Libro holocaústico de padre con niño. La vida es una juerga.

Es la reseña de "La carretera", de Cormac McCarthy, el mismo de "No es país para viejos" y "Todos los caballos bellos" (Ja y Pe unidos por McCarthy, curioso). Y me dirán ustedes ¿por qué después de leer eso y sabiendo que tienes el termostato roto para siempre te atreves a meterte en una novela que es probable que te haga sufrir más que una depilación brasileña? Pues porque lleva 4 meses sobre mi mesilla de noche, al ladito de mi cama, esperando pacientemente a que yo reúna la fuerza suficiente para hincarle el diente. Y pensé que ayer era el día (o la noche). Pero me equivoqué. Como una pava, como una lela, como una tonta del culo. Me entregué al mayor hijo de puta de la novela americana después de Faulkner. McCarthy tiene que ser de la Asociación Nacional del Rifle, porque McCarthy no escribe, McCarthy te pega dos tiros en la cabeza y se queda tan ancho. Y la que te quedas tirada en la carretera, o en medio de la noche, eres tú. Así que cuando no pude más, cuando la angustia me subía por la garganta, cuando ya no pude soportar los diálogos aparentemente intrascendentes entre el padre y el hijo, cuando tenía las heridas abiertas otra vez y empezaban a sangrar y a manchar las sábanas, cerré el libro. Pero no lloré. Estaba tan ocupada intentando volver a meter las tripas dentro del agujero de mi estómago que ni siquiera lloré. Y entonces el termostato señaló "lavado en seco".

¿Y saben que era lo único que tenía para leer al lado de "La carretera" y salir de ese desastre? No había nada de verdadera enjundia literaria que me hiciera respirar y reconciliarme con la vida, algo tipo "Los Grimaldi" de Mª Eugenia Yagüe, no. Tenía "Rayuela", otra que me ha esperado sin rechistar durante medio año. La compré porque está en mi lista mental de libros que tengo que leerme antes o después (¿antes o después de qué?) y, sobre todo, por el entusiasmo mostrado por mi compañero bloguero de "La Cajita". Sin comerlo ni beberlo me vi envuelta en Cortázar y en La Maga y, durante algunas páginas, la angustia se disipó. Espero que Cortázar me de un respiro. Todavía no tengo fuerzas para volver a la carretera.

lunes, 4 de febrero de 2008

Ya ves, Maribel

• Le dan el Goya a la Verdú. Y se emociona tanto que parece que exagera (es lo que tienen los actores, que uno no se fía de ellos: ¿está sobreactuada o es que Maribel cuando es feliz abre tanto la boca que parece que está haciendo ejercicios para que no se le forme el código de barras sobre el labio superior?). Ahora soy capaz de alegrarme por ella, pero si lo hubiera ganado hace unos años me habría dado un parraque: ir por la calle y ver los mupis con los anuncios de Little K y una Maribel rolliza hacía que a tu acompañante de turno se le volviera la cabeza del revés como a la niña de El Exorcista. Y una será muy feminista y todo lo que usted quiera, pero eso sienta como una patada en el mismísimo, y por eso (entre otras cosas, como ver "Belle Epoque" aguantando todo el rato comentarios tipo "¡qué culo tiene la Verdú!" hasta cuando se inclinaba para hacerle la cama a Jorge Sanz) la hemos odiado todas las tías de su generación. Así que ha tenido que pasar el tiempo y adelgazar un montón de kilos para que surgiera la actriz que había debajo de esas tetas y ese culo que Vicente Aranda y Antonio Giménez Rico se empeñaban en enseñar al resto del país. Probablemente no sea casualidad que lo haya ganado en una peli dirigida por una mujer.

• ¿Y Alfredo Landa? No, Landa no parecía sobreactuado, parecía sobrepasado. Acompañado de por Pepe Sacristán y Miguel Rellán, que le entregaron el Goya honorífico (ya dijo que no lo recogería de manos de Garci), no acertaba a hilar dos palabras seguidas. Su Maite sufría desde su asiento viendo como uno de los más grandes se trabucaba a la hora de expresar su agradecimiento ("habla, habla" parecía decirle -como ya no tenemos el experto en lectura de labios del Tomate, no estoy segura de que fuera eso, me disculparán-), así que Landa, consciente de su lío verbal, le pidió a ella y a sus hijos que subieran al escenario para acompañarle en su recogida y en su despedida. Adiós, maestro.

• En "7 vidas" triunfo de Sole (Amparo Baró mejor actriz de reparto); Carlota y Gonzalo se fueron al piso de al lado sin premio. Gonzalo de Castro tenía una cara que era un poema, y es que una nominación a "mejor actor revelación" pasados los 40 cuando uno lleva toda la vida trabajando en esto tiene que sentar como un tiro. Pero claro, peor sienta que no te den el Goya, y así se quedó el pobre. Y encima tendrá que invitar a Sole a un chinchón en el "Kasi Ke No". Angelico.

• Otro con cara de mala leche fue Carlos Larrañaga. Es lo que tiene creerse un adolescente: que uno reacciona como tal. Y eso que le dieron el Goya a su nuera y tenían fiesta segura, que si no se levanta y se va.

Alberto San Juan se lleva el Goya al mejor actor y lo dedica, entre otros, a la "disolución de esa cosa llamada Conferencia Episcopal". Mi churri me mira con cara de "qué ganas de marcha tienen", y lleva razón, pero a mí me da igual. San Juan sonríe a la cámara y yo voto por la disolución de la Conferencia Episcopal, por la de la ONU y por la de Corporación Dermoestética si hace falta. Además alguien tiene que echar carnaza a todos los panfletos digitales y no digitales que esta mañana circulan por ahí y que esperan como agua de mayo cualquier manifestación política o similar de la gente del cine para poner a caldo a los titiriteros, como ellos les llaman (para colmo Alberto es hijo de Máximo, el dibujante de "El País" ¡pa qué quieren más!). Hombre, yo puestos a elegir preferiría ser titiritera que no títere como ellos, pero bueno, así les va.

Corbacho un pelín más flojo que el año pasado (será la falta de sorpresa) pero divertido de todas formas, especialmente en los doblajes de las nominadas a la mejor película: el de "El Orfanato" ("El Loft Barato", retituló, con Belén Rueda intentando pagar la hipoteca haciendo anuncios de leche) era genial, pero el de "Las 13 rojiblancas" parece que no le sentó muy bien a una de sus protagonistas, Nadia de Santiago, porque puso un careto de mosqueo en plan "qué poca vergüenza, reirse así de esas pobres mujeres" que ni les cuento. Ya les digo, es lo que tienen los adolescentes. De todas formas lo mejor de Corbacho no estaba preparado, fue cuando se confundió y llamó a Belén Rueda "Belén Esteban". Jurl, jurl.

• Belén Rueda Esteban llevaba un vestidazo de Carolina Herrera en rojo (no sé si era un homenaje casual a Valentino, pero el rojo y el rollo sirena versión años cuarenta dominaron el tema), Goya Toledo otro modelazo (y encima sale con Olivier Martinez ¡hija de mi vida!) y Najwa Nimri un escotazo que recordaba a Susana Estrada cuando Tierno le entregó el premio del diario "Pueblo". Ah, y que alguien le diga a la estupenda Isabel Coixet dos cosas: uno, pasar por la pelu no te hace peor directora, y dos, a partir de cierta edad "hay que llevar una manguita" que ya lo dice mi madrina. Y es que para ir sin mangas y escotazo o tienes los brazos de Madonna o pareces Aramís Fuster invocando a la democracia para que no acabe el Tomate (¿lo vieron? Épico).

• Al final a la Academia le salió la vena intensa y no premiaron a "El Orfanato" como la mejor peli; se lo dieron a "La Soledad" y también a su director, Jaime Rosales. De todas formas Bayona (o su clónico, no sé, a su lado estaba sentado un tío exactamente igual que él y se pasaron toda la noche jugando al despiste con los realizadores de la 1) ya había recogido su premio al mejor director novel. En fin, un montón de pelis premiadas y, por tanto, buenas en teoría, que veré en Digital Plus Dios mediante.

• Todos los premios aquí: http://www.hoycinema.com/especial/losgoya/

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Gracias a todos los que me han llamado muy preocupados dándome el pésame por lo del Tomate. Lo voy llevando, lo voy llevando...