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miércoles, 13 de diciembre de 2017

UN LUGAR EN EL MUNDO

PUBLICADO EN LA VERDAD EL MARTES 12 DE DICIEMBRE DE 2017

Mi heredero está hecho un lío. El pobre, que ha empezado a sacar la cabeza al mundo exterior y se está quedando picueto. Que si nos estamos cargando el planeta, que si la injusticia social, que si yo me haría vegano pero es que me gusta mucho el jamón, que si las chicas, que si el heteropatriarcado nos oprime a todos y que si esto no hay quien se lo estudie, que vaya un coñazo, mamá. En fin, lo que viene siendo un adolescente de manual, sólo que en el siglo XXI y con un móvil en la mano.

El heredero tiene un pulgar híper desarrollado de tanto wasapear, una mochila llena de bolis sin capucha, una cabeza en ebullición constante y un corazón lleno de emociones que no sabe cómo gestionar: lo mismo te da un beso que te pega un estufido. Y como a nosotros, a su padre y a mí, no nos han enseñado a manejar materiales altamente inflamables (y tan altamente, que le dices cualquier cosa y se enciende, el tío), nos quedamos los dos mirándolo, unas veces con un cabreo monumental en el que le amenazo con sentir toda la opresión del heteromatriarcado en forma de guantazo, y otras con un orgullo que me revienta las costuras (aunque no sé si es por eso o por los tres kilos que no consigo quitarme de encima desde el verano). Él, inquieto, busca su lugar en el mundo, y empieza a darse cuenta de que no es fácil encontrarlo. Que hay codazos y zancadillas, decepciones y fracasos. Que el orgullo, el propio y el ajeno, se hiere con facilidad. Que no siempre se consigue lo que se quiere, y que los problemas de matemáticas, que ahora le parecen difíciles, no son los más grandes que va a tener en la vida. Y que por mucho que él me pregunte, y me cuestione (y se cuestione), y se rebele, y me vuelva a preguntar, yo sigo sin tener todas las respuestas porque, a mis cuarenta y ocho años, todavía no sé muy bien de qué va esto de la vida. Así que, cuando no sé qué contestarle, le doy un beso mientras me río de su bigote, y lo abrazo, y le digo que todo va a salir bien. Y él hace como que me cree. Y coge el móvil y se pone wasapear con los colegas, que tampoco tienen las respuestas, pero molan más.