Esta noche me he soñado un capítulo entero de CSI Las Vegas. Pero no es que me haya acordado de uno, no, es que me lo he inventado enteretiquio (sí, sí, guionista y prota, que cuando una se pone, se pone). Y a las 6 de la mañana me ha dado tal cague (a Grissom se le ha escapado la rubia psicópata, y mira que yo estaba: "Grissom, que esas esposas están flojas", "Grissom, que la rubia se nos pira", pues ¡hala!, la rubia se ha pirao) que me he despertado. Pero ha sido un intermedio, porque me he vuelto a dormir y he seguido soñando hasta que he acabado el capítulo. Y eso ha sido lo mejor de todo, porque ¿cuántas veces tiene uno un sueño fabuloso, se despierta, intenta retomarlo y no puede? A mí me pasa mucho: estoy soñando algo así como de JURL, JURL, o de BOM CHICKA WAHWAH (efecto Axe) y cuando estoy en lo mejor me suena el despertador -sin comentarios- o me despierto yo solita con una mezcla de JURL y de culpabilidad. Sí, soy tan imbécil que cuando veo que la cosa se pone seria, me despierto (bonita herencia de los colegios de monjas). Me pasó con un cocinero de la tele: me entra a saco y, cuando estoy a punto de sucumbir voy y le digo "pero ¿y Luisi? ¿y tus 6 hijos?" Y me despierto. Como se lo cuento. Tonta hasta soñando. La verdad, no sé qué es más triste, si mi ataque de decencia o el que el rollo fuera con ese cocinero en cuestión (no les digo el nombre por vergüenza torera pero, evidentemente, no era Darío Barrio. Con ese a lo mejor me hubiera pasado la religión católica por la senserreta, que diría mi amiga Carmen).
Porque ese es otro tema: una sueña con hombres que en estado consciente no le ponen nada de nada. Nunca he soñado con John Cusack o con Jude Law, pero sí con tíos feos hasta la indecencia. Y ¡oh, cielos!, al día siguiente una los ve desde otra perspectiva: por ejemplo, si es un compañero de trabajo que por regla general te provoca dermatitis, cuando lo ves por la mañana te entra una especie de cosquilleo en el estómago, y lo miras, y lo remiras, y te ríes por lo bajini, y lo ves a cámara lenta y ligeramente desenfocado... hasta que tienes la primera bronca del día. Y entonces se oye el ruido de la aguja rayando un disco de vinilo, lo vuelves a ver a 12 frames por segundo y las cosquillas son sustituidas por un ataque de mala leche de los buenos. Y se restablece el orden natural.
Pero esta es la gracia de los sueños: una no puede controlar quién le va a hacer JURL, JURL mientras duerme. Me trago una maratón en Fox de Anatomía de Grey (la serie con mayor índice de doctores macizos de toda la historia de la sanidad norteamericana) y no sueño ni con Shepherd, ni con Sloan ni con Karev, no. Sueño con O'Malley. ¡Joder, si sólo por porcentaje me tenía que tocar un macizo! Pues no. Eso sí que es mala suerte. De todas formas me consuela pensar que hay gente mucho peor que yo, no se crean. Los hay que sueñan con hacer un Doble Royal. Y los hay que sueñan con Georgie Dann, como mi amiga Carol. Pero es que a ella le gusta Georgie. GLUPS!