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miércoles, 7 de junio de 2017

MONARQUÍA ILUSTRADA

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES 6 DE JUNIO DE 2017

Una será una columnista mediocre, que lo es, pero también una lectora voraz. A la Infanta Leonor, pobre, le pasa lo mismo, y por eso la han puesto a parir, por decir que lee a Carroll, a Stevenson y a Dahl, y que ve pelis de Kurosawa y de Miyazaki. Lo normal a su edad, excepto para los que se mosquean porque quitan de la programación "Mujeres, Hombres y Viceversa" para informar acerca de un atentado, para los que consideran que no se ha vuelto a hacer una buena película en España desde "Los bingueros" o para los que creen que la biografía de Cristiano Ronaldo es alta literatura. No aprecian el hecho de que, ya que no tenemos la oportunidad de que Lisa Simpson sea presidenta de este país, al menos reinará alguien que haya leído "La isla del tesoro".

Hoy, los maestros del cine y la literatura libran una batalla desigual: mientras que Kurosawa lucha frente a los Transformers sin más armas que una katana, Stevenson ha de batirse en duelo contra los youtubers. Por eso hay que ponerle a los críos otras cosas delante de sus narices, para que sepan que existen, para que sean conscientes de que hay vida más allá de las imágenes espectaculares, de las trilogías inanes y de los videos cachondos, que la mortadela está muy bien para los bocatas del recreo, pero de vez en cuando hay que darles jamón del bueno. En Cartagena, el Premio Mandarache de Jóvenes Lectores (cuya labor ha sido reconocida por este periódico al concederle el galardón "Los Mejores de La Verdad") está educando en la lectura a varias generaciones de chavales. Chavales que leen a Javier Cercas, a Luis Leante, a Espido Freire, a Guillermo Orejudo, a Rosa Montero, a Gustavo Martín Garzo, a Almudena Grandes, a Eduardo Mendoza. Chavales que aplauden y gritan y silban a los escritores como si fueran estrellas del rock. Chavales que les hacen unas preguntas a los autores que me río yo de Joaquín Soler Serrano entrevistando a Borges. Chavales que son capaces de alegrarte el día cuando te sueltan un "Para mí antes leer era una mierda, ¿sabes?, pero me ha empezado a gustar por los premios". A ver qué vamos a hacer en Cartagena cuando tengamos la mejor generación de lectores de la historia. Una generación de reyes y reinas leevolucionarios. Mira tú por dónde, a lo mejor hasta podemos casar a alguno con Leonor.



AQUÍ UN RESUMEN DE LOS PREMIOS MANDARACHE 2017.
Y SÍ, CREO QUE LA LITERATURA PUEDE CAMBIARTE LA VIDA
http://www.premiomandarache.es

miércoles, 22 de junio de 2016

EL GRADUADO

PUBLICADO EL MARTES 21 DE JUNIO DE 2016 EN LA VERDAD

Mi hijo se ha graduado. En la Universidad no, en Primaria, que servidora es primípara añosa. Pero es que ahora es terminar lo que sea y venga banda y venga birrete y venga “Gaudeamus Igitur” y venga pompa y circunstancia: acabas un curso de Peluquería por CCC y te hacen una ceremonia que ni el Príncipe de Asturias. Y, a poco que te despistes, te nombran doctor Honoris Causa; a Mario Conde me remito. O a Mike Tyson, que en su discurso de agradecimiento por el doctorado concedido soltó “No estoy muy seguro de qué tipo de doctor soy, pero mirando todas las tías guapas de aquí, creo que voy a ser doctor de ginecología”. Eso sí que es dejar K.O. al respetable. Menos mal que aquello se compensó cuando hicieron doctora a la Rana Gustavo en Letras Anfibias por la Universidad de Long Island. A un paso estamos de que le den el Nobel de la Paz a la cerdita Peggy.

Pero ahí están los graduados, los medio hombres y las medio mujeres, con su cara de a ver si terminamos pronto que queremos irnos a jugar a la Play, con su beca, su birrete y su verano por delante. Y ahí estamos nosotros, con nuestra cara de cómo es posible que hayan acabado la escuela si anteayer los estábamos matriculando en Infantil, con nuestro orgullo y nuestra satisfacción, con nuestro temor por el paso al instituto. Porque los seguimos viendo tan pequeños como el primer día de colegio, cuando los llevábamos de la mano con una cartera diminuta a la espalda y nos los comíamos a besos antes de entrar a clase; ahora no consienten ni que les des un achuchón delante de los amigos. Pero mientras lo único que nos queda a nosotros por graduarnos es la vista, a ellos les queda todo por vivir. Tienen que encontrar su lugar en el mundo, tienen que superar la contradicción que les produce el miedo a crecer con las ganas de hacerlo. Han pasado de vivir en una novela de
Stevenson a hacerlo en una de Salinger, de ser Jim Hawkins a convertirse en Holden Caulfield. Y mientras, nosotros seguiremos ahí, como el guardián entre el centeno: vigilando a nuestros hijos para que, cuando jueguen en un campo cerca de un precipicio y empiecen a correr sin mirar adonde van, podamos sostenerlos antes de que caigan. O, al menos, intentarlo.