Mostrando entradas con la etiqueta Los Secretos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Los Secretos. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de octubre de 2007

Conoces menos canciones de Nacha Pop de lo que tú crees

O algo de eso hay, porque en el pasado cocierto de Nacha Pop+Los Secretos la gente no se movía ni de coña, excepto con dos o tres temas tipo "Nadie puede parar" y (hombre, claro) "Chica de Ayer". Probablemente salir un viernes por la tarde corriendo de trabajar, dejar a los críos con la madre, pegarse una ducha y engullir la cena sea incompatible con mover un poco la pata al ritmo de la música (y eso que en los 8O uno no se movía de la losa, vamos, que tampoco la cosa tiene una coreografía como de Bob Nichols). Es lo que trae consigo la cuarentena: tantos días esperando que llegue el concierto para hacerse un remember y luego estamos para hacernos el hara-kiri. Eso sí, mucha conversación, muchas copas y mucho darle al ojo, porque Antonio y Nacho Vega estarán ya un poco para tener de groupie a Massiel, pero lo que es el cuerpo técnico... madre mía, qué cuerpo! Jovenciquios, con los vaqueros caídos y los pelos de recién levantado... tela marinera. Pero que conste que yo los miro con ojos de madre, eh, no con mirada libidinosa, que no soy la Duquesa de Feria.
En cualquier caso, el problema no fué ni de los Nacha ni de Los Secretos, sino del cansancio de la gente. En cambio recuerdo el de Bob Dylan en Cartagena y me dan ganas de llorar: póngale ustedes a Dylan todos los adjetivos superlativos que quieran y que encuentren, pero excepto para los super mega dylanianos, exégetas de los ligeros matices de la cara de mala follá imperturbable del muchacho, para el resto de los mortales fué un coñazo tremebundo. Y eso que en aquel momento no había ni niños ni mogollones ni nos contemplaban casi 4 décadas, sólo ganas de verlo y de disfrutar con una de las leyendas vivas de la música, pero nada. Estoy por comprarme la edición bilingüe de las letras que acaba de salir a ver si así me reconcilio con el chiquillo, porque cosas como "no necesitas un hombre del tiempo / para saber de dónde sopla el viento" prometen. Pues eso. Y ahora, a recibir todos los comentarios de los fans de Dylan. Que sea lo que Dios quiera.
Por eso estoy pensando que el próximo concierto al que voy a ir va a ser el de I.P. Con las broncas que se arman entre partidarios y detractores (guapa vs choriza), la incertidumbre de saber en qué canción llorará contenidamente mirando al cielo, la posibilidad de convertirse en un experto descodificador del MI6 para interpretar sus crípticos mensajes (¿esto irá por Julián o por Paquirri? ¿esto será una declaración para el juez Torres o una amenza para la novia de Kiko?) y las ganas de ver a María Navarro moviendo su cuerpo monolítico al ¿compás? de una de las canciones seguro que consiguen que me olvide del curro, del crío y de toíco todo. Además, van los del Tomate. Ya les digo, mejor que Morrissey en el FIB.

viernes, 22 de junio de 2007

Los 80 ya son nuestros

Titulaba una de sus obras Ana Diosdado (ya saben, la que fuera esposa de Carlos Larrañaga, dando lugar a una de las parejas más asimétricas del hemisferio norte: ella, autora teatral, él, starlette geriátrica) que "Los 80 son nuestros". Y una mierda! Míos, al menos, no. Yo lo único que quería era estar en Madrid, ir al Rockola, ver las fotos de Ouka Lele (sí, mi hija se iba a llamar así, menos mal que he tenido un crío) y de Alberto García-Alix, los dibujos de Cesseppe y de Javier de Juan, ir a los Alphaville a ver la última de Almodóvar, volverme loca en el concierto de The Smiths en Madrid en el 85 (por cierto, lo retransmitió RTVE, ¡eso sí que era SERVICIO PÚBLICO, y no el nuevo programa de Juan Ramón Lucas!), ponerme un vestido de punto de Manuel Piña y salir por Malasaña. Muy bien. Pues no pude hacer nada de eso, primero porque no tenía la edad y segundo porque vivía a 500 Kms, que con 15 años y sin un duro son muchos. Así que me compraba "La Luna de Madrid" y el "Madriz me mata" (cuando los conseguía, claro, que no era fácil) y grababa los conciertos de Radio 3 en cassette. Y yo, auténtica modelna de pueblo (los peores, ser periférico deja secuelas), me afeitaba las patillas y la nuca, bebía Voll Danm a morro, llevaba unas hombreras dignas de un jugador de fútbol americano que se me caían cuando bailaba espasmódicamente (pero sin salirme de la losa , ¿eh?) y me comportaba como si estuviera en el centro de una movida cultural que se desarrollaba muy lejos de aquí. Sentía que pertenecía a un mundo que estaba a años luz, algo así como Mulder mirando su póster de "I want to believe". Triste, muy triste.
Pero ahora ¡ay, ahora!. Los niños de la Bola de Cristal (uy, suena como a novela de Stephen King, ¿no?) han crecido, tienen el poder y en pleno ataque de nostalgia inundan la tele de anuncios con fondos de Madness ("Our House") o versiones de "Neverending story", organizan conciertos de Los Secretos, consiguen reunir a Nacha Pop, reivindican los leggins (Dios mío, eso sí que no lo entiendo, creía que conocer los errores de la historia servía para que no se repitieran jamás) y hacen anuncios tan, tan buenísimos como éste. Por favor, métanse aquí
http://www.youtube.com/watch?v=dPr421a-re4
y véanlo, que es la versión extendida, y este artículo sólo era una excusa para introducir el spot. Como siempre, la buena publicidad es mejor que la buena literatura. Y ya verán como se les queda una sonrisa bobalicona en la cara. Eso se llama nostalgia (o morriña, que ya tuvimos bastante centralismo con la Movida). Disfrútenlo. Y viva la Coca- Cola.