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miércoles, 5 de febrero de 2014

Felpudo maldito


PUBLICADO EN LA VERDAD EL 4 DE FEBRERO DE 2014

Luego no quieren que nos volvamos locas, pero es que así no hay manera: años soportando la tiranía de la depilación brasileña, pasándolas canutas con la cera y sufriendo en silencio, para que ahora lleguen Cameron Diaz y los de American Apparel a decirnos que hay que dejarse el pelo suelto. Sí, se acabó llevarlo más calvo que Matamoros o con un bigotito a lo Sazatornil. Lo que mola ahora es el rollo Chewbacca.

Pues menos mal, porque la tontuna con el tema del vello púbico había llegado a su máxima expresión con las prácticas de recortarlo de formas más raras que los rapados de Benzemá, teñirlo como si fuera un visón de Elena Benarroch o incluso aplicarle piedras preciosas y cristales Swarovski, que estoy yo que si mi santo me regala un pedrusco me lo coloco en el asunto. Hasta operarse se puso de moda. Pero las modas son pendulares, y al fin llega el momento en que el péndulo va hacia el otro extremo. Y servidora, agradecida. Porque no somos niñas ni muñecas. Somos mujeres. Y las mujeres tenemos vello púbico, aunque a muchos se les haya olvidado después de tanto tiempo viendo porno. Así que, si para que volvamos a tener el control sobre el aspecto de nuestras partes pudendas tienen que venir una firma de lencería, Cameron Diaz o Caitlin Moran (que habla del “IVA del coño” o del dinero que tenemos que gastarnos “en hacer que nuestros chihuahuas parezcan una repulsiva pechuga de pollo del Lidl”), pues bienvenidas sean. Ahora podemos rendirle tributo a los Jackson Five sin que nos remuerda la conciencia. Y la industria cosmética, encantada, que lo mismo les da vender crema depilatoria que acondicionadores para pelo encrespado. Incluso hablan de trasplantes capilares. Sí, ahí. Se me viene a la cabeza Bono y me entran los siete males.

Pero todo esta dominación del imperio calvirolingio la hubiésemos evitado si nunca hubiéramos perdido de vista las fotos de Jackie Kennedy Onassis desnuda en Skorpios luciendo todo su poderío: si la mujer que consiguió casarse con el hombre más poderoso del mundo primero, y con el más rico después, lo llevaba a lo Cantudo, quiénes somos nosotras para hacerle la contraria. Siempre hay que aprender de las grandes. Por cierto, a loro con las bragas sobaqueras de las maniquíes de American Apparel, que parece que también se va acabar la dictadura del tanga. Benditos sean.




miércoles, 17 de diciembre de 2008

El regreso

Vuelvo a mi casa el viernes por la noche con dos películas, medio bocadillo de tortilla en el cuerpo y una clausura para el sábado sin terminar de planificar. Por el camino decido que mi primer corto autobiográfico ya tiene título: "Atacá". Y desintoxicada a la fuerza por el mejor cine internacional, me digo que un meterme un poquito de DEC antes de acostarme no puede hacerme daño. Y me encuentro a la Cantudo.

Ver la segunda parte del "lapogate" (como lo llaman los de SLQH) sin avisar es superior a cualquier película que hayamos podido programar esta semana. Ni pelis brasileñas, ni argentinas, ni israelíes ni ná de ná: esto es puro esperpento patrio, tan alucinante que no sé si estoy viendo a la Cantudo o a Josema Yuste. Impagable Mª José (porque, según ella, no cobró por la segunda entrevista) intentando escupir ("yo no sé escupir, María, no sé", le dice a la Patiño), imitando los lapos que sueltan los futbolistas. Estoy por regalarle las tres primeras temporadas de "The wire" y sacarla de su ignorancia lapal: los lapos que sueltan los negros de las esquinas son de campeonato mundial. Y aunque ustedes sepan echar escupitajos como soles, también deberían verla ("The wire", digo, no a la Cantudo, que para eso ya estoy yo, que me sacrifico por mí y por todos mis compañeros). No es una serie fácil, porque hay aquí no hay resúmenes para refrescar la memoria al espectador olvidadizo, ni profusión de desnudos y escotes al estilo "LEX", que ya no saben qué hacer para levantar la audiencia y todo lo demás (pobre Kira Miró, no hay capítulo donde no tenga que enseñar cacho), ni tensión sexual no resuelta (es la vida real, y en la vida real la única tensión no resuelta es cómo llegar a fin de mes), ni niños traviesos de buen corazón (en esta serie los niños traviesos se convierten en camellos con 12 años). Ni siquiera sale una familia desayunando con productos Pascual, lo que ya es el colmo del atrevimiento. "The wire" es un trozo de Lo Campano trasladado al lado oeste de Baltimore, con tal realismo que "Callejeros" a su lado parece un cuento de Navidad. Y eso sí que da miedo.

Y hablando de series de polis, me comentan que han ido a Chicago a entrevistar a Grissom (William Petersen) porque nuestro CSI favorito estuvo viviendo una temporada en Oñate, provincia de Guipúzcoa, donde se casó y tuvo a su hija, a la que llamó Maite, y donde descubrió el gusto por el teatro. No me imagino a Grissom con txapela, pero por lo visto el hombre estaba tan encantado que hace unos años volvió por allí con su hija para enseñarle dónde había nacido. Y como fin de entrevista Petersen acabó cantando un villancico en euskera. Pero al que me imagino menos todavía bailando el aurresku es a Horatio Caine, con esa cara de intenso que tiene todo el rato. ¿Qué les pasa a los pelirrojos? ¿Por qué padecen tanto estos chiquillos? Sale Kevin MccKidd (Lucio Voreno en "Roma", también de la HBO) en "Anatomía de Grey" con las cejas de un fruncido ya que me mata. A estos tíos todo el sufrimiento interior (la muerte de sus seres queridos, Irak, la soledad) se les concentra en el entrecejo, por lo que deduzco que cuando empiecen a pincharse bótox su carrera se va a ir al garete.

En cambio Alfredo Landa saca a flote todos sus recursos gestuales para escenificar la cólera cada vez que le preguntan por su biografía, donde por lo visto pone a caldo a la profesión, y que servidora le ha pedido a los Reyes Magos. Y con los años que lleva este hombre bregando con la prensa ¿no se imaginaba que haciendo este tipo de afirmaciones los periodistas se lo iban a merendar? Yo, por si acaso, cuando me preguntan por el Festival pongo en práctica el sistema Preysler: todo maravilloso, estupendo, monííísimo, graciassss. Que miren qué bien le ha ido.